Un árbol permanece firme, en silencio, frente a los embates
del tiempo, pasan meses, años, décadas. Le presta sombra al hombre, le brinda
sus frutos. Un día el hombre decide plantar un rosal, es más bello, huele bien
y sus flores nacen nuevas y atrayentes. El árbol se va envejeciendo, pierde sus
hojas. El hombre decide ir cortándolo de a poco, para usar su madera y
construir una cerca al rosal. Cree que el árbol no lo siente, y al final, sin
darse cuenta, el golpe fatal. Cae el tronco del fiel árbol, el hombre se queda
con su rosal, pero este rosal de bellas flores no le da sombra ni frutos, y
termina por pincharlo y hacerlo sangrar.
M.N.A.M., Lisboa, Abril 2016