viernes, 21 de octubre de 2016

Shame

Shame 
(Steve McQueen, 2011)

La traducción de shame es vergüenza y la vergüenza es el sentimiento constante que vemos aparecer en los personajes protagónicos de este filme.
Brandon (Michael Fassbender) es un treintañero soltero, exitoso en su trabajo, vive en un departamento en Nueva York; es originario de Irlanda, desde donde llegó a vivir a New Yersey durante su adolescencia.
Su vida se reduce a su trabajo y al sexo. Mantiene discretamente su intimidad frente a todos, disimulando a la perfección su adicción al sexo. Sin embargo, Brandon no es un hombre satisfecho, su insatisfacción y su vacío lo hacen caer una y otra vez en este círculo de erotismo silencioso a modo de síntoma de una profunda enfermedad, de la soledad, del miedo al compromiso, a la verdadera intimidad.
Ingresa a chats eróticos, tiene una gran cantidad de revistas pornográficas, se acuesta con prostitutas y eventualmente mantiene relaciones casuales con mujeres que apenas conoce. Ni siquiera puede esperar a llegar a su casa y debe masturbarse en el baño del trabajo. Sin embargo, pareciera que tiene toda la libertad del mundo, su mundo está absolutamente controlado y su intimidad es inviolable.
Sin embargo, ocurren a lo menos cuatro cosas que comenzarán a afectar su adicción, hasta ese momento, controlada, que hasta ahí lo mantenía en el límite de la aparente normalidad.
Su computador de la oficina es llevado a reparación sin previo aviso, lo que eventualmente llevará a Brandon al primer golpe asestado sobre su intimidad. En el fondo se sabe vulnerable, comprende su soledad, sin embargo, no desea encararla. Cuando su jefe le comenta que han tenido que limpiar su disco duro de toda la “porquería” pornográfica que tenía, éste le dice a Brandon que posiblemente había sido el becario que había trabajado con él quien había estado almacenando esos videos, intentando no acusarlo directamente. Es un diálogo breve, en el cual Fassbender es capaz de demostrar delicadamente, con leves gestos, la profunda y terrible vergüenza que siente el personaje al haber sido descubierto.
Un segundo golpe es la llegada intempestiva de su hermana. Al inicio del filme, percibimos reiteradamente en los mensajes del contestador una voz femenina, eran de ella pero él nunca le devuelve el llamado. La escena en que ella llega, es tan sorpresiva para Brandon como para el espectador.
Sissy (Carey Mulligan) está en la bañera del departamento de Brandon cuando es sorprendida por éste; la escena se enfoca en el espejo del baño, el cual refleja tanto a Brandon como a Sissy frente a frente, y a ella desnuda, de pie en la bañera.  
Ya sabemos que él es un adicto al sexo y esta imagen es perturbadora por lo fuertemente sugestiva. Hasta ese momento no sabemos que esa mujer es su hermana. Podría ser cualquiera, que, sin embargo, gozaba de la intimidad con Brandon, cosa extraña pues él era un hombre impenetrable.
Brandon y Sissy

Luego vamos sabiendo quien es Sissy. La actitud de Brandon frente a su hermana es terriblemente fría, hasta de desprecio, mientras ella intenta acercarse, cuidarlo y abrazarlo. La familiaridad evidente, la semi desnudez de ella frente a él a la mañana siguiente de su llegada, o una noche fría cuando ella se recuesta a su lado abrazándolo (y él la rechaza agresivamente) podría parecer natural entre hermanos, sin embargo, la profunda perturbación de Brandon hace mella en el espectador. Algo más hay. Puede, simplemente, ser la irrupción en su privacidad, no desea testigos en sus diarios paseos eróticos por el ciberespacio, desea poder llamar a prostitutas y estando su hermana no podrá hacerlo.
Sissy no es una muchacha feliz, tampoco. Una conversación telefónica con un ex, demuestra que está dispuesta a todo por sentir intimidad con alguien, por sentirse amada. Intenta buscar esa cercanía fraternal con Brandon, pero él la rechaza, hasta de manera violenta, una y otra vez.
La escena en donde somos capaces de comprender la soledad de Sissy y Brandon, cada uno creyendo que está intentando salvarse de aquella a través de métodos, no obstante, que los van conduciendo a la perdición, es cuando ella lo invita al restaurante donde canta. La canción New York, New York es interpretada por Sissy completa en el filme, aunque a un ritmo mucho más lento que la original, y durante esta interpretación la cámara se centra en los dos rostros de los hermanos, mientras él ve el show. Ella con una expresión desolada cantando, luego él conmovido con lágrimas en los ojos, apenas asomando. Es, sin duda, la mayor muestra de sensibilidad y emotividad que Brandon ha expresado hasta el momento.
Los otros dos acontecimientos que irán mermando la pretendida estabilidad del protagonista son cuando Sissy se acuesta con el jefe de Brandon en su propio departamento, y él escucha en parte el encuentro, pero rápidamente en ese instante sale a correr, desesperado, mientras escucha música de Bach. Luego, intentará, de alguna manera, enmendar su rumbo, y por primera vez invita a una mujer, una colega, a una cena en un restaurante y su cita no termina en sexo. Brandon es capaz de tener real intimidad con esta mujer sin siquiera darle un beso. Es un momento en que creemos que vamos a ver un cambio radical, pero no podemos precipitarnos.
¿Por qué Brandon se molesta con su hermana por acostarse con su jefe? ¿Se enfurece porque es su jefe? ¿O porque es ella que está con otro? ¿Qué le ocurre a Brandon con su hermana?
Tras la primera cita de Brandon con su colega, la cual no termina en sexo, este llega a su casa y está solo. Luego, estando en el baño, intempestivamente Sissy abre la puerta y lo ve un instante masturbándose. Es un momento crucial cuando él se ve, así, totalmente expuesto. Lleno de rabia, de la rabia que surge de la profunda vergüenza, empuja a Sissy y le grita, la tira al sofá, y se pone sobre ella, en ese momento queda casi desnudo y le dice “¿qué quieres de mí? ¿Por qué has venido? Puta!”
Es una escena tremendamente sugerente y terrible, escena que está en el límite de lo prohibido.
Luego, decide botar todo su material pornográfico, pareciera que va a cambiar de vida, y se reúne una segunda vez con su colega; no obstante, el haber creado un vínculo, hace que él se vuelva impotente, no pueden hacer el amor y ella se va. Luego él llama a una prostituta y no tiene problemas con su desempeño. ¿Por qué Brandon no puede tener sexo con la única mujer con quien ha generado vínculos, aparte de su hermana?
Después de todos estos acontecimientos, él le pide a Sissy que se vaya de la casa, que no puede cargar con la responsabilidad de tenerla. Le dice que se siente invadido, acorralado con su presencia y que ella es incapaz de cuidarse sola, pero que él no tiene por qué cuidarla. En un proceso de proyección, Brandon va cargando a su hermana con todos los reproches que debiese hacerse a él mismo. Él quiere volver a su hermetismo, a su impenetrabilidad. Quiere deshacerse de esos sentimientos que lo han hecho sentir celos e impotencia.
El  final del filme es un final abierto. La vorágine de desesperación y vergüenzas en la que se sumen tanto Brandon como Sissy llega a un punto final, en donde él llega hasta lo más oscuro del desenfreno sexual, lo que lo va hundiendo más y más en la soledad y la angustia.
En unas escenas de un alto contenido erótico, hasta pornográfico, lo vemos experimentando con diversos placeres, pero éstos se vuelven la profundización de esa nada incontenible que lo aplasta. La mezcla entre las escenas altamente sexuales, con los colores y luminosidad rojizas, la música llenándolo todo mientras no escuchamos ningún sonido humano, hacen de estas escenas momentos tremendamente angustiantes, instantes al borde de un precipicio.
Al final vemos a su protagonista totalmente destruido por esa imposibilidad de superarse a sí mismo. Nos damos cuenta que hay mucho más de lo que no sabemos en la historia entre Sissy y Brandon de lo que hasta ese momento se ha expuesto. Nunca hay momentos retrospectivos ni recuerdos en común entre hermanos, sólo sabemos que ambos cargan con un pasado que no pueden olvidar y que se manifiesta en sus personalidades inestables y solitarias.
El final abierto nos permite conjeturar tanto un buen como un mal porvenir para sus protagonistas.
Shame recuerda al filme Closer (2004) de Mike Nichols, por sus personajes vacíos que intentan llenar sus vidas con algo semejante a la intimidad de pareja, donde finalmente el sexo no logra ser esa necesaria intimidad y todos vuelven a permanecer en sus propias individualidades. Shame es, sin embargo, mucho más explícita en sus imágenes, Closer no tiene ninguna escena sexual, todo lo contrario de Shame. Y aunque más cruda, más explícita, incluso más violenta, en Shame vemos la posibilidad, tal vez lejana, fuera del tiempo del filme, de redención, de solución, la que es catalizada por Sissy quien, a pesar de sus acciones siempre erráticas, es la que intenta expresar que la verdadera conexión viene dada por un simple abrazo, un simple te quiero, y por la disposición de escuchar al otro.

Shame es una película muy bien lograda, llena de momentos en donde todo se dice con miradas y música, en donde las expresiones de los cuerpos y lo silencios expresan más que mil palabras, donde la sexualidad se muestra en su vertiente más cruel, de su forma más cruda. El goce sexual es casi una droga que permite evadirse de la existencia sin sentido, una droga que hace olvidar lo que realmente nos daña y nos permite ocultar nuestras vergüenzas, aunque sólo momentáneamente. 

Por Lafayette

jueves, 6 de octubre de 2016

La Venus Hotentote y el Negro de Banyolés

África y la historia  de Luis César Bou

El científico francés Cuvier tuvo oportunidad de conocer a una mujer africana, trasladada a parís como curiosidad y objeto de estudio. Se trató de la famosa “venus hotentote”. “Hotentotes” es el nombre que los colonizadores holandeses de África del sur dieron al los indígenas del grupo joi-joi. El carácter dulce y pacífico de los joi-joi (o khoi-khoi) los llevó a recibir amigablemente a los boers (campesinos) instalados, en el siglo XVII, en la colonia del Cabo, por la Compañía de Indias Orientales holandesa.

Rápidamente, las tierras fueron apropiadas por los blancos, y los joi-joi sometidos a esclavitud y servidumbre, cuando no lisa y llanamente exterminados. La “venus hotentote” era una infeliz mujer joi-joi llevada por uno de sus amos desde la entonces colonia del Cabo a Europa, para ser exhibida como curiosidad. A Londres llegó en 1810, y recorrió Inglaterra como objeto de un espectáculo que terminó en el escándalo: se la mostraba semidesnuda y, por un pago extra, se permitía que los espectadores tocaran sus nalgas prominentes, producto de la esteatopigia, como si esta característica de las mujeres joi-joi no existiera en muchas mujeres europeas. Finalmente, una sociedad benéfica solicitó la prohibición del espectáculo y la pobre africana fue llevada ante los tribunales. Luego de que este inconveniente provocara el fin del negocio en Inglaterra, fue trasladada a París, donde un domador de fieras la exhibió durante quince meses. En ese tiempo, además de satisfacer la curiosidad pública, fue objeto de estudio por parte de varios científicos franceses, entre ellos Cuvier, quien la describió como una mujer inteligente, de excelente memoria y que hablaba fluidamente el holandés.

Pero quizá lo más significativo se produjo después de la muerte de la “venus hotentote”. Falleció en 1815, de algo que se describió como una “enfermedad inflamatoria”. La comunidad científica parisina se reunió para realizar su autopsia, luego de que Cuvier realizara un vaciado en yeso de su cuerpo. Los resultados de la autopsia fueron publicados también por Cuvier. Y desde entonces hasta 1974, su esqueleto, su cerebro y sus genitales estuvieron en exposición en el museo del hombre de París. Sus genitales, sobre todo, fueron durante ese tiempo objeto de gran curiosidad, por poseer lo que se denominaba sinus pudoris o también “cortina de vergüenza”, en realidad una elongación de los labios menores de la vagina, propia según algunos de las mujeres joi-joi (Gould, 1985).

Una caricatura contemporánea de
Saartjie Baartman
la sensación europea

Sobre la base de estos estudios “científicos” de la venus hotentote, un etnólogo norteamericano, Josiah Clark Nott, llegó a la conclusión de que los hotentotes, junto con los bosquimanos, eran:

“...los especímenes más bajos y más bestiales de la humanidad” (Nott, 1855)

 ¿Habrán cometido los hotentotes alguna vez la bestialidad y la bajeza de convertir a un ser humano en objeto de exhibición? Lo dudo, pero Nott, primer traductor de la obra de Gobineau al inglés, no podía calificarlos de otra manera.

Los restos de la “venus hotentote” retornaron a Sudáfrica en el año 2002, luego de insistentes reclamos iniciados por el gobierno de Mandela y un largo debate, que llegó a la asamblea nacional de Francia. Diana Ferrus, una poetisa sudafricana de ascendencia joi-joi, le dedicó un poema que, entre otras cosas, dice:

he venido a sacarte de esta miseria
a llevarte lejos de los ojos curiosos
del monstruo fabricado por el hombre
que vive en las tinieblas
con sus garras de imperialismo
que diseccionó tu cuerpo parte por parte
que asoció tu alma a la de satán
y se declaró él mismo el dios absoluto. (Ferrus, 2000)


Por cierto que, con ser significativo, el caso de la “venus hotentote” no fue el único. Al menos sus restos fueron a parar a un museo antropológico. La mayoría de los otros “ejemplares” conocidos debieron convivir con piezas de fauna y flora silvestre. A lo largo del siglo XIX, muchos museos de historia natural, europeos y americanos, incorporaron a sus colecciones ejemplares de distintos tipos raciales, excepto blancos por supuesto.

El último caso en dar cierta polémica fue el “negro de Banyolés”, en España. Podemos detenernos en este caso paradigmático.

En torno a 1825, dos hermanos franceses, Edouard y Jules Verreaux, realizaron varios viajes al África del sur con el fin de reunir una colección de animales africanos. Los Verreaux eran una mezcla de naturalistas, aventureros y comerciantes, pero su profesión principal era la taxidermia. En esa época, antes del desarrollo de la fotografía, la única forma de acercar la fauna salvaje a ojos europeos era mediante los zoológicos, que requerían un costo de mantenimiento importantísimo, o mediante los “museos naturales”, mucho más económicos, donde se exhibían los animales embalsamados.

Los Verreaux tenían su propio museo, la “maison Verreaux”, en el cual llegaron a reunir una colección muy importante. Allí tenían jirafas, rinocerontes, monos ¿cómo iba a faltar un negro?

No se sabe bien cómo, en uno de sus últimos viajes, los Verreaux obtuvieron el cadáver de un africano, al que sometieron al procedimiento de taxidermia habitual. Trasladado a parís, el nuevo ejemplar quedó expuesto en una vitrina, con una lanza en una mano y con el característico escudo en forma de mariposa en la otra.

El tiempo pasó y, luego de la muerte de sus fundadores, la “maison Verreaux” conoció la decadencia. Tan es así que la viuda de Edouard vendió buena parte de la colección. Uno de los compradores fue un veterinario catalán, antiguo director del zoológico de Barcelona, de apellido Darder. Varios años más tarde, en 1916, Darder fundó su propio museo en Banyoles (Girona). En ese sitio instaló la colección que fue reuniendo a lo largo de su vida, incluyendo los ejemplares que comprara la viuda de Verreaux. Allí fue a parar el africano sustraído por los hermanos naturalistas-taxidermistas. Y allí quedó expuesto en su vitrina hasta que, en 1991, alguien descubrió que se trataba de un ser humano. El que lo hizo fue un negro, el médico haitiano Alphonse Arcelin, que visitó casualmente el museo Darder. Según un periodista que relató la historia:

“entonces llegó Alphonse Arcelin y lo miró por primera vez como ninguna otra persona lo había visto: con piedad y con el profundo horror que deriva del reconocimiento” (Antón, 2000).

Es notable como, aún hoy, el periodista parte del supuesto de que sólo un negro podía reconocer a un negro embalsamado como ser humano. Lo cierto es que Arcelin armó un escándalo, y lo hizo en el momento más indicado: las vísperas de los juegos olímpicos de Barcelona. Convocó a que los países africanos no enviaran delegaciones si el “bechuana” (como se lo conocía en Banyoles) seguía estando en exposición. Banyoles era subsede olímpica, y el propio comité olímpico solicitó al ayuntamiento que el negro fuera retirado de la exposición. El ayuntamiento resistió el pedido, pero los juegos olímpicos eran un gran negocio y no era cuestión de arruinarlo con un escándalo. Finalmente, se retiró al negro con vitrina y todo.

Pasadas las olimpíadas la discusión continuó: el ayuntamiento y muchos ciudadanos de Banyoles se negaban a desprenderse de una “pieza” que consideraban parte de su patrimonio cultural. Pero Arcelin era terco y consiguió el apoyo diplomático de varios países africanos y de la propia Organización para la unidad africana, y también del secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annam. Como la cuestión estaba derivando en un escándalo que podía desprestigiar a la diplomacia española, el gobierno de Aznar decidió dar una salida expeditiva al problema: devolver el negro al áfrica.

Para ello hubo que realizar algunos trámites burocráticos muy peculiares, tales como el de descatalogar al negro como pieza de museo y reclasificarlo como “resto humano”, etc. finalmente, trasladarlo desde Banyoles en plena noche (para evitar cualquier escándalo), y embarcarlo en Madrid hacia Botswana, el país que aceptó reclamarlo como propio.

Quizá el “negro de Banyoles” haya tenido la particularidad de ser el último de estos casos de exhibición de un negro en un museo de historia natural.