lunes, 19 de febrero de 2007

El Mundo Hoy



El verdadero rostro del anticristo
“La Tierra y gran parte de sus habitantes están en peligro. Esta en curso la más dramática y monstruosa crisis de toda la historia de la humanidad.
Además de las guerras en curso que causan cientos de miles de muertos, el hambre que destruye millones de hombres, mujeres y sobre todo niños, la contaminación terrestre y atmosférica que causa violentas reacciones del planeta (terremotos, tsunamis, etc.), esta en curso una crisis económica, social, política y religiosa que los dominadores del mundo, los jefes del poder ya no están en condiciones de gestionar y controlar.
El imperio mundial tiránico de los Estados Unidos (USA) y de sus aliados, (casi todo el occidente y parte del oriente), ya no tiene medios políticos y sociales para negociar la paz con su enemigo que esta representado por super-potencias (China – Rusia) que tienen como aliados algunos países árabes potentes y amenazadores (Iran, Siria y otros).
Desgraciadamente a causa del egoísmo más feroz y del materialismo más degenerado los jefes del imperio que están representados por el presidente George Bush y por su administración no tuvieron una seria oposición por parte de Europa que ha permanecido débil y a veces complaciente hacia el dominio imperial. Esa que vosotros definís la globalización americana ha llevado y dado origen solamente a la miseria, a la pobreza, a la extrema desnutrición y a la rebelión en las poblaciones pobres que se han convertido en masas de seres humanos sin futuro y con un destino de muerte y enfermedades.
Los ricos del mundo protegidos y viciados por el imperio se han hecho cada vez más ricos. Los casi 60 millones de millonarios y los casi 800 millones de ricos (es decir, los que recogen las migas), son la causa del despilfarro y de la degeneración de los recursos naturales de la tierra hasta llegar a la devastación de las mismas.
El terrorismo internacional alimentado por los extremistas fanáticos y religiosos, es un percance que el imperio podría neutralizar si lo quisiera, pero a menudo le permite actuar, se sirve del mismo o incluso lo coordina (al terrorismo) para motivar el estado de guerra permanente que el imperio ha puesto en práctica para intentar mantener el poder en el mundo.
La próxima guerra que será contra Irán y Siria será otra preparación hacia la verdadera y última guerra definitiva mundial contra China. Se trata de una guerra atómica.
Las pruebas generales con represalias atómicas se efectuarán próximamente en oriente-medio, no obstante el esfuerzo por parte de algunos políticos honrados, de escritores, periodistas, filósofos íntegros que luchan por la paz.
Los jefes del poder mundial, enfermos mentalmente y espiritualmente, están muy firmemente convencidos de que el arma atómica les permitirá sobrevivir, eliminar cientos de millones de personas y de esta manera poder explotar por muchos años más los pocos recursos restantes del planeta tierra, el petróleo in primis.
(...)
Los medios de comunicación masiva están manipulados por los grandes potentes del mundo, por los jefes del poder económico que condicionan el imperio.
(...)
Os ha sido dicho muchas veces, miles de veces, que los motivos de la guerra – infinita contra el “terrorismo” (como la definen Bush y los que le apoyan), es el 11 de septiembre, ese gran atentado terrorista que ha cambiado el mundo, el estado de las cosas, etc, etc.
Eso es completamente falso. Es mentira la versión del atentado a las torres gemelas. La explicación de la dinámica de algunos de los autores y todo lo demás es mentira.
Los terroristas, que han organizado y llevado a cabo el estrago, han sido, en parte, manipulados y “llevados de la mano” por parte de los servicios secretos, con la complicidad de muchas agencias de alto nivel, hasta llegar a los responsables de los estados mayores del ejército y de la seguridad americana.
Una verdadera conspiración ordenada por los grandes potentes de la economía mundial, que se lea bien, ¡mundial! Con el consentimiento de la estadounidense y con el lógico apoyo de los magnates de la industria bélica.
Algunos periodistas y escritores incorruptos y verdaderos buscadores de la verdad, han demostrado ampliamente lo que en síntesis hemos descrito arriba. Entre ellos queremos recordar al italiano Giulietto Chiesa y al americano Gore Vidal. Junto con poquísimos más han arriesgado su vida difundiendo esta amarga y cruda verdad.
Leed atentamente sus libros si queréis profundizar y conocer detalladamente el programa nefasto del imperio.
La paz con la justicia y el amor son la única alternativa posible a esta horrible situación que esta en curso en la sociedad humana.
(...)
Las grandes religiones o iglesias se han quedado enmarañadas en la tela de araña de los grandes intereses institucionales, económicos y políticos del imperio. No tienen la fuerza de reaccionar. ¡Están enfermas! Esperemos que el Papa Benedicto XVI venza la materia y arrastre a millones de cristianos a la verdad.
(...)
Nuestra preocupación es evitar el armaghedon, el holocausto nuclear, aunque somos perfectamente conscientes y creyentes en Cristo. (...)Los seres de luz angelicales que están a su servicio tienen medios para evitar la destrucción del mundo y de una parte de la humanidad, pero tememos que el libre albedrío del hombre pueda llegar al límite y por lo tanto permitirse eliminar con armas atómicas millones de sus hermanos y niños.
¡Nos queda solo esperar!
La esperanza es lo último que muere. Es verdad, pero también es verdad que ella, la amada esperanza, rápidamente e inexorablemente se está transformando en una pálida estatua de mármol.”
Giorgio Bongiovanni y Setun Shenar
Montevideo (Uruguay)
23 agosto 2006, 16:20 horas

Canto Monástico



Este es un extracto que me pareció interesante del libro de Duby, refiriéndose al oficio principal de los monjes Cluny, del siglo XI, los cuales al igual que otros monjes, eran seguidores de la Regla de San Benito. Me interesó la parte en donde relata cómo debió haber sido la salmodia, pues me lleva a pensar y sentir de verdad una especie de atmósfera divina, de lucha espiritual, dentro del monasterio. Me pareció, demás, tremendamente atractivo la forma que el autor nos lleva a presenciar la historia; más que meros hechos nos ponemos frente a percepciones de una realidad histórica.
“Pues la fatiga corporal necesaria para la paz de los sentidos, no había por qué buscarla fuera de esta dura tarea: el opus Dei, el oficio litúrgico.
Este oficio era un coro. Siete veces al día, desde las primeras luces del alba hasta la caída de las tinieblas, y una vez en medio de la noche, la comunidad se reunía en el oratorio para la oración que no era ni individual ni secreta, sino proferida a plena voz, por una misma voz, por todo el grupo que así se fundía en total unidad. En el intervalo cada cual era libre de retirarse, de llegarse ante el altar y buscar el silencio de un contacto más íntimo con lo divino. Pero el trabajo propio del monje, este esfuerzo de todo el cuerpo que requiere el acto de cantar, se desarrollaba en equipo. Las palabras pronunciadas al unísono, como las de los Salmos de David, se inscribían efectivamente sobre una línea melódica que recorría los siete tonos de la música. Este soporte musical servía para acordar las armonías cósmicas, es decir, la razón de Dios, a las palabras de los hombres y confundirlas con las palabras de los ángeles, cuyo coro llenaba plenamente la unión, inmaterial, entre la tierra y el cielo, que el monasterio tenía la función de establecer. (...) A fin de que nada desviase al monje de su oficio, pareció razonable a los dirigentes de la congregación tener menos presente el cuerpo, proporcionándole lo necesario, alimentándolo bien, protegiéndolo del frío, dándole oportunidad de rehacer plenamente sus fuerzas durante el sueño, y ahorrándole las fatigas suplementarias de las tareas manuales. (...).
Es preciso recordar, finalmente, que esta labor se realizaba en provecho de todos. La sociedad, cuya imagen era proporcionada por la disposición equilibrada de los tres órdenes, creía en la reciprocidad, en el intercambio de servicios, en esa suerte de transferencias por las cuales los bienes invisibles ganados por semejante gesto ritual podían ser convertidos en beneficios para el prójimo. (...) Las principales añadiduras que, en los usos de Cluny, habían alargado la duración del oficio hasta hacerle ocupar casi todo el tiempo, eran de intención funeraria. Para ayudar a los muertos y para sustraerlos del poder del diablo. Pero el coro de los monjes pretendía también apartar a los vivos de este mismo poder, por medio una lucha permanente y encarnizada. Los cantos corales, viriles, violentos, brutales –intentemos olvidar las inflexiones melifluas que han llegado en nuestro tiempo a desnaturalizar la melodía gregoriana- eran lanzados como un canto de guerra. Los monjes que se creían pobres, se creían también guerreros, como su padre y sus hermanos, y mejor que éstos: los caballeros de Dios. Se sentían enrolados ya en las milicias celestes. Formaban el estrave, todavía atrapado entre las gangas de la carne, pero situado justamente en el frente mismo del combate contra el mal cuyo dominio es la carne, en la línea de choque de la luz y la sombra, lo blanco y lo negro, en las fronteras donde se intercambian los golpes. No sin razón se ha querido ver en la salmodia cluniacense la sublimación de las vehemencias caballerescas, y como el desvío simbólico de las agresividades de las que los monjes, salidos de la aristocracia militar, eran portadores.”Georges Duby, San Bernardo y el arte cisterciense (El nacimiento del gótico), Taurus Ediciones, 1989,Madrid, p.p. 37-38.

Alexander


Por Lafayette, Enero 2004
Cuando estuve ante la posibilidad de ir a ver "Alexander" (Oliver Stone, 2004), iba preparada para ver algo parecido a “Gladiador” (Ridley Scott, 2000) o “Troya” (Wolfgang Petersen, 2004), dada la época en que se situaba la historia, aunque por supuesto sabía que los personajes eran "reales", no de ficción como los de “Gladiador” o sacados de los relatos griegos de Homero y, por lo demás, modificados como en el caso de “Troya”. De antemano sabía que era muy difícil adaptar las intensas batallas y extensas conquistas realizadas por Alejandro, pues su vida fue muy movida, por decirlo de alguna manera. Yo tenía ya cierto conocimiento de su vida, pero más que nada, de los detalles de su prematura muerte, y como futura "historiadora", quería ver que tenía que decir Hollywood al respecto. Y puedo decir que superó, con creces, a “Troya”, y también, aunque menos, a “Gladiador”, aunque esta última me sigue gustando mucho, sobre todo por su corrompido personaje del emperador Cómodo, tan magistralmente interpretado por Joaquin Phoenix.
“Alexander” me cautivó desde el principio. Su fotografía, la música de Vangelis y los personajes históricos, por un lado, y los “tipos” histórico-culturales, por el otro, están tan bien perfilados, que la historia resulta tangible y comprensible, hasta para el que no sabe nada de historia, creo yo por lo menos. Retratar esa altivez y constante discriminación de los Griegos y Macedonios hacia cualquier pueblo extranjero, por sólo ser distintos fue un punto clave. Por un lado, los pueblos que pertenecían a la estirpe cultural helénica se sentían en una posición superior por su cultura y el estado de dominio de las artes, la filosofía, la política y el deporte, y la organización social, que ellos consideraban avanzadísima. Es cierto que de sus aportes a la cultura los avances posteriores fueron posibles, muchos de ellos, no todos, pero no fueron tan excepcionales al punto de considerar toda cultura contemporánea a ellos como objetivamente inferior. Por lo menos, ahora no lo creemos. Las culturas orientales de la época, por ejemplo la Persa, la más cercana a los Griegos, poseía estructuras de pensamiento y política distintas a las griegas, pero en muchos sentidos los Persas eran admirables. Seguramente por la herencia de siglos y siglos que dejaron otros pueblos muy adelantados que vivieron en esas mismas regiones y los diversos contactos entre pueblos.
Alejandro el Grande fue, de todas maneras un visionario y un vanguardista para su época y, sobre todo, un soñador. No es de extrañarnos que se recalque tanto en la película su intento de emular a su héroe predilecto, Aquiles, pues informándome con posterioridad, supe que era un ferviente admirador de Homero y, por supuesto, del Héroe Aquiles, quien luchaba valientemente contra sus enemigos y arriesgó su vida en venganza por la muerte de su Pátroclo querido. Aquiles eligió una vida corta, pero llena de gloria, así Alejandro tal vez sabía de antemano que su vida sería corta si elegía la gloria atrevida sobre una austera tranquilidad en su trono de Macedonia. Su padre fue quien revitalizó la monarquía en una época donde los griegos habían evolucionado a tipos de gobiernos democráticos, por lo tanto, según su carácter, de seguro muy acorde al carácter de su madre, no podía ser menos, debía ser más.
En la película es imposible no enganchar con el Alejandro de Colin Farrell. Tal vez porque este actor logró capturar la esencia altiva, ambiciosa y segura pero a la vez amorosa y soñadora del rey, sin sobre-actuaciones y de un modo muy natural. Cuando llora, cuando lucha y cuando mira con ojos de amor a su querido Hefestión, es imposible pensar que él no está haciendo lo correcto. Alejandro buscó conquistar Persia, antes que los persas conquistaran Grecia y Macedonia, y si así lo lograba, podría unificar dos culturas muy distintas, la occidental con la oriental. Oriente para los Europeos de entonces era un sitio vedado y extraño, lleno de "bárbaros". Alejandro logró ver en estos extraños el futuro y al llegar al trono de Darío no aniquiló gratuitamente a nadie, sino que hizo un esfuerzo enorme por llevar a su gente a convivir y poblar Persia, y de algún modo fundir las dos culturas. Incluso se comenzó a vestir y adornar al modo Persa. Él no creía en la superioridad de los helenos, sino en la igualdad. Hasta se casó con dos persas, pese a la negativa de sus compañeros de guerra.
La película no muestra la magnitud de cosas que hizo Alejandro, pero resalta lo más importante, su espíritu. En ella, además, impresionan la nitidez y belleza de los lugares, la visión de Babilonia triunfante, con sus zigurats, palacios y edificios, la inmensidad del desierto que tiembla ante una inminente batalla, y las escenas de la última lucha, en los bosques de la India, con elefantes, escenas magníficas, con una perfección y hermosura que emocionan. Relatar y revivir un pasaje de la historia del ser humano es una misión asignada al cine, que hoy por hoy está cumpliendo de maravilla. Para una persona que ama el cine y que adora la historia, como yo, ver una película como “Alexander” llena de emoción. Además que retrata de una manera tan perfecta a los seres humanos detrás de los personajes históricos. Las debilidades de Filipo, la ambición y el odio de Olimpia y el sueño de Alejandro y su amor implacable por Hefestión. La relación que se entabla entre estos es tan profunda y sincera, que uno no puede pensar que no es correcta, además que el director se encarga de cuidar que esta relación no caiga en una caricaturización homosexual, sino que resalta la importancia del compañerismo y la lealtad ante todo.
Una de las partes que más me gustó, y que fue casi la única que se mostró sexo, aunque en muchas ocasiones se ve el espíritu abierto de la gente de la época en estos temas, fue la primera noche que Roxana y Alejandro están juntos luego de casados y ella se da cuenta de la relación de este con Hefestión y no lo acepta. Entonces él intenta tomarla por la fuerza y comienza a arrancarle la ropa y al mismo tiempo comienza a desnudarse en un forcejeo casi artístico, mientras ella se resiste, y cuando está a merced de él, ya desnuda, deja de resistirse, pero en el momento en que Alejandro piensa que la ha vencido, ella toma un cuchillo y lo amenaza con cortarle el cuello. Ahora es él quien está a merced, el rey amenazado de muerte por su simple esposa persa. Con ademanes muy astutos y sensuales, logra convencerla, y finalmente él logra lo que quiere. Luego hacen el amor, y es una escena muy bien lograda. Desde que la conoce se ve el deseo de él por ella, a pesar de su amor eterno por Hefestión.
Finalmente, siento que la historia de Alejandro Magno es apasionante y sobre todo ver el alcance de su lucha en tan sólo 13 años de reinado, desde los 20 años de edad; ahora, ver sus obras y humanidad retratadas en un filme, es simplemente increíble.

martes, 13 de febrero de 2007

La Historia de Cada Día

Por Montserrat Arre

Tal vez se piense que la Historia, por ser pasado, por ser un tiempo muerto y enterrado, de nada sirve sacarla una y otra vez a relucir.
Un tiempo, una gente, un aire que no es el actual, ¿de qué importan? ¿Acaso ese tiempo, esa gente y ese aire lograrán que nuestra existencia presente sea mejor, se modifique, crezca, se enriquezca?
Vemos libros y fotos, con hechos tan ajenos a nuestra realidad. Invasiones, guerras, dinastías, imperios. Antiguas creencias, dioses arcaicos, rituales sangrientos. Todo el pasado de este mundo ajeno conspira para mostrarse una y otra vez ante nosotros como una masa líquida y aparentemente uniforme. Tomamos toda aquella noción de información con una tenaza mental y la vaciamos en un hoyo de nuestra conciencia que se tacha de: "registros ancestrales de hechos sin importancia real, más que para sacar buenas calificaciones y aparentar ante otros que se es medianamente culto".
Y yo me pregunto entonces ¿de qué nos sirve esta capacidad de inmortalizarnos a través de nuestras creaciones y actos? ¿Para qué poseemos el don de recordar? ¿No es acaso todo esto la base de la evolución, este poder de ver hacia atrás y comparar el pasado con el presente para hacer un mejor o simplemente distinto futuro?
Una y otra vez pienso y analizo estas premisas, y me doy cuenta que cada uno de los seres humanos somos pequeños corpúsculos pensantes en un Universo infinito, pero que este Universo no es solo espacial, sino que también complejamente temporal. Y me emociono al percatarme que mi mente es lo suficientemente amplia para asombrarme, no tan solo con los avances contemporáneos de la tecnología, la ciencia y la cultura, pues todo aquello me va pareciendo cada vez más normal y común, sino además con los avances y creaciones de personas que existieron en algún punto de la línea de tiempo y que, a pesar de ser personas como nosotros, en estructura física y mental, lograron sobrevivir en mundos adversos y llenos de misterios, de modos tan distintos unos de otros, y estos a los actuales hombres que pueblan la tierra.
Admiro las capacidades e ingenios de personas y de pueblos que, a pesar de no saber lo que hoy sabemos ni tener lo que hoy tenemos (células, ADN, fibra óptica, satélites, fotosíntesis, proteínas, Internet, cuadernos, lápices pasta...), lograron hacer su propia realidad y creyeron firmemente en lo que desarrollaron. Fueron inocentes niños haciendo su propio destino.
Tal vez esos arcaicos pensadores fueron mucho más auténticos y libres en sus planteamientos que los actuales, que tan solo escriben y transcriben el discurso manoseado de la existencia y la divinidad. Ellos crearon de la nada, el poder de la palabra y el razonamiento. Ellos fundaron las ciudades y escribieron por primera vez un alfabeto, producto de la necesidad de comunicación, en tablillas de arcilla. Esos seres del pasado sintieron el llamado de lo sublime y espiritual, y vieron en la brillantez enceguecedora del sol o en la magnificencia fecunda de la lluvia a sus dioses bondadosos o maléficos, a los cuales adoraron con fe y sinceridad.
Se entregaron a la vida de modos impensados e incomprensibles para nosotros, tal como se entregaron a la muerte. Para ellos el mundo tenía límites misteriosos y que solo el dios podía explicar.
Fueron crueles cazadores de mamuts, ingeniosos agricultores, eruditos astrónomos, sagaces filósofos. Fueron iluminados profetas, apasionados gobernadores, fieros héroes de guerra. Cruzaron nieves eternas a pie, hicieron fuego con dos piedras, cuando ni siquiera comprendían qué era el fuego. Sacrificaron a sus hijos a los dioses, y echaron a la suerte su talento por el sueño de volar. Tapizaron de arte divino techos y muros de capillas, oraron a un Dios desconocido y temido. Cosecharon frutos en el bosque con miedo a las fieras. Se asombraron con el devenir del sol y la luna y con su capacidad de procrear.
Ahora nosotros conocemos la explicación detallada y organizada de mucho de todo aquello, aunque bastante queda en la incógnita.
Y otras nuevas preguntas vienen a mi mente ¿cómo pensarían todos aquellos hombres y mujeres? ¿Por qué somos capaces de almacenar información colectiva en nuestras mentes? ¿Qué nos queda por hacer?
Tal vez, como producto que somos de miles de años de historia, tan solo nos resta mirar hacia atrás y meditar sobre el precio de vivir en un espacio temporal, tan ajeno a veces, pero tan propio en definitiva.
Julio 2000

Temas de la Miseria


Temas de la Miseria
VIII
Pero uno, a los de Occidente, os enseñó que la miseria acabará con el amor.

Después de él, sesenta generaciones se han sucedido, y las sesenta obstinándose en destruir su doctrina. Habéis escrito millones de libros, reverenciado a centenares de sabios, inventado sistemas y palabras para explicar el bien y el mal; mas la miseria siempre permanece y vuestra gran turbación aumenta cada siglo.
Cierto es que Jesús está crucificado con los clavos de vuestros egoísmos; pero un día tendréis que descolgarlo y dejarlo vivir entre vosotros.
Matáis al semejante. Matad, mejor, las perfidias que cual serpientes anidan en vuestro corazón.
Alumbráis los templos y os prosternáis ante imágenes. Alumbrad, también, vuestra conciencia. Arrodillaos ante las víctimas de vuestra perversidad.
Lloráis a Jesús; mas no lo conocéis, pues si lo conocierais sabríais que no murió, ni morirá. Lloraos vosotros mismos, ablandad en lágrimas vuestro propio corazón.
Todo lo puede el amor y él es quien ha de mejorar la vida.
Con más amor florecerán los muros de vuestra vivienda y anidarán en ellos los pájaros silvestres.
Pero éstos, buenos y alegres como son, huyen a vuestro paso, si no pueden huir se esconden, y si no se pueden esconder tiemblan, porque os falta amor.
Se habla del bien, de la verdad y de la belleza, y todo esto es amor, sin el cual, nada conoceréis en plenitud.
Se anhelan triunfos y progresos, y todo esto es amor, sin el cual, nada que valga se alcanza.
Por más vueltas que de la especie humana en la noria de vuestras vanidades no sacará otra agua que esta verdad.
Por poco amor se llora en cada jornada y al morir.
(...)
Todo lo que el hombre arroja con su mano desde la tierra al mar, el mar se lo devuelve. Mil veces lo arrojará y otras mil el oleaje se lo traerá.
Así es también el mar de lo infinito. Mil veces os desprenderéis de un bien para entregarlo a los demás y otras mil os será restituido. Amad sin medida, y sin medida os amarán. Dad esta vida y otra mejor os será dada.
(...)
Amad al Sol, que os da su amor en su luz, y a la bóveda estrellada, que os envuelve en su paz mientras dormís. Amad a los árboles, que os entregan cuanto tienen y cuanto pueden hacer con su trabajo, y sólo hablan con su belleza y en la dulzura de sus frutos.
Amad a los pájaros, que parecen nada más que lindos cantorcillos vagabundos, y luego se ponen serios, forman el nido, el sorprendente hogar, y crían a sus hijitos a fuerza de incomparables sacrificios y con ternura de abuelos.
Amad a todos los seres, porque aun la serpiente no hiere si no es herida y salva vuestras cosechas de ser devoradas por las ratas. Amad a todas las cosas, porque el mismo veneno que en una dosis mata, en otra cura, como toda virtud se prostituye por el odio, y todo vicio atenúa su fealdad con el amor.
(...)
Mientras no améis, la vida será triste, como una mujer que llora bajo un duraznero en flor.
Porque el amor es la luz, y si falta anochece en vuestra alma.
Porque el amor es la felicidad, y mientras vuestro saber no alcance a esto, la miseria os arañará y angustiará.
Amad a la naturaleza, y curará vuestra congoja; amad a los hombres, y compartirán vuestros anhelos; amad a Dios, y alumbrará vuestro espíritu.

C.C. Vigil