
Ni un grano de arena
Por Lafayette
Por Lafayette
La civilización tiene directa relación con el grado de sofisticación y mecanización con que le hombre ejerce la violencia y produce la degradación de sus congéneres y la destrucción del medio natural, en pos de su supuesto bien propio. No obstante, lo que éste incauto y espurio ser vivo no percibe a priori, es que en el proceso se arruina y degrada a sí mismo.
A medida que el hombre construye, destruye. El único medio de construcción verdaderamente edificante y benéfico es la poética y el arte: el verdadero arte gira en pos de su propia autoproducción y no ejerce violencia alguna con el medio.
Sin embargo, somos una raza degradada de seres que no nos merecemos la vida. La naturaleza ha dotado nuestro mundo de tan grandes maravillas, y a nosotros mismo de las más fantásticas capacidades, y pese a la bondad y generosidad de la vida, somos una especie repulsiva y podrida, que difícilmente podrá tener remedio. Hemos de pagar justos por pecadores, lamentablemente, pues en verdad no hay rectitud en este mundo humano. Las sociedades como un todo erigen sus estatuas de honor que indican el camino del bien común, sin embargo el bien común no es del todo común para algunos, que pretenden que la tierra les pertenece. Son tan indignamente inocentes y estúpidos, que piensan que sus mortales cuerpos podrán permanecer en este planeta, en esta vida toda una eternidad.
Son algunos de esos odiosos seres, que difícilmente se les puede llamar humanos, los que se vanaglorian del sufrimiento ajeno. Son esos degenerados seres, que difícilmente se les puede llamar hombres y mujeres, los que no reparan ni un momento en algo que no sea el puro placer propio. ¿Cómo es que aquella aberración existe?¿Cómo es que no hay conciencia?¿Hasta cuando soportará nuestro planeta?¿Hasta cuándo mal educamos a personas insensibles y egoístas?¿Hasta cuándo criamos bestias salvajes –cuando al decir esto en verdad ofendemos a los hermosos animales que nos ha dado la naturaleza-?
Oh, Dios, si es que existes, pues en realidad creo que o no existes, o si existes, debes ser un ser eternamente imperfecto, eternamente inconsciente, eternamente desdichado, para darnos tanta maldad, junto a tanta bondad. ¿Por qué nos has hecho así?¿Por qué has estropeado tu propia creación?¿Por qué me avergüenzo de llamarme ser humano?¿Por qué deseo cerrar mis ojos y oídos y olvidar que todo el mal existe, y que de tal manera opaca al bien, que no puedo verlo?
¿Cuándo acabará esta destrucción?¿Cuándo esos espíritus malignos que reptan como sanguijuelas en sus pantanos de riqueza, caerán en la cuenta de que son unos estúpidos descerebrados y que todo el mal que a otros hacen lo hacen a ellos mismos?¿Cómo no hay comprensión, cómo no hay entendimiento?¿Cuándo los cuerpos humanos dejarán de dañarse a ellos mismos, cuando dejaremos de utilizar nuestras manos para golpear y nuestro sexo para violar?¿Cuándo dejaremos de torturar a nuestros hermanos, que son todo lo vivo que existe en este mundo, si es que todos emergimos de Ti, Dios?
¿Cuándo podremos ocupar el lugar que nos corresponde sin vejar ni violentar las libertades y los espacios de los demás, cuándo habrá justicia, cuándo habrá razón, cuándo habrá espíritu en nuestro ser?¿Somos acaso seres desespiritualizados, enajenados en un mundo competitivo y ridículo?
No hay más absurdo que creer que vivimos y que somos dueños de nuestras vidas. Somos los seres más muertos de la naturaleza, nuestra raza no vale ni un grano de arena, y ya hemos tomado más de lo que nos corresponde.
Octubre, 2007.