martes, 6 de diciembre de 2016

Sbaraglia y la ciudad de los sueños

Leonardo Sbaraglia, actor argentino con una exitosa carrera en su país y en España, es conocido también por sus actuaciones en producciones en México y Hollywood.
Sus primeras películas famosas fueron La Noche de los lápices (Héctor Olivera, 1986) y Tango Feroz: la leyenda del Tanguito (Marcelo Piñeyro, 1993), conocidas más allá de las fronteras Argentinas.  
Cuatro son las producciones que han llegado a mis manos en este tiempo, donde él es protagonista, todos filmes de gran calidad. Plata Quemada (Marcelo Piñeyro, 2000), En la Ciudad sin Límites (Antonio Hernánadez, 2002), Deseo (Gerardo Vera, 2002) y Salvador (Manuel Huerga, 2005).
Plata Quemada, Nene y Ángel herido
Comentaré en esta ocasión dos de ellas, que me han impactado especialmente y las que tienen en común tanto la gran actuación de Sbaraglia como el tema de la homosexualidad inserto dentro de otro tipo de problemáticas morales, sociales y familiares. Son Plata Quemada (como El Nene), donde comparte actuaciones con el español Eduardo Noriega y los argentinos Pablo Echarri y Leticia Brédice, y En la Ciudad sin Límites (como Max), donde vuelve a participar con Brédice, junto a los españoles Fernando Fernán Gómez y Ana Fernández, además de Geraldine Chaplin.
En ambas películas vemos a los personajes de Sbaraglia transitando de un lugar a otro, tanto física como mentalmente, en una búsqueda desesperada por respuestas. El Nene es un delincuente contratado para realizar un asalto millonario en Argentina el año 1965. Los hechos narrados están basados en una historia real.  El Nene nunca está solo, trabaja y vive con Ángel (Noriega), y ambos son conocidos en el ambiente como “los mellizos”. En realidad ellos son pareja y todos lo saben. El amor que los une está sobre todas las cosas, pero Ángel tiene una personalidad extraña, y justamente durante toda la operación del asalto y el escape a Uruguay, que comienza a salir mal, inicia una crisis entre ellos dos. Las escenas entre Sbaraglia y Noriega contienen una intensidad y una ternura que traspasa la pantalla. Sin nunca mostrar escenas de sexo entre ambos, entendemos que su relación es muy íntima. Ángel ama con su vida al Nene, sin embargo no quiere ser ya tocado por él. Las voces que oye le dicen que eso está mal, y él ha sido siempre muy supersticioso. En una búsqueda desesperada por entender esa esquiva actitud, el Nene comienza a vagar por el Montevideo nocturno, buscando placer momentáneo, mientras deben mantenerse semiocultos pues tras ellos está la policía.
En la Ciudad sin Límites, Max y su padre
En tanto Max, es un español que vive actualmente en Argentina desde hace más de dos años y vuelve a Europa a ver a su padre a quien le quedan pocos meses de vida. Cuando llega, se encuentra a su padre, quien había sido militante comunista exiliado en París, internado en un hospital en procesos de análisis por el tumor que le han encontrado, en un estado de demencia senil en donde mezcla realidad con sueños, pero con aceptable estado físico general. Los otros dos hijos mayores y la esposa, madre de los tres, simplemente parecen no escuchar sus desvaríos, sin embargo, Max siente que tras las insistencias de su padre hay algo no resuelto de su pasado. Decide ayudarlo a cumplir con su voluntad última. En ese trance de búsqueda, Max va descubriendo los conflictos familiares, intereses e infidelidades, insertándose él mismo en la vorágine de esos conflictos y descubre una parte del pasado de su padre, una verdad que la madre quería borrar para siempre.
Tanto Max como el Nene transmiten una intensa ternura, al mismo tiempo que encarnan el desconcierto y la incomprensión ante el escenario de la vida que se manifiesta frente a ellos. La voluntad de ambos está puesta en hacer bien lo que deben hacer, pero se pierden en el trayecto, el cual está lleno de tentaciones y realidades paralelas. Finalmente obedecen a su instinto, a su alma, a sus sentimientos, lo que no quiere decir que resulte ser una decisión fácil, moralmente correcta o socialmente aceptada.
Sin duda Plata Quemada y En la Ciudad sin Límites son filmes necesarios de ver, que ponen sobre la mesa temas controversiales, principalmente porque hablan sobre la vulnerabilidad humana, las emociones y las imposiciones, en donde el placer y el amor no siempre son posibles de ser vividos sin chocar con los prejuicios sociales y con la propia censura moral.

Plata Quemada:
Premio Goya a la mejor película extranjera de habla hispana (2001)
Premio Cóndor de Plata por mejor guion adoptado (Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras) de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina (2001)

En la Ciudad sin Límites:
Premios Goya 2003
Ganadora de Mejor actriz de reparto (Geraldine Chaplin) y Mejor guión original (Antonio Hernández y Enrique Brasó)
Nominada a Mejor película, Mejor director (Antonio Hernández) y Mejor música original (Víctor Reyes)

Por Lafayette


viernes, 18 de noviembre de 2016

Amor en tiempos de muerte

Deseo (Gerardo Vera, 2002)

Deseo es una película que narra un amor, o bien, una pasión, que lucha por trascender las barreras políticas en una época donde ser de uno u otro bando era cuestión de vida o muerte. Pablo (Leonardo Sbaraglia) es un empresario argentino de ascendencia alemana que vive en Madrid del año 1945, pocos meses antes de la derrota de Alemania y el fin de la guerra europea, mientras España está en plena época franquista y el recuerdo de la guerra civil está aún vivo. Pablo y su misteriosa amiga argentina-alemana Alina (Cecilia Roth) están a la cabeza de un plan secreto para gestionar la salida de sus familiares y otras personas importantes desde Alemania en vista de la inminente derrota nazi. El gobierno de Franco sabe de dicha operación, pero actúa en su apoyo de manera encubierta en vista de las presiones de los aliados.
Elvira (Leonor Watling), es una joven española de una familia de bien e hija de un médico, que vive junto a su madre enferma y a su hermana en la pobreza que les dejó la guerra tras el fusilamiento de su padre, militante comunista. La hermana de Elvira aún tiene la esperanza de recobrar la libertad y sigue militando en secreto. Sin embargo, Elvira, pese a sentir una profunda admiración y amor por la figura de su padre, quien le enseñó a amar la literatura y a conocer el mundo que la rodeaba, prefiere mirar el futuro con otros ojos y elige trabajar duro para ganar dinero y cuidarse de volver a participar en política, especialmente porque su marido ha caído en la cárcel a causa de su militancia y aún le quedan algunos meses en prisión.
Elvira es solicitada por un matrimonio, antiguos amigos de la familia, ahora administradores de un edificio de departamentos lujosos, para que trabaje como mucama para Pablo, quien vive solo en el amplio y bello piso madrileño. El trabajo es excelente, sólo durante las mañanas y con muy buena paga. Elvira está feliz dentro de lo que podríamos llamar una tristeza crónica.
En el momento en que Pablo y Elvira se encuentran, él descubre en ella una persona muy diferente a una simple mucama. Al poco tiempo se entera de su pasado, de su gusto por la literatura y de su admiración por su padre. También descubre que es hija de un comunista fusilado, lo que deja pasar, asumiendo que ella ya nada tiene que ver con política, aunque en realidad nunca le pregunta y, en el fondo, no lo desea saber. Alina sospecha de la muchacha, e intenta hacer ver a Pablo que ella pone en peligro la operación, cuando este comienza a mostrarse más interesado en Elvira.
Él nazi, ella comunista, en una España donde ser uno u otro abiertamente era exponerse a morir. Una España fascista, pero que está siendo vigilada desde fuera en caso de tener cualquier simpatía con el nazismo alemán, pero al mismo tiempo que vigila y reprime cualquier acción contra del régimen internamente.
Elvira y Pablo conectan inmediatamente, de manera casi natural. Lo que podría parecer un impedimento, es decir, la brecha social, se trasforma en irrelevante en la historia, sobre todo por el insistente recuerdo del padre y de la “otra” vida, la verdadera, que de alguna manera quiere ansiosamente recuperar. Sin embargo, ella no actúa de mala fe, ni con ambición y es Pablo el que se siente fuertemente inclinado, extrañamente incluso para él mismo, hacia esta bella, interesante y triste mujer.
Después de iniciar una relación de pareja casi oficial, Elvira comienza a percatarse de que algo esconde Pablo, y de alguna manera intuye su relación con el nazismo, toda vez que, además, Alina insiste en provocarla y hacerla desistir de Pablo con sus insidiosas ironías. Elvira decide no volver más a casa de Pablo, sobre todo porque se acerca el día en que su marido será liberado de la cárcel. Pero Pablo no lo soporta, mientras Elvira declara pensando en Pablo, asimismo, en una de las mejores partes de la película, que “sin él me falta el aire”.
Deseo es una propuesta cinematográfica estilísticamente muy bien lograda, con unas actuaciones protagónicas excelentes y con una historia interesante y bien contada, sin embargo, que adolece a ratos de la fuerza pasional que se espera ver en una historia de estas características. Tal vez haya que culpar al director de no lograr el efecto deseado en varias de las escenas que requerían de una intensidad mayor, particularmente en la relación entre Elvira y Pablo, que a veces parece un poco fría. Aún así, en términos generales la película resulta una obra de gran fuerza, con momentos muy bien alcanzados.
Así, Deseo nos lleva a internarnos en la piel de sujetos creados y separados por las ideologías. Podemos suponer que las brechas entre las personas, de religión, de clase o de culturas distintas son muchas veces insalvables, sin embargo así fuera, no siempre la vida está en juego cuando se cruza el umbral que las separa. Elvira y Pablo saben de las infranqueables diferencias, las que están más allá de sus capacidades  de control, no obstante, se dejan llevar por la pasión y el deseo que los devora. Pablo es un nazi comprometido, frío e implacable cuando se lo propone, pero desesperado de amor por una mujer que le corresponde en sentimiento, pero a la que por ideología no debe amar. Y Elvira se debate entre la lealtad a la familia que aún sigue la lucha, o la consumación de un amor avasallador que de alguna manera compensa la terrible pérdida de ese hombre que había sido esencial en su vida, su padre, y junto con ella, la pérdida de una vida que siempre había ansiado volver a tener.


Por Lafayette


viernes, 21 de octubre de 2016

Shame

Shame 
(Steve McQueen, 2011)

La traducción de shame es vergüenza y la vergüenza es el sentimiento constante que vemos aparecer en los personajes protagónicos de este filme.
Brandon (Michael Fassbender) es un treintañero soltero, exitoso en su trabajo, vive en un departamento en Nueva York; es originario de Irlanda, desde donde llegó a vivir a New Yersey durante su adolescencia.
Su vida se reduce a su trabajo y al sexo. Mantiene discretamente su intimidad frente a todos, disimulando a la perfección su adicción al sexo. Sin embargo, Brandon no es un hombre satisfecho, su insatisfacción y su vacío lo hacen caer una y otra vez en este círculo de erotismo silencioso a modo de síntoma de una profunda enfermedad, de la soledad, del miedo al compromiso, a la verdadera intimidad.
Ingresa a chats eróticos, tiene una gran cantidad de revistas pornográficas, se acuesta con prostitutas y eventualmente mantiene relaciones casuales con mujeres que apenas conoce. Ni siquiera puede esperar a llegar a su casa y debe masturbarse en el baño del trabajo. Sin embargo, pareciera que tiene toda la libertad del mundo, su mundo está absolutamente controlado y su intimidad es inviolable.
Sin embargo, ocurren a lo menos cuatro cosas que comenzarán a afectar su adicción, hasta ese momento, controlada, que hasta ahí lo mantenía en el límite de la aparente normalidad.
Su computador de la oficina es llevado a reparación sin previo aviso, lo que eventualmente llevará a Brandon al primer golpe asestado sobre su intimidad. En el fondo se sabe vulnerable, comprende su soledad, sin embargo, no desea encararla. Cuando su jefe le comenta que han tenido que limpiar su disco duro de toda la “porquería” pornográfica que tenía, éste le dice a Brandon que posiblemente había sido el becario que había trabajado con él quien había estado almacenando esos videos, intentando no acusarlo directamente. Es un diálogo breve, en el cual Fassbender es capaz de demostrar delicadamente, con leves gestos, la profunda y terrible vergüenza que siente el personaje al haber sido descubierto.
Un segundo golpe es la llegada intempestiva de su hermana. Al inicio del filme, percibimos reiteradamente en los mensajes del contestador una voz femenina, eran de ella pero él nunca le devuelve el llamado. La escena en que ella llega, es tan sorpresiva para Brandon como para el espectador.
Sissy (Carey Mulligan) está en la bañera del departamento de Brandon cuando es sorprendida por éste; la escena se enfoca en el espejo del baño, el cual refleja tanto a Brandon como a Sissy frente a frente, y a ella desnuda, de pie en la bañera.  
Ya sabemos que él es un adicto al sexo y esta imagen es perturbadora por lo fuertemente sugestiva. Hasta ese momento no sabemos que esa mujer es su hermana. Podría ser cualquiera, que, sin embargo, gozaba de la intimidad con Brandon, cosa extraña pues él era un hombre impenetrable.
Brandon y Sissy

Luego vamos sabiendo quien es Sissy. La actitud de Brandon frente a su hermana es terriblemente fría, hasta de desprecio, mientras ella intenta acercarse, cuidarlo y abrazarlo. La familiaridad evidente, la semi desnudez de ella frente a él a la mañana siguiente de su llegada, o una noche fría cuando ella se recuesta a su lado abrazándolo (y él la rechaza agresivamente) podría parecer natural entre hermanos, sin embargo, la profunda perturbación de Brandon hace mella en el espectador. Algo más hay. Puede, simplemente, ser la irrupción en su privacidad, no desea testigos en sus diarios paseos eróticos por el ciberespacio, desea poder llamar a prostitutas y estando su hermana no podrá hacerlo.
Sissy no es una muchacha feliz, tampoco. Una conversación telefónica con un ex, demuestra que está dispuesta a todo por sentir intimidad con alguien, por sentirse amada. Intenta buscar esa cercanía fraternal con Brandon, pero él la rechaza, hasta de manera violenta, una y otra vez.
La escena en donde somos capaces de comprender la soledad de Sissy y Brandon, cada uno creyendo que está intentando salvarse de aquella a través de métodos, no obstante, que los van conduciendo a la perdición, es cuando ella lo invita al restaurante donde canta. La canción New York, New York es interpretada por Sissy completa en el filme, aunque a un ritmo mucho más lento que la original, y durante esta interpretación la cámara se centra en los dos rostros de los hermanos, mientras él ve el show. Ella con una expresión desolada cantando, luego él conmovido con lágrimas en los ojos, apenas asomando. Es, sin duda, la mayor muestra de sensibilidad y emotividad que Brandon ha expresado hasta el momento.
Los otros dos acontecimientos que irán mermando la pretendida estabilidad del protagonista son cuando Sissy se acuesta con el jefe de Brandon en su propio departamento, y él escucha en parte el encuentro, pero rápidamente en ese instante sale a correr, desesperado, mientras escucha música de Bach. Luego, intentará, de alguna manera, enmendar su rumbo, y por primera vez invita a una mujer, una colega, a una cena en un restaurante y su cita no termina en sexo. Brandon es capaz de tener real intimidad con esta mujer sin siquiera darle un beso. Es un momento en que creemos que vamos a ver un cambio radical, pero no podemos precipitarnos.
¿Por qué Brandon se molesta con su hermana por acostarse con su jefe? ¿Se enfurece porque es su jefe? ¿O porque es ella que está con otro? ¿Qué le ocurre a Brandon con su hermana?
Tras la primera cita de Brandon con su colega, la cual no termina en sexo, este llega a su casa y está solo. Luego, estando en el baño, intempestivamente Sissy abre la puerta y lo ve un instante masturbándose. Es un momento crucial cuando él se ve, así, totalmente expuesto. Lleno de rabia, de la rabia que surge de la profunda vergüenza, empuja a Sissy y le grita, la tira al sofá, y se pone sobre ella, en ese momento queda casi desnudo y le dice “¿qué quieres de mí? ¿Por qué has venido? Puta!”
Es una escena tremendamente sugerente y terrible, escena que está en el límite de lo prohibido.
Luego, decide botar todo su material pornográfico, pareciera que va a cambiar de vida, y se reúne una segunda vez con su colega; no obstante, el haber creado un vínculo, hace que él se vuelva impotente, no pueden hacer el amor y ella se va. Luego él llama a una prostituta y no tiene problemas con su desempeño. ¿Por qué Brandon no puede tener sexo con la única mujer con quien ha generado vínculos, aparte de su hermana?
Después de todos estos acontecimientos, él le pide a Sissy que se vaya de la casa, que no puede cargar con la responsabilidad de tenerla. Le dice que se siente invadido, acorralado con su presencia y que ella es incapaz de cuidarse sola, pero que él no tiene por qué cuidarla. En un proceso de proyección, Brandon va cargando a su hermana con todos los reproches que debiese hacerse a él mismo. Él quiere volver a su hermetismo, a su impenetrabilidad. Quiere deshacerse de esos sentimientos que lo han hecho sentir celos e impotencia.
El  final del filme es un final abierto. La vorágine de desesperación y vergüenzas en la que se sumen tanto Brandon como Sissy llega a un punto final, en donde él llega hasta lo más oscuro del desenfreno sexual, lo que lo va hundiendo más y más en la soledad y la angustia.
En unas escenas de un alto contenido erótico, hasta pornográfico, lo vemos experimentando con diversos placeres, pero éstos se vuelven la profundización de esa nada incontenible que lo aplasta. La mezcla entre las escenas altamente sexuales, con los colores y luminosidad rojizas, la música llenándolo todo mientras no escuchamos ningún sonido humano, hacen de estas escenas momentos tremendamente angustiantes, instantes al borde de un precipicio.
Al final vemos a su protagonista totalmente destruido por esa imposibilidad de superarse a sí mismo. Nos damos cuenta que hay mucho más de lo que no sabemos en la historia entre Sissy y Brandon de lo que hasta ese momento se ha expuesto. Nunca hay momentos retrospectivos ni recuerdos en común entre hermanos, sólo sabemos que ambos cargan con un pasado que no pueden olvidar y que se manifiesta en sus personalidades inestables y solitarias.
El final abierto nos permite conjeturar tanto un buen como un mal porvenir para sus protagonistas.
Shame recuerda al filme Closer (2004) de Mike Nichols, por sus personajes vacíos que intentan llenar sus vidas con algo semejante a la intimidad de pareja, donde finalmente el sexo no logra ser esa necesaria intimidad y todos vuelven a permanecer en sus propias individualidades. Shame es, sin embargo, mucho más explícita en sus imágenes, Closer no tiene ninguna escena sexual, todo lo contrario de Shame. Y aunque más cruda, más explícita, incluso más violenta, en Shame vemos la posibilidad, tal vez lejana, fuera del tiempo del filme, de redención, de solución, la que es catalizada por Sissy quien, a pesar de sus acciones siempre erráticas, es la que intenta expresar que la verdadera conexión viene dada por un simple abrazo, un simple te quiero, y por la disposición de escuchar al otro.

Shame es una película muy bien lograda, llena de momentos en donde todo se dice con miradas y música, en donde las expresiones de los cuerpos y lo silencios expresan más que mil palabras, donde la sexualidad se muestra en su vertiente más cruel, de su forma más cruda. El goce sexual es casi una droga que permite evadirse de la existencia sin sentido, una droga que hace olvidar lo que realmente nos daña y nos permite ocultar nuestras vergüenzas, aunque sólo momentáneamente. 

Por Lafayette

jueves, 6 de octubre de 2016

La Venus Hotentote y el Negro de Banyolés

África y la historia  de Luis César Bou

El científico francés Cuvier tuvo oportunidad de conocer a una mujer africana, trasladada a parís como curiosidad y objeto de estudio. Se trató de la famosa “venus hotentote”. “Hotentotes” es el nombre que los colonizadores holandeses de África del sur dieron al los indígenas del grupo joi-joi. El carácter dulce y pacífico de los joi-joi (o khoi-khoi) los llevó a recibir amigablemente a los boers (campesinos) instalados, en el siglo XVII, en la colonia del Cabo, por la Compañía de Indias Orientales holandesa.

Rápidamente, las tierras fueron apropiadas por los blancos, y los joi-joi sometidos a esclavitud y servidumbre, cuando no lisa y llanamente exterminados. La “venus hotentote” era una infeliz mujer joi-joi llevada por uno de sus amos desde la entonces colonia del Cabo a Europa, para ser exhibida como curiosidad. A Londres llegó en 1810, y recorrió Inglaterra como objeto de un espectáculo que terminó en el escándalo: se la mostraba semidesnuda y, por un pago extra, se permitía que los espectadores tocaran sus nalgas prominentes, producto de la esteatopigia, como si esta característica de las mujeres joi-joi no existiera en muchas mujeres europeas. Finalmente, una sociedad benéfica solicitó la prohibición del espectáculo y la pobre africana fue llevada ante los tribunales. Luego de que este inconveniente provocara el fin del negocio en Inglaterra, fue trasladada a París, donde un domador de fieras la exhibió durante quince meses. En ese tiempo, además de satisfacer la curiosidad pública, fue objeto de estudio por parte de varios científicos franceses, entre ellos Cuvier, quien la describió como una mujer inteligente, de excelente memoria y que hablaba fluidamente el holandés.

Pero quizá lo más significativo se produjo después de la muerte de la “venus hotentote”. Falleció en 1815, de algo que se describió como una “enfermedad inflamatoria”. La comunidad científica parisina se reunió para realizar su autopsia, luego de que Cuvier realizara un vaciado en yeso de su cuerpo. Los resultados de la autopsia fueron publicados también por Cuvier. Y desde entonces hasta 1974, su esqueleto, su cerebro y sus genitales estuvieron en exposición en el museo del hombre de París. Sus genitales, sobre todo, fueron durante ese tiempo objeto de gran curiosidad, por poseer lo que se denominaba sinus pudoris o también “cortina de vergüenza”, en realidad una elongación de los labios menores de la vagina, propia según algunos de las mujeres joi-joi (Gould, 1985).

Una caricatura contemporánea de
Saartjie Baartman
la sensación europea

Sobre la base de estos estudios “científicos” de la venus hotentote, un etnólogo norteamericano, Josiah Clark Nott, llegó a la conclusión de que los hotentotes, junto con los bosquimanos, eran:

“...los especímenes más bajos y más bestiales de la humanidad” (Nott, 1855)

 ¿Habrán cometido los hotentotes alguna vez la bestialidad y la bajeza de convertir a un ser humano en objeto de exhibición? Lo dudo, pero Nott, primer traductor de la obra de Gobineau al inglés, no podía calificarlos de otra manera.

Los restos de la “venus hotentote” retornaron a Sudáfrica en el año 2002, luego de insistentes reclamos iniciados por el gobierno de Mandela y un largo debate, que llegó a la asamblea nacional de Francia. Diana Ferrus, una poetisa sudafricana de ascendencia joi-joi, le dedicó un poema que, entre otras cosas, dice:

he venido a sacarte de esta miseria
a llevarte lejos de los ojos curiosos
del monstruo fabricado por el hombre
que vive en las tinieblas
con sus garras de imperialismo
que diseccionó tu cuerpo parte por parte
que asoció tu alma a la de satán
y se declaró él mismo el dios absoluto. (Ferrus, 2000)


Por cierto que, con ser significativo, el caso de la “venus hotentote” no fue el único. Al menos sus restos fueron a parar a un museo antropológico. La mayoría de los otros “ejemplares” conocidos debieron convivir con piezas de fauna y flora silvestre. A lo largo del siglo XIX, muchos museos de historia natural, europeos y americanos, incorporaron a sus colecciones ejemplares de distintos tipos raciales, excepto blancos por supuesto.

El último caso en dar cierta polémica fue el “negro de Banyolés”, en España. Podemos detenernos en este caso paradigmático.

En torno a 1825, dos hermanos franceses, Edouard y Jules Verreaux, realizaron varios viajes al África del sur con el fin de reunir una colección de animales africanos. Los Verreaux eran una mezcla de naturalistas, aventureros y comerciantes, pero su profesión principal era la taxidermia. En esa época, antes del desarrollo de la fotografía, la única forma de acercar la fauna salvaje a ojos europeos era mediante los zoológicos, que requerían un costo de mantenimiento importantísimo, o mediante los “museos naturales”, mucho más económicos, donde se exhibían los animales embalsamados.

Los Verreaux tenían su propio museo, la “maison Verreaux”, en el cual llegaron a reunir una colección muy importante. Allí tenían jirafas, rinocerontes, monos ¿cómo iba a faltar un negro?

No se sabe bien cómo, en uno de sus últimos viajes, los Verreaux obtuvieron el cadáver de un africano, al que sometieron al procedimiento de taxidermia habitual. Trasladado a parís, el nuevo ejemplar quedó expuesto en una vitrina, con una lanza en una mano y con el característico escudo en forma de mariposa en la otra.

El tiempo pasó y, luego de la muerte de sus fundadores, la “maison Verreaux” conoció la decadencia. Tan es así que la viuda de Edouard vendió buena parte de la colección. Uno de los compradores fue un veterinario catalán, antiguo director del zoológico de Barcelona, de apellido Darder. Varios años más tarde, en 1916, Darder fundó su propio museo en Banyoles (Girona). En ese sitio instaló la colección que fue reuniendo a lo largo de su vida, incluyendo los ejemplares que comprara la viuda de Verreaux. Allí fue a parar el africano sustraído por los hermanos naturalistas-taxidermistas. Y allí quedó expuesto en su vitrina hasta que, en 1991, alguien descubrió que se trataba de un ser humano. El que lo hizo fue un negro, el médico haitiano Alphonse Arcelin, que visitó casualmente el museo Darder. Según un periodista que relató la historia:

“entonces llegó Alphonse Arcelin y lo miró por primera vez como ninguna otra persona lo había visto: con piedad y con el profundo horror que deriva del reconocimiento” (Antón, 2000).

Es notable como, aún hoy, el periodista parte del supuesto de que sólo un negro podía reconocer a un negro embalsamado como ser humano. Lo cierto es que Arcelin armó un escándalo, y lo hizo en el momento más indicado: las vísperas de los juegos olímpicos de Barcelona. Convocó a que los países africanos no enviaran delegaciones si el “bechuana” (como se lo conocía en Banyoles) seguía estando en exposición. Banyoles era subsede olímpica, y el propio comité olímpico solicitó al ayuntamiento que el negro fuera retirado de la exposición. El ayuntamiento resistió el pedido, pero los juegos olímpicos eran un gran negocio y no era cuestión de arruinarlo con un escándalo. Finalmente, se retiró al negro con vitrina y todo.

Pasadas las olimpíadas la discusión continuó: el ayuntamiento y muchos ciudadanos de Banyoles se negaban a desprenderse de una “pieza” que consideraban parte de su patrimonio cultural. Pero Arcelin era terco y consiguió el apoyo diplomático de varios países africanos y de la propia Organización para la unidad africana, y también del secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annam. Como la cuestión estaba derivando en un escándalo que podía desprestigiar a la diplomacia española, el gobierno de Aznar decidió dar una salida expeditiva al problema: devolver el negro al áfrica.

Para ello hubo que realizar algunos trámites burocráticos muy peculiares, tales como el de descatalogar al negro como pieza de museo y reclasificarlo como “resto humano”, etc. finalmente, trasladarlo desde Banyoles en plena noche (para evitar cualquier escándalo), y embarcarlo en Madrid hacia Botswana, el país que aceptó reclamarlo como propio.

Quizá el “negro de Banyoles” haya tenido la particularidad de ser el último de estos casos de exhibición de un negro en un museo de historia natural.





sábado, 24 de septiembre de 2016

Sabina Spielrein y el psicoanálisis



Prendimi l’anima (The Soul Keeper) (Roberto Faenza, 2002)
A Dangerous Method (David Cronenberg, 2011)


La filmografía del director canadiense David Cronenberg suele ser siempre un lugar perfecto para explorar las zonas más recónditas del ser humano en la modernidad, en sus extraños y tortuosos caminos. El lado oscuro de la brillantez ordenada, limpia y civilizada del mundo occidental. Nada más sugerente que juntar a los pioneros de la psiquiatría moderna y del psicoanálisis en una historia basada en hechos reales.

Sabina Spielrein (1885-1942) de familia judía rusa, fue una de las primeras mujeres en ejercer la psiquiatría, contribuyendo con sus investigaciones en teorías que después serían parte de las propuestas freudianas. Llegó a Zúrich en 1904 para tratar su enfermedad mental, y se quedó en la ciudad una vez recuperada, para realizar sus estudios universitarios. Su mayor aporte teórico fue la elaboración del concepto de “pulsión destructiva y sádica” sobre el cual Freud desarrollará más tarde la “pulsión de muerte”. Sin embargo, Sabina no fue sólo una pionera en la investigación psiquiátrica, también ejerció su labor de médico tanto en Viena, Berlín y Ginebra, y luego, a su regreso a Rusia en 1923, se dedicó a la psiquiatría infantil. Su propuesta partía de la base que era esencial educar a los niños para que fueran libres desde pequeños.


A Dangerous Method cuenta la relación profesional e íntima entre Sabina Spielrein y dos de los psiquiatras más relevantes de inicios del siglo XX, Sigmund Freud y Carl Gustav Jung. El relato se sitúa entre el ingreso de Sabina en un sanatorio en Zúrich con diagnóstico de histeria, hasta que termina sus estudios de medicina y se casa con Pavel Naumovich Scheftel, también médico. El filme de Cronenberg del año 2011, sin embargo, no es el primero en el que podemos conocer la figura de esta excepcional mujer, la cual ha sido recién “descubierta” a fines del siglo XX. El año 2002, el director italiano Roberto Faenza dirigió Prendimi l’anima, filme que igualmente releva la figura de Sabina, particularmente su relación con Carl Gustav Jung y luego en su labor como psiquiatra infantil en Rusia.

El foco de ambos filmes es diferente. Si bien en los dos la figura de la psiquiatra, que pasa de ser paciente a ser médico, es el centro de la trama, en el primero su figura nos permite explorar los límites de una sexualidad reprimida, el sentimiento de culpa, el dolor y la búsqueda del amor. En el segundo, Sabina se nos presenta como una mujer sexualmente menos extrema u oscura, aunque igualmente fuerte y determinada, y podemos conocerla, también, en su faceta de madre y médico.

Increíblemente, ambos filmes se complementan pues expresan, de una manera intensa y a la vez delicada, formas diferentes de relatar la vida de una mujer compleja y brillante, que logró estar a la altura intelectual de dos referentes occidentales en un mundo dominado por hombres. En ambos nos cuentan la historia del machismo y del anitsemitismo, no como punto de referencia esencial, sí como plano de fondo donde ocurre la acción.

Las dos Sabinas, interpretadas por actrices británicas, Emilia Fox (en 2002) y Keira Knightley (en 2011) están a la altura de su personaje, siendo capaces de mostrarnos a una muchacha emocionalmente inestable hacia el inicio de la historia, que luego se trasforma en una aguda y, a la vez, sensible psiquiatra. Sigmund Freud es un personaje esencial catalizador de los vaivenes de las historia, en ambos casos, aunque mientras en el filme de Faenza se menciona, en el de Cronenberg interviene activamente junto a Jung, su joven discípulo. En ese sentido, el segundo filme además de trazar la ruta de Spielrein, nos traza el camino que siguieron Freud y Jung durante varios años hasta su separación.

Si bien las dos Sabinas están magistralmente interpretadas, ambas actrices imprimen su propia huella al momento de desarrollar su interpretación. En A Dangerous Method, además, la historia se centra de manera mucho más detallada en el tratamiento psicoanalítico dado por Jung a Spielrein durante el año que estuvo internada y en los pormenores de la relación amorosa que surge entre ellos; también se explora de manera más detallada el sentimiento de culpa y miedo que albergaba Jung al verse implicado por primera vez en una situación de infidelidad a su esposa. Ambos filmes nos dejan muy en claro que la relación entre el joven Carl Gustav Jung y su esposa era correcta, cordial, pero fría, mientras los placeres del sexo y del amor habrían sido experimentados sólo al convertirse en amante de Sabina.

Después de disfrutar de estos dos excelentes filmes, los cuales nos sumergen en la historia real de sus personajes y, a la vez, en los rincones más recónditos de las mentes de sus protagonistas, es posible quedar más iluminados sobre el significado de nuestra naturaleza humana y comprender que el dolor y el deseo pueden ser dos caras de la misma moneda.

Por Lafayette

Ver Prendimi l’anima (The Soul Keeper) (Roberto Faenza, 2002)


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Mujeres a la historia

La verdadera historia secreta de Chile
Angélica Bulnes y Carlos Pérez
16 de septiembre del 2016 / 23:42 Hrs

Tradicionalmente en Chile la historia la han escrito los hombres y hasta hace poco había un puñado de pioneras que había logrado entrar en ese espacio. Hoy eso está cambiando y son más las que se dedican a la investigación. En algunos casos, tienen cargos universitarios, otras han publicado libros y varias lideran proyectos, en temas muy distintos. No comparten enfoques, pero en general coinciden en que su gremio es muy masculino y la mayoría destaca un hecho: que en Chile todavía no hay ninguna Premio Nacional en su disciplina. De las once áreas en que el reconocimiento se entrega, sólo éste y el de Ciencias Aplicadas no han recaído en una mujer.

Hildegarda de Bingen, sabia medieval,
Doctora de la Iglesia


Alejandra Araya: “La historiografía es el lugar más machista, misógino y retrógrado de las humanidades”
Su primer referente fue su abuela, explica la directora del Archivo Central Andrés Bello de la U. Chile. “Me interesa esta disciplina por su dimensión narrativa y ella es una gran contadora de historias”. Luego menciona a cada una de las profesoras del área que tuvo en la Escuela D-299, en el liceo Cervantes y en el liceo Teresa Prats de Sarratea. En la universidad hubo más personas que fueron significativas en su formación, especialmente el académico Rolando Mellafe, pero todos hombres porque cuando esta historiadora de 44 años entró a estudiar, en la mayoría de las facultades de esta disciplina había muy pocas mujeres enseñando. “Y eso es parte del problema porque, al no haber modelos, no ves que dedicarte a eso sea una posibilidad, la idea que se replica es la de la ayudante eterna”.
Actualmente la historiadora es una de las profesoras asociadas más jóvenes de la U. de Chile, y la menor en un cargo directivo. “Pero en parte también estoy aquí porque hay una oficina de equidad y por una política institucional que dice que debe haber paridad en estos cargos. Lo que quiero decir es que este es un trabajo, no algo que se va a dar de manera natural, que va más lento de lo que debiera y a un alto costo, porque sigue siendo complicado que una mujer se dedique por completo a la academia”.
Forma parte de las primeras generaciones en que hay un cuerpo más grande de mujeres ejerciendo esta profesión, las que tienen doctorados en Chile o afuera -como ella que lo hizo en México- e investigan y publican de manera independiente. Es, dice Araya, la de las nacidas de los 70 en adelante. Antes que ellas, las investigadoras eran pocas y para hacerse escuchar tuvieron que crearse un espacio en el corazón de la masculinidad: “La Sol Serrano, que sería la historiadora más reconocida como tal seguida creo de la Sofía Correa, se dedican al tema político, a la historia política. Ellas claramente han abierto las preguntas ahí, pero para validar te tienes que insertar en esa área y no otra. La masculinización de las mujeres en los ámbitos académicos es una estrategia, y una exigencia para poder ser oída”. 
Araya investiga sobre el cuerpo, por qué la manera en que lo entendemos cambia con el tiempo y la cultura. Lo suyo es rastrear cómo se expresan en los gestos las relaciones de poder o el lugar que tenían castigos físicos durante el periodo de la Colonia, porque es el momento en que se instalan formas de control que siguen siendo importantes en la sociedad contemporánea. A modo de ejemplo, explica que la extensión de los derechos se puede analizar desde esta perspectiva. “El noble tiene una dignidad porque no puede ser tocado. La democratización también puede entenderse como el proceso de ampliación de ese principio. Si hoy se dice que los niños no deben ser golpeados, es porque les estamos reconociendo una dignidad. Lo mismo con las mujeres, las sociedades indígenas: el castigo y el daño físico te hablan de quiénes son protegidos o no en una sociedad”.
Historia por el revés, es como ella denomina lo que le gusta hacer y cuenta que se trata de investigar el pasado con métodos y ángulos distintos a los tradicionales. Pero a la vez explica que “la historiografía todavía es el lugar más machista de las humanidades, el más misógino y retrógrado. La gente piensa que la historia es una, y que el historiador dice la verdad y da un juicio, y el criterio de autoridad sigue estando asociado a los hombres”. Eso, explica, se manifiesta de muchas maneras, y una de ellas es asignándoles menos valor a los temas que toman las mujeres. “Las afirmaciones que suelen hacer los colegas hombres sobre los trabajos de las historiadoras son feroces. También hay un currículum oculto que se transmite en la formación, que dice que los asuntos que abordamos no son tan importantes como los de los hombres”.

¿Hay temas de hombres y mujeres?
No, pero el medio local -porque no pasa en otros países - hace distinciones de género en todo orden de cosas y “feminiza” ciertas materias y eso implica ponernos en un territorio de menor valía.

¿Ser mujer te lleva a acercarte de manera distinta a la investigación?
Evidentemente que nacer con órganos femeninos, asociados a un género, te pone en un lugar. Yo no podría ignorarlo. No es lo mismo escribir historia teniendo a su vez la condición cultural e histórica de ser mujer, de venir de los sectores populares, de ser pobre, de haber estudiado en la educación pública. Son datos de tu causa, y no pueden obviarse al ejercer este oficio. Por lo tanto, los temas que me han interesado son la historia de sectores populares, de mujeres, porque también son historias invisibilizadas, tienen que ver con mi conciencia.

Macarena Ponce de León: “No creo que el género tenga ningún efecto sobre interpretaciones diversas entre hombres y mujeres”
“El tema de género no lo comparto para nada pero sí creo que esta disciplina se ha ido volviendo un campo de mujeres intelectuales y profesionales que le están dando un nuevo aire a la historia”, parte diciendo esta académica de la Universidad Católica a la que le interesa un asunto bastante actual: la construcción de Estado chileno y cómo se vincula con la sociedad. Un ejemplo es su libro Gobernar la pobreza, donde analiza cómo operó la beneficencia pública y la caridad privada desde mediados del siglo XIX en Santiago, en el periodo en que comenzaba a convertirse en una ciudad moderna. Pero también lo ha analizado desde el ámbito de la educación, donde, por ejemplo, explora el financiamiento, a la par que realiza trabajos sobre  elecciones y sufragio.

¿A qué te refieres con que la historia hoy es un campo de mujeres?
A que tienen una participación muy activa. Son académicas, investigan, realizan docencia de excelente calidad, pertenecen a redes académicas nacionales e internacionales, ganan concursos, participan en agencias estatales de ciencia, gestión universitaria, dirigen museos, proyectos culturales e incluso empresas. Con bastante dificultad han ido construyendo su camino dentro de una carrera que todavía es de hombres en varios sentidos. De hecho, ninguna ha ganado el Premio Nacional de Historia, algo impresionante y que dice mucho porque no se debe a que no hayan postulado o no tengan obra.

¿Quiénes han sido tus referentes?
Referentes mujeres tengo una muy cercana que es Sol Serrano. Es mi maestra en todos los sentidos: fue mi profesora desde pregrado y con ella me formé como investigadora. Trabajar con ella ha sido fundamental. Desde que era alumna me llamó la atención su pasión y cuán importante encontraba el tema que estudiaba. Eso no se me olvidó nunca, como tampoco cuánto importa ser intuitiva y rigurosa al mismo tiempo. 

¿Crees que ser mujer te lleva a estudiar la historia de manera distinta?
No creo que el género tenga ningún efecto sobre interpretaciones diversas entre hombres y mujeres. Una historia de cualquier temática podría ser la más radicalmente distinta entre dos historiadores, como entre dos historiadoras. Lo que sí es cierto es que la historia ha tenido una apertura a temas culturales y menos institucionales, se han renovado viejas preguntas, las metodologías. Seguro deben existir estudios de género que avalen tendencias femeninas o masculinas hacia ciertos asuntos, pero no creo que sea la pregunta importante.

¿Qué quieres decir con que “el tema de género no lo compartes para nada”?
No comparto el argumento de género que se ha venido elaborando para sopesar la calidad de la historiografía femenina por sobre o por debajo de la que realizan los hombres. Yo creo que un buen historiador escribe buenas historias independientemente de si es hombre o mujer.

¿Qué piensas que le dice el fenómeno Baradit y su historia secreta al campo de la historia?
Creo que Baradit no escribe historia propiamente tal. No he leído sus dos libros, pero estoy al día de la polémica. Hay mucho marketing en su fenómeno de ventas, y nosotros, historiadores, debemos defender la disciplina, no al gremio. Lo que sí creo debe ser un tema a conversar es cómo escribir sin aislarse en el ámbito estrictamente académico. Baradit es importante porque levanta el tema de la difusión de la historia.

Soledad Zarate: “No incluir la perspectiva de género en la historia es una miopía”
La académica y ex directora del  Departamento de Historia de la Universidad Alberto Hurtado, empezó su carrera investigando sobre el parto, de lo que resultó su libro Dar a luz en Chile, que muestra cómo en el siglo XIX se incrementa el control médico sobre los nacimientos y se reducen los aspectos más ligados al folclor y sabiduría popular. Desde entonces sigue centrada en la historia de la medicina y la salud, con un énfasis en las relaciones de género. Actualmente analiza -junto a Juan Carlos Yáñez y Maricela González- la labor de matronas, enfermeras y asistentas sociales en las décadas previas a los 80 en la puesta en marcha de políticas sanitarias que contribuyeron, entre otras  metas, a la caída significativa de la mortalidad materno-infantil. Los médicos tuvieron un papel crucial porque diseñaron y consiguieron fondos para empujar esas medidas desde el Estado, pero de acuerdo a Soledad Zárate, quienes las llevaron a la práctica fueron esas profesionales. “En ese Chile que aún era un campo, quienes van a caballo a vacunar y atender partos, educan a las madres en la higiene y en la alimentación, controlan enfermedades infecciosas como la tuberculosis, la sífilis, fueron mujeres, muchas veces solas, viviendo en postas, en casas de socorro, en todo el territorio. Es importante reconocerlas y darles su lugar, no porque son mujeres, sino porque su trabajo fue irreemplazable y de gran valor social y político”.
Las preguntas por el trabajo de estas profesionales también colabora en la ampliación del estudio de la historia del trabajo en Chile, que se ha centrado casi totalmente en los hombres de los sectores mineros y fabriles. “Te doy un ejemplo; hace 31 años, Gabriel Salazar publicó Labradores, peones y proletarios, un hito de nuestra historia social. Cuando lo leí en los 90, me encontré, con sorpresa, que sólo en el último capítulo de ese libro describe lo que ocurrió con el ‘peonaje femenino’. Destinar las últimas páginas y no incluirlas en el conjunto del relato de ese proceso crucial me resultó inexplicable”. Que las mujeres sean parte integral de la historia es algo a lo que ella quiere contribuir. 

¿Por qué es importante?
Si se trata de que la disciplina incorpore criterios de justicia y de igualdad, obviamente deben estar las mujeres en los relatos. Pero más importante aún, no incluir la perspectiva de género, es decir, cómo operan las distinciones sexuales en diversos procesos históricos, es una miopía. No todos tienen que  interesarse por investigarlas; pero ya no podemos negar su potencial explicativo de muchos fenómenos.

¿Ser mujer te acerca a la historia de manera distinta?
En rigor, creo que me interesan temas distintos, y que en ocasiones me hago preguntas diferentes, pero eso no me parece privativo de ser mujer. Sí creo que algunas de mis preocupaciones, al menos hasta hace poco, carecían de “estatus histórico” y estudiarlas suponía un doble esfuerzo: el propio de la investigación y el de “convencer” a la comunidad historiográfica.

¿Somos un país sin memoria?
No. Pero sí veo que hay una importante demanda social por reconocernos en la historia, una demanda que no está satisfecha con relatos tradicionales. Por ejemplo, actualmente hacer historia de las mujeres y de las relaciones de género tiene más apoyo institucional y social, y eso tiene que ver con la consolidación política y académica de dicha demanda. También las preguntas en torno a los DD.HH. y la violencia política nos ha llevado a algo  necesario y saludable que es interrogarnos por la memoria, pero también hemos aprendido de ese proceso que hay diversas memorias que recuperar, entre ellas, las de las mujeres.

Cristina Moyano: “No lidié con los conflictos que enfrenta la mayoría de las mujeres”
“Más que influida por el tema de género, soy parte de una generación de historiadores, de entre 40 y 45, que empezó a repensar los partidos políticos y sus culturas. A mí siempre me interesó la política y cuando entré a pedagogía en historia en la USACH, milité en el PS. Ahí apareció el MAPU. Había una especie de mitología sobre ese movimiento y sus integrantes eran un punto de referencia, para bien y para mal. Después me casé con el hijo de la actual ministra de Vivienda, Paulina Saball, que fue parte de él y siguió siendo un tema recurrente.
En la época, además, aparecían comentarios en la prensa que empecé a pesquisar: durante el gobierno de Frei, Alfredo Jocelyn-Holt dijo en Caras que era un gobierno MAPU liderado por un DC; cuando en su primer periodo la presidenta Bachelet puso a Viera Gallo en la Segpres, La Tercera tituló “El MAPU vuelve a La Moneda” y así. Aunque ya no existía como partido, me di cuenta de que era una sensibilidad y como historiadora me puse a estudiar lo que denominé la cultura política del MAPU. Investigué su periodo fundacional, los rasgos comunes. Más tarde seguí la renovación socialista del MAPU, cómo produjeron los sentidos de la transición, cómo generaron un pensamiento de izquierda en ruptura con el marxismo y dotaron de sentido a un socialismo democrático. Ahí vi que una serie de estos actores como Tironi, Brunner, Garretón, en los 80 se concentraron en una serie de ONG. Ahora estoy a cargo de un Fondecyt sobre los intelectuales de izquierda en esas organizaciones. Quiero entender cómo estos centros se convirtieron en lugares no sólo de producción intelectual, sino que también de tejer redes y articular una visión política, que sentó bases de un pensamiento común sobre la democracia por venir, de la futura transición y sus límites.
Entré a estudiar pedagogía en historia en la Usach. Al poco tiempo me di cuenta de que me gustaba investigar, me titulé y seguí de inmediato el magíster y luego el doctorado, que terminé a los 30. Muchas compañeras que venían conmigo se demoraron más porque las condiciones de ser mujer te generan trabas. Yo me gané una beca, tuve dos niños mientras hacía el doctorado, pero tenía un marido que me dijo “dedícate a estudiar, yo veo los gastos” y los niños podían ir a la sala cuna. No todas tienen esa suerte. No lidié -y soy privilegiada- con los conflictos de género que enfrenta la mayoría de ellas en la sociedad chilena. Tuve los apoyos económicos y familiares para poder ser la mujer que quería ser.
Pero la carrera académica tiene un ritmo que puede ser medio antagónico con la maternidad o la vida en pareja. Mi trayectoria biográfica es un ejemplo: terminé mi doctorado y me separé. Era el año 2000, y como estaba investigando el MAPU vivía en los 80, le dedicaba 10 horas y mi marido, que en ese momento trabajaba como jefe de gabinete del Sernam me hablaba de las políticas de la mujer y yo de que había encontrado unos documentos sobre el MAPU Lautaro. Si él no hubiera tenido alguna afinidad con el tema, hubiera sido todavía más complicado.
No tengo grandes referentes de mujeres en lo profesional. En la Usach no había muchas historiadoras, tuve clases con sólo una. Después los temas que trabajaban ellas en la época en que yo andaba buscando mi destino no eran los míos: no me interesaban las mujeres populares, las monjas, las prostitutas, las políticas de maternidad, ni las que tenían que ver con la mujer, que era lo que la mayoría hacía salvo la Sofía Correa. La investigación histórica es super individual y en general construyes redes con equipos de investigación y con los que compartes temas.
Además, este es un medio masculino y tiene prácticas machistas, como esto de juntarse después de los coloquios o seminarios que se hacen en las tardes. Yo no me quedo a socializar porque si no, no llego a ver a mis hijos. También es machista en ciertos rasgos culturales, en el humor, sarcasmo. No han sido contra mí pero he visto conductas paternalistas de mis colegas mayores, hablar de la niñita, la promesa, la joven, refiriéndose a mujeres adultas.
Erosionar esos espacios para poder participar ampliamente no es una labor ganada. Falta un recambio generacional importante en las universidades, en las escuelas de historia que incluya a más mujeres”.


En busca de las historiadoras
Por Javiera Errázuriz (Académica Departamento de Humanidades Universidad Andrés Bello)
La irrupción de las mujeres en el ámbito de las publicaciones históricas es relativamente reciente y eso significa que, en Chile, la historia ha sido principalmente escrita por los hombres. Una manera de mostrarlo es seguir la trayectoria de ellas en las revistas académicas, que son el principal instrumento en que se difunde la investigación. Allí surgen nuevos temas y nuevos actores y por lo mismo son un espacio para analizar las transformaciones en las disciplinas.
El año pasado, junto a Josefina Cabrera analizamos la presencia de artículos firmados por mujeres en dos de las principales revistas del área que hay en Chile. De una parte Historia, de la UC, fundada en 1961, donde están prácticamente ausentes hasta fines de los 70, con la excepción de María Isabel González, con un artículo en 1966. En la década de los 80 hay un cambio, y las autoras corresponden al 15 por ciento del total de la década, cifra que va creciendo paulatinamente hasta el periodo 2010 y 2016 en que llegan casi al 30 por ciento, que de todos modos sigue siendo menos de un tercio del total.
El otro caso analizado, Cuadernos de Historia, revista de la Universidad de Chile fundada en 1981, presenta una trayectoria similar: en su primera década publicó cerca de un 17 por ciento de artículos firmados por mujeres; en los 90, las autoras femeninas representaron sólo el 12 por ciento, y en la primera década del s. XXI, una de cada cinco autores de artículos era mujer.
A partir de los años 80 comienzan a repetirse algunos nombres, como el de Sonia Pinto Vallejos o María Angélica Muñoz. A partir de los años 90, historiadoras como Isabel Cruz, Sol Serrano, Verónica Valdivia o Carmen Norambuena (entre otras), publican hasta cuatro artículos en distintos números de las revistas antes mencionadas, consolidando así su quehacer historiográfico y su presencia en las publicaciones académicas.
En cuanto a los temas, las autoras femeninas transitan desde problemáticas más tradicionales, como la historia  económica, indígena o colonial, preponderantes en la década de los 80, hacia la historia política o social en los 90. A partir del 2000 se diversifican e incluyen el pasado reciente, la educación y la investigación en torno a las mujeres y el género, entre otros.
Por supuesto que las dos publicaciones analizadas no son las únicas, y además, muchas personas publican también en el extranjero, pero los resultados sí dan indicios de lo que ha ocurrido en un ambiente que hasta hoy sigue siendo preponderantemente masculino, pero en el que las historiadoras han comenzado a integrarse sostenidamente aportando nuevos enfoques y temas.

Publicación original: http://www.latercera.com/noticia/tendencias/2016/09/659-696909-9-la-verdadera-historia-secreta-de-chile.shtml