“Los esclavos que se rebelan frente a sus amos: el caso del asesinato del Maestre de Campo Alonso de Lecaros Ovalle en manos de su esclavo negro Antonio, Santiago de Chile 1767”
Por M.N.A.M
En la madrugada del 23 de septiembre de 1767 en Santiago de Chile, en la casa del anciano y renombrado miembro del Cabildo, el Maestre de Campo Alonso de Lecaros, ocurría un hecho dramático. Su esclavo favorito, Antonio, en un confuso incidente, le daría muerte. El caso causó estupor entre los vecinos de Santiago, y los peritajes iniciaron inmediatamente, condenando en pocos días al esclavo a la pena capital, y a los otros sirvientes a ejemplares castigos.
Un esclavo agrediendo a su amo en su propia casa, y en el lugar más íntimo y vulnerable, su cama. Una afrenta profunda al orden social, donde, pese a cualquier cosa, el amo es quien debe ser protegido de ofensas y agravios, y los esclavos mantenerse en su espacio de ocultamiento de la voz pública, por el acuerdo intrínseco y tradicional donde el amo presta resguardo, protección y comida a su esclavo o sirviente, y este le debe lealtad a toda prueba, siendo sumiso y silencioso.
La investigación realizada en el caso del negro Antonio deviene rápidamente en la confesión del reo. No obstante, entre que se abre la causa y se declara al culpable, el caso trascurre de manera escueta. Hay muchos intervalos que se han perdido en el tiempo y que nunca van a poder ser reconstruidos. Todo lo que los sirvientes se dijeron esa noche, cada una de las palabras y discusiones, lágrimas y nerviosismos que embargaron a los habitantes de “las casas” (como se dice en el documento) del señor Lecaros, no se dejan ver a través de los testimonios registrados por los escribanos. Hay tanto que no se dice, pero a pesar de lo faltante, se construye un relato de veracidad. Porque los letrados ven, oyen en la calle, la gente que dice, que mira, que susurra. Los peritos son a la vez del círculo de influencia del amo asesinado, uno de los abogados de la Real Audiencia es a la vez su propio hijo. El juicio fue rápido para el acusado que resultó confeso del homicidio, junto con los otros sirvientes de la casa a quienes se les consideró cómplices por omisión de información, lo que da cuenta de un sistema judicial que funcionaba efectivamente, o a lo menos rápidamente, cuando vemos que se está frente a un caso grave de ruptura de las jerarquías y el orden social normal.
Antonio era un esclavo comprado por su amo alrededor de la edad de 12 años. Había nacido en África, según los documentos era un “negro de Guinea”. Al momento del crimen, tenía 25 años de edad, y según la opinión de todos, era dado a excederse en la bebida. Su amo le consentía en esto, mientras no lo hiciese fuera de la casa. El amo tenía “pasión” por su esclavo, según las declaraciones, el cual dormía junto a su cama en su habitación, a “puertas cerradas”. En realidad, si se considera esto, el orden había sido destruido mucho antes del asesinato, cuando el negro era tenido por el querido de su amo, y hasta estaba autorizado para castigar a los nietos de Lecaros con un látigo, según se describe en el caso.
El negro Antonio era uno de los tres esclavos domésticos que tenía el viejo señor. Según parece, éste último vivía sólo con estos subordinados, sin ningún familiar. Un “español” pobre, esposo de una de sus esclavas (la mulata Tadea), era la única persona de la casa de una calidad (a lo menos en el papel) similar. Una negra, un negro, una mulata, un español pobre y el amo, quienes habitaban en “las casas” del maestre de campo.
El español pobre era un mercachifle, al parecer de géneros. Tenía sus clientes, e hizo algunos negocios con los Lecaros. Puede que haya sido un hombre que poseía movilidad en la ciudad, dado su oficio, y tenía contactos en el mundo de la élite.
La esclava mulata, esposa del mercachifle, no se describe detalladamente, pero en algún momento se hace una diferencia entre ella, y la negra Juana. Ya que se da a entender que entre la esclava Juana y Antonio pudo existir cierta complicidad “por ser los dos negros”. En este sentido, se puede ver como el ser “negro” podía generar cierta idea de una solidaridad o entendimiento entre personas similares. Algo en común se adjudicaba a la negritud que era, en este sentido, diferente de la piel más clara.
La esclava negra, la más vieja, se encargaba de la cocina, y era allí donde tenía sus encuentros con Antonio, para darle escarmientos por su forma de actuar y sus borracheras, y donde al parecer éste le confesaba su rabia contra el amo (y tal vez la conducta del amo hacia él). La mulata, aparentemente, no se entrometía en esos problemas. Tal vez porque era una esclava más nueva, más joven o con menos atribuciones. Con mayor “independencia”, quizás, por tener a un marido al que atender.
A pesar de los enérgicos argumentos del Defensor o Protector de Pobres o Menores (funcionario que defendía a los menores de edad y las personas de escasos recursos ante la justicia), sobre sus defendidos, las dos esclavas y el español pobre, para lograr salvarlos de las penas que los inculpaban junto con Antonio, como encubridores del crimen, la palabra de otro letrado cargaría la balanza fuertemente contra estos inculpados. Aquel otro letrado era el mismísimo hijo de Lecaros. Su influencia y tácticas de convencimiento no podían ser sopesadas con las del Protector.
Antonio, el esclavo que con alevosía y premeditación, según da a entender el caso, asesinó al amo en su propia cama, aquel amo que tanto le quería y consentía, pagó con un castigo ejemplar. No se sabe bien si finalmente se habrá realizado todo lo estipulado por el juez para la consecución de la pena. No obstante, si creemos lo que nos dice el juicio, Antonio tendría que haber recibido 200 azotes en la Plaza de Armas de la Ciudad, luego ser ahorcado hasta morir, y al atardecer, su cabeza y manos habrían sido cortadas y expuestas para escarmiento público. Sin embargo, siempre quedará la incógnita ¿qué fue exactamente lo que pasó aquella noche en la casa del Maestre de Campo y cuáles habrán sido las motivaciones del asesinato?
Bibliografía
“Criminal contra el negro Antonio por el homicidio que ejecutó en su amo que fue el Maestre de Campo Don Alonso de Lecaros. 1767-68” , en Arancibia F., Claudia, J. Tomás Cornejo C. y Carolina González U., Pena de Muerte en Chile Colonial, Ril Editores, Santiago, 2003, pp. 131-212.
Carolina González U., “Subordinaciones y resistencias de la servidumbre esclava: el caso del Negro Antonio (Santiago, 1767-68)”, Cuadernos de Historia, nº 25, Universidad de Chile, 2006, pp.119-143.
