lunes, 22 de octubre de 2007

Ni un grano de arena


Ni un grano de arena

Por Lafayette

La civilización tiene directa relación con el grado de sofisticación y mecanización con que le hombre ejerce la violencia y produce la degradación de sus congéneres y la destrucción del medio natural, en pos de su supuesto bien propio. No obstante, lo que éste incauto y espurio ser vivo no percibe a priori, es que en el proceso se arruina y degrada a sí mismo.
A medida que el hombre construye, destruye. El único medio de construcción verdaderamente edificante y benéfico es la poética y el arte: el verdadero arte gira en pos de su propia autoproducción y no ejerce violencia alguna con el medio.
Sin embargo, somos una raza degradada de seres que no nos merecemos la vida. La naturaleza ha dotado nuestro mundo de tan grandes maravillas, y a nosotros mismo de las más fantásticas capacidades, y pese a la bondad y generosidad de la vida, somos una especie repulsiva y podrida, que difícilmente podrá tener remedio. Hemos de pagar justos por pecadores, lamentablemente, pues en verdad no hay rectitud en este mundo humano. Las sociedades como un todo erigen sus estatuas de honor que indican el camino del bien común, sin embargo el bien común no es del todo común para algunos, que pretenden que la tierra les pertenece. Son tan indignamente inocentes y estúpidos, que piensan que sus mortales cuerpos podrán permanecer en este planeta, en esta vida toda una eternidad.
Son algunos de esos odiosos seres, que difícilmente se les puede llamar humanos, los que se vanaglorian del sufrimiento ajeno. Son esos degenerados seres, que difícilmente se les puede llamar hombres y mujeres, los que no reparan ni un momento en algo que no sea el puro placer propio. ¿Cómo es que aquella aberración existe?¿Cómo es que no hay conciencia?¿Hasta cuando soportará nuestro planeta?¿Hasta cuándo mal educamos a personas insensibles y egoístas?¿Hasta cuándo criamos bestias salvajes –cuando al decir esto en verdad ofendemos a los hermosos animales que nos ha dado la naturaleza-?
Oh, Dios, si es que existes, pues en realidad creo que o no existes, o si existes, debes ser un ser eternamente imperfecto, eternamente inconsciente, eternamente desdichado, para darnos tanta maldad, junto a tanta bondad. ¿Por qué nos has hecho así?¿Por qué has estropeado tu propia creación?¿Por qué me avergüenzo de llamarme ser humano?¿Por qué deseo cerrar mis ojos y oídos y olvidar que todo el mal existe, y que de tal manera opaca al bien, que no puedo verlo?
¿Cuándo acabará esta destrucción?¿Cuándo esos espíritus malignos que reptan como sanguijuelas en sus pantanos de riqueza, caerán en la cuenta de que son unos estúpidos descerebrados y que todo el mal que a otros hacen lo hacen a ellos mismos?¿Cómo no hay comprensión, cómo no hay entendimiento?¿Cuándo los cuerpos humanos dejarán de dañarse a ellos mismos, cuando dejaremos de utilizar nuestras manos para golpear y nuestro sexo para violar?¿Cuándo dejaremos de torturar a nuestros hermanos, que son todo lo vivo que existe en este mundo, si es que todos emergimos de Ti, Dios?
¿Cuándo podremos ocupar el lugar que nos corresponde sin vejar ni violentar las libertades y los espacios de los demás, cuándo habrá justicia, cuándo habrá razón, cuándo habrá espíritu en nuestro ser?¿Somos acaso seres desespiritualizados, enajenados en un mundo competitivo y ridículo?
No hay más absurdo que creer que vivimos y que somos dueños de nuestras vidas. Somos los seres más muertos de la naturaleza, nuestra raza no vale ni un grano de arena, y ya hemos tomado más de lo que nos corresponde.
Octubre, 2007.

jueves, 20 de septiembre de 2007

LAS FORMAS ESPONTANEAS


“Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, y me faltara el amor, no sería más que bronce que resuena y campana que toca. Si yo tuviera el don de profecía, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo, pero no por amor, sino para recibir alabanzas, de nada me sirve.
El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace le importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
El amor nunca pasará. Pasarán las profecías, se callarán las lenguas y se perderá el conocimiento. Porque el conocimiento, igual que las profecías, no son cosas acabadas. Y, cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño; pero, cuando ya fui hombre, dejé atrás las cosas de niño.
Del mismo modo, al presente, vemos como un mal espejo y en forma confusa, pero entonces será cara a cara. Ahora solamente conozco en parte, pero entonces le conoceré a él como él me conoce a mí. Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor, los tres. Pero el mayor de los tres es el amor.”
(1-Corintios 13)



Las formas espontáneas
Por Montserrat Arre Marfull – septiembre 2007

Es imposible definir el amor. Sólo es posible definir el espectro de sus manifestaciones. El amor es una fuerza, es una energía. Sin embargo, cómo se definen esos conceptos de manera “espiritual”. El amor da todo, perdona, es humilde, servicial. Entonces el amor no es humano. Para el humano hay contexto, hay entorno, personas definidas que hacen cosas determinadas que nos da el pie para actuar de una u otra manera. No somos iguales en todo ni con todos.
Dios es amor... pero qué es Dios. Cómo se define Dios, para quién Dios es, de una forma y de otra. Dios es una energía, una fuerza, pero en qué sentido. Dios anima, da la vida (nos da la vida y dio su vida, literalmente, en Jesús). Dios puede ser muchos a la vez. Dios es el viento, el fuego, el agua, lo incontrolable. Dios es a la vez lo misterioso y desconocido, tanto de la inmensidad del universo como de lo intangible de nuestras indefinidas almas.
Pero el amor que es Dios, y Dios que es amor, ¿cómo se manifiesta realmente ante nosotros y en nosotros? Acaso existe una manera confiable de decir, sí esto está hecho con amor, o esto proviene del amor, o esto no. Acaso hay una manera confiable de separar lo que es del amor o subsiste dentro del amor y lo que es aparte del amor, si sabemos que Dios es amor y que Dios es omnipresente, omnipotente, eterno y perfecto. Dios, entonces el amor, es perfecto. ¿Cómo, entonces, comprendemos la imperfección, cómo entendemos lo que subsiste fuera del amor?¿Cómo se entiende el no amor? Caemos en la cuenta de que hay algo que contiene una espacialidad, espiritual o sensorial, que se manifiesta de manera intangible en lo que sentimos y luego hacemos, una espacialidad insustancial, pero que emana hacia lo substancial. La manifestación del amor o del no amor tiene que ver con esa cercanía o lejanía espacial intangible de lo que llamamos humano de ese centro imperceptible pero abarcador que es el amor. Nuestra capacidad mental sólo es capaz de concebir un espacio limitado por las coordenadas físicas y los mapas mentales de esta espacialidad espiritual podrían ser estructurados físicamente en algún diagrama. Sin embargo es necesario salirse de esos límites físicos y concebir lo que no se ve, con herramientas que no se tocan.
Sentir el amor va más allá de una humanidad táctil, o de una visión física. Al sentir el amor se percibe inundado el espíritu de una luz inmaterial. No se explica con la voz, ni con la palabra, ni se hace tangible con el rito. Sólo llega y se manifiesta de las maneras más sencillas y directas, de las formas más espontáneas. Cuando el ser humano edifica una estructura de conocimiento demasiado contorsionada y gigantesca, de seguro se aleja a pasos agigantados de ese amor. No es el conocimiento humano, de las palabras, las cosas, vistas con el ojo imperfecto de este ser finito, lo que nos lleva a sentir de verdad el amor, ni tampoco la ignorancia pétrea del ser cuya mente y alma se cierran al otro. Ahí no hay amor. De una manera más práctica, el amor se manifiesta día a día en el respeto y la responsabilidad, humanamente, en la constancia de estar y hacer el bien para uno mismo y para otros.
El amor se respira, y se escucha, primero, y se habla, después. El amor parte de la recepción del mundo, y de la comprensión holística que en general carece de palabras. Pues, ciertamente, lo más verdadero es lo que no se puede definir.
El amor, entonces, como Dios, no se define, no se alaba estructuradamente, pues cualquier manifestación humana hacia lo perfecto es ciertamente imperfecta, y por lo pronto lo más cercano que podríamos tener de la perfección es el cerrar los ojos y palpar el silencio del viento, y la constancia de la luz celeste.

viernes, 17 de agosto de 2007

Nuestra Verdadera Historia

Nuestra Verdadera Historia
¿Somos gente sin memoria?

Por Montserrat Arre Marfull, Licenciatura en Historia,
Universidad de Chile, Agosto 2007




Si mañana despierto y me sumerjo en la lectura de la historia que hoy escribimos; si en otro momento evalúo lo que en mi presente se ha hecho con este tiempo histórico, ¿quiénes saldrán a relucir en cada frase, en cada párrafo, en cada afirmación, negación, sustantivo, o verbo?
¿Acaso no sabemos que el presente hace la historia?¿Acaso no sabemos ya clara y rotundamente que es el aquí y el ahora el que establece las coordenadas del allá y del ayer?¿Acaso no se nos ha repetido hasta el cansancio que existe una mentalidad de época, una visión de mundo, una cultura que subyace a la sociedad y se manifiesta en forma de imaginario, de ideas, de prácticas? Sí, lo sabemos, sabemos todo aquello, sin embargo seguimos afirmando que hay que encontrar la historia que nos represente de verdad, encontrar la historia que se adecue con mayor gracia, estilo y credibilidad a nuestros horizontes de esperanzas. ¿Dónde estará aquel relato?¿Por qué se ha escondido de la mayoría de los actores históricos?¿Es pertinente preguntarse una vez más donde estuvieron los hombres comunes que son la base de las grandes estructuras?¿Por qué se dicen vencidos, silenciados, oprimidos?¿A qué viene todo eso, y a dónde quiere llegar?
¿Por qué se dice que hay que por fin descubrir la historia que se nos ocultó?¿La historia que nos inventaron, será tan así? Si en una época, llámese siglo XIX para el mundo occidental, época del racionalismo positivista y del romanticismo patriótico, se relataron historias de gentes, de naciones, de países que pretendieron establecer el paradigma de la patria, el ejemplo para el ciudadano, fundados en los acontecimientos que, para un grupo de personas, que luego se transformaron en personajes, fueron tremendamente relevantes, por qué negar el valor a tales relatos. De acuerdo estoy con que aquellos no dan cuenta de la totalidad de un mundo que coexistía con una élite determinada, con un millar de personas que no pertenecían al ideal implantado por estos relatos. La gran masa de las poblaciones no podía identificarse con los héroes ensalzados como fundadores de una identidad, pues no pertenecían a ese mundo de grandes hazañas, por lo menos no del modo en que se contaba la historia. Sin embargo ¿Es eso algo dramático?¿Es, por consiguiente, razón de duro reproche?¿Pueden esos relatos no incluir al hombre común en real desmedro de su verdadera identidad?¿Qué es, a fin de cuentas, la identidad?
Cuando ingresé a estudiar historia, carrera que era una de mis opciones (que en verdad no eran muchas) lo hice precisamente porque quería encontrarme en el tiempo y en el espacio. Sin embargo esa búsqueda no se hacía necesariamente encontrando la genealogía de mi familia, aunque es una opción, ni remontándome a los orígenes históricos de mi clase social, o del ser chilena, o del ser americana. No era eso lo que haría encontrarme con mis raíces. Ni siquiera encontrándome con las mujeres en la historia sentía que me identificaba automáticamente. Sin embargo, a través de mis estudios me he sentido algunas veces partícipe de la historia, y no ha sido en torno a aquellos sujetos. Me he identificado más que con un sujeto, con un espíritu. Es el espíritu humano, en alguna de sus manifestaciones, lo que hace que yo, como ser histórico, me sienta partícipe de este gran relato hecho de yuxtaposiciones y trozos a veces mal enlazados.
Hay cosas que no cuajan y forzar un hecho, un relato, un escrito, una fuente para que diga clara y precisamente lo que yo quiero que diga, sirve, momentáneamente, para convencer a otros de verdades personales. Sin embargo, no hay una verdadera historia. Así como bajo nuestro lente, los otros, esos de otras épocas, erraron muchas veces en buscar y encontrar lo que buscaron y encontraron, lo otros que hablaron de cosas que pareciera que no tenían pertinencia en una historia que nos identificara a nosotros como gente común, en realidad, hicieron lo que tenían que hacer, así como nosotros hoy hacemos lo que tenemos que hacer. Si estudiar historia es, necesariamente algo personal, que atañe a nuestra interioridad, así como quien estudia una humanidad como literatura o filosofía, es así mismo como no podemos juzgar una interioridad (por más que sea una interioridad de una época o grupo) en base a otras realidades personales.
No es falacia, ciertamente, que existen un centenar de “hechos” históricos que evidentemente han sido interpretados bajo un prisma marcadamente interesado. Pero, ¿es hoy una visión menos desinteresada hablar y escribir de lo que se habla o escribe? Pobres y ricos han existido siempre. Con o sin teoría, dialéctica, o fundamento de análisis. Pobres y ricos, fuertes y débiles, y también una ética humana. Hay cosas que tiene que ver con nuestra naturaleza, más que con nuestra avance progresivo del conocimiento. Nuestra naturaleza es interesada. Entonces, ¿porqué aludir a que se hizo una falsa historia, si tal vez nosotros estemos construyendo otra falacia? O mejor dicho, ¿era tan lejana a nuestra identidad esas historia patrias cuando se compusieron y cuando se masificaron?, si al final de cuentas lo que vale es el relato, la imagen, la estética de las cosas y de acuerdo a aquello, si es algo que quiero o no creer. No es así como también funciona el mundo. Tal vez no de la misma manera, tan fría, tan dura como se nos presenta en esta posmodernidad, pues, se dice que, en otra época hubo quijotes que creyeron el los discursos ideológicos. Sin embargo, ¿no eran esos discursos algo bello de oír, de imaginar? No eran las utopías creaciones mentales que agradaban al que recibía el mensaje. No enardecía el corazón un discurso bien orado, una frase llena de emoción que resaltaba en belleza. ¿No era cuestión, además, de imagen, mostrar una nación organizada y cohesionada? Tal vez, allí subyace la crítica actual. Es ahí donde se puede ver la falta. No obstante, ¿porque denostar lo hecho, e implantar una nueva visión dando por sentado que la corrección es lo que cuenta? ¿No somos los mismos los que hablamos de una capacidad de tolerancia, de ver al otro, de comprender la totalidad y la complejidad de la historia, de mirar lo que no se ha mirado, y descubrir la grieta, el punto de fuga? Partir de donde quedamos, sin destruir lo anterior supone una amplitud de criterio, así como el tomar en cuenta que las ideas que subyacen a ciertas prácticas pueden también darnos cuenta de lo que fuimos, pese a que muchos no se sientan partícipes de esa prácticas. Si mi madre me bautizó, yo no tuve idea cuando lo hizo, y qué. Sin embargo, para un grupo de gente eso significa notoriamente que tengo cierta distinción, sea como sea, algo en mi me distingue, aunque yo no lo note, y me incluye dentro de un grupo. Yo no pedí ser bautizada, yo no pedí ser de ese grupo, pero soy. Así mismo, somos hijos de una historia, más ficcionalizada, más transformada, más literalizada, tal vez, que la que se pretende hacer hoy, sin embargo, una práctica que me une, aunque yo no quiera, con una identidad que, pese a todo me identifica.
No quiero una historia a priori más verdadera, que me hable de mi memoria. Mi memoria se hace a través de mi vida, mi memoria es mi conocimiento acumulado. No porque alguien me diga, mira, esta es tu memoria, me identificaré con ello. Mi memoria puede dormir en lo alto de Los Andes, o esperarme en los bosques del sur de Chile. Puede encontrarse en un punto lejano del norte de Europa occidental, o en las sierras Navarras. Mi memoria puede remontarse a un mediterráneo musulmán, o a una España cristiana, o puede revivir en una ruca mapuche. Mi memoria puede trascender los siglos y llegar hasta Roma Imperial, o dar vuelta la esquina y encontrarse con mi abuelo muerto hace unos años. Puedo identificarme con el esclavo negro, con el celta desterrado, con el árabe expulsado, con el vasco conquistador, con el mapuche guerrero, con una bruja sentenciada a la hoguera, con el monje escribano, o con la mulata que junta dinero para pagar la libertad de su hijo, en cualquier ciudad americana. No hay un yo en mi, y como no hay un destino trazado de mi historia, de este modo, no existe una historia que identifique mi memoria.

miércoles, 11 de julio de 2007

OPINIONES POSTUMAS SOBRE LA TOMA EN FILOSOFÍA Y HUMANIDADES.

OPINIONES POSTUMAS SOBRE LA TOMA EN FILOSOFÍA Y HUMANIDADES.


Revisando más o menos las declaraciones y cartas enviadas referente al tiempo de toma y paro que se extendió por 4 semanas, creo y sigo afirmando que, por más que el petitorio publicado y dado a conocer haya sido, desde todos sus ángulos, razonable y necesario para nuestra facultad, la manera de llegar a resoluciones efectivas fue en desmedro de muchos de los alumnos que pertenecemos a dicha facultad, a quienes en efecto se pasó a llevar y se ha perjudicado. Si bien es cierto, hay necesidades, como una planta mínima de profesores que den a basto para las cátedras y que además puedan estos repetir sus ramos en segundo semestre, o una participación efectiva de estudiantes y funcionarios en la toma de decisiones dentro de la facultad, e incluso la implementación de ciertos aspectos de la infraestructura, modernización de espacios, entre otras cosas; sin embargo no son necesidades que se puedan remediar a muy breve plazo, y que a mi parecer, y tal vez bajo la visión de muchos, no son suficientes para convocar y hacer efectiva una toma. La crisis de la Universidad de Chile se viene dando desde hace tiempo, y no es aparte de la crisis de la educación en general, específicamente de la educación superior. Sin embargo, los paros y tomas a los que se ha visto sujeta la facultad desde hace años, no hace, a estas alturas, que la situación mejore sustancialmente, al contrario, va creando por parte de los que estudiamos en dicha institución, y por parte de los espectadores de estas circunstancias (amigos, familiares, gente de otras instituciones) un rechazo y un prejuicio que va en desmedro de la Universidad. La politiquería y el discurso pasado de moda de la Revolución ya no tiene cabida en este actual escenario, y si bien es cierto, la educación es un derecho para quienes tienen la capacidad de llevar a cabo una carrera de acuerdo a sus capacidades intelectuales, y no económicas, el mundo de hoy es distinto al mundo de hace 40 años atrás, tal vez lamentablemente. Por lo tanto se hace necesario lograr conciliar la idea de las oportunidades con la idea del mercado, guste o no. Aunque es cierto que nunca debería haberse considerado la educación como un producto, sin embargo, así se ve hoy. No obstante esta es una crisis general, y las razones que llevaron a la particularidad de la toma de la facultad, carecen de esta significación. El petitorio no abarca acciones valóricas o políticas profundas de cambio, sino un cúmulo de mejoras en pos del bienestar de nuestra facultad. Por lo tanto no hay revolución en ello, sino, a ratos, el gastado discurso obsoleto de siempre. Es inconcebible que año tras año cientos de alumnos tengamos que estancar, detener y mal terminar nuestro semestre por causa de razones que apenas se sostienen... hay razón en esas razones, sin embargo no son razones suficientes para cerrar la facultad y suspender clases, pues de esta manera, más que ayudar al mejor funcionamiento, se ayuda al caos y a una mala consecución final de cada uno de nuestros ramos. Personalmente, no soy alguien a quien le paguen la carrera, sino que dependo de los beneficios de la Universidad para poder estudiar. Me esfuerzo día a día en ir a clases y dar lo mejor de mi para pasar los ramos. Como yo hay muchos. Sin embargo hay una amplia gama de patudos que mientras más relajo puedan tener, buscan cualquier pretexto para lograrlo. Algunos son aquellos a quienes sus padres les mantiene las carreras, así que no se arrugan al reprobar ramos, y faltar a clases, y otros se aprovecha sobremanera de los beneficios de la Universidad, sin reparar que todo significa también un esfuerzo. Muchos de esos patudos aprueban el paro y al toma, asistiendo o no (sin decir con esto que todos los que participan en la toma son de esos patudos), sin embargo una parte considerable de personas no lo aprobamos. Sin embargo no poseemos las herramientas para detener esta vorágine que se despliega y que al final no hay nada que decir, y por más que se diga algo, las cosas las deciden los politiqueros de siempre.
Mi propuesta es la siguiente:
1) Que los que estén dispuestos y al tanto de los temas que aquejan a la facultad, trabajen en adelante para lograr hacer efectivos los acuerdos, sin tener que recurrir nuevamente a movilizaciones innecesarias.
2) Que en el futuro no se vuelvan a hacer movilizaciones aisladas de nuestra facultad. Sinceramente ¿Acaso tiene alguna relevancia fundamental estas acciones aisladas? Si bien es cierto se han logrado acuerdos, relativos y aproximados, pero acuerdos, con el decanato. Sin embargo, una movilización como una toma debe responder a necesidades que no se han satisfecho ya con otro tipo de acciones, es la última instancia, no la primera, de alegato y reclamo.
3) Sobre el punto anterior, es forzoso que no se sigan produciendo situaciones así, pues el descontento por estas irregularidades (que ya se han hecho lamentablemente tradición) no es de unos pocos, sino de muchos, aunque no se manifiesten de manera muy notoria. Además, como institución, existe cierto prestigio que hay que mantener, y sinceramente a la institución no le hace bien funcionar de esta manera tan errática, menos a nuestra facultad que, además, tiene fama de contestataria, dados los incidentes constantes con encapuchados, incidentes que representan sólo a una minoría.

Montserrat Arre Marfull, Licenciatura en Historia, Universidad de Chile, Julio 2007.

jueves, 14 de junio de 2007

¿Eres el hombre de mis sueños?

Pronto beberé sangre.Cuando llegaron, por fin, a una gran posada, bajaron a un sótano atestado de mortales. Thorne se sintió abrumado por las dimensiones de la habitación.
En aquel lugar, los bullangueros mortales, vestidos con ropas llamativas y congregados en docenas de grupos, no sólo comían y bebían, sino que bailaban al son de la música interpretada por unos diligentes instrumentistas. También jugaban a juegos de azar, sentados frente a grandes mesas tapizadas de verde y provistas de ruletas, profiriendo estentóreas exclamaciones y risotadas. La música era eléctrica y estrepitosa; las luces parpadeantes eran horribles; el olor a comida y a sangre era abrumador.
Los dos vampiros pasaron inadvertidos excepto para la camarera de la taberna, que les acompañó en silencio hasta una mesa situada en medio del barullo. Desde allí podían observar a los frenéticos bailarines, que parecían bailar solos en lugar de hacerlo en pareja y se contorsionaban al son de la música con unos movimientos primitivos, como si estuvieran borrachos.
La música hería los tímpanos de Thorne. No le parecía agradable. Era ensordecedora. Y las luces parpadeantes resultaban igual de desagradables.
Marius se inclinó para murmurar algo al oído de Thorne.
-Esas luces son nuestras aliadas, Thorne. Impiden que la gente nos vea con claridad. Procura soportarlas.
Marius pidió a la camarera de la taberna que les trajera unas bebidas calientes. La joven miró a Thorne con los ojos relucientes, coqueteando con él. Hizo un comentario sobre su pelo rojo y él sonrió. Thorne decidió que no podría beber su sangre ni aunque todos los mortales del mundo se quedaran secos y él no pudiera acercarse a ellos.
Echó un vistazo a su alrededor, procurando no hacer caso del fragor que hería sus tímpanos ni de los penetrantes olores que casi le producían náuseas.
-Fíjate en esas mujeres sentadas al otro lado -dijo Marius-. Están deseando bailar. Han venido para eso y esperan que un hombre las saque. ¿Puedes beber sangre de una mientras bailas con ella?
-Sí-contestó Thorne con cierta solemnidad, como diciendo «¿A qué viene esa pregunta?»-. El problema es que no sé bailar -añadió, observando a las parejas arracimadas en la pista de baile. Soltó una carcajada, la primera desde que se había marchado al norte. Pero, debido al estruendo de la música y al vocerío, no oyó su propia risa-. Puedo beber sangre de un mortal sin que nadie se dé cuenta, ni la propia víctima, pero no sé bailar de ese modo tan extraño.
Marius le dirigió una amplia sonrisa. Se había quitado la capa y la había dejado caer sobre el respaldo de la silla. Parecía muy tranquilo en medio de aquella insoportable combinación de luces y música.
-¿Qué hacen esas personas, aparte de moverse al unísono de esa forma tan extraña? -preguntó Thorne.
-Haz lo mismo que ellas -contestó Marius-. Muévete lentamente mientras bebes sangre de la mujer. Deja que la música y la sangre te guíen.
Thorne se echó de nuevo a reír. De pronto, se levantó con gesto decidido y, rodeando la pista de baile, se dirigió hacia las mujeres sentadas al otro lado, que le observaban impacientes. Escogió a la más morena de las tres, pues siempre le habían cautivado las mujeres de pelo y ojos oscuros. Además, era la mayor y, por lo tanto, la que menos probabilidades tenía de que un hombre la sacara a bailar, y Thorne no quería humillarla.
La mujer se levantó en el acto. Thorne la asió de la mano y la condujo hasta la reluciente pista de baile. La implacable música marcaba un ritmo fácil y machacón, que la mujer empezó a seguir de inmediato moviéndose con torpeza. Los finos tacones de sus zapatos resonaban sobre el suelo de tarima.
-¡Tienes las manos heladas! -comentó.
-Lo siento -dijo Thorne-. Discúlpame. He permanecido mucho tiempo en la nieve.
«¡Ojo, no la lastimes!», se dijo. Qué mujer tan simple e incauta, con los ojos y la boca pintarrajeados, las mejillas embadurnadas de colorete y los pechos alzados y sujetos por unos tirantes que se le clavaban en la carne, bajo el vestido negro de seda.
La mujer apretó descaradamente el cuerpo contra el suyo. Y él, abrazándola con toda delicadeza, se inclinó y le clavó disimuladamente sus pequeños colmillos en el cuello. Sueña, querida, sueña con cosas hermosas. Te prohibo que sientas miedo o recuerdes.
¡Ah, la sangre! ¡Por fin, después de un largo ayuno, saboreaba la sangre que bombeaba ese corazón, el corazón ansioso, tierno e indefenso de la mujer! Thorne, centrado en sus propias sensaciones, perdió el hilo del desvanecimiento de la mujer. Vio a su creadora pelirroja. Incluso le habló en un sofocado gemido a la mujer que estrechaba entre sus brazos: Dame toda tu sangre. Pero eso era un disparate y él lo sabía.
Thorne se apartó apresuradamente y comprobó que Marius se hallaba junto a él, con una mano apoyada en su hombro.
Cuando Thorne soltó a la mujer, ésta le miró con ojos vidriosos y soñolientos y él, riendo, la hizo girar rápidamente, prescindiendo del torrente de sangre que circulaba por sus venas, prescindiendo de su acuciante deseo de beber más sangre. Siguieron bailando, tan torpemente como las otras parejas. Pero él estaba ávido de sangre.
Por fin, la mujer le indicó que deseaba regresar a la mesa. Tenía sueño, aunque no se explicaba el motivo. Le pidió a Thorne que la disculpara. Él se inclinó y asintió con la cabeza, besándole la mano con gesto inocente.
Del trío de mujeres sólo quedaba una. Marius estaba bailando con la otra. Thorne tendió la mano a la última de las tres mujeres, prometiéndose que esta vez no necesitaría un guardián que le vigilara.
La mujer era más fuerte que su amiga. Llevaba los ojos perfilados en negro, como una egipcia, y la boca pintada de un rojo intenso, y tenía el pelo salpicado de hebras plateadas.
-¿Eres el hombre de mis sueños? -le preguntó a Thorne, alzando la voz para hacerse oír a través de la música. Estaba dispuesta a llevárselo en el acto a una de las habitaciones de la posada.
-Es posible -respondió Thorne-, si dejas que te bese. -Mientras la acariciaba y abrazaba con fuerza, le hundió sin pérdida de tiempo los colmillos en el cuello y le succionó sangre rápidamente, con avidez. Luego la soltó y la observó sonreír ensimismada, con picardía pero dulcemente, sin percatarse de lo que le había sucedido.
Era imposible obtener una gran cantidad de sangre de esas tres mujeres. Eran demasiado amables. Thorne siguió bailando con ella, haciéndola girar una y otra vez, ansioso de beber otro trago pero sin atreverse a hacerlo.”
(Anne Rice, Sangre y Oro, Librodot, p. 22-24)

martes, 24 de abril de 2007

Visión Estética del Relato Histórico

Visión Estética del Relato Histórico
Por Montserrat Arre Marfull

La historia, así como otras actividades lingüísticas del ser humano, tiene como sustento la palabra y la imagen. Evocar a través de los signos lo que existió y ya no es, o lo que posiblemente se ha transformado hasta llegar a lo que somos hoy como humanidad, sociedad, cultura, nación, ciudad, institución, deja entreverse entre enfoques diversos, como alude White:
“…de igual modo, mientras que un historiador puede considerar que su tarea consiste en invocar nuevamente, en forma lírica o poética, el ‘espíritu’ de una época pasada, otro puede considerar que su tarea cosiste en penetrar más allá de los acontecimientos a fin de revelar las ‘leyes’ o ‘principios’ de los cuales el ‘espíritu’ de una época particular es sólo una manifestación o forma fenomenal. O, para señalar otra diferencia fundamental, algunos historiadores conciben su obra principalmente como una contribución al esclarecimiento de problemas y conflictos sociales de su momento, mientras que otros tienden a suprimir tales preocupaciones del presente y a tratar de definir la medida en que determinado período del pasado difiere del suyo propio, en lo que parece ser una actitud mental ‘de anticuario’ básicamente.”
[1]
La historia en sí es un relato, y este relato puede tener varias lecturas. Si bien es cierto, la historia puede ser una ciencia en cuanto a sus métodos y en su rigurosidad en buscar evidencias y consignarlas, ciertamente puede ser también una obra literaria, donde importan grandemente la impresión lingüística y estilística de un escrito historiográfico en particular. Es necesario encontrar la historia y recrearla, y en ello no creo que haya más finalidad inicial o sustancial que el goce estético que da el ver, lo que podría asociarse a la visión de anticuario que describe White. La acción de hacer historia es la acción primera de la curiosidad, el ver lo que no es evidente. Finalmente la lectura debe ser documentada y sobre todo, bien contada, para que la obra llegue a producir efecto. De esto, luego, podemos desprender su rigurosidad histórica y su función social, como manera de abordar los problemas del hoy. Sin embargo creo que la historicidad en general, siempre remitirá a la revisión del pasado para revertir problemas del hoy, no obstante, no veo la necesidad de que toda construcción historiográfica deba cimentarse a priori en la premisa social del presente. Creo, más bien, que la historia como disciplina, debe apuntar a lo humano, en sus más diversas formas, y estudiar a este en sus manifestaciones sociales o culturales en el tiempo, sin buscar un nexo forzoso con el hoy, pues es evidente que el historiador en sí mismo ya constituye el nexo.
En tanto goce estético, la historia a veces se torna en un maravilloso o terrible libro de cuentos. Pero lo más impresionante de todo no es ver su desarrollo en sí, sino pensar que todo esto pudo ser. En este sentido, podríamos tomarla para la acción presente, no obstante creo que no es necesario que a nuestra capacidad de memoria le busquemos una finalidad. La memoria, tal vez, surge de la necesidad intrínseca de no asumir el cambio y el término, y la utilizamos con fines presentes.
Por otra parte, quisiera proponer mi visión personal en torno a la historia.
Creo que la historia es a la vez sustancia indefinible de pasado y relato sobre esta sustancia.
Creo que este relato es esencialmente forma que da orden y coherencia lingüística a esa sustancia dentro de una cultura determinada.
Creo que, en este sentido, existe aún mucho que decir sobre algo, muchos relatos de la historia.
Creo que esa sustancia allá afuera existe como tal, separable de nosotros, sin embargo somos en nuestro discurso, incapaces de recrearla afuera, ya que el lenguaje funciona sólo en tanto existe dentro de cada individuo perteneciente a una comunidad lingüística, comunidad que es social, por ende.
Creo que la literatura, como ficción Que recrea un mundo desde la mente del autor, utilizando, sin embargo, elementos del afuera, es creación, es un acto estético, pues crea imágenes a través del relato. Y así mismo, la historia como relato es un acto estético, que demanda el interés sensorial del lector. Siento que personalmente este es el sentido que he hallado en la historia. Si bien es cierto, es una función importante de la historiografía el crear una acción social para el presente, pues es indudablemente inherente a la actividad, es también esencial recrear estéticamente la imaginación de quien lee. He aquí la fascinación, la experiencia de vivir lo no vivido, de ver en la narración histórica lo que por los ojos físicos no veremos jamás: ese pasado que existió y que podemos rastrear, rearticular, y relatar a través del lenguaje, que es símbolo, sonido e imagen, lenguaje que recrea un mundo aparte del nuestro que, sin embargo, podemos ver continuidad en él. En el relato histórico podemos evidenciar un goce tanto en la diferencia como en la similitud, en la ruptura, como en la continuidad.


[1] H. White, Metahistoria, pp. 15-16.

martes, 17 de abril de 2007

Joseph Beuys


Joseph Beuys
(Alemania, 1921-1986)

Artista, profesor y activista político alemán. Nació en Krefeld el 12 de mayo de 1921. En 1940 fue piloto de un bombardero. En el invierno de 1943 su avión se estrelló en Crimea, donde los tártaros le salvaron la vida al envolverle el cuerpo con grasa y fieltro, materiales que aparecerán una y otra vez en su obra. Después de participar en diversas misiones de combate, fue hecho prisionero en Gran Bretaña desde 1945 hasta 1946. Posteriormente, Beuys estudió pintura y escultura en la Academia Estatal de Arte de Düsseldorf desde 1947 hasta 1952. Durante la segunda mitad de la década de 1950 trabajó como peón en una granja. En 1961, regresó a Düsseldorf para dar clases de escultura. Fue expulsado en 1972, por apoyar a los estudiantes radicales, pero fue readmitido seis años más tarde. Sus campañas a favor de la democracia directa, el medio ambiente y otras causas similares incluyeron la utilización de un local de la Documenta de Kassel en 1972 como oficina, la presentación sin éxito de su propia candidatura para el Bundestag (cámara del Parlamento) en 1976, y la campaña para plantar numerosos árboles en Düsseldorf. Su obra abarca desde performances como Coyote: Me gusta América y a América le gusto yo (1974), en la que convivió con un coyote (y un cobertor de fieltro) en una galería de Nueva York, hasta esculturas como El final del siglo XX (1983), que consiste en 21 piezas de basalto taponadas con grasa y objetos más convencionales, entre los que se incluían numerosos dibujos y acuarelas. Murió en Düsseldorf el 23 de enero de 1986.

jueves, 12 de abril de 2007

Jarabe de Vida Nº2

“Jarabe de Vida de Reuter Nº2!
Cura positiva y radicalmente toda clase de malos humores, impurezas de la sangre, afecciones escrofulosas, úlceras y tumores y se garantiza que cura la Sífilis, primaria, secundaria ó terciaria haciendo desaparecer hasta el último vestigio de esta enfermedad. Es el único remedio conocido para la Lepra ó Psoriasis, tumores cancerosos, erupciones escamosas, comezón mercurial y toda clase de granos. Se garantiza como remedio inofensivo é infalible para todas las enfermedades de los riñones, tales como la llamada de Bright ó Albuminuria, Riñon Granulado, Degeneracion Crasa, Inflamación Crónica, etc. Es el mejor estimulante y corrector del Hígado, regula su accion, hace desaparecer los endurecimientos é hinchazones, conserva la bílis líquida y haciendo que pase libremente á los intestinos, impide el estreñimiento, la dispepsia y la indigestion, que son las causas de los dolores de cabeza, desvanecimientos, mareos, nauseas, palpitaciones, histérico y desmayos. Todo lo que se pide es un ensayo imparcial del Jarabe de Vida Nº 2, Garantizamos
UNA CURA COMPLETA!”



Diario El Tacora, Tacna, Diciembre 20, 1884.

martes, 27 de marzo de 2007

La esclavitud en Chile

La esclavitud en Chile no se puede describir como una empresa demasiado notable en términos de disputas sociales; así mismo, su abolición, pese a ser un acto apreciable y destacado dentro de los actos jurídicos y legales que se establecieron dentro de los movimientos de independencia, no conllevó a revueltas sociales o a desacatos de parte de una parte importante de la población. Los negros o mulatos esclavos que habitaban Chile para principios del siglo XIX, eran aproximadamente 4.000, una cifra no muy relevante, en relación a la mano de obra “libre”, compuesta también por gentes descendientes, en algunos, casos de antepasados africanos, mezclados con europeos y nativos, que contaban con varios miles más, unidos a la clase dominante de ascendencia generalmente española. Para 1810, Santiago tenía una población total de aproximadamente 40.000 habitantes, lo que demuestra que el total nacional de 4.000 esclavos no es necesariamente relevante en términos de implicancias sociales substanciales. Sin embargo, la esclavitud como institución o empresa, en el mundo no dejaba de ser menos, en especial en América y las recién independizadas naciones, o las en camino hacia ella, ya que alzarse a la vida republicana, teniendo dentro de sus leyes la permisión de subyugar a otro ser humano bajo el peso de la esclavitud, no era ciertamente bien mirado por los ilustrados de la época.
Los movimientos abolicionistas se hicieron sentir dentro del mundo occidental
[1], y repercutieron en las consecuentes leyes prohibiendo el tráfico, venta y tenencia de esclavos. Hubo países en donde gran parte de la producción dependía de la mano de obra esclava, como Brasil o Estados Unidos, siendo los negros y mulatos gran parte de la población. Eran utilizados en plantaciones extensas, además de ser algunos domésticos y urbanos. En Chile la mayoría de los esclavos que quedaban ya para el siglo XIX eran del servicio doméstico, y según se decía, en general eran bien tratados y habían sido tenidos por generaciones, cosa que hacía que la relación fuese en algunos casos cercana entre esclavos y amos.
Sin embargo, para los abolicionistas el hecho mismo de decirse esclavo, de aludir que un ser humano fuese de propiedad de otro, era el acto mismo de la vileza. La palabra como tal, palabra que evocaba pertenencia, posesión sobre una vida humana, era la que al hacerse material producía la reacción inmediata de rechazo, sin importar el hecho de que finalmente tal vez muchos de los esclavos existentes en Chile, se habían adaptado a su situación, y eran a la vez relativamente bien tratados.
Pese a no ser un hecho evidentemente relevante, las discusiones para formular una ley sobre la libertad de todos los chilenos tuvieron lugar entre el senado y el poder ejecutivo durante la lucha por la independencia, y así mismo, repercutieron de una u otra manera en la opinión pública, especialmente la opinión de la clase alta, ya que ellos fueron los principales afectados. Sobre lo que opinaban los mismos esclavos que iban a ser eventualmente libres, no nos han llegado muchos informes. Tampoco las ideas abolicionistas al parecer tuvieron mucha fuerza o permanencia dentro de la prensa, sin embargo hay quienes alzaron la voz en pos de las libertad y fueron escuchados.
[1] Inglaterra y Francia abolieron la esclavitud en sus respectivas metrópolis en 1780 y 1789. En 1792 la abolió Dinamarca en todos sus dominios. Chile lo hizo en 1811 con la libertad de vientre y 1823 con la abolición total, Perú en 1855, España y Cuba en 1880 y Brasil en 1888, por nombrar algunos casos.

martes, 20 de marzo de 2007

Un Verano de 10.000 años


Un verano de 10.000 años
Por Alfonso Gámez / Ideal / febrero 2007

El cambio climático al que parece abocado el planeta es uno más de los registrados desde el final de la última glaciación, pero el primero provocado por la actividad humana
EL último invierno planetario fue muy crudo. Duró unos 60.000 años y, en su época más fría, entre hace 24.000 y 18.000 años, un tercio de todas las tierras emergidas se encontraba bajo el hielo. El ser humano no ha vuelto a vivir en un mundo tan frío. Las islas Británicas estaban cubiertas por una capa de hielo de 1,5 kilómetros de espesor, que alcanzaba los 3 kilómetros sobre Escandinavia. El nivel del mar estaba 150 metros por debajo del actual, y las temperaturas medias eran, en la cuenca mediterránea, 10º C más bajas. «La línea de hielo permanente se situaba en torno a los 50º de latitud Norte», ilustra Jesús Emilio González Urquijo, prehistoriador de la Universidad de Cantabria. Podía irse andando sobre el Atlántico Norte congelado desde Europa hasta Norteamérica, aunque no hay constancia de que ningún europeo lo hiciera. Hacía tiempo que habían desaparecido los neandertales y, en el Viejo Continente, sólo vivían los 'Homo sapiens'. «Nuestros antepasados abandonaron algunas regiones, pero en otras se adaptaron. Usaban el fuego y las pieles para calentarse, y cazaban lo que podían», explica el arqueólogo. Al norte de la Península Ibérica, entraban en su dieta renos, rinocerontes lanudos y mamuts, animales de ecosistemas fríos.


Calor y frio medievales. Tragedia vikinga en Groenlandia


El clima no ha dejado de cambiar desde el final de la última glaciación. Las dos fluctuaciones recientes más destacadas se conocen como el Óptimo Medieval y la Pequeña Edad del Hielo. Se dieron entre 700 y mediados del siglo XIX, y se consideran relacionadas con variaciones en la luminosidad solar. Durante el Óptimo Medieval, que se prolonga seis siglos, las temperaturas ascienden en el hemisferio Norte hasta el punto de que la vid llega a cultivarse en el sur de Inglaterra. Es cuando Erik el Rojo, un vikingo que huye de Islandia tras cometer un asesinato, desembarca en una isla al otro lado del Atlántico en 982 y la bautiza como Groenlandia (tierra verde). En realidad, el verdor se limita a dos zonas del suroeste en las que funda asentamientos; el resto de la isla está helada. Hacia 1300, un enfriamiento climático marca el inicio de la Pequeña Edad del Hielo y se ceba en los habitantes de la colonia vikinga, que en su época de esplendor había llegado a estar ocupada por 5.000 personas. Los primeros europeos en pisar América son incapaces de adaptarse a las nuevas condiciones y aguantar el acoso de los esquimales. Acaban extinguiéndose. «El de los vikingos de Groenlandia es un caso extremo, muy trágico», dice Juan José Larrea, medievalista de la Universidad del País Vasco. Para él, si se exceptúa ese caso, en la Edad Media el clima no pone al hombre entre la espada y la pared. «Es un factor más que agrava los efectos de la crisis estructural del sistema feudal, de la que nacerán las monarquías absolutas». El feudalismo cae, se pierden cosechas por el frío y estalla la peste de 1347-48, que mata a 25 millones de personas en Europa. Diezma un continente cuya población se había, al menos, triplicado desde el año 1000. «La peste negra llega por casualidad y no hay nada que hacer contra el virus, aunque estés bien alimentado», argumenta Larrea. Pronto, los europeos se recuperan de las hambrunas, la crisis feudal y la peste, y se expanden por América. El periodo más crudo de la Pequeña Edad del Hielo -que acabó a mediados del XIX- se registra entre 1645 y 1715. Es lo que se conoce como el Mínimo de Maunder, al final del cual Amati, Guarneri y Stradivarius construyen sus preciados violines. Científicos estadounidenses apuntaron en 2004 la posibilidad de que, a la maestría de los grandes 'luthiers' de la época, se unieran las características especiales de la madera de árboles que crecieron en ese periodo tan frío, lo que «marcó, quizá, la diferencia en el tono y brillantez de los instrumentos», argumentaban el climatólogo Lloyd Burckle y el dendocronólogo Henry Grissino-Mayer en la revista 'Dendrochronologia'. A diferencia de las fluctuaciones climáticas medievales, la actual no es de origen sólo natural. El último informe Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) asegura que se debe a la actividad humana, a los gases de efecto invernadero echados a la atmósfera desde el inicio de la Revolución Industrial. Rossell recuerda que, a un cambio climático, sobreviven todos los que pueden moverse, que el caso vikingo es una excepción. «La mayoría de los seres vivos se adapta. Otra cosa es que no nos gusten los cambios cuando lo tenemos todo bien montado».

lunes, 19 de febrero de 2007

El Mundo Hoy



El verdadero rostro del anticristo
“La Tierra y gran parte de sus habitantes están en peligro. Esta en curso la más dramática y monstruosa crisis de toda la historia de la humanidad.
Además de las guerras en curso que causan cientos de miles de muertos, el hambre que destruye millones de hombres, mujeres y sobre todo niños, la contaminación terrestre y atmosférica que causa violentas reacciones del planeta (terremotos, tsunamis, etc.), esta en curso una crisis económica, social, política y religiosa que los dominadores del mundo, los jefes del poder ya no están en condiciones de gestionar y controlar.
El imperio mundial tiránico de los Estados Unidos (USA) y de sus aliados, (casi todo el occidente y parte del oriente), ya no tiene medios políticos y sociales para negociar la paz con su enemigo que esta representado por super-potencias (China – Rusia) que tienen como aliados algunos países árabes potentes y amenazadores (Iran, Siria y otros).
Desgraciadamente a causa del egoísmo más feroz y del materialismo más degenerado los jefes del imperio que están representados por el presidente George Bush y por su administración no tuvieron una seria oposición por parte de Europa que ha permanecido débil y a veces complaciente hacia el dominio imperial. Esa que vosotros definís la globalización americana ha llevado y dado origen solamente a la miseria, a la pobreza, a la extrema desnutrición y a la rebelión en las poblaciones pobres que se han convertido en masas de seres humanos sin futuro y con un destino de muerte y enfermedades.
Los ricos del mundo protegidos y viciados por el imperio se han hecho cada vez más ricos. Los casi 60 millones de millonarios y los casi 800 millones de ricos (es decir, los que recogen las migas), son la causa del despilfarro y de la degeneración de los recursos naturales de la tierra hasta llegar a la devastación de las mismas.
El terrorismo internacional alimentado por los extremistas fanáticos y religiosos, es un percance que el imperio podría neutralizar si lo quisiera, pero a menudo le permite actuar, se sirve del mismo o incluso lo coordina (al terrorismo) para motivar el estado de guerra permanente que el imperio ha puesto en práctica para intentar mantener el poder en el mundo.
La próxima guerra que será contra Irán y Siria será otra preparación hacia la verdadera y última guerra definitiva mundial contra China. Se trata de una guerra atómica.
Las pruebas generales con represalias atómicas se efectuarán próximamente en oriente-medio, no obstante el esfuerzo por parte de algunos políticos honrados, de escritores, periodistas, filósofos íntegros que luchan por la paz.
Los jefes del poder mundial, enfermos mentalmente y espiritualmente, están muy firmemente convencidos de que el arma atómica les permitirá sobrevivir, eliminar cientos de millones de personas y de esta manera poder explotar por muchos años más los pocos recursos restantes del planeta tierra, el petróleo in primis.
(...)
Los medios de comunicación masiva están manipulados por los grandes potentes del mundo, por los jefes del poder económico que condicionan el imperio.
(...)
Os ha sido dicho muchas veces, miles de veces, que los motivos de la guerra – infinita contra el “terrorismo” (como la definen Bush y los que le apoyan), es el 11 de septiembre, ese gran atentado terrorista que ha cambiado el mundo, el estado de las cosas, etc, etc.
Eso es completamente falso. Es mentira la versión del atentado a las torres gemelas. La explicación de la dinámica de algunos de los autores y todo lo demás es mentira.
Los terroristas, que han organizado y llevado a cabo el estrago, han sido, en parte, manipulados y “llevados de la mano” por parte de los servicios secretos, con la complicidad de muchas agencias de alto nivel, hasta llegar a los responsables de los estados mayores del ejército y de la seguridad americana.
Una verdadera conspiración ordenada por los grandes potentes de la economía mundial, que se lea bien, ¡mundial! Con el consentimiento de la estadounidense y con el lógico apoyo de los magnates de la industria bélica.
Algunos periodistas y escritores incorruptos y verdaderos buscadores de la verdad, han demostrado ampliamente lo que en síntesis hemos descrito arriba. Entre ellos queremos recordar al italiano Giulietto Chiesa y al americano Gore Vidal. Junto con poquísimos más han arriesgado su vida difundiendo esta amarga y cruda verdad.
Leed atentamente sus libros si queréis profundizar y conocer detalladamente el programa nefasto del imperio.
La paz con la justicia y el amor son la única alternativa posible a esta horrible situación que esta en curso en la sociedad humana.
(...)
Las grandes religiones o iglesias se han quedado enmarañadas en la tela de araña de los grandes intereses institucionales, económicos y políticos del imperio. No tienen la fuerza de reaccionar. ¡Están enfermas! Esperemos que el Papa Benedicto XVI venza la materia y arrastre a millones de cristianos a la verdad.
(...)
Nuestra preocupación es evitar el armaghedon, el holocausto nuclear, aunque somos perfectamente conscientes y creyentes en Cristo. (...)Los seres de luz angelicales que están a su servicio tienen medios para evitar la destrucción del mundo y de una parte de la humanidad, pero tememos que el libre albedrío del hombre pueda llegar al límite y por lo tanto permitirse eliminar con armas atómicas millones de sus hermanos y niños.
¡Nos queda solo esperar!
La esperanza es lo último que muere. Es verdad, pero también es verdad que ella, la amada esperanza, rápidamente e inexorablemente se está transformando en una pálida estatua de mármol.”
Giorgio Bongiovanni y Setun Shenar
Montevideo (Uruguay)
23 agosto 2006, 16:20 horas

Canto Monástico



Este es un extracto que me pareció interesante del libro de Duby, refiriéndose al oficio principal de los monjes Cluny, del siglo XI, los cuales al igual que otros monjes, eran seguidores de la Regla de San Benito. Me interesó la parte en donde relata cómo debió haber sido la salmodia, pues me lleva a pensar y sentir de verdad una especie de atmósfera divina, de lucha espiritual, dentro del monasterio. Me pareció, demás, tremendamente atractivo la forma que el autor nos lleva a presenciar la historia; más que meros hechos nos ponemos frente a percepciones de una realidad histórica.
“Pues la fatiga corporal necesaria para la paz de los sentidos, no había por qué buscarla fuera de esta dura tarea: el opus Dei, el oficio litúrgico.
Este oficio era un coro. Siete veces al día, desde las primeras luces del alba hasta la caída de las tinieblas, y una vez en medio de la noche, la comunidad se reunía en el oratorio para la oración que no era ni individual ni secreta, sino proferida a plena voz, por una misma voz, por todo el grupo que así se fundía en total unidad. En el intervalo cada cual era libre de retirarse, de llegarse ante el altar y buscar el silencio de un contacto más íntimo con lo divino. Pero el trabajo propio del monje, este esfuerzo de todo el cuerpo que requiere el acto de cantar, se desarrollaba en equipo. Las palabras pronunciadas al unísono, como las de los Salmos de David, se inscribían efectivamente sobre una línea melódica que recorría los siete tonos de la música. Este soporte musical servía para acordar las armonías cósmicas, es decir, la razón de Dios, a las palabras de los hombres y confundirlas con las palabras de los ángeles, cuyo coro llenaba plenamente la unión, inmaterial, entre la tierra y el cielo, que el monasterio tenía la función de establecer. (...) A fin de que nada desviase al monje de su oficio, pareció razonable a los dirigentes de la congregación tener menos presente el cuerpo, proporcionándole lo necesario, alimentándolo bien, protegiéndolo del frío, dándole oportunidad de rehacer plenamente sus fuerzas durante el sueño, y ahorrándole las fatigas suplementarias de las tareas manuales. (...).
Es preciso recordar, finalmente, que esta labor se realizaba en provecho de todos. La sociedad, cuya imagen era proporcionada por la disposición equilibrada de los tres órdenes, creía en la reciprocidad, en el intercambio de servicios, en esa suerte de transferencias por las cuales los bienes invisibles ganados por semejante gesto ritual podían ser convertidos en beneficios para el prójimo. (...) Las principales añadiduras que, en los usos de Cluny, habían alargado la duración del oficio hasta hacerle ocupar casi todo el tiempo, eran de intención funeraria. Para ayudar a los muertos y para sustraerlos del poder del diablo. Pero el coro de los monjes pretendía también apartar a los vivos de este mismo poder, por medio una lucha permanente y encarnizada. Los cantos corales, viriles, violentos, brutales –intentemos olvidar las inflexiones melifluas que han llegado en nuestro tiempo a desnaturalizar la melodía gregoriana- eran lanzados como un canto de guerra. Los monjes que se creían pobres, se creían también guerreros, como su padre y sus hermanos, y mejor que éstos: los caballeros de Dios. Se sentían enrolados ya en las milicias celestes. Formaban el estrave, todavía atrapado entre las gangas de la carne, pero situado justamente en el frente mismo del combate contra el mal cuyo dominio es la carne, en la línea de choque de la luz y la sombra, lo blanco y lo negro, en las fronteras donde se intercambian los golpes. No sin razón se ha querido ver en la salmodia cluniacense la sublimación de las vehemencias caballerescas, y como el desvío simbólico de las agresividades de las que los monjes, salidos de la aristocracia militar, eran portadores.”Georges Duby, San Bernardo y el arte cisterciense (El nacimiento del gótico), Taurus Ediciones, 1989,Madrid, p.p. 37-38.

Alexander


Por Lafayette, Enero 2004
Cuando estuve ante la posibilidad de ir a ver "Alexander" (Oliver Stone, 2004), iba preparada para ver algo parecido a “Gladiador” (Ridley Scott, 2000) o “Troya” (Wolfgang Petersen, 2004), dada la época en que se situaba la historia, aunque por supuesto sabía que los personajes eran "reales", no de ficción como los de “Gladiador” o sacados de los relatos griegos de Homero y, por lo demás, modificados como en el caso de “Troya”. De antemano sabía que era muy difícil adaptar las intensas batallas y extensas conquistas realizadas por Alejandro, pues su vida fue muy movida, por decirlo de alguna manera. Yo tenía ya cierto conocimiento de su vida, pero más que nada, de los detalles de su prematura muerte, y como futura "historiadora", quería ver que tenía que decir Hollywood al respecto. Y puedo decir que superó, con creces, a “Troya”, y también, aunque menos, a “Gladiador”, aunque esta última me sigue gustando mucho, sobre todo por su corrompido personaje del emperador Cómodo, tan magistralmente interpretado por Joaquin Phoenix.
“Alexander” me cautivó desde el principio. Su fotografía, la música de Vangelis y los personajes históricos, por un lado, y los “tipos” histórico-culturales, por el otro, están tan bien perfilados, que la historia resulta tangible y comprensible, hasta para el que no sabe nada de historia, creo yo por lo menos. Retratar esa altivez y constante discriminación de los Griegos y Macedonios hacia cualquier pueblo extranjero, por sólo ser distintos fue un punto clave. Por un lado, los pueblos que pertenecían a la estirpe cultural helénica se sentían en una posición superior por su cultura y el estado de dominio de las artes, la filosofía, la política y el deporte, y la organización social, que ellos consideraban avanzadísima. Es cierto que de sus aportes a la cultura los avances posteriores fueron posibles, muchos de ellos, no todos, pero no fueron tan excepcionales al punto de considerar toda cultura contemporánea a ellos como objetivamente inferior. Por lo menos, ahora no lo creemos. Las culturas orientales de la época, por ejemplo la Persa, la más cercana a los Griegos, poseía estructuras de pensamiento y política distintas a las griegas, pero en muchos sentidos los Persas eran admirables. Seguramente por la herencia de siglos y siglos que dejaron otros pueblos muy adelantados que vivieron en esas mismas regiones y los diversos contactos entre pueblos.
Alejandro el Grande fue, de todas maneras un visionario y un vanguardista para su época y, sobre todo, un soñador. No es de extrañarnos que se recalque tanto en la película su intento de emular a su héroe predilecto, Aquiles, pues informándome con posterioridad, supe que era un ferviente admirador de Homero y, por supuesto, del Héroe Aquiles, quien luchaba valientemente contra sus enemigos y arriesgó su vida en venganza por la muerte de su Pátroclo querido. Aquiles eligió una vida corta, pero llena de gloria, así Alejandro tal vez sabía de antemano que su vida sería corta si elegía la gloria atrevida sobre una austera tranquilidad en su trono de Macedonia. Su padre fue quien revitalizó la monarquía en una época donde los griegos habían evolucionado a tipos de gobiernos democráticos, por lo tanto, según su carácter, de seguro muy acorde al carácter de su madre, no podía ser menos, debía ser más.
En la película es imposible no enganchar con el Alejandro de Colin Farrell. Tal vez porque este actor logró capturar la esencia altiva, ambiciosa y segura pero a la vez amorosa y soñadora del rey, sin sobre-actuaciones y de un modo muy natural. Cuando llora, cuando lucha y cuando mira con ojos de amor a su querido Hefestión, es imposible pensar que él no está haciendo lo correcto. Alejandro buscó conquistar Persia, antes que los persas conquistaran Grecia y Macedonia, y si así lo lograba, podría unificar dos culturas muy distintas, la occidental con la oriental. Oriente para los Europeos de entonces era un sitio vedado y extraño, lleno de "bárbaros". Alejandro logró ver en estos extraños el futuro y al llegar al trono de Darío no aniquiló gratuitamente a nadie, sino que hizo un esfuerzo enorme por llevar a su gente a convivir y poblar Persia, y de algún modo fundir las dos culturas. Incluso se comenzó a vestir y adornar al modo Persa. Él no creía en la superioridad de los helenos, sino en la igualdad. Hasta se casó con dos persas, pese a la negativa de sus compañeros de guerra.
La película no muestra la magnitud de cosas que hizo Alejandro, pero resalta lo más importante, su espíritu. En ella, además, impresionan la nitidez y belleza de los lugares, la visión de Babilonia triunfante, con sus zigurats, palacios y edificios, la inmensidad del desierto que tiembla ante una inminente batalla, y las escenas de la última lucha, en los bosques de la India, con elefantes, escenas magníficas, con una perfección y hermosura que emocionan. Relatar y revivir un pasaje de la historia del ser humano es una misión asignada al cine, que hoy por hoy está cumpliendo de maravilla. Para una persona que ama el cine y que adora la historia, como yo, ver una película como “Alexander” llena de emoción. Además que retrata de una manera tan perfecta a los seres humanos detrás de los personajes históricos. Las debilidades de Filipo, la ambición y el odio de Olimpia y el sueño de Alejandro y su amor implacable por Hefestión. La relación que se entabla entre estos es tan profunda y sincera, que uno no puede pensar que no es correcta, además que el director se encarga de cuidar que esta relación no caiga en una caricaturización homosexual, sino que resalta la importancia del compañerismo y la lealtad ante todo.
Una de las partes que más me gustó, y que fue casi la única que se mostró sexo, aunque en muchas ocasiones se ve el espíritu abierto de la gente de la época en estos temas, fue la primera noche que Roxana y Alejandro están juntos luego de casados y ella se da cuenta de la relación de este con Hefestión y no lo acepta. Entonces él intenta tomarla por la fuerza y comienza a arrancarle la ropa y al mismo tiempo comienza a desnudarse en un forcejeo casi artístico, mientras ella se resiste, y cuando está a merced de él, ya desnuda, deja de resistirse, pero en el momento en que Alejandro piensa que la ha vencido, ella toma un cuchillo y lo amenaza con cortarle el cuello. Ahora es él quien está a merced, el rey amenazado de muerte por su simple esposa persa. Con ademanes muy astutos y sensuales, logra convencerla, y finalmente él logra lo que quiere. Luego hacen el amor, y es una escena muy bien lograda. Desde que la conoce se ve el deseo de él por ella, a pesar de su amor eterno por Hefestión.
Finalmente, siento que la historia de Alejandro Magno es apasionante y sobre todo ver el alcance de su lucha en tan sólo 13 años de reinado, desde los 20 años de edad; ahora, ver sus obras y humanidad retratadas en un filme, es simplemente increíble.

martes, 13 de febrero de 2007

La Historia de Cada Día

Por Montserrat Arre

Tal vez se piense que la Historia, por ser pasado, por ser un tiempo muerto y enterrado, de nada sirve sacarla una y otra vez a relucir.
Un tiempo, una gente, un aire que no es el actual, ¿de qué importan? ¿Acaso ese tiempo, esa gente y ese aire lograrán que nuestra existencia presente sea mejor, se modifique, crezca, se enriquezca?
Vemos libros y fotos, con hechos tan ajenos a nuestra realidad. Invasiones, guerras, dinastías, imperios. Antiguas creencias, dioses arcaicos, rituales sangrientos. Todo el pasado de este mundo ajeno conspira para mostrarse una y otra vez ante nosotros como una masa líquida y aparentemente uniforme. Tomamos toda aquella noción de información con una tenaza mental y la vaciamos en un hoyo de nuestra conciencia que se tacha de: "registros ancestrales de hechos sin importancia real, más que para sacar buenas calificaciones y aparentar ante otros que se es medianamente culto".
Y yo me pregunto entonces ¿de qué nos sirve esta capacidad de inmortalizarnos a través de nuestras creaciones y actos? ¿Para qué poseemos el don de recordar? ¿No es acaso todo esto la base de la evolución, este poder de ver hacia atrás y comparar el pasado con el presente para hacer un mejor o simplemente distinto futuro?
Una y otra vez pienso y analizo estas premisas, y me doy cuenta que cada uno de los seres humanos somos pequeños corpúsculos pensantes en un Universo infinito, pero que este Universo no es solo espacial, sino que también complejamente temporal. Y me emociono al percatarme que mi mente es lo suficientemente amplia para asombrarme, no tan solo con los avances contemporáneos de la tecnología, la ciencia y la cultura, pues todo aquello me va pareciendo cada vez más normal y común, sino además con los avances y creaciones de personas que existieron en algún punto de la línea de tiempo y que, a pesar de ser personas como nosotros, en estructura física y mental, lograron sobrevivir en mundos adversos y llenos de misterios, de modos tan distintos unos de otros, y estos a los actuales hombres que pueblan la tierra.
Admiro las capacidades e ingenios de personas y de pueblos que, a pesar de no saber lo que hoy sabemos ni tener lo que hoy tenemos (células, ADN, fibra óptica, satélites, fotosíntesis, proteínas, Internet, cuadernos, lápices pasta...), lograron hacer su propia realidad y creyeron firmemente en lo que desarrollaron. Fueron inocentes niños haciendo su propio destino.
Tal vez esos arcaicos pensadores fueron mucho más auténticos y libres en sus planteamientos que los actuales, que tan solo escriben y transcriben el discurso manoseado de la existencia y la divinidad. Ellos crearon de la nada, el poder de la palabra y el razonamiento. Ellos fundaron las ciudades y escribieron por primera vez un alfabeto, producto de la necesidad de comunicación, en tablillas de arcilla. Esos seres del pasado sintieron el llamado de lo sublime y espiritual, y vieron en la brillantez enceguecedora del sol o en la magnificencia fecunda de la lluvia a sus dioses bondadosos o maléficos, a los cuales adoraron con fe y sinceridad.
Se entregaron a la vida de modos impensados e incomprensibles para nosotros, tal como se entregaron a la muerte. Para ellos el mundo tenía límites misteriosos y que solo el dios podía explicar.
Fueron crueles cazadores de mamuts, ingeniosos agricultores, eruditos astrónomos, sagaces filósofos. Fueron iluminados profetas, apasionados gobernadores, fieros héroes de guerra. Cruzaron nieves eternas a pie, hicieron fuego con dos piedras, cuando ni siquiera comprendían qué era el fuego. Sacrificaron a sus hijos a los dioses, y echaron a la suerte su talento por el sueño de volar. Tapizaron de arte divino techos y muros de capillas, oraron a un Dios desconocido y temido. Cosecharon frutos en el bosque con miedo a las fieras. Se asombraron con el devenir del sol y la luna y con su capacidad de procrear.
Ahora nosotros conocemos la explicación detallada y organizada de mucho de todo aquello, aunque bastante queda en la incógnita.
Y otras nuevas preguntas vienen a mi mente ¿cómo pensarían todos aquellos hombres y mujeres? ¿Por qué somos capaces de almacenar información colectiva en nuestras mentes? ¿Qué nos queda por hacer?
Tal vez, como producto que somos de miles de años de historia, tan solo nos resta mirar hacia atrás y meditar sobre el precio de vivir en un espacio temporal, tan ajeno a veces, pero tan propio en definitiva.
Julio 2000

Temas de la Miseria


Temas de la Miseria
VIII
Pero uno, a los de Occidente, os enseñó que la miseria acabará con el amor.

Después de él, sesenta generaciones se han sucedido, y las sesenta obstinándose en destruir su doctrina. Habéis escrito millones de libros, reverenciado a centenares de sabios, inventado sistemas y palabras para explicar el bien y el mal; mas la miseria siempre permanece y vuestra gran turbación aumenta cada siglo.
Cierto es que Jesús está crucificado con los clavos de vuestros egoísmos; pero un día tendréis que descolgarlo y dejarlo vivir entre vosotros.
Matáis al semejante. Matad, mejor, las perfidias que cual serpientes anidan en vuestro corazón.
Alumbráis los templos y os prosternáis ante imágenes. Alumbrad, también, vuestra conciencia. Arrodillaos ante las víctimas de vuestra perversidad.
Lloráis a Jesús; mas no lo conocéis, pues si lo conocierais sabríais que no murió, ni morirá. Lloraos vosotros mismos, ablandad en lágrimas vuestro propio corazón.
Todo lo puede el amor y él es quien ha de mejorar la vida.
Con más amor florecerán los muros de vuestra vivienda y anidarán en ellos los pájaros silvestres.
Pero éstos, buenos y alegres como son, huyen a vuestro paso, si no pueden huir se esconden, y si no se pueden esconder tiemblan, porque os falta amor.
Se habla del bien, de la verdad y de la belleza, y todo esto es amor, sin el cual, nada conoceréis en plenitud.
Se anhelan triunfos y progresos, y todo esto es amor, sin el cual, nada que valga se alcanza.
Por más vueltas que de la especie humana en la noria de vuestras vanidades no sacará otra agua que esta verdad.
Por poco amor se llora en cada jornada y al morir.
(...)
Todo lo que el hombre arroja con su mano desde la tierra al mar, el mar se lo devuelve. Mil veces lo arrojará y otras mil el oleaje se lo traerá.
Así es también el mar de lo infinito. Mil veces os desprenderéis de un bien para entregarlo a los demás y otras mil os será restituido. Amad sin medida, y sin medida os amarán. Dad esta vida y otra mejor os será dada.
(...)
Amad al Sol, que os da su amor en su luz, y a la bóveda estrellada, que os envuelve en su paz mientras dormís. Amad a los árboles, que os entregan cuanto tienen y cuanto pueden hacer con su trabajo, y sólo hablan con su belleza y en la dulzura de sus frutos.
Amad a los pájaros, que parecen nada más que lindos cantorcillos vagabundos, y luego se ponen serios, forman el nido, el sorprendente hogar, y crían a sus hijitos a fuerza de incomparables sacrificios y con ternura de abuelos.
Amad a todos los seres, porque aun la serpiente no hiere si no es herida y salva vuestras cosechas de ser devoradas por las ratas. Amad a todas las cosas, porque el mismo veneno que en una dosis mata, en otra cura, como toda virtud se prostituye por el odio, y todo vicio atenúa su fealdad con el amor.
(...)
Mientras no améis, la vida será triste, como una mujer que llora bajo un duraznero en flor.
Porque el amor es la luz, y si falta anochece en vuestra alma.
Porque el amor es la felicidad, y mientras vuestro saber no alcance a esto, la miseria os arañará y angustiará.
Amad a la naturaleza, y curará vuestra congoja; amad a los hombres, y compartirán vuestros anhelos; amad a Dios, y alumbrará vuestro espíritu.

C.C. Vigil

lunes, 22 de enero de 2007

El navío negrero


(extracto)


'Stamos en pleno mar…

(...)

Era un sueño dantesco…el combés del bergantín,
Que de las linternas el púrpura del brillo
En sangre bañará.
Tintinean los hierros… estalla el látigo.
Legión de hombres negros como la noche,
En tétrico danzar...

Negras mujeres colgando de sus pechos
Niños enjutos, cuyas bocas prietas
Sustenta sangre materna,
Otras mozas, desnudas y asustadas,
En vértigo de espectros arrastradas,
Gimen lamentos vanos.

Ríe la orquesta irónica, estridente…
Girando fantástica la serpiente
En locas espirales…
Si el viejo jadea… si en el piso cae,
Se escuchan los gritos… el fuste estalla…
Y giran más y más...

(...)

En tanto el capitán la faena ordena
Y tras mirar al cielo desplegado
Tan puro sobre el mar
Entre densa niebla, dice enfadado:
"¡Vibrad con fuerza el fuste, marineros!
¡Hacedlos más bailar!…"

(...)

¡Señor Dios de los desdichados,
Dime tú, mi Señor Dios!
Si es mentira… si es verdad
Tanto horror ante los cielos!
¡Oh, mar por qué tú no lavas
Con la esponja de las olas
De tu manto esta deshonra!…
¡Astros! ¡Noches! ¡Tempestades!
¡Arrollad la inmensidad!
¡Dispersa mares, tifón!

¿Quiénes son los infelices
Que sólo encuentran en vos
El reír calmo de la turba
Que al verdugo furia excita?
Si las estrellas se ocultan,
Y si aprisa huye la ola
Como un cómplice fugaz
Frente a noche tan oscura…
Díselo tú, sobria Musa,
Musa libérrima, audaz!…

Son los hijos del desierto
Donde se unen tierra y luz,
Donde vive sin abrigo
La tribu de hombres desnudos…
Son los guerreros osados
Que con los tigres manchados
Combaten en soledad.
Ayer simples, fuertes, bravos…
Mas hoy míseros esclavos,
Sin aire, sin luz, sin razón…

(...)

Allá en la arena infinita,
En el país de palmeras
Nacieron -lindas criaturas,
Vivieron -mozas gentiles…
Pasa un día la caravana...
La virgen en la cabaña
Medita en la noche oscura…
...¡Adiós, oh choza del monte!
...¡Adiós, palmera en la fuente!…
…¡Adiós, amores… adiós!…

El navío negrero
(Tragedia en el mar)
Por A. Castro Alves (1847-1871), poeta romántico brasileño.

lunes, 15 de enero de 2007

La estética de la historia

Por Montserrat Arre Marfull

Cuando tenía alrededor de diez años, y se acercaba la época de Semana Santa, solían dar especiales en la programación de algunas radios, con cantos gregorianos, y en la televisión, jueves, viernes, sábado y domingo, no cesaban de dar películas relativas a la historia bíblica. En ese entonces, yo no me perdía casi nada. Mi madre grababa muchas veces los cantos, casettes que reproducía una y otra vez, y que, incluso yo, años después, escuchaba en mi habitación de adolescente. Las películas las conocía ya bastante bien, pues cada año se repetía más o menos el mismo repertorio. Sin lugar a dudas las imágenes y los sonidos dejaron una huella indeleble en mi imaginario.
En esos días de adolescencia, cuando retomaba los cantos gregorianos, en la penumbra de mi serenidad, oía las voces que se alzaban y entretejían en el tiempo, a mí parecer imitando a los coros celestiales, si ellos existieran, que no tienen tiempo ni espacio, sino que son materia en lo intemporal y lo inmaterial. Esos sonidos celebrados en honor a la divinidad tan prolijamente producidos por voces humanas, llevaban mi imaginación a un viaje en el tiempo, tal vez un tiempo más fantástico que real. Una y otra vez me remitían al monte Gólgota, las tres cruces, el cielo nublado, casi a punto de llover, los espectadores llorantes vestidos de negro, y el aire, acompañando el espectáculo cálido, con un viento ágil y húmedo, los truenos y relámpagos, la muerte de Jesús a las tres de la tarde. Las tres de la tarde. Él ha muerto, el cielo se oscurece, el sol se oculta, se rasga la cortina del templo, el suelo tiembla, el Hijo de Dios ha Muerto.
Escena constante recordada con angustia y emoción, como si la imagen fuese parte formativa de mí, como si con aquel sonido de cánticos volviera a rememorar un momento cúlmine de mi vida.
La imagen histórica-fabulosa de un pasado mitificado transmitido a mí a través de elementos mantenidos, quizás por qué fuerzas, en el tiempo.
Otro momento que viene vívido a mi memoria. Música céltica, Enya. Quince años yo tenía cuando sin dudar The Celts, Orinoco Flow, Shepherd Moon llenaban mi espacio de meditación, lectura o escritura. Enya con sus cantos sintetizados, utilizando sonidos que evocan bosques, ríos, hadas, como si las hadas sonaran, como si existieran. Ensoñando con su música de fondo difícil no es evocar lugares conocidos, como si la lejana Irlanda celta, lejana en el tiempo y en el espacio, fuera parte de mi propio pasado. Figurarme imbuida por el cielo azul del atardecer, parada sobre un roquerío, y a mis pies el mar azul profundo. El viento, una construcción de piedra a lo lejos, a hacia atrás un campo eterno pintado de verde, un verde húmedo, lleno de pasos invisibles, lleno de húmedos recuerdos. ¿Corazón Valiente?¿Rob Roy?¿Lancelot el primer caballero? El mundo celta, pasado remoto, extraño tal vez a mi existencia, se manifestaba verdadero y palpable, en mis ensoñaciones musicales.
Cantigas, trovadores, música antigua, Calenda Maia... ¿Contaba yo con doce, trece años cuando conocí aquel mundo musical por primera vez? Mi madre, nuevamente, introdujo sin querer, el gusto por la música medieval. De sus labios yo escuché por primera vez esos extraños nombres, y nunca más los olvidé. Como si el pasado fuese parte mía, evoqué bajo el influjo sonoro, las cortes medievales, los castillos de piedra, los reyes y reinas ricamente ataviados. Juglares y bailarines danzando al ritmo de la música, gente divirtiéndose. Imagen verdaderamente emotiva a mis ojos. Mi corazón se confundía y sentía un deseo inacabable de transportarme vívidamente a otro lugar. La trivialidad frívola de lo cotidiano, de lo moderno, de lo “juvenil”, me acosaba, y mi alma sólo quería vagar por parajes ya conocidos, por pasados propios pero imaginados, por un ayer no vivido, aunque plasmado vívidamente en mi alma.
¿Muchas películas de época?¿Demasiados libros de fantasía, de seres ultraterrenos, de hombres del pasado?
Tal vez ellos llegaron a mí porque yo los busqué primero, y mis evocaciones me dieron la certeza de mi real origen: si la reencarnación existiera, podría decir que estuve allí, podría decir que aquellos fueron mis lugares, mis pies, otros, pero míos, pisaron el Gólgota de Jesús, el acantilado de lo celtas, el suelo empedrado de Alfonso el Sabio. Yo estuve ahí, mi alma viajó por aquellos parajes, y hoy sueño con ellos, pues son realidad, son mi verdadero pasado.
Imágenes. Imágenes forman mi adoración por ese pasado. Sólo imágenes y evocaciones sentimentales surgen de esa penetración privada y oculta de mi alma. Imágenes bellas que producen placer, gozo de los sentidos, gratuitos, que sirven para crear una sensación estética, pero que, en última instancia sirve para retribuirse, recompensarse.
Mi imaginación del pasado que a través de mi tiempo presente me transportó hasta lo que soy ahora y por ende lo que hago hoy, instaló en mí escenas llenas de una conformación estética, artística, de goce, de lo que yo quería ver, de lo que yo quería ser.
Historia por estética. Gozar del proceso de descubrir y compenetrarse con un pasado remoto pero que se adopta como propio, como si el alma humana fuese una, constante, pero cambiante y multiplicable; intentando encontrar en lo arcaico, en lo que fue, la respuesta a lo que deseo, lo que soy y seré, lo que ésta gran alma común es. O simplemente, no explicar, sólo sentir. Percibir el universo inmensamente pequeño trozarse y hundirse en el pecho, haciéndolo sangrar de la emoción de la simple contemplación. ¿Para qué? Para sabernos vivos, constantes, eternos en nuestro pasado común.
Mi alma se constriñe, se retuerce de una emoción inexplicable cuando presencia escenas que intentan reedificar lo que fue, y lo que ya no será, aunque esas escenas se armen en mi mente. Y me asombro con emoción de saber que no estoy sola en el mundo, que el vacío de la tecnología que puedo a veces sentir, la misma tecnología con sus maravillosos avances, dice que me aproveche de ella. Gracias a eso, mi mente puede evocar con mayor claridad aquello que fue y que me produce un gozo cuando siento que he descubierto algo nuevo, semejante tal vez al gozo de un niño que descubre por primera un caracol en el jardín. El mundo nos sorprende, y no sólo el hoy del mundo, sino sobre todo el ayer.
¿Cómo pudimos ser lo que fuimos y llegar a ser lo que somos?
¿Cómo llegar a entender a aquellos que estuvieron allí?
Goce de los sentidos ante lo extraño. El alma comprende antes que la mente.

Noviembre 2005.

¿Cuál es la utilidad de estudiar Historia?

Por Montserrat Arre Marfull

A veces me pregunto cuantas son las cosas que tienen un real sentido, o más bien un sentido inmediato y tangible en este mundo, y me doy cuenta de que la utilidad de la mayoría de las cosas que emprende el ser humano es "inútil", pues no cumplen la función de "existencia para la sobrevivencia".

Conocer la naturaleza y cómo funciona es útil en la medida en que podemos sacar provecho para producir alimentos y construir nuestros hogares. Pero todo lo que se deriva de esta búsqueda de conocimiento lleva a descubrimientos e inventos del todo inútiles, pues prescindir de ellos, a fin de cuentas, no afectará nuestra sobrevivencia.
Así también, los productos humanos de la cultura son, en gran medida, inútiles, como, por ejemplo, el arte: la escritura poética, la pintura, la escultura, a danza, etc. Tal vez inicialmente cumplieron un rol social fundamental, pues eran las herramientas de comunicación para fines prácticos, como saber a la familia o clan al que cada uno pertenece, o comunicar donde había alimento, o quienes eran enemigos y quienes amigos, o incluso para adorar y llamar a los dioses o fuerzas de la naturaleza, pues sólo así ellos enviarían un tiempo propicio para la cosecha, la recolección o la caza.
Pero con el desarrollo de las arte, la tecnología y la cultura en general en manos de una población mundial creciente y diversa, ciertas cosas comenzaron a ser infalibles, pero para ojos de algunos, bastante innecesarias y hasta inútiles.
La historia se sitúa tal vez en uno de esos campos, como la filosofía y la literatura, que no generan una respuesta inmediata, pero sin lugar a dudas son necesarias a la hora de desarrollarnos como personas íntegras.
Actualmente, el conocimiento popular se limita, en muchos lugares, a un conocimiento vacío de conceptos, local, superficial y frívolo. La juventud actual favorece llenar su tiempo libre con contenidos sin sentido: la farándula, programas de tv que no entregan nada más que entretención burbujeante; ostentan mucho, pero resultan ser nada.
Es obvio que en otras épocas existió este tipo de entretención vacío, seguramente con otros parámetros y mucho menos extendidos. Pero la humanidad y las culturas han pasado por momentos de ardua "culturización" popular, y otros donde sólo unos pocos se han educado en materias como literatura, lingüística, matemáticas y otras cosas.
Y, a pesar de que aveces pienso que, en verdad, estudiar todas estas materias (filosofía, humanidades, arte) no conllevan a nada práctico, me doy cuenta de que el ser humano no es tan solo un sobreviviente: hay que profundizar el conocimiento de nosotros mismos y nuestro entorno, y tratar de comprender y comprendernos, y a la vez expresar nuestro ser interior; no somos animales que consumimos y producimos, los seres humanos no somos bienes desechables de consumo, tenemos la potencialidad de permanecer por nuestras obras, y gracias a ello maravillarnos de nosotros mismos y dejar una enseñanza o simplemente un vestigio para el futuro.
Enseñar cultura es esencial para desarrollar una sociedad sana que logra avanzar en conocimiento y que pueda dejar una huella grata y profunda para las generaciones que vienen. Así, la Historia cumple una función primordial. Conocer la historia de una civilización o de una simple tribu supone introducirse en un mundo nuevo; intentar entender los métodos y razones de sus actos nos entrega a un trabajo mental que nos sumerge en la mejor de las fantasías: sabemos que aquello "fue" real, pero ya no lo es, en tanto que no somos esas personas, pero al fin y al cabo no es puro invento: aquello existió y nosotros, por medio de nuestra mente y nuestra pluma y nuestra lengua lo recreamos para dar testimonio de que no somos únicos y que el presente es una pura ilusión y un resultado de miles de acciones pasadas; lo más tangible que tenemos es algo casi imaginario, nuestra historia que de vez en cuando nos hace cambiar nuestra perspectiva del futuro.
Llenar la mente de conocimiento y expresar lo que somos supone la utilidad más grande del ser humano. El dr. Leopoldo Sáez Godoy, director y editor de la revista Literatura y Lingüística de la Universidad Católica Blas Cañas, el año 1994, escribió: "En nuestra sociedad libremercadista y neoliberal, incluso en la educación superior, se ha ido imponiendo la estrecha concepción de que sólo es valioso aquello que produce ingresos económicos a corto plazo y contribuye al autofinanciamiento. De ser esto cierto habría que descuidar el estudio de nuestras tradiciones, la historia de nuestros pueblos primitivos, nuestra lengua y nuestra literatura, la investigación básica, el pensamiento filosófico, la reflexión sobre el universo y cerrar museos, coros, orquestas, academias de arte, bibliotecas."

Febrero 2004