viernes, 31 de diciembre de 2010

Voy a recordar, voy a proponer

Voy a recordar, voy a proponer

Por Lafayette
30 de diciembre 2010

Quedan pocas horas para despedir el 2010. Año muy particular, para el mundo y para Chile. Hemos vivido intensos acontecimientos que nos han marcado este período, y nos olvidamos de los anteriores como oscurecidos por el manto del olvido. Tal vez los sucesos acaecidos fueron y son tan mediáticamente potentes que es imposible pasarlos por alto.
Voy a recordar. Un ejercicio que de cuando en cuando, en especial en estas fechas, es positivo, de manera de evaluar y hacer memoria de los sentimientos y pensamientos que creímos dejados aparte, pero que aún permanecen. Este es un ejercicio tan personal como las opiniones, los gustos, y los odios, y como personales son, así mismo se manifiestan universales…. Hay muchos que pueden compartirlos conmigo.

El año se inició en una batalla campal mediática y política. Se esperaba con ansias la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Era la última carta que se jugaba la Concertación, alianza política que gobernó durante 20 años en Chile. Y perdió. La diferencia porcentual en relación a su contrincante, no fue tan amplia, sin embargo los votos dieron el triunfo a Sebastián Piñera, actual presidente de Chile, y que lo será por tres años más. Las opiniones vertidas al respecto, en ese momento, y durante todo el año, han sido uno de los puntos de discusión más recurrentes en las diversas conversaciones, tanto a nivel de los medios, como a nivel académico y coloquial. Personalmente la noticia, fatídica y desilusionante, me caló muy hondo. Fue, sin duda, el primer terremoto. Para quienes apoyaban y apoyan el gobierno actual, fue una efusión de satisfacción, alegría, tal vez hasta “esperanza”. Hace 20 años que los nombres que ahora circulan dentro del gobierno, habían sido, mucho de ellos, relegados fuera del ámbito del ejecutivo, o incluso de la política, lugar que habían ocupado por los 17 años anteriores, durante la dictadura de Pinochet. Otros, más jóvenes, se formaron a partir de los impulsos neoliberales de los ’80, y crecieron con el modelo que hoy por hoy están aplicando. Se vaticinaba un gran cambio. Junto a Piñera, llegarían a la luz pública personajes complejos, confusos, oscuros a veces y desconocidos, con discursos distintos, con otras ideas, situación que ha sido uno de los elementos de adaptación que Chile ha tenido que vivir. Junto con ello, hay cierto ambiente de radicalización: aparecen personajes con dichos dignos de un régimen dictatorial o fascista que desconcierta, y son sujetos que pertenecen al ámbito público. Y por otro lado, se anuncian reformas y leyes, que llevan a la encarnizada participación ciudadana, pues en muchos casos hemos visto vulnerados nuestros derechos y los principios de la igualdad. La “nueva forma de gobernar” se ha visto en sus ribetes más mediocres. Es seguro que hay avances, pero sin duda, muchos de ellos son una segura herencia del gobierno anterior, así como muchos desaciertos que evidentemente tienen su origen en los períodos concertacionistas; sólo es que lo malo se achaca a Bachelet u otro, y lo bueno se toma como iniciativa propia. La herencia es por ambas vertientes de las posibilidades, y es evidente, han pasado sólo 9 meses y poco más que Piñera está presidiendo el gobierno, las influencias de los 20 años anteriores, y yo diría de los 37 años anteriores, se sienten con mucha fuerza aún. Es el peso de la HISTORIA, que no debemos olvidar. Pues, para mí, este fue el primer terremoto. Cuando uno tiene conciencia de donde vive, y de que los cambios en la política, la macroeconomía y los sucesos mundiales son relevantes en la existencia cotidiana, esas cosas tienen un peso real y poderoso. Creo, en este sentido, en el compromiso de corazón, en estar conciente de lo que eres y de las condiciones que te sustentan.
El 27 de febrero, ya algo repuestos del terremoto electoral, vino el acontecimiento que todos ya conocen. Unos más, otros menos afectados. Unos sufriendo la pérdida total de sus vidas, sus casas y familiares arrastrados por las aguas, destrucción de sus tierras, maquinarias, implementos de trabajo, y un largo etcétera. Mi experiencia personal fue mínima en daño, y gracias a la vida, que no tuve pérdidas familiares ni materiales que lamentar. Todos sabemos que el efecto terremoto, las repercusiones inmediatas, la acción de los medios de comunicación, el cambio de mando que fue justo en el momento crítico, las culpas de unos y de otros, las peleas por quien hace o no la mediagua más mala, quien llegó con la ayuda primero, los saqueos del fin de semana que ocurrió la tragedia, y una larga lista que no se enumerará, pero que fue silenciándose poco a poco ya luego de uno o dos meses. Los afectados por el terremoto aún no pueden volver a sus departamentos en Santiago. Las empresas han respondido parcialmente o no han respondido en absoluto. Eso es un crimen, tan vergonzoso o más que los saqueos del 28 de febrero. Aún falta reponer cientos de viviendas, y hay zonas que están aún sin agua y sin condiciones dignas.
En otro ámbito, y más desconocido, menos mediático, pero atingente a mis preocupaciones personales, la educación, pues el gobierno está yendo por un camino en muchos sentidos equivocado. El problema en este, y en otros temas como el recién planteado de las sanitarias, el de privatizar o no privatizar, tiene un gran matiz ideológico, ciertamente. Pero también un matiz estratégico y económico a fin de cuentas. Lo de las sanitarias es lamentable, pues es irregular y vergonzoso que el agua no sea de todos (como la tierra, si debería ser un derecho por sólo nacer). No obstante, el asunto de la educación encierra un problema mayor, que se arrastra de las reformas que se hicieron en los ’80, y que se intentaron arreglar o mejorar en los 20 años de concertación. Personalmente creo y afirmo, que la educación es un problema de las aulas: de los profesores, de los programas, si, por supuesto. Pero sin duda es un problema de UN SISTEMA mucho más complejo. Por más que haya profesores medianamente o bien capacitados, los alumnos y las familias de éstos alumnos cumplen un rol fundamental en la educación. El problema se arrastra, pues los padres de los niños actuales se formaron en una educación decadente y en un momento de liberalización económica, lo que trajo, además de McDonnald’s, los computadores, Internet, MTV, drogas y Wallmart, por nombrar algunas cosas, una forma de vivir, pensar, sentir distinta: una manera hedonista de enfrentar la vida, individualista, del placer inmediato, de la búsqueda de la entretención sin medida, del valor económico, tecnológico y de la moda sobre todo lo demás. La educación se mejora desde varias trincheras, pero sin duda la disminución de horas de ciertas materias en pos de otras, formará un ejército de cerebros dominados, irreflexivos, autómatas y competitivos. La reforma debe apelar a concentrar la intervención de los PEDAGOGOS en los problemas reales de las diferentes escuelas y liceos, apelar a una formación integral, a guiar en la vida, no ha hacer solamente expertos en la PSU, porque al poco andar, a los 17 o 18 años, todos los jóvenes odiarán la PSU o bien la tomarán como un trámite más, sin la importancia que debería tener, que no es tanta tampoco como para morir, pero que si forma un precedente para quienes iniciarán el siguiente paso del recorrido, la educación superior y el mundo laboral. Creo, así como gran parte de la gente que sabe del tema, que la reforma educacional planteada debe tener varios cambios sustanciales. Y por otro lado, es nuestra sociedad la que debe tener esos cambios sustanciales, y mientras las cosas funcionen como funcionan, y los medios con sus idiotizantes propagandas y alucinantes programas y personajes, poco y nada permiten que se realice ese cambio. Por eso afirmo que el cambio es desde abajo, como se dice, desde cada uno de los seres que aún nos consideramos pensantes, que estimamos que no nos pueden robar lo que nos pertenece, nuestra inteligencia y nuestra alma.
Los otros acontecimientos, como los desaciertos del señor presidente, y de otros sujetos públicos que da vergüenza mencionar, el evento minero, trágico en verdad pero que se transformó en un chiste mediático, el incendio en la cárcel de San Miguel, que abre un debate ético y nos da cuenta de la sociedad en que estamos, que no es tan “adelantada” ni moderna como nos quieren hacer creer, el problema mapuche que no se inició con la terrible huelga de hambre y no ha terminado con ella, son los otros remezones que nos han hecho reflexionar a algunos sobre el país que ciertos personajes están haciendo y que otros pretenden hacer, reflexionar sobre el lugar de cada uno de nosotros en un pedacito de esta tierra, lo que afectamos al funcionamiento de la gran red y como esa gran red nos afecta.
El 2010 será inolvidable por el Bicentenario. Ese fue una conmemoración de América Latina. Nos creímos únicos, pero nuestros hermanos estaban en la misma. No se si en España lo habrán recordado como la fecha en que comenzaron a perder su imperio, me imagino que para ellos es mejor no recordar esos trágicos e inconvenientes acontecimientos. Pues bien, ¿qué significó el bicentenario? Pues, aparte de los historiadores o aficionados a la historia, estoy segura que para la gran mayoría de las personas fue una instancia para pasarlo bien, así como todos los años, pero con más pompa, con más efectos especiales, banderas gigantes, luces y chispas. Y bien por ellos, si eso fue lindo, y pasaron un buen rato. Pero es preciso recordar el origen, el inicio, pues, la HISTORIA, tras todo aquello. Sino, la fiesta no tiene sentido si no conocemos al festejado.
Pues, qué me queda de todo esto. 2010 de contrastes. Año de alzas y bajas. De encuestas que van y vienen. De un presidente ultrapresente, por los odios que mueve, por sus frases para el bronce. De un Chile conmocionado, de una América algo unida, algo separada, luchando siempre contra el coloso o haciendo acuerdos con él. Un 2010 de bonanza para nuestro país, pero de crisis mundial que no remonta en Europa. De terribles acontecimientos climáticos y tectónicos, que nos parece vaticinan un inminente fin o una renovación. El año del Mundial de fútbol, de chilito feliz, a pesar de quedar fuera después de algunos partidos; el año de Bielsa, maestro; es que se fue Bachelet y quedó él, para muchos de los nostálgicos.
Pues ya aprendimos mucho, conocemos un poco más el mundo, sabemos las cosas que pasan cuando se nos mueve el piso, cuando el mar se levanta; sabemos que los trabajadores mineros viven al filo de la muerte todo el tiempo, y que los presos están en condiciones inhumanas. Que las leyes laborales están en la mira, pero vaya uno a saber si en algo mejorarán. Que los funcionarios públicos aún luchan por no seguir siendo despedidos y por que se les de un sueldo más digno. Hay tanto por hacer aún. Hay tanto por lo cual luchar, alegar, criticar, pero también construir, renovar, aportar, mejorar.
Lo importante es seguir. No bajar la voz, no dejar de escuchar, aprender, y hablar. Pero también hacer. Caminar, dar la mano y reunir fuerzas junto a otros que deben seguir adelante en una sola mirada, en un solo horizonte.

Pues para mi 2011 es eso, año de definiciones, año de renovación, año de seguridad, de decir lo que pienso con más fuerza. Año de comprender más, y de proponer más. Año de ayudar, acompañar y mejorar!





domingo, 10 de octubre de 2010

The Gap (la distancia) y the challenges (los desafíos)

The Gap (la distancia) y the challenges (los desafíos)
Por Nicolás Fernández Bravo, Argentina
10 de octubre 2010
El tren de la línea Mitre es insólito. Viniendo desde Retiro, su recorrido experimenta una bifurcación al llegar a su intersección con la avenida Monroe, en el barrio de Coghlan. A partir de allí, un ramal se dirige hacia la localidad de José León Suárez, en el conurbano bonaerense. El recorrido termina literalmente en medio de uno de los barrios más marginalizados del país. Conocí bastante bien ese barrio, la villa de Carcova y su tristemente célebre vertedero de residuos mientras trabajaba con la población que se dedica a la recolección informal de residuos. Muchos recordarán al Tren Blanco, el “tren de los cartoneros”. Bueno, ese mismo tren. Esos mismos cartoneros. El otro ramal de la línea Mitre es el que se dirige hacia la localidad de Olivos, terminando exactamente frente a la Quinta Presidencial. Es un ramal en el que estadísticamente viajan muchos menos cartoneros y muchos más abogados e ingenieros. Fue conversando con Cristina Sampaio que “descubrimos” lo racializado que estaba cada uno de los ramales. Quiero decir: no es que no lo hubiese notado antes, pero fue con ella que logramos una conversación en profundidad sobre el tren, las miradas y los lugares. Es más, dejamos pasar algunos trenes para ver quién subía a uno y quién (y cómo) lo hacía al otro. Los resultados nos dejaron perplejos.
Tengo el raro privilegio de residir exactamente entre las dos estaciones que le siguen a la bifurcación. Esto me permite tomar indistintamente uno u otro servicio. Nunca llegué al extremo de analizar mi propia subjetividad al momento de elegir, pero tengo a favor de mi propia corrección política el hecho de que el servicio de José León Suárez cuenta con más frecuencias que el de Coghlan. De modo tal que tomo seguido el de Suárez. ¡Pero también tomo el de Coghlan! Especialmente en la mañana, cuando viene comparativamente más vacío. Debo reconocer que disfruto muchísimo comprando mi boleto en una de las estaciones mejor preservadas del sistema ferroviario urbano, una bellísima construcción de estilo inglés con puentes de hierro hechos en Glasgow y relojes de colección, que la Asociación de vecinos de la Estación – de la que soy miembro – ha ayudado a preservar. Por lo general puedo viajar sentado, leer, y disfrutar del sol tibio que de mañana entra por las ventanas del lado izquierdo. Mi propia experiencia de viajero urbano, más cercana a la de un ciudadano común que a la de un etnógrafo pretensioso, me ha transformado en un cultor del tren y en un observador de las relaciones sociales que allí se establecen.
Entre los distintos habitué de la línea, hay un señor cuyos ancestros seguramente hayan sido africanos. El tipo es muy negro, digamos. Suele pedir limosna de la mano de un niño de unos ocho o diez años. El niño también es ostensiblemente negro. De tantas veces que nos hemos visto, suelo saludarlo y él me saluda. Ojo, no soy tan obsesivo: también acostumbro saludar a un tipo que se pasea en silla de ruedas, y muchas veces he hecho lo propio con el hippie de la armónica que se las tira de canchero. Y con la violinista que –según mi entender– está un poco alienada. Ni el hippie parece particularmente marginal, ni la chica toca tan bien el violín. Son algo así como vecinos y siempre me pregunto si ellos improvisarán mapas sociales del mismo modo en que lo hago yo. El punto es que el negro es muy conversador, y varias veces me sentí tentado de participarlo de alguna de las actividades que se realizan entre las redes de la población de origen africano en Buenos Aires. Me obstaculiza la incomodidad del señalamiento, esa forma de identificación violenta que supone cargar con un corpus de pensamientos, lecturas y experiencias sobre un pobre tipo que probablemente le importe bastante poco lo que yo pueda pensar de él. Así las cosas, el tiempo transcurre y los trenes pasan. Los encuentros también. Nos seguimos cruzando con frecuencia y nos saludamos, obliterando la circunstancia de su pedido de limosna y mi poca simpatía a las prácticas caritativas. De hecho, hace tiempo que no me pide nada – pero nos seguimos saludando con idéntico respeto.
Fue en el servicio del miércoles en la tarde cuando me volví a cruzar con el negro y recordé que tenía las tarjetas que Fede Pita me había dado para promocionar la Black Family Reunion ®, un encuentro que aspira a reunir a los afrodescendientes dispersos que hoy residen en Buenos Aires y sus alrededores. Para “empezar a reconocernos entre nosotros”, como dice Pita, líder de la Asociación Civil DIAFAR. Inmediatamente pensé ¡esta es mi oportunidad para intercambiar dones! Le entregué una de las tarjetas y le dije: “fijate, esto tal vez te interese”. La miró, agradeció, la guardó y siguió con su trabajo. Claro, después me quedé pensando: ¿qué iría a interpretar este tipo al llegar a su casa? Lo más probable es que olvide inmediatamente el hecho y pierda contacto con la referencia de una de las miles de interacciones que seguramente tenga a diario con los miles de pasajeros que se desplazan por la ciudad. También es probable que pierda la tarjeta o que esta termine cumpliendo una función absurda emparejando la pata de una mesa despareja, o como aporte ridículo a la industria del reciclaje de cartón. Pero supongamos que no, que le preste atención y le genere intriga: ¿qué leería en la invitación esta persona que –eventualmente– podría llegar a identificarse como afrodescendiente en el próximo censo nacional de población?
Esto no lo podemos saber. Pero sí podemos ensayar algunas conjeturas.
La primera y más evidente, es la necesidad de pensar una y mil veces las formas en las que se imagina a la población afrodescendiente en un país como Argentina. Por lo general, existe una distancia enorme, un abismo (un “gap”, en inglés), entre las políticas que se suponen para la población afrodescendiente y la población objetivo en sí. Déjenme aclarar mi jerga. Todos los actores del campo afro tienen una política, en el sentido etimológico de la palabra. No solo el Estado, sino también los artistas, las agencias “bienintencionadas”, las asociaciones, los activistas (tanto los corporales como los virtuales), los investigadores. Por su parte, muchos de los que cuestionan –con razón– la “objetivación” de los sujetos de derecho, ¡suelen tener una “población objetivo” en mente! Tal vez los únicos que no tengan una “población objetivo” (ni les interese) sean los afrodescendientes dispersos en todo el país, desconectados de debates que parecen atraer a un público cada vez más previsible. La población afrodescendiente, al margen de la apelación discursiva y estratégica a la existencia de una “comunidad”, se encuentra fundamentalmente dispersa y fragmentada. Esta dispersión no supone necesariamente un conflicto en el sentido que le asignó recientemente un funcionario de una agencia involucrada en promocionar su “visibilidad”. Como sabemos, es el resultado de un proceso histórico de mezclas y omisiones que ha fagocitado radicalmente la memoria histórica y su relevancia en el presente. Y se ha sentado elegantemente sobre las diferentes formas de denuncia del prejuicio racial y de clase.
La segunda conjetura se desprende de la primera: ¿quién imagina a la población afrodescendiente y para qué? Dejemos de lado al Estado. Más allá del hecho de que muchos afrodescendientes tengan contacto con otros afrodescendientes, lo cierto es que la presencia recurrente de algunas pocas personas en las actividades de mayor o menor envergadura, denota un déficit al momento de generar entusiasmo entre una población que no se siente muy atraída por la oferta de reivindicaciones. Este problema es complejo y no es nuevo. En este sentido, la investigación de Lea Geler sobre finales del siglo XIX genera paralelismos escalofriantes. Pero ante todo, no constituye una particularidad de la población afrodescendiente: nada es más desafiante en una democracia, que generar participación. En las actuales circunstancias, no puedo sino solidarizarme en la reflexión. Considero que el diálogo entre los intelectuales y el activismo puede traer aire fresco a un conjunto de reclamos que pueden estar transitando un recorrido circular y corriendo el riesgo de tornarse irrelevantes para la misma “comunidad”.
La tercer conjetura, sobre la cual tengo muchas más preguntas que respuestas, tiene que ver con el lenguaje. ¿Qué lenguaje puede atraer a la población afrodescendiente a la esfera pública? (o aunque sea, al auto-reconocimiento) ¿El lenguaje de valoración de las tradiciones olvidadas por la historia? ¿El de la mitología afro-argentina? ¿El del arte y la música, en sus múltiples y variadas resignificaciones? ¿el de la reivindicación de los derechos? ¿El de un panafricanismo politizado? ¿El del hip-hop? ¿Una combinación? La iniciativa de recuperar el sentido de uno de los lugares más emblemáticos de la memoria reciente (los bailes del Shimmy Club) en la próxima Black Family Reunion ®, con una estética moderna y joven, es ciertamente una novedad. Como miembro del grupo que lo organiza, entiendo que es una apuesta interesante y merece especial atención. He escuchado voces críticas respecto de una convocatoria “en un idioma extranjero”. ¡Como si el lenguaje de la liberación fuera el español! Incluso se observó cruzadamente el hecho de apelar a una estética innovadora y no tradicional. No estoy seguro de cuál es el lenguaje más acertado. Sí creo que intentar algo nuevo puede traer resultados inesperados. Tal vez no para que el mendigo del tren pague $ 20 para asistir a un local en Palermo, pero quizás sí para que el niño encuentre en el bolsillo del pantalón de su abuelo, una razón que le permita transitar el “gap” que actualmente separa las reivindicaciones del entusiasmo.



viernes, 24 de septiembre de 2010

La Explotación de África

La explotación de África
¿Por qué los británicos no han pedido perdón por la esclavización de África?

20/10/2005

Autor: Richard Drayon - Fuente: Znet. Traducido para Rebelión por Felisa Sastre


Gran Bretaña ha sido el más importante país esclavista del mundo moderno. En el documental The Empire Pays Back, emitido en el Channel 4 el lunes pasado, Robert Beckford pidió a los británicos que reflexionaran sobre su pasado. ¿Por qué-preguntaba- los británicos no han pedido perdón por la esclavización de África tal como han hecho con la hambruna de la patata en Irlanda? ¿Por qué no hay un monumento público significativo que represente el arrepentimiento nacional, equivalente al Museo del Holocausto de Berlín? ¿Por qué- lo que es más importante- no se ha reconocido que la enorme riqueza expoliada de África y de los africanos ha sido la que ha hecho posible el poderío y la prosperidad de la moderna Gran Bretaña? ¿No existen razones para que Gran Bretaña pague reparaciones a los descendientes de los esclavos africanos?
Estas son preguntas oportunas en un verano en el que Blair y Bush, con sus manos todavía manchadas de sangre iraquí, han tratado de presentarse como los salvadores de África. La iniciativa del G-8 de condonar la deuda se ha considerado un acto de altruismo occidental. Pero los generosos donantes no se han molestado en explicar que, para beneficiarse de esa condonación, los gobiernos deben aceptar unas "condiciones" entre las que se encuentran el que las empresas privadas puedan asumir ciertos servicios públicos. Así que no se trata de un regalo sino de lo que los banqueros denominarían "un intercambio equitativo de deudas", equidad que en estas circunstancias implica la soberanía nacional. La parte más llevadera del trato era que el dinero debido, ya más que pagado en intereses, tenía que dedicarse a la compra de productos industriales importados de Occidente y Japón, y al petróleo de los países que invierten sus beneficios en Londres y Nueva York. Sólo en términos contables se puede hablar de que el mundo opulento perdone algo. Nadie consideró que la deuda de África resultaba nimia comparada con lo que Occidente debe realmente a África.
Las estimaciones de Beckford valoraron en tres billones de libras la deuda de Gran Bretaña con los africanos del continente y de la diáspora. Aunque se trataba de una estimación indicativa, su cálculo estaba equivocado, y no porque resultara excesivo sino porque la deuda real es incalculable, ya que sin sus plantaciones en África y en el Caribe, el mundo moderno tal como lo conocemos hoy no existiría.
Las ganancias del comercio de esclavos, del azúcar, café, algodón y tabaco son sólo una pequeña parte de la historia. Lo que importa es de qué manera el impulso y auge de estas industrias transformaron la economía de Europa occidental. La banca inglesa, las compañías de seguros, las navieras, las manufacturas de madera y algodón, la fundición del cobre y hierro, y las ciudades de Bristol, Liverpool y Glasgow, se multiplicaron como respuesta a los estímulos directos e indirectos de las plantaciones de esclavos.
La obra maestra de Joseph Inikori, Africans and the Industrial Revolution in England, demuestra de qué forma los consumidores africanos, libres y esclavos, alimentaron la incipiente industria manufacturera británica. Tal como cándidamente exponía en 1745 el experto en economía política, Malachy Postlethway, "El comercio británico es una superestructura del comercio y poderío naval americano que se apoya en África".
En The Great Divergence, Kenneth Pomeranz se preguntaba por qué Europa, en lugar de China, fue la primera en abrir la brecha en la moderna economía industrial. A sus dos respuestas- la abundancia de carbón y las colonias del Nuevo Mundo- debería haber añadido el acceso a África occidental. En cuanto a la América colonial fue más una creación de África que de Europa: con anterioridad a 1800, cruzaron el Atlántico muchos más africanos que europeos. Los esclavos del Nuevo Mundo fueron vitales también para el comercio europeo con Oriente. Para los comerciantes resultaban imprescindibles los metales preciosos para comprar lujos asiáticos, cuyos beneficios volvían a casa en forma de textiles; sólo gracias al intercambio en África de esos tejidos por esclavos para su venta en el Nuevo Mundo pudo Europa obtener más oro y plata para mantener el sistema en marcha. Las compañías de las Indias Orientales fueron en último extremo las que condujeron a la dominación de Asia y a la degradación de China. África no sólo sostuvo el primitivo desarrollo de Europa : su aceite de palma, petróleo, cobre, cromo, platino y, especialmente, oro fueron, y continúan siendo, cruciales en la economía mundial posterior. Únicamente Sudamérica, en los momentos álgidos de explotación de sus minas de plata, superó la contribución de África en el crecimiento del suministro mundial de lingotes.
El nombre de la guinea, como moneda, fue un homenaje al origen africano occidental de la enorme afluencia de oro. Siguiendo este ejemplo, la libra británica debería haber sido bautizada desde 1880 con el nombre de rand, ya que la prosperidad de Gran Bretaña y la estabilidad de su moneda dependían de las minas de Sudáfrica. Yo apostaría por que una gran parte del oro que se encuentra en las bóvedas del FMI, con las que se supone se va a aliviar la deuda de África, había sido robado en aquel continente. Hay muchos a quienes le gusta responsabilizar de la debilidad de los gobiernos y economías de África, de sus hambrunas y epidemias, a sus dirigentes posteriores a 1960. Pero la fragilidad del África contemporánea es una consecuencia directa de dos siglos de esclavitud, seguidos por otro de despotismo colonial. Tampoco la "descolonización" fue como parece: tanto Gran Bretaña como Francia intentaron corromper en su totalidad el proyecto de soberanía política.
Hay que señalar que nadie de quienes en Gran Bretaña hablan de las dictaduras africanas y de la cleptocracia parecen ser conscientes de que Idi Amin llegó al poder en Uganda gracias a actuaciones encubiertas de Gran Bretaña, y de que los generales de Nigeria fueron apoyados y manipulados a partir de 1960 para conservar los intereses petrolíferos británicos. Resulta divertido, asimismo, ver como The Telegraph y The Daily Mail- que sólo hace una generación apoyaban a la Rodesia de Ian Smith y el apartheid en Sudáfrica- están ahora tan preocupados por los derechos humanos en Zimbabwe. La tragedia de Mugabe y de otros muchos es que aprendieron muy bien de los británicos cómo gobernar sin el consentimiento de su pueblo y cómo conseguir que las leyes estén al servicio de los implacables intereses privados. El interés real de Occidente por la democracia en África es bastante más pequeño de lo que parece. Hablamos de la tragedia del Congo sin mencionar que fue un hombre de Estado británico, Alec Douglas-Home, quien se puso de acuerdo con el presidente de Estados Unidos en 1960, para que Patrice Lumumba, su líder electo, "fuera arrojado a un río lleno de cocodrilos".
La esclavitud africana y el colonialismo no son historia antigua o extraña: el mundo que conformaron está presente entre nosotros en Gran Bretaña. No se trata simplemente de términos económicos en lo que se sustenta la moderna experiencia de África basada en el privilegio de los británicos blancos. ¿Si no hubiera sido visible la marca de África en el cuerpo del brasileño Jean Charles de Menezes habría sido abatido a tiros en el metro de Stockwell?
Su cabello rizado, su color moreno pálido, ofrecían unos signos que fueron mal interpretados por la policía como un peligro extranjero. En este sentido, su asesinato fue la repetición de la muerte a hachazos de Antonio Walker en Liverpool y de las más de 100 muertes, desde 1969, de gente negra en circunstancias misteriosas mientras estaban en manos de la policía, en prisión o en custodia hospitalaria.
Esta vida de riesgo, como parte de la experiencia negra, es la continuación de la esclavitud. El reverso de la medalla es lo que Web Du Bois llama "el salario de la blancura", el mundo de la seguridad, de la honradez, que se da por sentado en quienes tienen la piel blanca. La psicología del racismo funciona incluso entre quienes creen en la igualdad humana, que ocasiona resultados desiguales en educación, empleo, y justicia. A ellos, los clubes formados por blancos, como el G-8, les hacen sentir cómodos.
A principios de este año, Gordon Brown, declaró a periodistas de Mozambique que Gran Bretaña debería dejar de disculparse por el colonialismo. La verdad es que el Reino Unido jamás se ha enfrentado al lado oscuro de su historia imperial, así que mucho menos ha empezado a pedir perdón.


El Dr. Richard Drayton es profesor en la Universidad de Cambridge de Historia Imperial y no Europea desde 1550. En 2006, publicará su libro "The Caribean and the Making of the Modern World".

jueves, 15 de julio de 2010

Reforma Universitaria

Reforma universitaria saca chispas: Lo que se llama matar la gallina de los huevos de oro
4 de julio, 2010 Fuente: elsiglo.cl 
“Rechazamos, en un modo respetuoso, pero de la manera más categórica que, con el argumento de modernizar el sistema universitario nacional, en los hechos, se termine por profundizar la privatización y mercantilización del sistema universitario”. Estas fueron las palabras del Rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez, en la ceremonia de reasunción en su cargo, luego de ganar por segunda vez las elecciones. El destinatario de las críticas, era el Presidente Sebastián Piñera, que se encontraba presente en la ceremonia, ya que el rector Pérez lo condecoraría como Patrono de la Casa de Bello, tal como lo dispone la ley orgánica de la universidad. La ceremonia estuvo encendida e incluso tuvo que actuar carabineros para reprimir, contener y detener a decenas de estudiantes que llegaron hasta la Casa Central para protestar en contra del actual gobierno. Luego de que la situación se calmara, Piñera tuvo tiempo para responder a la crítica del rector Pérez y por todos quienes hasta la fecha han señalado lo que es evidente: la derecha está aprovechando su estancia en el poder Ejecutivo para terminar con todas las tareas que le quedan pendientes en el item privatizaciones. Y, desde la perspectiva neoliberal, la educación pública es un muy buen nicho al cual seguir exprimiendo dinero. Piñera en su alocución formuló otra cosa. “Nada más lejos de la voluntad de este gobierno que reducir el presupuesto de las universidades públicas, todo lo contrario”, dijo el primer mandatario, palabras que seguramente le serán recordadas al momento de que se conozca por completo el proyecto. Anunciando por la prensa El nuevo capítulo de la defensa de la educación pública se inició el pasado 20 de junio cuando el encargado para la educación superior del MINEDUC, Juan José Ugarte, concedió una entrevista a un matutino, en la cual explicó los ejes de la agenda del gobierno, la cual contiene, entre otros puntos, una reforma a la institucionalidad de la educación superior (ES), la creación de un sistema único de créditos y becas, el cambio del financiamiento a las universidades reforzando los fondos concursables y los convenios de desempeño, una revisión a Becas Chile y una mayor información en torno a la acreditación de las carreras. El punto referido a la nueva institucionalidad de la ES es el que saca más ronchas, pues en la práctica, lo que el Ejecutivo pretende es agrupar por un lado a las 177 instituciones que entregan educación terciaria (CFT’s, Institutos, Escuelas Superiores, entre otros); y en otro grupo y en igualdad de condiciones, a las 60 universidades del país, 25 tradicionales y 35 privadas. Ugarte justifica esta reforma y el nuevo sistema de financiamiento a la ES, amparándose en los requerimientos de la OCDE en materia educativa, una especie de norma tipo para todos los países que deseen y se sientan orgullosos de pertenecer al denominado “club de los países ricos”. Además, recalca que el actual sistema está pensado para una institucionalidad decimonónica , por lo cual ya es prudente avanzar hacia algo más acorde con los tiempos del neoliberalismo. En respuesta a este reportaje y a los posteriores anuncios hechos por el propio titular de la cartera, Joaquín Lavín y por su jefe directo, el Presidente, surgieron todas las voces que apuestan por una defensa cerrada de la educación pública y por otro tipo de trato por parte del Ejecutivo. De partida, arreciaron las críticas por haber anunciado por la prensa esta reforma y no mediante canales más tradicionales. En segundo orden, la comisión de educación de la Cámara Baja acordó el pasado jueves 24, citar a Lavín para que informe sobre el proyecto para no seguir especulando por la prensa. También acordaron invitar al rector Pérez y a su par de la USACH, Juan Manuel Zolezzi y manifestaron interés en que también estén presentes representantes del CONFECH. Lo que se intenta dilucidar no es un tema menor, ya que está en juego la continuidad de las actuales universidades públicas, en especial las de provincia que cuentan con un mayor porcentaje de aporte estatal en sus presupuestos. La eventual reforma al sistema universitario tendría implicaciones directas con el aporte económico que entrega el Estado a las casas de estudio del Consejo de Rectores (Aporte Fiscal Directo, Aporte Fiscal Indirecto y fondos concursables). Más aún, según lo que se desprende de las declaraciones de Ugarte y de Lavín, las medidas también apuntan a que se pueda terminar con estas fuentes de financiamiento directo e indirecto, dejando solamente a los fondos concursables para obtener recursos, por los que tendrían que competir todas las universidades, sin importar el carácter de su propiedad y en donde hasta el momento las entidades privadas contaban con algunos cortapisas para participar. Es preciso recordar que, desde el propio ministro de la cartera, existen muchos personeros del actual gobierno que tienen algún tipo de participación directa en casas de estudio privadas, incluso formando parte del directorio o asumiendo labores académicas. Entonces vuelve a la palestra el tema de los conflictos de intereses entre el sector público y el privado y en cómo se resuelven estas materias. Nadie puede quedar indiferente cuando los encargados de dirigir al país intentan implementar un sistema que amplía la asignación de recursos estatales a instituciones privadas que tienen como principal eje de gestión la obtención de dividendos y saldos positivos, por sobre la formación profesional, la investigación académica, el desarrollo científico y el bienestar estudiantil. Y si a esto le agregamos que en esas instituciones privadas, con un claro perfil económico y con fines de lucro, existen personeros del mismo gobierno participando activamente o con sus cargos congelados, la situación comienza a volverse turbia. Golpe final a la U de Chile. Hay quienes han querido ver en esta arremetida del Ejecutivo un último zarpazo a la Universidad de Chile, como estocada final para culminar con el proceso iniciado durante la dictadura de Pinochet en contra de la educación pública, el cual tuvo como ejes fundamentales la municipalización de la educación primaria y secundaria; el término de la educación superior gratuita; y el nacimiento de nuevas universidades, no tradicionales y en manos de privados, las cuales proliferaron a partir de la década de los 90. Particularmente, la casa de Bello se vio profundamente afectada luego de que los esbirros de la dictadura se dieran a la tarea de desmembrarla, quitándole su potestad en regiones, en donde mantenían numerosas cedes y permitían que miles de chilenos accedieran a la ES de calidad en sus propias ciudades. Es así como surgieron nuevas universidades, cada cual administrada durante dictadura por rectores ad hok, muchos de los cuales continuaron en sus cargos o en alguno menor, hasta bien entrada la democracia. Y es ahora, con esta última propuesta del Ejecutivo como telón de fondo, muchos creen que la derecha se apresta a dar el paso final hacia la privatización completa de la ES, homlogando a todas las universidades bajo un criterio único y permitiendo que tengan igual acceso a los recursos fiscales, que también se pretende recortar. ¿Y que pasará con Becas Chile? Otro punto mencionado por los personeros de gobierno y fuertemente criticado por la oposición ha sido la intención de modificar uno de los proyectos estelares de Michelle Bachelet referidos a la educación pública: las Becas Chile. En su oportunidad, Bachelet anunció que, mediante un fondo único para una década de unos U$ 6000 millones, se podría entregar formación académica de excelencia en casas de estudio en el extranjero a unos 30 mil estudiantes chilenos. En eso básicamente consiste el beneficio de las Becas Chile, que entregan fondos para estudiantes que deseen complementar sus carreras con estudios de postgrado y doctorados. Sin embargo y desde un principio, los nuevos encargados de la educación pública pusieron sus ojos en esa enorme cantidad de fondos y pronto se empezaron a escuchar las voces que hablaban de “abaratar costos” o de “democratizar” esos fondos para que más estudiantes tuvieran acceso. Y han encontrado la manera ideal para hacerlo pues, dentro de este mega proyecto de transformación al sistema de educación superior, se quiere incorporar una reforma a Becas Chile que permita a los estudiantes postular a programas nacionales de excelencia que tengan pasantías internacionales, aumentando con ello el número de becas, ya que los programas de estudio nacionales son más económicos. Además, se estudia la posibilidad de que los fondos no sean entregados bajo el sistema de becas, sino que a través de créditos blandos y de un mecanismo similar al de los créditos Corfo. Pero eso no es todo, pues, si existe algún sector en donde las universidades privadas aventajan claramente a las públicas, es en su conectividad con entidades extranjeras para realizar pasantías y estudios de post grado. ¿Adivina hacia a dónde apunta la reforma a las becas de excelencia? Al parecer, nuevamente se hace patente que “la nueva forma de gobernar” va muy de la mano con los negocios y con la manera de aumentar las arcas de unos pocos que controlan mucho o casi todo. Si durante los 20 años de la Concertación, las universidades privadas obtuvieron tranquilamente utilidades que les permitieron expandirse de manera extraordinaria y si incluso llegaron a concentrar casi la totalidad de los aportes que el mismo sector privado entrega a la formación de sus sucesores, hoy parece que no les basta y van aún por más. Pero como se sabe, cuando se intenta apurar las ganancias y obtener el máximo de dividendos, finalmente se termina matando la gallina de los huevos de oro. Y en esta pasada, ni los estudiantes, ni los rectores, ni los académicos estarán dispuestos a que se continúe con el negociado.

miércoles, 27 de enero de 2010

Seremos oposición

Queridos congéneres míos…. He leído con atención cada uno de los correos que me llegaron (hasta el 25 de enero) como contrapartida a la provocación puesta por mí hace unos días. Aquel artículo (que publiqué en un blog que tengo por ahí), tenía por finalidad establecer mi punto de vista para así comprender el de otros. Las reacciones, diversas, se agradecen. Me halaga que muchos hayan sentido cierta identificación, y agradezco a los que sin ser condescendientes conmigo, me dieron su respuesta de manera prudente. Esto no termina aquí. De las cosas que leí extracté algunas, para ordenar las ideas y poder generar un debate. Pongo a su disposición lo que elaboré, con la esperanza de seguir leyendo sus opiniones, a partir, además, de las nuevas noticias que surjan del nuevo e inminente gobierno. Esperando que estas no sean dirigidas sólo a mí, sino que se extiendan como una voz que se esparce por todos los rincones… utilicemos este medio de la mejor manera que puede existir: aprender de nosotros mismos y de este mundo humano, imperfecto, pero nuestro. Una de las primeras respuestas que me llegó, fue la de mi amiga Karen, la que sin apoyar mis ideas, agradeció mi sinceridad. Frente a mi aseveración de que alzar la voz y pensar que lo justo sería “creer que un millón de trabajos deberían sustituirse por un millón de sueldos dignos, y no tragarme esa asquerosa promesa cuando se que lo que ellos ven en el pueblo chileno es a 15 millones de empleados en esta gran empresa que será Chile”, su argumentación fue que “inevitablemente Chile es una empresa, si queremos hacer dicha analogía, como cualquier país somos dirigidos y nuestro trabajo es por un bien común mas que individual, aunque caiga en algo utópico.” Yo creo que si pensamos que un país es una empresa, entonces no somos reales ciudadanos ni podemos de verdad hacer valer nuestra opinión. En una empresa hay un “dueño” y hay administradores que tienen que velar por que se cumpla el plan de ese dueño y el beneficio para lo cual esa empresa fue creada. Los trabajadores pueden gozar de ciertos beneficios dentro de esa empresa (inicialmente un sueldo), pero no pueden oponerse ni reclamar al dueño por las propias políticas que él inventó para hacer surgir su negocio. EL NEGOCIO ES ALGO PRIVADO, NO TIENE COMO FINALIDAD EL BIEN COMÚN, en absoluto, sino el bien de unos pocos. Pero como esos pocos necesitan de más para poder producir, y como la esclavitud es ilegal, además eso los trabajadores tienen que comer y alimentar a sus hijos, entonces les otorgan un porcentaje mínimo de las ganancias finales. Ojalá Chile no sea pensado así, y que ningún país lo sea; si así fuera, estaríamos perdidos de verdad, y nuestra voz sería un grito en el desierto. No se puede negar que algunos políticos y los grupos económicos que ostentan el poder de decisión, han visto en el “pueblo” una masa de gente que debe trabajar por un fin que muchas veces no es el propio, sino el de ellos. Eso es vergonzoso, pero es humano. La ambición es el mal intrínseco del ser humano, y es verdaderamente utópico pensar que no lo tendrán los gobiernos venideros. Mi prima Lizka tratando de moderar mis ánimos, escribió que “…no existe en el mundo alguien que no se vuelva loco cuando ve unos billetitos delante de sus ojos, sea de derecha o izquierda, da lo mismo.....lo único en esta vida es trabajar y no esperar que las cosas te las regalen, por que de ser así seriamos todos unos vagos.....la política a mi manera de pensar es una soberana estupidez, lo único que vale es confiar en Dios y luchar con El por lo que uno quiere en la vida para ser feliz....” Ciertamente el dinero es una tentación para cualquiera, y las riquezas siempre han sido motivo de discordias, desde que el ser humano es ser humano. Sin embargo, hay algo superior a esa instintiva reacción, y creo que eso es lo que a fin de cuentas nos humaniza. Dios (ya que lo menciona), no nos querrá por cuanto dinero acumulamos, sino por cuantas personas dimos lo poco o mucho que teníamos. No hace falta dar tu casa, ni tampoco una estúpida donación para “los niños de Haití” en el Lider para ser generoso. Uno es generoso cuando entrega oportunidades, opiniones, inteligencia, espacio, voz. No creo que los de derecha sean, en general “más ambiciosos” que los de izquierda. Sin embargo, en general también, el pensamiento capitalista, modernizante, globalizante, imperialista (que es más bien de derecha), es inevitablemente más egoísta que los que creen que la sociedad debería ser más justa. No creo que la política sea una estupidez, pues todos somos seres políticos desde el momento en que tenemos opinión y podemos decir (o decidir) que hacer respecto a determinados temas que atañen a la sociedad, tanto en nuestro espectro reducido (una comuna, un colegio), como en el amplio espectro de la palabra (un país). La política nos guste o no, nos debiera importar, aunque fuera un poco, pues gracias a las decisiones de los gobiernos y otros grupos de poder es que existen los tratados de libre comercio, que hay instituciones educativas de una forma y otra, que hay tolerancia religiosa, que hay salud pública, etc. porque se crean leyes, e instancias de organización común que nos afectan a todos. A fin de cuentas todos debemos esforzarnos, no es que esa no sea el primer principio que enarbolo. Hay que “ganarse la vida”, como se dice… pero de manera justa. No puede ser que unos se pelen el lomo para ganársela y que otros se la quiten sin más ni más que por que son los que tienen el capital, los que tienen las acciones, los que hicieron mejor la jugada y tenían su cartita bajo la manga… no es junto. Yo se que el mundo NO ES JUSTO, pero por lo menos hay que estar conciente de nuestros derechos y conciente también que vivimos en sociedad, y lo que te pase a ti, bueno o malo, debería afectarme a mi también. Estamos todos encadenados en este mundo, y no hace mal, en absoluto, levantar la voz y decir NO ESTOY DE ACUERDO…. Por lo menos para sabernos seres humanos, vivos y no simples factores productivos, clientes, televidentes o trabajadores… somos personas. Los abusos que conciernen a los “derechos humanos” de la manera más cruda no es la única manera de injusticia. Los crímenes de las dictaduras son un aspecto de las injusticias. El mal vivir que nos a otorgado el mundo de los poderosos, muchas veces disfrazado de modernidad, es una afrenta a nuestros derechos más básicos. Karen agrega que no desconoce “lo que pasó con el régimen militar, los abusos o aflicciones, pero estos son otros tiempos, otras generaciones, nuevas ideas, y sabido es, que los derechos humanos se respetan hoy mas que nunca en la mayor parte del mundo.” No creo que el problema de la Derecha o de evocar al Gobierno Militar sea sólo una cuestión de derechos humanos, gran tema por supuesto. Lo que está en tela de juicio ahora es el modelo económico impuesto por la Dictadura. Esa es la gran aflicción que dura hasta hoy. Por otra parte, decir que los derechos humanos es algo que se respeta en todo el mundo hoy en día, basta mirar los noticiarios extranjeros o navegar un poco por Internet en páginas internacionales, para ver que los derechos humanos son una franca utopía. El país que nos controla a todos, Estados Unidos, la “cuna de la democracia” está primero en la lista de los que los violan. Poco sabemos de lo que ha pasado en Afganistán y en Irak desde el 2001 hasta hoy, y por suerte, por que si en verdad supiéramos todas las atrocidades que hacen los norteamericanos (estadounidenses), ingleses y otros en aquellos países, es que en verdad tendríamos las más espantosas pesadillas. ¡Qué Dios (si es que existe) nos libre de vivir en un país así! Es el modelo de ese espantoso gobierno el que la derecha, a fin de cuentas, observa. Es el “éxito económico” de Estados Unidos, son sus inmensas cadenas de empresas multinacionales, son esas divisas ganadas a fuerza de muertes, saqueos, esclavitud encubierta, trabajo infantil. Es eso lo terrible. Uno puede decir ¿por qué estos otros no tienen derecho a gobernar, acaso no pueden hacerlo bien? No es una cuestión sólo de política, es una cuestión de moral, estilo de vida y valores. El estar conciente de todo aquello es en verdad vivir en el mundo real. Yo no puedo dejar mi familia ni mi carrera por ir a luchar por los “derechos humanos”. La lucha consiste en que cada uno desde su lugar en el mundo ponga un poquito de su parte en concienciar sobre el verdadero mundo en que vivimos y que no hay que estar ajeno. Que no veamos, que no entendamos, que no opinemos, es lo que quieren esos personajes, pues es mejor para ellos tener a esta masa inconciente que a un montón de ciudadanos alzando la voz, y tal vez no cambiando drásticamente las cosas, pero por lo menos “molestando”. Quizás cuántos han dicho “…yo no voto por ahora, lo que no me convierte en menos persona ni ciudadano que un votante activo…” (Karen) Y en verdad, uno no es menos persona porque no esté inscrito en los registros electorales y no vote. Lo que te niegas a ser es CIUDADANO. El ciudadano es quien participa activamente en las decisiones políticas del lugar donde vive. Es curioso que tantos nos hayamos dejado llevar por la desidia y no nos percatáramos de la importancia de ser un ciudadano. Cuando Chile logró su independencia política, los ciudadanos eran sólo las personas de alcurnia de la ciudad: los que poseían tierras, haciendas, estancias o bien los mercaderes y comerciantes importantes. Ellos eran los únicos que tenían derecho de votar. Poco a poco las ideas fueron mutando, y comenzó a surgir la conciencia desde los trabajadores de nuestro país ¿es que ellos no tenían derecho a opinar? ¿Por qué les estaba prohibido el sufragio? La lucha por el voto universal sin importar el origen social, y así mismo el voto femenino, fue larga ¿Por qué lucharon tanto nuestros abuelos o bisabuelos si el voto no era tan importante, como parece ahora? Cuando hay que hacer cualquier cosa, como ir a un concierto y plantarse horas antes para ver a Perico Los Palotes, o cuando hay que ir a cobrar un cheque y nos eternizamos en las colas de los bancos, o cuando vamos a Supermercado para comprar copete el viernes en la noche y hay que hacer la fila eterna en la caja, el tiempo destinado parece justificado; sin embargo nos negamos a opinar, a expresar nuestras ideas, nos negamos, decimos no a un instrumentos que nos entrega este sistema (imperfecto) para opinar. Es cierto que hay muchas cosas que van a seguir igual, sin embrago el voto NO debe ser el único medio. Hay que escribir a los diarios, a los programas de TV, hay que alegar en cualquier lugar que nos sintamos pasados a llevar, no agritos, pero si a través de las cartas de reclamos o los libros que es obligación que toda empresa tenga. Hay que hacerse escuchar por los jefes y no hay que temer. Otros pelearon por opinar, y hoy nosotros nos negamos a utilizar el derecho adquirido. Somos más, nosotros, los de abajo. Viendo y sopesando las opiniones de quienes acogieron mi reclamo, hubo dos que me llegaron muy profundo y ojalá fuesen escuchadas en todos los rincones de nuestro país, pues ellos dan cuenta de una realidad de muchísimos chilenos. Una fue de de Gabriel y otra la de Tatiana. Ambos han vivido la dureza del crecimiento económico y del modelo neoliberal de la economía chilena. Ellos han sufrido los saqueos del Estado que ha patrocinado a los capitales y capitalistas. Quiero tomar algunos extractos de lo dicho por Tatiana y Gabriel, pues concuerdo con ellos. Yo no he vivido su realidad, pero no por eso me hace menos sentido lo que hablan: “El Estado chileno vende todos los terrenos fértiles de tierra al mejor postor, les vende montañas enteras para que las exploten y contaminen las aguas y los valles completos con ácido sulfúrico. Me cobra impuestos y me manda las fuerzas públicas cuando quiero vender una artesanía o cantar en la micro una canción de Víctor o Jara o de Violeta Parra. No le importa que sea un transmisor de cultura popular, prefiere darle la posibilidad de evadir impuestos a las mega empresas donando un peso de tu vuelto del supermercado, o patrocinando una obra de teatro a cambio de publicidad.” “El Estado chileno y su política cultural, me negó la posibilidad de trabajar el área cultural en mi barrio de forma remunerada, no le importó que llevara años haciendo trabajo comunitario en el barrio...cuando llegó el "quiero mi barrio" con sus 600.000.000, trajo gente de fuera para "entregar cultura", pagar una orquesta bailable y trayendo profesores ajenos para realizar talleres artísticos, aun cuando tenía varios artistas locales con amplia experiencia…” (Tatiana) “La represión ejercida sobre los comerciantes ambulantes en el centro, es otro factor a analizar, los alcaldes han sido de derecha (Alcaíno, es el último) y la tolerancia cero ha sido su grito de guerra, porque esto se trasforma en guerra con la violencia de por medio, la violencia física y psicológica, porque mi señora, madre de mi hijo de tres hermosos años, es artesana en soft y trabaja en el paseo ahumada y ha caído en las manos de los opresores, hasta con mi hijo arriba de la micro de pa... carabineros (hay que enseñar a respetar!) con muchos otros que se andan ganando la vida honradamente. Si un alcalde de derecha toma esas determinaciones, cómo será el presidente de ellos!?” (Gabriel) Sin duda hay tanto que decir; así como Gabriel y Tatiana, hay diversas, y a veces tristes, experiencias (pero seguimos luchando). Mi intención al contar algo de mi vida apuntado principalmente a la situación presente y a dar una especie de declaración de principios, era hacer reaccionar a los aletargados corazones de las personas que conozco. Valoro a los que han abierto sus vidas para compartir ideas, y estas no serán para mí. Hay que hablar, y seguir alzando la voz. Si tuve las oportunidades que tuve, no fue con menos esfuerzo que lo que me hablan otros. Tampoco soy una iluminada del Señor ni mucho menos. Sólo espero que el mensaje se esté escuchando. No es mi mensaje, sino es el mensaje de todos los que nos hemos sentido desesperados al ver las injusticias que pasan frente a nuestros ojos. Se perfectamente que el Estado chileno de estos últimos 20 años no ha sido un benefactor social. Ha habido avances enormes y no hay quien lo discuta. Sin embargo, hay una deuda gigantesca con millones de personas que no han participado en ese crecimiento, y que sólo han sido espectadores del enriquecimiento de los poderosos, mientras acumulan deudas eternas con bancos, casas comerciales, y tantos gastos que son casi un imperativo en este mundo moderno. Nos han bombardeado con la propaganda, con los ofertones, con las liquidaciones, pero lo que queremos es un país limpio, que la tierra sea un derecho por nacer en este lado del mundo, y poder generar una cultura propia y realmente que abra nuestras mentes y no comprar una cultura que nos destruya como seres humanos y como chilenos. Como dije, no es una cuestión sólo de Derecha o Izquierda, sino que es una cuestión de sentido social. Es inevitable que haya un gobierno, y lamentablemente la radicalización social no “la lleva” hoy. Hay que ser más “equilibrado”, acoger iniciativas, hay que hacer el país de “los grandes acuerdos”, y bla, bla…. Pero en verdad hay mucho de arreglo político interno. Aún así, no se puede permitir que nos dirija la esencia del sistema que hoy impera en Chile y nos está haciendo añicos… no podemos callarnos, ni dar la espalda, ni decir no voto, no opino… hay que seguir adelante, con nuestras vidas, pero sabiendo que no estamos solos, que el gobierno no es la cura para nuestras dolencias, que es un mal necesario, pero que de alguna manera tenemos que ser la piedra en el zapato. Si no es así, no soy persona, no soy ciudadana… no tienen sentido el sacrificio y seguimos haciendo lo que ellos quieren. POR ESO Y LO QUE VIENE, SEREMOS OPOSICIÓN.
Lafayette

miércoles, 20 de enero de 2010

Conciencia y Consecuencia

Conciencia y Consecuencia (Seremos Oposición) 
Por M.N.A.M. 20 enero 2010 
Tengo 27 años. Nací en 1983 en Santiago de Chile, cuando el gobierno militar llevaba poco más de 10 años en el poder. Viví los primeros 7 años de mi vida bajo el régimen. Los otros 20 los he vivido en democracia durante los gobiernos de la Concertación. Me eduqué siempre en colegios católicos, pero más allá de aquello, la conciencia y sentido de la vida que me transmitieron mis padres fue lo principal. Nunca tuve todo lo que deseaba, a veces pasábamos difíciles momentos, aunque no me puedo quejar: pese a los problemas familiares nunca me faltó un techo, comida ni cariño. Soy de clase media, si se puede decir. Crecí en La Florida y Puente Alto, y estuve viviendo en la última comuna hasta los 23 años, cuando me cambié a Ñuñoa. Mis padres no terminaron la Universidad. Mi padre no tuvo la oportunidad de asistir, pues comenzó a trabajar joven. Casi toda su vida se dedicó al área bancaria, haciendo carrera en ello. Mi madre pasó por la Universidad de Chile, pero nunca terminó, por razones familiares y personales. Ella, me inculcó mucho de lo que se y siento respecto de nuestra historia reciente; con sus conversaciones apasionadas, cuando se hizo el plebiscito del SI y el NO o cuando salió Lagos, y durante mucho tiempo durante toda mi infancia y adolescencia me entregó un sentido profundo sobre la importancia de conocer lo ocurrido. Yo creo que lo hizo como una manera de reconocer sus raíces o su propia historia más que con una intención racional de crearnos conciencia política. Sea como sea, las palabras “Pinochet”, “Derecha”, “Golpe de Estado”, siempre fueron tristes resonancias de un pasado terrible. Sin embargo, todo parecía bien. Eso ya había pasado, pero era algo que no debíamos olvidar, no se podía; aún había muchas heridas abiertas. La conciencia política era un valor que mi madre nunca agregó. Mi padre por su parte, siempre se mantuvo al margen, y según las cosas que él me contaba de su vida, parecía que después de salir del colegio todo se hubiese borrado. Nunca supe mucho de él por sus propias palabras. En ese sentido, él es un misterio para mí: sólo conozco la versión de mi madre. Tal vez sea por un miedo a no transmitir las penas y miedos a los hijos, de manera de crear “gente nueva” y sin trancas. No lo sé. Sólo se que durante mi adolescencia y después, mi interés político o por la política sólo se reducía a mi convicción personal en que yo jamás sería de “derecha”. Siempre he sentido que la solidaridad y la justicia son valores supremos, y no se viven solamente siendo cura o juez. Es algo que se ejerce día a día por cada uno de nosotros, y más aún cuando se tiene un cargo de poder. Y siempre, o desde mucho tiempo ya he pensado que en una sociedad donde la competencia y el dinero son los parámetros y fines últimos de las acciones humanas, la solidaridad y la justicia son sólo valores vacíos y los seres humanos se convierten en cosas. Cuando el año 2003 ingresé a estudiar Licenciatura en Historia a la Universidad de Chile, sabía perfectamente por qué estaba ahí. No era la política, ni era la historia de Chile, reciente o lejana. Me preguntaron una vez que por qué estudiaba historia, y además en la Chile, si no tenía interés en la política. Mi respuesta fue que la historia era mucho más que eso, según creía. Ni siquiera me inscribí en el registro electoral cuando cumplí 18 (recién lo hice a los 26). A tal grado llegó la desidia familiar, y el desgaste de las ideas, enajenados por el mundo “globalizado” y los nuevos valores de plástico que iba enarbolando el mundo moderno, que nadie me instó a que lo hiciera. Yo, por mi parte no lo creía necesario. Tenía “tantas cosas que hacer” y por mi, las cosas no iban a cambiar. ¿Qué haría un grano de arena en una playa? Me dediqué a mis estudios, me dediqué a ser madre. Me puse muy feliz y orgullosa cuando Michelle Bachelet fue elegida presidenta; lamentablemente yo no participé de ello: no voté. Pero sentía que era justo para Chile, a pesar de que yo no sabía muy bien quien era ella, no me había interiorizado. Ahora, que ya se mucho más sobre su persona y de la historia reciente de Chile, creo que es una mujer íntegra y que representa a Chile de verdad. Por su historia personal, por el pasado vivido, y por los aportes durante su gobierno. De los gobiernos de la Concertación, no es mucho lo que puedo decir de los dos primeros. Yo era muy chica. Sin embargo tengo memoria de cosas importantes que me afectaron directamente posteriormente. Soy una agradecida de la gestión de los gobiernos recién pasados. El año 2003 mi primera hija fue operada exitosamente en un Hospital público. Todos los gastos cubiertos y una excelente atención, con medicina de primera. Luego nació mi segunda hija, y el hospital al que ingresé igualmente bueno. Todo gratuito. Las atenciones médicas que he tenido hasta ahora han sido siempre en el sistema público, y no tengo nada que decir más que elogios (aunque siempre hay cosas por mejorar y falta mucho). Soy una beneficiara así como miles de chilenos. He recibido los bonos por hijo dados el 2009. Estudié todos mis años en la Universidad con crédito del Fondo Solidario y el último año fui becada por excelencia académica, estando exenta del pago de arancel. Recibí otras becas, además. La Universidad de Chile, la mejor universidad de nuestro país, una universidad pública me ha dado todo y me ha formado con excelencia. Es como mi segundo hogar y me siento feliz y orgullosa de eso. Hace un tiempo recibí un premio otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, también del Gobierno de Chile. Soy una agradecida del Estado de Chile, y de sus gobiernos. He sido beneficiada, así como miles de otros estudiantes realmente esforzados y capaces que han sido favorecidos con becas y premios. No deben olvidarlo, es el Estado quien ha financiado. Por eso la necesidad de un Estado fuerte y de instancias públicas para el desarrollo de la cultura y la investigación. Cuando se habla de privatización, de libre competencia, de la entrada de la educación al mercado, de la educación de mercado, siento terror. La educación no es una empresa; debe ser pública y equitativa. La educación debe tener el fin último en sí misma y en generar gente consciente y socialmente capaz de crear avance intelectual, técnico, tecnológico y científico. La educación debe crear gente íntegra, con conocimiento amplio, y que mire más allá del mero valor económico. Las cosas materiales, a fin de cuentas, son efímeras; las relaciones humanas reales son las que quedan y el conocimiento adquirido. ¿Por qué ser tan egoístas y no permitir que todos accedan a las mismas posibilidades? ¿Por qué bloquear informativamente los medios de difusión generando una masa de gente sin opinión, sin conciencia, sin inteligencia? La modernidad enajenante y privatizante, que establece como parámetros la exterioridad de las personas genera seres deshumanizados. Lo primero que nos hace seres humanos es la capacidad de RECORDAR y TRANSMITIR lo que sabemos. Sin esa capacidad no hubiese sido posible generar cultura, avances técnicos ni nada humano: seríamos animales. Lo segundo que nos humaniza es la capacidad de REFLEXIONAR y DISCERNIR; lo tercero, la capacidad de SOCIALIZAR y COMPARTIR. La educación no sólo es privativa de los colegios o las universidades. La calle, con sus estímulos constantes, los afiches, los periódicos, las revistas, generan pensamiento y entregan valores o anti-valores. La televisión, Internet, las radios, entregan informaciones, imágenes, palabras que van formando (o deformando) a las personas. La familia es la institución educativa por excelencia. Entonces, si las personas son estimuladas y educadas por la “globalización” (qué diablos es eso!), por la farándula, por la sensualidad desbordada, la silicona, los “relities”, y toda la porquería que uno ve con solo prender la tele, ingresar a Internet, o asomarse a un quiosco…. ¿cómo podemos realmente educar? No es solo de Izquierda o Derecha. No es sólo que éste habla más bonito, o este otro habla más feo. No es sólo lo que se promete o no. No es sólo que “todos los políticos son iguales”. Es algo de integridad. Es algo de dignidad. Es algo de coherencia. Los grupos de poder económico, los cuales en Chile son básicamente afines con el ala “derecha” del mundo político, han monopolizado la producción del conocimiento, o más bien han limitado la expansión de éste a favor de la proliferación de una multitud de estímulos enajenantes e idiotizantes. Finalmente han convencido a más de la mitad de Chile que es mejor llegar a la casa a prender la caja brillante y consumir un programa vacío de contenido que aprender, leer o simplemente conversar. Es así como se construye el cambio. De la humanidad a la deshumanización. Es así como caemos es la estupidez y la animalidad. No es sólo abanderarse. No es sólo jugársela por una idea. Es creer que soy persona y que todos podemos llegar a serlo. Es juntar todo lo aprendido durante mis estudios, y razonar sobre la verdadera condición que nos instala en nuestro lugar en el mundo. Es no creer mentiras, aunque se que todos mienten. Es ser consiente y consecuente con lo que pensé y pienso. Es no dejarme embaucar. Es creer en la justicia social y el bien público, y en que el dinero es finalmente una ilusión de algo, pues todos nos vamos a la tumba desnudos, así como nacemos. Es creer que un millón de trabajos deberían sustituirse por un millón de sueldos dignos, y no tragarme esa asquerosa promesa cuando se que lo que ellos ven en el pueblo chileno es a 15 millones de empleados en esta gran empresa que será Chile. Es convencerme de que en verdad no existe un candado gigante que cierre las puertas de las cárceles para que los “delincuentes” no salgan de allí. Es entender que el problema no es la delincuencia, sino la MARGINALIDAD. Que terminar con los campamentos y crear poblaciones de casas que son poco más que mediaguas, sin un solo árbol, es realmente avanzar. No digo que la Concertación no se equivocó en esto. No es negar que durante estos 20 años se ha facilitado la intervención de éstos poderes económicos. No me ciego ante esa realidad. Sino que es más bien pensar que lo que estaba en algo contenido se va a desatar libremente. Es pensar que no nos daremos cuenta en verdad que poco a poco nos terminarán de comprar, y que hasta nuestros cerebros estarán fichados en el catastro de bienes muebles e inmuebles de esta gran empresa que será Chile. Yo estoy aquí. Sigo viva y consciente. Creo que no puedo olvidar, y reconozco el valor de la memoria. Soy aprendiz de historiadora, ya Licenciada, y mi labor como en consecuencia, y como ciudadana de Chile es NO SILENCIAR mi molestia, y transformar mi disgusto e inconformidad en palabras, y ojalá junto a otros, en actos. Aquí estamos, seremos OPOSICIÓN.