miércoles, 27 de enero de 2010

Seremos oposición

Queridos congéneres míos…. He leído con atención cada uno de los correos que me llegaron (hasta el 25 de enero) como contrapartida a la provocación puesta por mí hace unos días. Aquel artículo (que publiqué en un blog que tengo por ahí), tenía por finalidad establecer mi punto de vista para así comprender el de otros. Las reacciones, diversas, se agradecen. Me halaga que muchos hayan sentido cierta identificación, y agradezco a los que sin ser condescendientes conmigo, me dieron su respuesta de manera prudente. Esto no termina aquí. De las cosas que leí extracté algunas, para ordenar las ideas y poder generar un debate. Pongo a su disposición lo que elaboré, con la esperanza de seguir leyendo sus opiniones, a partir, además, de las nuevas noticias que surjan del nuevo e inminente gobierno. Esperando que estas no sean dirigidas sólo a mí, sino que se extiendan como una voz que se esparce por todos los rincones… utilicemos este medio de la mejor manera que puede existir: aprender de nosotros mismos y de este mundo humano, imperfecto, pero nuestro. Una de las primeras respuestas que me llegó, fue la de mi amiga Karen, la que sin apoyar mis ideas, agradeció mi sinceridad. Frente a mi aseveración de que alzar la voz y pensar que lo justo sería “creer que un millón de trabajos deberían sustituirse por un millón de sueldos dignos, y no tragarme esa asquerosa promesa cuando se que lo que ellos ven en el pueblo chileno es a 15 millones de empleados en esta gran empresa que será Chile”, su argumentación fue que “inevitablemente Chile es una empresa, si queremos hacer dicha analogía, como cualquier país somos dirigidos y nuestro trabajo es por un bien común mas que individual, aunque caiga en algo utópico.” Yo creo que si pensamos que un país es una empresa, entonces no somos reales ciudadanos ni podemos de verdad hacer valer nuestra opinión. En una empresa hay un “dueño” y hay administradores que tienen que velar por que se cumpla el plan de ese dueño y el beneficio para lo cual esa empresa fue creada. Los trabajadores pueden gozar de ciertos beneficios dentro de esa empresa (inicialmente un sueldo), pero no pueden oponerse ni reclamar al dueño por las propias políticas que él inventó para hacer surgir su negocio. EL NEGOCIO ES ALGO PRIVADO, NO TIENE COMO FINALIDAD EL BIEN COMÚN, en absoluto, sino el bien de unos pocos. Pero como esos pocos necesitan de más para poder producir, y como la esclavitud es ilegal, además eso los trabajadores tienen que comer y alimentar a sus hijos, entonces les otorgan un porcentaje mínimo de las ganancias finales. Ojalá Chile no sea pensado así, y que ningún país lo sea; si así fuera, estaríamos perdidos de verdad, y nuestra voz sería un grito en el desierto. No se puede negar que algunos políticos y los grupos económicos que ostentan el poder de decisión, han visto en el “pueblo” una masa de gente que debe trabajar por un fin que muchas veces no es el propio, sino el de ellos. Eso es vergonzoso, pero es humano. La ambición es el mal intrínseco del ser humano, y es verdaderamente utópico pensar que no lo tendrán los gobiernos venideros. Mi prima Lizka tratando de moderar mis ánimos, escribió que “…no existe en el mundo alguien que no se vuelva loco cuando ve unos billetitos delante de sus ojos, sea de derecha o izquierda, da lo mismo.....lo único en esta vida es trabajar y no esperar que las cosas te las regalen, por que de ser así seriamos todos unos vagos.....la política a mi manera de pensar es una soberana estupidez, lo único que vale es confiar en Dios y luchar con El por lo que uno quiere en la vida para ser feliz....” Ciertamente el dinero es una tentación para cualquiera, y las riquezas siempre han sido motivo de discordias, desde que el ser humano es ser humano. Sin embargo, hay algo superior a esa instintiva reacción, y creo que eso es lo que a fin de cuentas nos humaniza. Dios (ya que lo menciona), no nos querrá por cuanto dinero acumulamos, sino por cuantas personas dimos lo poco o mucho que teníamos. No hace falta dar tu casa, ni tampoco una estúpida donación para “los niños de Haití” en el Lider para ser generoso. Uno es generoso cuando entrega oportunidades, opiniones, inteligencia, espacio, voz. No creo que los de derecha sean, en general “más ambiciosos” que los de izquierda. Sin embargo, en general también, el pensamiento capitalista, modernizante, globalizante, imperialista (que es más bien de derecha), es inevitablemente más egoísta que los que creen que la sociedad debería ser más justa. No creo que la política sea una estupidez, pues todos somos seres políticos desde el momento en que tenemos opinión y podemos decir (o decidir) que hacer respecto a determinados temas que atañen a la sociedad, tanto en nuestro espectro reducido (una comuna, un colegio), como en el amplio espectro de la palabra (un país). La política nos guste o no, nos debiera importar, aunque fuera un poco, pues gracias a las decisiones de los gobiernos y otros grupos de poder es que existen los tratados de libre comercio, que hay instituciones educativas de una forma y otra, que hay tolerancia religiosa, que hay salud pública, etc. porque se crean leyes, e instancias de organización común que nos afectan a todos. A fin de cuentas todos debemos esforzarnos, no es que esa no sea el primer principio que enarbolo. Hay que “ganarse la vida”, como se dice… pero de manera justa. No puede ser que unos se pelen el lomo para ganársela y que otros se la quiten sin más ni más que por que son los que tienen el capital, los que tienen las acciones, los que hicieron mejor la jugada y tenían su cartita bajo la manga… no es junto. Yo se que el mundo NO ES JUSTO, pero por lo menos hay que estar conciente de nuestros derechos y conciente también que vivimos en sociedad, y lo que te pase a ti, bueno o malo, debería afectarme a mi también. Estamos todos encadenados en este mundo, y no hace mal, en absoluto, levantar la voz y decir NO ESTOY DE ACUERDO…. Por lo menos para sabernos seres humanos, vivos y no simples factores productivos, clientes, televidentes o trabajadores… somos personas. Los abusos que conciernen a los “derechos humanos” de la manera más cruda no es la única manera de injusticia. Los crímenes de las dictaduras son un aspecto de las injusticias. El mal vivir que nos a otorgado el mundo de los poderosos, muchas veces disfrazado de modernidad, es una afrenta a nuestros derechos más básicos. Karen agrega que no desconoce “lo que pasó con el régimen militar, los abusos o aflicciones, pero estos son otros tiempos, otras generaciones, nuevas ideas, y sabido es, que los derechos humanos se respetan hoy mas que nunca en la mayor parte del mundo.” No creo que el problema de la Derecha o de evocar al Gobierno Militar sea sólo una cuestión de derechos humanos, gran tema por supuesto. Lo que está en tela de juicio ahora es el modelo económico impuesto por la Dictadura. Esa es la gran aflicción que dura hasta hoy. Por otra parte, decir que los derechos humanos es algo que se respeta en todo el mundo hoy en día, basta mirar los noticiarios extranjeros o navegar un poco por Internet en páginas internacionales, para ver que los derechos humanos son una franca utopía. El país que nos controla a todos, Estados Unidos, la “cuna de la democracia” está primero en la lista de los que los violan. Poco sabemos de lo que ha pasado en Afganistán y en Irak desde el 2001 hasta hoy, y por suerte, por que si en verdad supiéramos todas las atrocidades que hacen los norteamericanos (estadounidenses), ingleses y otros en aquellos países, es que en verdad tendríamos las más espantosas pesadillas. ¡Qué Dios (si es que existe) nos libre de vivir en un país así! Es el modelo de ese espantoso gobierno el que la derecha, a fin de cuentas, observa. Es el “éxito económico” de Estados Unidos, son sus inmensas cadenas de empresas multinacionales, son esas divisas ganadas a fuerza de muertes, saqueos, esclavitud encubierta, trabajo infantil. Es eso lo terrible. Uno puede decir ¿por qué estos otros no tienen derecho a gobernar, acaso no pueden hacerlo bien? No es una cuestión sólo de política, es una cuestión de moral, estilo de vida y valores. El estar conciente de todo aquello es en verdad vivir en el mundo real. Yo no puedo dejar mi familia ni mi carrera por ir a luchar por los “derechos humanos”. La lucha consiste en que cada uno desde su lugar en el mundo ponga un poquito de su parte en concienciar sobre el verdadero mundo en que vivimos y que no hay que estar ajeno. Que no veamos, que no entendamos, que no opinemos, es lo que quieren esos personajes, pues es mejor para ellos tener a esta masa inconciente que a un montón de ciudadanos alzando la voz, y tal vez no cambiando drásticamente las cosas, pero por lo menos “molestando”. Quizás cuántos han dicho “…yo no voto por ahora, lo que no me convierte en menos persona ni ciudadano que un votante activo…” (Karen) Y en verdad, uno no es menos persona porque no esté inscrito en los registros electorales y no vote. Lo que te niegas a ser es CIUDADANO. El ciudadano es quien participa activamente en las decisiones políticas del lugar donde vive. Es curioso que tantos nos hayamos dejado llevar por la desidia y no nos percatáramos de la importancia de ser un ciudadano. Cuando Chile logró su independencia política, los ciudadanos eran sólo las personas de alcurnia de la ciudad: los que poseían tierras, haciendas, estancias o bien los mercaderes y comerciantes importantes. Ellos eran los únicos que tenían derecho de votar. Poco a poco las ideas fueron mutando, y comenzó a surgir la conciencia desde los trabajadores de nuestro país ¿es que ellos no tenían derecho a opinar? ¿Por qué les estaba prohibido el sufragio? La lucha por el voto universal sin importar el origen social, y así mismo el voto femenino, fue larga ¿Por qué lucharon tanto nuestros abuelos o bisabuelos si el voto no era tan importante, como parece ahora? Cuando hay que hacer cualquier cosa, como ir a un concierto y plantarse horas antes para ver a Perico Los Palotes, o cuando hay que ir a cobrar un cheque y nos eternizamos en las colas de los bancos, o cuando vamos a Supermercado para comprar copete el viernes en la noche y hay que hacer la fila eterna en la caja, el tiempo destinado parece justificado; sin embargo nos negamos a opinar, a expresar nuestras ideas, nos negamos, decimos no a un instrumentos que nos entrega este sistema (imperfecto) para opinar. Es cierto que hay muchas cosas que van a seguir igual, sin embrago el voto NO debe ser el único medio. Hay que escribir a los diarios, a los programas de TV, hay que alegar en cualquier lugar que nos sintamos pasados a llevar, no agritos, pero si a través de las cartas de reclamos o los libros que es obligación que toda empresa tenga. Hay que hacerse escuchar por los jefes y no hay que temer. Otros pelearon por opinar, y hoy nosotros nos negamos a utilizar el derecho adquirido. Somos más, nosotros, los de abajo. Viendo y sopesando las opiniones de quienes acogieron mi reclamo, hubo dos que me llegaron muy profundo y ojalá fuesen escuchadas en todos los rincones de nuestro país, pues ellos dan cuenta de una realidad de muchísimos chilenos. Una fue de de Gabriel y otra la de Tatiana. Ambos han vivido la dureza del crecimiento económico y del modelo neoliberal de la economía chilena. Ellos han sufrido los saqueos del Estado que ha patrocinado a los capitales y capitalistas. Quiero tomar algunos extractos de lo dicho por Tatiana y Gabriel, pues concuerdo con ellos. Yo no he vivido su realidad, pero no por eso me hace menos sentido lo que hablan: “El Estado chileno vende todos los terrenos fértiles de tierra al mejor postor, les vende montañas enteras para que las exploten y contaminen las aguas y los valles completos con ácido sulfúrico. Me cobra impuestos y me manda las fuerzas públicas cuando quiero vender una artesanía o cantar en la micro una canción de Víctor o Jara o de Violeta Parra. No le importa que sea un transmisor de cultura popular, prefiere darle la posibilidad de evadir impuestos a las mega empresas donando un peso de tu vuelto del supermercado, o patrocinando una obra de teatro a cambio de publicidad.” “El Estado chileno y su política cultural, me negó la posibilidad de trabajar el área cultural en mi barrio de forma remunerada, no le importó que llevara años haciendo trabajo comunitario en el barrio...cuando llegó el "quiero mi barrio" con sus 600.000.000, trajo gente de fuera para "entregar cultura", pagar una orquesta bailable y trayendo profesores ajenos para realizar talleres artísticos, aun cuando tenía varios artistas locales con amplia experiencia…” (Tatiana) “La represión ejercida sobre los comerciantes ambulantes en el centro, es otro factor a analizar, los alcaldes han sido de derecha (Alcaíno, es el último) y la tolerancia cero ha sido su grito de guerra, porque esto se trasforma en guerra con la violencia de por medio, la violencia física y psicológica, porque mi señora, madre de mi hijo de tres hermosos años, es artesana en soft y trabaja en el paseo ahumada y ha caído en las manos de los opresores, hasta con mi hijo arriba de la micro de pa... carabineros (hay que enseñar a respetar!) con muchos otros que se andan ganando la vida honradamente. Si un alcalde de derecha toma esas determinaciones, cómo será el presidente de ellos!?” (Gabriel) Sin duda hay tanto que decir; así como Gabriel y Tatiana, hay diversas, y a veces tristes, experiencias (pero seguimos luchando). Mi intención al contar algo de mi vida apuntado principalmente a la situación presente y a dar una especie de declaración de principios, era hacer reaccionar a los aletargados corazones de las personas que conozco. Valoro a los que han abierto sus vidas para compartir ideas, y estas no serán para mí. Hay que hablar, y seguir alzando la voz. Si tuve las oportunidades que tuve, no fue con menos esfuerzo que lo que me hablan otros. Tampoco soy una iluminada del Señor ni mucho menos. Sólo espero que el mensaje se esté escuchando. No es mi mensaje, sino es el mensaje de todos los que nos hemos sentido desesperados al ver las injusticias que pasan frente a nuestros ojos. Se perfectamente que el Estado chileno de estos últimos 20 años no ha sido un benefactor social. Ha habido avances enormes y no hay quien lo discuta. Sin embargo, hay una deuda gigantesca con millones de personas que no han participado en ese crecimiento, y que sólo han sido espectadores del enriquecimiento de los poderosos, mientras acumulan deudas eternas con bancos, casas comerciales, y tantos gastos que son casi un imperativo en este mundo moderno. Nos han bombardeado con la propaganda, con los ofertones, con las liquidaciones, pero lo que queremos es un país limpio, que la tierra sea un derecho por nacer en este lado del mundo, y poder generar una cultura propia y realmente que abra nuestras mentes y no comprar una cultura que nos destruya como seres humanos y como chilenos. Como dije, no es una cuestión sólo de Derecha o Izquierda, sino que es una cuestión de sentido social. Es inevitable que haya un gobierno, y lamentablemente la radicalización social no “la lleva” hoy. Hay que ser más “equilibrado”, acoger iniciativas, hay que hacer el país de “los grandes acuerdos”, y bla, bla…. Pero en verdad hay mucho de arreglo político interno. Aún así, no se puede permitir que nos dirija la esencia del sistema que hoy impera en Chile y nos está haciendo añicos… no podemos callarnos, ni dar la espalda, ni decir no voto, no opino… hay que seguir adelante, con nuestras vidas, pero sabiendo que no estamos solos, que el gobierno no es la cura para nuestras dolencias, que es un mal necesario, pero que de alguna manera tenemos que ser la piedra en el zapato. Si no es así, no soy persona, no soy ciudadana… no tienen sentido el sacrificio y seguimos haciendo lo que ellos quieren. POR ESO Y LO QUE VIENE, SEREMOS OPOSICIÓN.
Lafayette

miércoles, 20 de enero de 2010

Conciencia y Consecuencia

Conciencia y Consecuencia (Seremos Oposición) 
Por M.N.A.M. 20 enero 2010 
Tengo 27 años. Nací en 1983 en Santiago de Chile, cuando el gobierno militar llevaba poco más de 10 años en el poder. Viví los primeros 7 años de mi vida bajo el régimen. Los otros 20 los he vivido en democracia durante los gobiernos de la Concertación. Me eduqué siempre en colegios católicos, pero más allá de aquello, la conciencia y sentido de la vida que me transmitieron mis padres fue lo principal. Nunca tuve todo lo que deseaba, a veces pasábamos difíciles momentos, aunque no me puedo quejar: pese a los problemas familiares nunca me faltó un techo, comida ni cariño. Soy de clase media, si se puede decir. Crecí en La Florida y Puente Alto, y estuve viviendo en la última comuna hasta los 23 años, cuando me cambié a Ñuñoa. Mis padres no terminaron la Universidad. Mi padre no tuvo la oportunidad de asistir, pues comenzó a trabajar joven. Casi toda su vida se dedicó al área bancaria, haciendo carrera en ello. Mi madre pasó por la Universidad de Chile, pero nunca terminó, por razones familiares y personales. Ella, me inculcó mucho de lo que se y siento respecto de nuestra historia reciente; con sus conversaciones apasionadas, cuando se hizo el plebiscito del SI y el NO o cuando salió Lagos, y durante mucho tiempo durante toda mi infancia y adolescencia me entregó un sentido profundo sobre la importancia de conocer lo ocurrido. Yo creo que lo hizo como una manera de reconocer sus raíces o su propia historia más que con una intención racional de crearnos conciencia política. Sea como sea, las palabras “Pinochet”, “Derecha”, “Golpe de Estado”, siempre fueron tristes resonancias de un pasado terrible. Sin embargo, todo parecía bien. Eso ya había pasado, pero era algo que no debíamos olvidar, no se podía; aún había muchas heridas abiertas. La conciencia política era un valor que mi madre nunca agregó. Mi padre por su parte, siempre se mantuvo al margen, y según las cosas que él me contaba de su vida, parecía que después de salir del colegio todo se hubiese borrado. Nunca supe mucho de él por sus propias palabras. En ese sentido, él es un misterio para mí: sólo conozco la versión de mi madre. Tal vez sea por un miedo a no transmitir las penas y miedos a los hijos, de manera de crear “gente nueva” y sin trancas. No lo sé. Sólo se que durante mi adolescencia y después, mi interés político o por la política sólo se reducía a mi convicción personal en que yo jamás sería de “derecha”. Siempre he sentido que la solidaridad y la justicia son valores supremos, y no se viven solamente siendo cura o juez. Es algo que se ejerce día a día por cada uno de nosotros, y más aún cuando se tiene un cargo de poder. Y siempre, o desde mucho tiempo ya he pensado que en una sociedad donde la competencia y el dinero son los parámetros y fines últimos de las acciones humanas, la solidaridad y la justicia son sólo valores vacíos y los seres humanos se convierten en cosas. Cuando el año 2003 ingresé a estudiar Licenciatura en Historia a la Universidad de Chile, sabía perfectamente por qué estaba ahí. No era la política, ni era la historia de Chile, reciente o lejana. Me preguntaron una vez que por qué estudiaba historia, y además en la Chile, si no tenía interés en la política. Mi respuesta fue que la historia era mucho más que eso, según creía. Ni siquiera me inscribí en el registro electoral cuando cumplí 18 (recién lo hice a los 26). A tal grado llegó la desidia familiar, y el desgaste de las ideas, enajenados por el mundo “globalizado” y los nuevos valores de plástico que iba enarbolando el mundo moderno, que nadie me instó a que lo hiciera. Yo, por mi parte no lo creía necesario. Tenía “tantas cosas que hacer” y por mi, las cosas no iban a cambiar. ¿Qué haría un grano de arena en una playa? Me dediqué a mis estudios, me dediqué a ser madre. Me puse muy feliz y orgullosa cuando Michelle Bachelet fue elegida presidenta; lamentablemente yo no participé de ello: no voté. Pero sentía que era justo para Chile, a pesar de que yo no sabía muy bien quien era ella, no me había interiorizado. Ahora, que ya se mucho más sobre su persona y de la historia reciente de Chile, creo que es una mujer íntegra y que representa a Chile de verdad. Por su historia personal, por el pasado vivido, y por los aportes durante su gobierno. De los gobiernos de la Concertación, no es mucho lo que puedo decir de los dos primeros. Yo era muy chica. Sin embargo tengo memoria de cosas importantes que me afectaron directamente posteriormente. Soy una agradecida de la gestión de los gobiernos recién pasados. El año 2003 mi primera hija fue operada exitosamente en un Hospital público. Todos los gastos cubiertos y una excelente atención, con medicina de primera. Luego nació mi segunda hija, y el hospital al que ingresé igualmente bueno. Todo gratuito. Las atenciones médicas que he tenido hasta ahora han sido siempre en el sistema público, y no tengo nada que decir más que elogios (aunque siempre hay cosas por mejorar y falta mucho). Soy una beneficiara así como miles de chilenos. He recibido los bonos por hijo dados el 2009. Estudié todos mis años en la Universidad con crédito del Fondo Solidario y el último año fui becada por excelencia académica, estando exenta del pago de arancel. Recibí otras becas, además. La Universidad de Chile, la mejor universidad de nuestro país, una universidad pública me ha dado todo y me ha formado con excelencia. Es como mi segundo hogar y me siento feliz y orgullosa de eso. Hace un tiempo recibí un premio otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, también del Gobierno de Chile. Soy una agradecida del Estado de Chile, y de sus gobiernos. He sido beneficiada, así como miles de otros estudiantes realmente esforzados y capaces que han sido favorecidos con becas y premios. No deben olvidarlo, es el Estado quien ha financiado. Por eso la necesidad de un Estado fuerte y de instancias públicas para el desarrollo de la cultura y la investigación. Cuando se habla de privatización, de libre competencia, de la entrada de la educación al mercado, de la educación de mercado, siento terror. La educación no es una empresa; debe ser pública y equitativa. La educación debe tener el fin último en sí misma y en generar gente consciente y socialmente capaz de crear avance intelectual, técnico, tecnológico y científico. La educación debe crear gente íntegra, con conocimiento amplio, y que mire más allá del mero valor económico. Las cosas materiales, a fin de cuentas, son efímeras; las relaciones humanas reales son las que quedan y el conocimiento adquirido. ¿Por qué ser tan egoístas y no permitir que todos accedan a las mismas posibilidades? ¿Por qué bloquear informativamente los medios de difusión generando una masa de gente sin opinión, sin conciencia, sin inteligencia? La modernidad enajenante y privatizante, que establece como parámetros la exterioridad de las personas genera seres deshumanizados. Lo primero que nos hace seres humanos es la capacidad de RECORDAR y TRANSMITIR lo que sabemos. Sin esa capacidad no hubiese sido posible generar cultura, avances técnicos ni nada humano: seríamos animales. Lo segundo que nos humaniza es la capacidad de REFLEXIONAR y DISCERNIR; lo tercero, la capacidad de SOCIALIZAR y COMPARTIR. La educación no sólo es privativa de los colegios o las universidades. La calle, con sus estímulos constantes, los afiches, los periódicos, las revistas, generan pensamiento y entregan valores o anti-valores. La televisión, Internet, las radios, entregan informaciones, imágenes, palabras que van formando (o deformando) a las personas. La familia es la institución educativa por excelencia. Entonces, si las personas son estimuladas y educadas por la “globalización” (qué diablos es eso!), por la farándula, por la sensualidad desbordada, la silicona, los “relities”, y toda la porquería que uno ve con solo prender la tele, ingresar a Internet, o asomarse a un quiosco…. ¿cómo podemos realmente educar? No es solo de Izquierda o Derecha. No es sólo que éste habla más bonito, o este otro habla más feo. No es sólo lo que se promete o no. No es sólo que “todos los políticos son iguales”. Es algo de integridad. Es algo de dignidad. Es algo de coherencia. Los grupos de poder económico, los cuales en Chile son básicamente afines con el ala “derecha” del mundo político, han monopolizado la producción del conocimiento, o más bien han limitado la expansión de éste a favor de la proliferación de una multitud de estímulos enajenantes e idiotizantes. Finalmente han convencido a más de la mitad de Chile que es mejor llegar a la casa a prender la caja brillante y consumir un programa vacío de contenido que aprender, leer o simplemente conversar. Es así como se construye el cambio. De la humanidad a la deshumanización. Es así como caemos es la estupidez y la animalidad. No es sólo abanderarse. No es sólo jugársela por una idea. Es creer que soy persona y que todos podemos llegar a serlo. Es juntar todo lo aprendido durante mis estudios, y razonar sobre la verdadera condición que nos instala en nuestro lugar en el mundo. Es no creer mentiras, aunque se que todos mienten. Es ser consiente y consecuente con lo que pensé y pienso. Es no dejarme embaucar. Es creer en la justicia social y el bien público, y en que el dinero es finalmente una ilusión de algo, pues todos nos vamos a la tumba desnudos, así como nacemos. Es creer que un millón de trabajos deberían sustituirse por un millón de sueldos dignos, y no tragarme esa asquerosa promesa cuando se que lo que ellos ven en el pueblo chileno es a 15 millones de empleados en esta gran empresa que será Chile. Es convencerme de que en verdad no existe un candado gigante que cierre las puertas de las cárceles para que los “delincuentes” no salgan de allí. Es entender que el problema no es la delincuencia, sino la MARGINALIDAD. Que terminar con los campamentos y crear poblaciones de casas que son poco más que mediaguas, sin un solo árbol, es realmente avanzar. No digo que la Concertación no se equivocó en esto. No es negar que durante estos 20 años se ha facilitado la intervención de éstos poderes económicos. No me ciego ante esa realidad. Sino que es más bien pensar que lo que estaba en algo contenido se va a desatar libremente. Es pensar que no nos daremos cuenta en verdad que poco a poco nos terminarán de comprar, y que hasta nuestros cerebros estarán fichados en el catastro de bienes muebles e inmuebles de esta gran empresa que será Chile. Yo estoy aquí. Sigo viva y consciente. Creo que no puedo olvidar, y reconozco el valor de la memoria. Soy aprendiz de historiadora, ya Licenciada, y mi labor como en consecuencia, y como ciudadana de Chile es NO SILENCIAR mi molestia, y transformar mi disgusto e inconformidad en palabras, y ojalá junto a otros, en actos. Aquí estamos, seremos OPOSICIÓN.