martes, 19 de febrero de 2019

Ni grandes pasiones, ni grandes destinos: el romance de la gente normal (después del despecho)


Voy a comentar, comparar y reflexionar acerca de dos películas que he escogido dentro del inmenso abanico de comedias románticas que se han filmado en la historia de la humanidad, especialmente en los últimos años. Hollywood es experto en ellas, las cocina como galletas, con recetas ya conocidas. Aun así, algunas siguen resultando buenas, otras regulares, otras muy malas, y alguna que otra por ahí, podría llegar a constituirse en una gran comedia romántica, de esas que surgen una vez cada cinco años o más.
Fuera de Hollywood, y aunque no lo creamos, también se hacen comedias románticas. Y el desafío es mayor: no parecer que copian el recetario hollywoodense. Pero, por alguna razón, pareciera que es preciso inspirarse en ellos, con ciertos elementos ya previstos que podrían llevar a un triunfo. Tan acostumbrados estamos al formato que nos gustan, necesitamos, los finales con beso y rosas, y cosas por el estilo. 
Las dos películas que comentaré han sido, casualmente, vistas por mí en un período de dos días seguidos. Y a pesar de sus diferencias, creo que coinciden en ciertos puntos. De antemano digo, que no son grandes películas. Podrían ser hasta casi olvidables. Especialmente una. La otra, según mi percepción, tiene ciertos elementos que la hacen superior, especialmente en lo que respecta a las actuaciones y a la química entre los personajes.

Una es “Two night stand” (EEUU, 2014) dirigida por Max Nichols y protagonizada por Miles Teller y Analeigh Tipton. La otra es “Nuestros Amantes” (España, 2016) dirigida por Miguel Ángel Lamata y protagonizada por Eduardo Noriega y Michelle Jenner.

En la primera el argumento es el siguiente. Megan, una joven recién graduada, desempleada y sufriendo aún por su ruptura amorosa, decide buscar una cita por internet, algo que la saque por una noche de su letargo. Encuentra a un joven, Alec, que aparentemente está tan solo como ella, y deciden reunirse en casa de él. A la mañana siguiente, al parecer el encuentro no ha sido tan exitoso, y cuando Megan intenta literalmente huir, no puede porque la tormenta de nieve más grande del último siglo ha cerrado las salidas del edificio y, además, ha paralizado la ciudad completa. Deben asumir que, pese a la incomodidad, deberán sobrevivir un fin de semana juntos. Por supuesto, de un rechazo inicial, por parte de ella especialmente, a partir de conversaciones más o menos profundas y ciertos eventos claramente de comedia, como que ella tapa el inodoro con una hoja de revista e inunda el baño (aunque este evento genera otro suceso que es esencial para el desenlace), se descubre que ambos están viviendo un proceso más o menos semejante: tienen que asumir rupturas amorosas ya consolidadas o por venir, y deben establecerse como adultos en un mundo que les exige “ser alguien”.

En la segunda, un hombre de unos 40 años ingresa una tarde a una cafetería-librería, con cara de despistado, y pide coñac. Bebe unos 'chupitos' y se sienta. Justo frente de él, una mujer de unos 30 años, sentada en un sillón leyendo, lo mira. En el acto, ella se pone de pie, y se sienta en la mesa junto a él. Ella lo saluda y lo invita a jugar, sin ninguna otra explicación que decir que tal como los niños del parque se acercan a otros sin conocerlos y simplemente juegan, ella quiere experimentar conocerlo simplemente por el placer de hacerlo. Las reglas, no decirse los nombres, no buscarse por internet, y quedar en verse otros días sin tener que usar el móvil. A partir de ese momento, comienza una amistad que va develando las personalidades de cada uno, y los conflictos amorosos de los cuales ambos no han acabado de salir. Lo que parecía coincidencia, resulta que no es tanto y, además, a ambos los han engañado sus respectivas parejas. Sin recurrir a escenas propiamente cómicas, excepto por el amigo del protagonista, sino simplemente con la mantención de un ambiente distendido que nunca llega al dramatismo, pero sí que contiene algunas escenas muy bien logradas de sus personajes, la película se mantiene, igual que la primera, en los diálogos constantes y a veces casi profundos o algo profundos de los protagonistas. Similar a la primera película, esta también nos muestra el proceso de asumir rupturas, tomar decisiones y, sobre todo, no pretender ser más de lo que se es, aunque en el camino, igualmente, es preciso aventurarse a experimentar lo que nunca se experimentó (sin exageraciones, por supuesto).
Ambas películas tratan sobre la segunda oportunidad, cuando ya crees que la vida está más o menos resuelta, o te habías acostumbrado a cierta dinámica, algo lo cambia todo. Pero no son los protagonistas de estas historias los que dan el puntapié inicial del cambio, sino sus exparejas, que antes que comience el relato, los han expulsado de sus vidas, total o parcialmente ya. Entonces, los protagonistas, se ven lanzados a ese cambio de lugar, a experimentar un acomodo de sus vidas, pues era algo que no veían venir.
Por otra parte, ambos filmes nos van dando poco a poco datos de sus protagonistas, a medida que ellos se conocen en diversos ámbitos, nosotros vamos armando los esquemas de sus rupturas. El tema laboral es más fuerte en “Two night stand” que en “Nuestros Amantes”, donde es poco relevante para la constitución de los personajes y su conflicto. El tema del romance y el sexo ocupa los otros momentos de los diálogos. En la primera tenemos algo más de diálogo sobre sexo, y de hecho, aparece más sexo en pantalla. Aunque ese es un elemento esencial en el proceso de conocimiento mutuo en ambas películas, sin duda.
Por último, gustos o reflexiones existenciales, no pueden faltar, y es la segunda película la que mayor énfasis pone en algunos pasajes, donde se citan autores conocidos y se alude al gusto de ambos por la lectura.
Sobre las actuaciones y la química de los personajes, la primera película simplemente destacable es la actuación de Miles Teller, aunque el rol no representaba mayores complicaciones. Sin embargo, como pareja, no siempre existe una química certera. Hay momentos que se dan perfecto, otros no tanto.
En la segunda, sin duda Jenner y Noriega se entienden muy bien en sus papeles. La química de ellos resalta bastante, y no deja de ser atractivo el papel secundario del amigo de Noriega, interpretado por Fele Martínez.
Qué queda después de ver estos filmes, podemos preguntarnos. Un simpático recuerdo de unas pocas horas pasadas agradablemente. Y también, nos permiten quedarnos con ciertos pensamientos que nos llevan a reflexionar sobre cuestiones como ¿Es necesario vivir constantemente apasionados por algo? ¿Hasta qué punto el ‘juntos para siempre’ se ha sobrevalorado? ¿Es bueno equivocarse y rectificar aunque parezca tarde? ¿Ser ‘mediocre’ o ‘del montón’ es negativo, en el fondo?

Por Lafayette


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