sábado, 24 de septiembre de 2016

Sabina Spielrein y el psicoanálisis



Prendimi l’anima (The Soul Keeper) (Roberto Faenza, 2002)
A Dangerous Method (David Cronenberg, 2011)


La filmografía del director canadiense David Cronenberg suele ser siempre un lugar perfecto para explorar las zonas más recónditas del ser humano en la modernidad, en sus extraños y tortuosos caminos. El lado oscuro de la brillantez ordenada, limpia y civilizada del mundo occidental. Nada más sugerente que juntar a los pioneros de la psiquiatría moderna y del psicoanálisis en una historia basada en hechos reales.

Sabina Spielrein (1885-1942) de familia judía rusa, fue una de las primeras mujeres en ejercer la psiquiatría, contribuyendo con sus investigaciones en teorías que después serían parte de las propuestas freudianas. Llegó a Zúrich en 1904 para tratar su enfermedad mental, y se quedó en la ciudad una vez recuperada, para realizar sus estudios universitarios. Su mayor aporte teórico fue la elaboración del concepto de “pulsión destructiva y sádica” sobre el cual Freud desarrollará más tarde la “pulsión de muerte”. Sin embargo, Sabina no fue sólo una pionera en la investigación psiquiátrica, también ejerció su labor de médico tanto en Viena, Berlín y Ginebra, y luego, a su regreso a Rusia en 1923, se dedicó a la psiquiatría infantil. Su propuesta partía de la base que era esencial educar a los niños para que fueran libres desde pequeños.


A Dangerous Method cuenta la relación profesional e íntima entre Sabina Spielrein y dos de los psiquiatras más relevantes de inicios del siglo XX, Sigmund Freud y Carl Gustav Jung. El relato se sitúa entre el ingreso de Sabina en un sanatorio en Zúrich con diagnóstico de histeria, hasta que termina sus estudios de medicina y se casa con Pavel Naumovich Scheftel, también médico. El filme de Cronenberg del año 2011, sin embargo, no es el primero en el que podemos conocer la figura de esta excepcional mujer, la cual ha sido recién “descubierta” a fines del siglo XX. El año 2002, el director italiano Roberto Faenza dirigió Prendimi l’anima, filme que igualmente releva la figura de Sabina, particularmente su relación con Carl Gustav Jung y luego en su labor como psiquiatra infantil en Rusia.

El foco de ambos filmes es diferente. Si bien en los dos la figura de la psiquiatra, que pasa de ser paciente a ser médico, es el centro de la trama, en el primero su figura nos permite explorar los límites de una sexualidad reprimida, el sentimiento de culpa, el dolor y la búsqueda del amor. En el segundo, Sabina se nos presenta como una mujer sexualmente menos extrema u oscura, aunque igualmente fuerte y determinada, y podemos conocerla, también, en su faceta de madre y médico.

Increíblemente, ambos filmes se complementan pues expresan, de una manera intensa y a la vez delicada, formas diferentes de relatar la vida de una mujer compleja y brillante, que logró estar a la altura intelectual de dos referentes occidentales en un mundo dominado por hombres. En ambos nos cuentan la historia del machismo y del anitsemitismo, no como punto de referencia esencial, sí como plano de fondo donde ocurre la acción.

Las dos Sabinas, interpretadas por actrices británicas, Emilia Fox (en 2002) y Keira Knightley (en 2011) están a la altura de su personaje, siendo capaces de mostrarnos a una muchacha emocionalmente inestable hacia el inicio de la historia, que luego se trasforma en una aguda y, a la vez, sensible psiquiatra. Sigmund Freud es un personaje esencial catalizador de los vaivenes de las historia, en ambos casos, aunque mientras en el filme de Faenza se menciona, en el de Cronenberg interviene activamente junto a Jung, su joven discípulo. En ese sentido, el segundo filme además de trazar la ruta de Spielrein, nos traza el camino que siguieron Freud y Jung durante varios años hasta su separación.

Si bien las dos Sabinas están magistralmente interpretadas, ambas actrices imprimen su propia huella al momento de desarrollar su interpretación. En A Dangerous Method, además, la historia se centra de manera mucho más detallada en el tratamiento psicoanalítico dado por Jung a Spielrein durante el año que estuvo internada y en los pormenores de la relación amorosa que surge entre ellos; también se explora de manera más detallada el sentimiento de culpa y miedo que albergaba Jung al verse implicado por primera vez en una situación de infidelidad a su esposa. Ambos filmes nos dejan muy en claro que la relación entre el joven Carl Gustav Jung y su esposa era correcta, cordial, pero fría, mientras los placeres del sexo y del amor habrían sido experimentados sólo al convertirse en amante de Sabina.

Después de disfrutar de estos dos excelentes filmes, los cuales nos sumergen en la historia real de sus personajes y, a la vez, en los rincones más recónditos de las mentes de sus protagonistas, es posible quedar más iluminados sobre el significado de nuestra naturaleza humana y comprender que el dolor y el deseo pueden ser dos caras de la misma moneda.

Por Lafayette

Ver Prendimi l’anima (The Soul Keeper) (Roberto Faenza, 2002)


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Mujeres a la historia

La verdadera historia secreta de Chile
Angélica Bulnes y Carlos Pérez
16 de septiembre del 2016 / 23:42 Hrs

Tradicionalmente en Chile la historia la han escrito los hombres y hasta hace poco había un puñado de pioneras que había logrado entrar en ese espacio. Hoy eso está cambiando y son más las que se dedican a la investigación. En algunos casos, tienen cargos universitarios, otras han publicado libros y varias lideran proyectos, en temas muy distintos. No comparten enfoques, pero en general coinciden en que su gremio es muy masculino y la mayoría destaca un hecho: que en Chile todavía no hay ninguna Premio Nacional en su disciplina. De las once áreas en que el reconocimiento se entrega, sólo éste y el de Ciencias Aplicadas no han recaído en una mujer.

Hildegarda de Bingen, sabia medieval,
Doctora de la Iglesia


Alejandra Araya: “La historiografía es el lugar más machista, misógino y retrógrado de las humanidades”
Su primer referente fue su abuela, explica la directora del Archivo Central Andrés Bello de la U. Chile. “Me interesa esta disciplina por su dimensión narrativa y ella es una gran contadora de historias”. Luego menciona a cada una de las profesoras del área que tuvo en la Escuela D-299, en el liceo Cervantes y en el liceo Teresa Prats de Sarratea. En la universidad hubo más personas que fueron significativas en su formación, especialmente el académico Rolando Mellafe, pero todos hombres porque cuando esta historiadora de 44 años entró a estudiar, en la mayoría de las facultades de esta disciplina había muy pocas mujeres enseñando. “Y eso es parte del problema porque, al no haber modelos, no ves que dedicarte a eso sea una posibilidad, la idea que se replica es la de la ayudante eterna”.
Actualmente la historiadora es una de las profesoras asociadas más jóvenes de la U. de Chile, y la menor en un cargo directivo. “Pero en parte también estoy aquí porque hay una oficina de equidad y por una política institucional que dice que debe haber paridad en estos cargos. Lo que quiero decir es que este es un trabajo, no algo que se va a dar de manera natural, que va más lento de lo que debiera y a un alto costo, porque sigue siendo complicado que una mujer se dedique por completo a la academia”.
Forma parte de las primeras generaciones en que hay un cuerpo más grande de mujeres ejerciendo esta profesión, las que tienen doctorados en Chile o afuera -como ella que lo hizo en México- e investigan y publican de manera independiente. Es, dice Araya, la de las nacidas de los 70 en adelante. Antes que ellas, las investigadoras eran pocas y para hacerse escuchar tuvieron que crearse un espacio en el corazón de la masculinidad: “La Sol Serrano, que sería la historiadora más reconocida como tal seguida creo de la Sofía Correa, se dedican al tema político, a la historia política. Ellas claramente han abierto las preguntas ahí, pero para validar te tienes que insertar en esa área y no otra. La masculinización de las mujeres en los ámbitos académicos es una estrategia, y una exigencia para poder ser oída”. 
Araya investiga sobre el cuerpo, por qué la manera en que lo entendemos cambia con el tiempo y la cultura. Lo suyo es rastrear cómo se expresan en los gestos las relaciones de poder o el lugar que tenían castigos físicos durante el periodo de la Colonia, porque es el momento en que se instalan formas de control que siguen siendo importantes en la sociedad contemporánea. A modo de ejemplo, explica que la extensión de los derechos se puede analizar desde esta perspectiva. “El noble tiene una dignidad porque no puede ser tocado. La democratización también puede entenderse como el proceso de ampliación de ese principio. Si hoy se dice que los niños no deben ser golpeados, es porque les estamos reconociendo una dignidad. Lo mismo con las mujeres, las sociedades indígenas: el castigo y el daño físico te hablan de quiénes son protegidos o no en una sociedad”.
Historia por el revés, es como ella denomina lo que le gusta hacer y cuenta que se trata de investigar el pasado con métodos y ángulos distintos a los tradicionales. Pero a la vez explica que “la historiografía todavía es el lugar más machista de las humanidades, el más misógino y retrógrado. La gente piensa que la historia es una, y que el historiador dice la verdad y da un juicio, y el criterio de autoridad sigue estando asociado a los hombres”. Eso, explica, se manifiesta de muchas maneras, y una de ellas es asignándoles menos valor a los temas que toman las mujeres. “Las afirmaciones que suelen hacer los colegas hombres sobre los trabajos de las historiadoras son feroces. También hay un currículum oculto que se transmite en la formación, que dice que los asuntos que abordamos no son tan importantes como los de los hombres”.

¿Hay temas de hombres y mujeres?
No, pero el medio local -porque no pasa en otros países - hace distinciones de género en todo orden de cosas y “feminiza” ciertas materias y eso implica ponernos en un territorio de menor valía.

¿Ser mujer te lleva a acercarte de manera distinta a la investigación?
Evidentemente que nacer con órganos femeninos, asociados a un género, te pone en un lugar. Yo no podría ignorarlo. No es lo mismo escribir historia teniendo a su vez la condición cultural e histórica de ser mujer, de venir de los sectores populares, de ser pobre, de haber estudiado en la educación pública. Son datos de tu causa, y no pueden obviarse al ejercer este oficio. Por lo tanto, los temas que me han interesado son la historia de sectores populares, de mujeres, porque también son historias invisibilizadas, tienen que ver con mi conciencia.

Macarena Ponce de León: “No creo que el género tenga ningún efecto sobre interpretaciones diversas entre hombres y mujeres”
“El tema de género no lo comparto para nada pero sí creo que esta disciplina se ha ido volviendo un campo de mujeres intelectuales y profesionales que le están dando un nuevo aire a la historia”, parte diciendo esta académica de la Universidad Católica a la que le interesa un asunto bastante actual: la construcción de Estado chileno y cómo se vincula con la sociedad. Un ejemplo es su libro Gobernar la pobreza, donde analiza cómo operó la beneficencia pública y la caridad privada desde mediados del siglo XIX en Santiago, en el periodo en que comenzaba a convertirse en una ciudad moderna. Pero también lo ha analizado desde el ámbito de la educación, donde, por ejemplo, explora el financiamiento, a la par que realiza trabajos sobre  elecciones y sufragio.

¿A qué te refieres con que la historia hoy es un campo de mujeres?
A que tienen una participación muy activa. Son académicas, investigan, realizan docencia de excelente calidad, pertenecen a redes académicas nacionales e internacionales, ganan concursos, participan en agencias estatales de ciencia, gestión universitaria, dirigen museos, proyectos culturales e incluso empresas. Con bastante dificultad han ido construyendo su camino dentro de una carrera que todavía es de hombres en varios sentidos. De hecho, ninguna ha ganado el Premio Nacional de Historia, algo impresionante y que dice mucho porque no se debe a que no hayan postulado o no tengan obra.

¿Quiénes han sido tus referentes?
Referentes mujeres tengo una muy cercana que es Sol Serrano. Es mi maestra en todos los sentidos: fue mi profesora desde pregrado y con ella me formé como investigadora. Trabajar con ella ha sido fundamental. Desde que era alumna me llamó la atención su pasión y cuán importante encontraba el tema que estudiaba. Eso no se me olvidó nunca, como tampoco cuánto importa ser intuitiva y rigurosa al mismo tiempo. 

¿Crees que ser mujer te lleva a estudiar la historia de manera distinta?
No creo que el género tenga ningún efecto sobre interpretaciones diversas entre hombres y mujeres. Una historia de cualquier temática podría ser la más radicalmente distinta entre dos historiadores, como entre dos historiadoras. Lo que sí es cierto es que la historia ha tenido una apertura a temas culturales y menos institucionales, se han renovado viejas preguntas, las metodologías. Seguro deben existir estudios de género que avalen tendencias femeninas o masculinas hacia ciertos asuntos, pero no creo que sea la pregunta importante.

¿Qué quieres decir con que “el tema de género no lo compartes para nada”?
No comparto el argumento de género que se ha venido elaborando para sopesar la calidad de la historiografía femenina por sobre o por debajo de la que realizan los hombres. Yo creo que un buen historiador escribe buenas historias independientemente de si es hombre o mujer.

¿Qué piensas que le dice el fenómeno Baradit y su historia secreta al campo de la historia?
Creo que Baradit no escribe historia propiamente tal. No he leído sus dos libros, pero estoy al día de la polémica. Hay mucho marketing en su fenómeno de ventas, y nosotros, historiadores, debemos defender la disciplina, no al gremio. Lo que sí creo debe ser un tema a conversar es cómo escribir sin aislarse en el ámbito estrictamente académico. Baradit es importante porque levanta el tema de la difusión de la historia.

Soledad Zarate: “No incluir la perspectiva de género en la historia es una miopía”
La académica y ex directora del  Departamento de Historia de la Universidad Alberto Hurtado, empezó su carrera investigando sobre el parto, de lo que resultó su libro Dar a luz en Chile, que muestra cómo en el siglo XIX se incrementa el control médico sobre los nacimientos y se reducen los aspectos más ligados al folclor y sabiduría popular. Desde entonces sigue centrada en la historia de la medicina y la salud, con un énfasis en las relaciones de género. Actualmente analiza -junto a Juan Carlos Yáñez y Maricela González- la labor de matronas, enfermeras y asistentas sociales en las décadas previas a los 80 en la puesta en marcha de políticas sanitarias que contribuyeron, entre otras  metas, a la caída significativa de la mortalidad materno-infantil. Los médicos tuvieron un papel crucial porque diseñaron y consiguieron fondos para empujar esas medidas desde el Estado, pero de acuerdo a Soledad Zárate, quienes las llevaron a la práctica fueron esas profesionales. “En ese Chile que aún era un campo, quienes van a caballo a vacunar y atender partos, educan a las madres en la higiene y en la alimentación, controlan enfermedades infecciosas como la tuberculosis, la sífilis, fueron mujeres, muchas veces solas, viviendo en postas, en casas de socorro, en todo el territorio. Es importante reconocerlas y darles su lugar, no porque son mujeres, sino porque su trabajo fue irreemplazable y de gran valor social y político”.
Las preguntas por el trabajo de estas profesionales también colabora en la ampliación del estudio de la historia del trabajo en Chile, que se ha centrado casi totalmente en los hombres de los sectores mineros y fabriles. “Te doy un ejemplo; hace 31 años, Gabriel Salazar publicó Labradores, peones y proletarios, un hito de nuestra historia social. Cuando lo leí en los 90, me encontré, con sorpresa, que sólo en el último capítulo de ese libro describe lo que ocurrió con el ‘peonaje femenino’. Destinar las últimas páginas y no incluirlas en el conjunto del relato de ese proceso crucial me resultó inexplicable”. Que las mujeres sean parte integral de la historia es algo a lo que ella quiere contribuir. 

¿Por qué es importante?
Si se trata de que la disciplina incorpore criterios de justicia y de igualdad, obviamente deben estar las mujeres en los relatos. Pero más importante aún, no incluir la perspectiva de género, es decir, cómo operan las distinciones sexuales en diversos procesos históricos, es una miopía. No todos tienen que  interesarse por investigarlas; pero ya no podemos negar su potencial explicativo de muchos fenómenos.

¿Ser mujer te acerca a la historia de manera distinta?
En rigor, creo que me interesan temas distintos, y que en ocasiones me hago preguntas diferentes, pero eso no me parece privativo de ser mujer. Sí creo que algunas de mis preocupaciones, al menos hasta hace poco, carecían de “estatus histórico” y estudiarlas suponía un doble esfuerzo: el propio de la investigación y el de “convencer” a la comunidad historiográfica.

¿Somos un país sin memoria?
No. Pero sí veo que hay una importante demanda social por reconocernos en la historia, una demanda que no está satisfecha con relatos tradicionales. Por ejemplo, actualmente hacer historia de las mujeres y de las relaciones de género tiene más apoyo institucional y social, y eso tiene que ver con la consolidación política y académica de dicha demanda. También las preguntas en torno a los DD.HH. y la violencia política nos ha llevado a algo  necesario y saludable que es interrogarnos por la memoria, pero también hemos aprendido de ese proceso que hay diversas memorias que recuperar, entre ellas, las de las mujeres.

Cristina Moyano: “No lidié con los conflictos que enfrenta la mayoría de las mujeres”
“Más que influida por el tema de género, soy parte de una generación de historiadores, de entre 40 y 45, que empezó a repensar los partidos políticos y sus culturas. A mí siempre me interesó la política y cuando entré a pedagogía en historia en la USACH, milité en el PS. Ahí apareció el MAPU. Había una especie de mitología sobre ese movimiento y sus integrantes eran un punto de referencia, para bien y para mal. Después me casé con el hijo de la actual ministra de Vivienda, Paulina Saball, que fue parte de él y siguió siendo un tema recurrente.
En la época, además, aparecían comentarios en la prensa que empecé a pesquisar: durante el gobierno de Frei, Alfredo Jocelyn-Holt dijo en Caras que era un gobierno MAPU liderado por un DC; cuando en su primer periodo la presidenta Bachelet puso a Viera Gallo en la Segpres, La Tercera tituló “El MAPU vuelve a La Moneda” y así. Aunque ya no existía como partido, me di cuenta de que era una sensibilidad y como historiadora me puse a estudiar lo que denominé la cultura política del MAPU. Investigué su periodo fundacional, los rasgos comunes. Más tarde seguí la renovación socialista del MAPU, cómo produjeron los sentidos de la transición, cómo generaron un pensamiento de izquierda en ruptura con el marxismo y dotaron de sentido a un socialismo democrático. Ahí vi que una serie de estos actores como Tironi, Brunner, Garretón, en los 80 se concentraron en una serie de ONG. Ahora estoy a cargo de un Fondecyt sobre los intelectuales de izquierda en esas organizaciones. Quiero entender cómo estos centros se convirtieron en lugares no sólo de producción intelectual, sino que también de tejer redes y articular una visión política, que sentó bases de un pensamiento común sobre la democracia por venir, de la futura transición y sus límites.
Entré a estudiar pedagogía en historia en la Usach. Al poco tiempo me di cuenta de que me gustaba investigar, me titulé y seguí de inmediato el magíster y luego el doctorado, que terminé a los 30. Muchas compañeras que venían conmigo se demoraron más porque las condiciones de ser mujer te generan trabas. Yo me gané una beca, tuve dos niños mientras hacía el doctorado, pero tenía un marido que me dijo “dedícate a estudiar, yo veo los gastos” y los niños podían ir a la sala cuna. No todas tienen esa suerte. No lidié -y soy privilegiada- con los conflictos de género que enfrenta la mayoría de ellas en la sociedad chilena. Tuve los apoyos económicos y familiares para poder ser la mujer que quería ser.
Pero la carrera académica tiene un ritmo que puede ser medio antagónico con la maternidad o la vida en pareja. Mi trayectoria biográfica es un ejemplo: terminé mi doctorado y me separé. Era el año 2000, y como estaba investigando el MAPU vivía en los 80, le dedicaba 10 horas y mi marido, que en ese momento trabajaba como jefe de gabinete del Sernam me hablaba de las políticas de la mujer y yo de que había encontrado unos documentos sobre el MAPU Lautaro. Si él no hubiera tenido alguna afinidad con el tema, hubiera sido todavía más complicado.
No tengo grandes referentes de mujeres en lo profesional. En la Usach no había muchas historiadoras, tuve clases con sólo una. Después los temas que trabajaban ellas en la época en que yo andaba buscando mi destino no eran los míos: no me interesaban las mujeres populares, las monjas, las prostitutas, las políticas de maternidad, ni las que tenían que ver con la mujer, que era lo que la mayoría hacía salvo la Sofía Correa. La investigación histórica es super individual y en general construyes redes con equipos de investigación y con los que compartes temas.
Además, este es un medio masculino y tiene prácticas machistas, como esto de juntarse después de los coloquios o seminarios que se hacen en las tardes. Yo no me quedo a socializar porque si no, no llego a ver a mis hijos. También es machista en ciertos rasgos culturales, en el humor, sarcasmo. No han sido contra mí pero he visto conductas paternalistas de mis colegas mayores, hablar de la niñita, la promesa, la joven, refiriéndose a mujeres adultas.
Erosionar esos espacios para poder participar ampliamente no es una labor ganada. Falta un recambio generacional importante en las universidades, en las escuelas de historia que incluya a más mujeres”.


En busca de las historiadoras
Por Javiera Errázuriz (Académica Departamento de Humanidades Universidad Andrés Bello)
La irrupción de las mujeres en el ámbito de las publicaciones históricas es relativamente reciente y eso significa que, en Chile, la historia ha sido principalmente escrita por los hombres. Una manera de mostrarlo es seguir la trayectoria de ellas en las revistas académicas, que son el principal instrumento en que se difunde la investigación. Allí surgen nuevos temas y nuevos actores y por lo mismo son un espacio para analizar las transformaciones en las disciplinas.
El año pasado, junto a Josefina Cabrera analizamos la presencia de artículos firmados por mujeres en dos de las principales revistas del área que hay en Chile. De una parte Historia, de la UC, fundada en 1961, donde están prácticamente ausentes hasta fines de los 70, con la excepción de María Isabel González, con un artículo en 1966. En la década de los 80 hay un cambio, y las autoras corresponden al 15 por ciento del total de la década, cifra que va creciendo paulatinamente hasta el periodo 2010 y 2016 en que llegan casi al 30 por ciento, que de todos modos sigue siendo menos de un tercio del total.
El otro caso analizado, Cuadernos de Historia, revista de la Universidad de Chile fundada en 1981, presenta una trayectoria similar: en su primera década publicó cerca de un 17 por ciento de artículos firmados por mujeres; en los 90, las autoras femeninas representaron sólo el 12 por ciento, y en la primera década del s. XXI, una de cada cinco autores de artículos era mujer.
A partir de los años 80 comienzan a repetirse algunos nombres, como el de Sonia Pinto Vallejos o María Angélica Muñoz. A partir de los años 90, historiadoras como Isabel Cruz, Sol Serrano, Verónica Valdivia o Carmen Norambuena (entre otras), publican hasta cuatro artículos en distintos números de las revistas antes mencionadas, consolidando así su quehacer historiográfico y su presencia en las publicaciones académicas.
En cuanto a los temas, las autoras femeninas transitan desde problemáticas más tradicionales, como la historia  económica, indígena o colonial, preponderantes en la década de los 80, hacia la historia política o social en los 90. A partir del 2000 se diversifican e incluyen el pasado reciente, la educación y la investigación en torno a las mujeres y el género, entre otros.
Por supuesto que las dos publicaciones analizadas no son las únicas, y además, muchas personas publican también en el extranjero, pero los resultados sí dan indicios de lo que ha ocurrido en un ambiente que hasta hoy sigue siendo preponderantemente masculino, pero en el que las historiadoras han comenzado a integrarse sostenidamente aportando nuevos enfoques y temas.

Publicación original: http://www.latercera.com/noticia/tendencias/2016/09/659-696909-9-la-verdadera-historia-secreta-de-chile.shtml



domingo, 18 de septiembre de 2016

Dos filmes, dos narrativas: lo cíclico y lo lineal



Closer (Mike Nichols, 2004), 
Sex, Lies and Videotape (Steven Soderbergh, 1989)

Sex, Lies and Videotape y Closer son dos filmes que se acercan en su intención de penetrar en los intersticios del deseo, las relaciones de pareja, la infidelidad y la búsqueda de la felicidad mediante ese duplo complejo que es amor/sexo. Ambos filmes tienen a cuatro personajes principales, que viven en un mundo moderno, disperso y emocionalmente violento y nos llevan por los caminos de la confusión y la soledad.
Al mismo tiempo, son dos películas muy bien logradas en sus diálogos, su puesta en escena y con actuaciones sensibles y convincentes. La primera, de 1989, sorprendió a la crítica y fue catalogada como una de las mejores películas del año. Obra primera del director Steven Soderbergh, contó en su reparto con jóvenes actores ya reconocidos, como James Spader y Andie MacDowell; mientras la segunda, si bien tuvo una acogida favorable por la mayor parte de los críticos y el público, contando en su dirección con el experimentado director Mike Nichols, y en su reparto con estrellas ya consagradas como Julia Roberts y Natalie Portman, hubo quienes la catalogaron como un filme poco creíble que abusaba de la belleza de sus protagonistas.
Más allá de sus diferencias, ambas tocan la fibra más profunda del juego a veces macabro que se lleva a cabo cuando creemos que amamos, o queremos amar, y en verdad sólo deseamos. Ese juego, confunde, porque obsesiona. La gran diferencia, es la dualidad más marcada entre los personajes de Sex, Lies and Videotape, quienes se separan entre los que mienten y son infieles sin culpa, y quienes no desean mentir ni dañar al buscar saciar su deseo y, al mismo tiempo, encontrar el verdadero amor. En Closer, los cuatro personajes mienten, son infieles y están perdidos dentro de un mundo gris; todos llevan una máscara, aunque insisten en que no desean llevarla, sin embargo, les es inherente, por más que crean que desean decir la verdad.
La mentira es el tema de ambos filmes. La mentira que se inventa para ganar o para no perder. Se impone como cima el valor de la absoluta verdad, pero es imposible llegar a él, es el valor casi inalcanzable. La desnudez que se experimenta en el sexo, no es la desnudez vergonzosa de decir toda la verdad, de expresar, hasta la más profundo quienes somos realmente. La desnudez del sexo es otra careta. Es una desnudez necesaria, es una necesidad humana, pero la absoluta verdad siempre está velada por lo que se dice a medias, o se calla. Y en silencio, eso que no se quiere decir, otros lo intentan descubrir.
Jerry (Clive Owen) y Alice (Natalie Portman) en Closer

En este sentido, el voyerismo de Graham (James Spader), quien después de una traumática ruptura de pareja se vuelve impotente y sólo logra el placer viendo videos de mujeres que entrevista y le hablan de sus experiencias sexuales, es decir, entre su propio cuerpo y el placer sexual media la tecnología, un espacio concreto que es una televisión, una cámara, es muy similar al voyerismo o la búsqueda de placer mediante el ver que experimenta Larry (Clive Owen), quien utiliza chats eróticos por internet o acude a clubs de strippers para ver y así sentir un placer que sólo es virtual y se basa, finalmente, en lo que la pantalla o el escenario muestra, sin una relación directa entre dos cuerpos y evitando, así, que quien mira de desnude. En estos dos casos vemos funcionando la idea de violencia emocional de la modernidad, que por un lado limita y cerca las posibilidades de expresión de las emociones y los deseos, bajo una serie de normas de conducta y, por otro, abre estos espacios virtuales, mediatizados por la tecnología para permitir el goce de los sentidos de maneras diferentes y, por una parte, saciar la curiosidad y, por otra, evitar la exposición del yo.
La mentira, absolutamente ligada con esa constante búsqueda de la realización sexual y emocional de los personajes, aparece, como se ha dicho, en ambos filmes. En Closer, todos mienten. Todos están en un momento dado con quienes no desean estar y fingen, pretenden o luchan por amar totalmente a quienes deben, pero no pueden. En un cruce de experiencias, situaciones, encuentros y desencuentros, la película se articula en la existencia de sus personajes durante cuatro años, cuyo eje central es el personaje muy bien logrado de Alice/Jane (Natalie Portman), entre el tiempo en que ella llega a Londres desde Nueva York y que vuelve a su ciudad.
Ella es un misterio de principio a fin. No sabemos ciertamente su verdadera identidad, su nombre real, hasta el fin del filme, pero al mismo tiempo no sabemos que no lo sabemos. Su identidad “real”, se mezcla con la identidad ficticia que se plasma en un personaje basado en su vida, el cual protagoniza el libro que ha escrito su novio Daniel (Jude Law). Daniel la ama desde el primer momento en que la vio, pero cuando ya ha plasmado esa vida en papel, conoce a otra mujer de la cual queda absolutamente prendado desde el principio, Anna (Julia Roberts). Daniel siente que no puede, no debe, dejar a Alice, pero al mismo tiempo no puede contener esa necesidad de estar con Anna. Y miente. Durante un año persigue infructuosamente a Anna, sin terminar con Alice, al tiempo que Anna conoce a Larry y comienzan una relación; luego, Anna y Daniel se reencuentran e inician un romance que durará otro año con intermitencias, y en ellas paralelamente Anna se casa con Larry. Finalmente, el deseo entre Anna y Daniel, se ve obstaculizado por ellos mismos. Se enredan en sus mentiras para evitar dañar a sus parejas oficiales, pero al mismo tiempo se mienten a sí mismos.
Larry, por otro lado, desea a Alice, y le dice que la ama cuando Alice y Larry se ven abandonados por Daniel y Anna respectivamente, quienes han confesado su traición. Esa declaración de amor, sin embargo, sabemos que es simple deseo, deseo sexual que existiera desde el primer momento que la vio hacía un año, y deseo de venganza por la traición de Anna. Finalmente, Daniel y Anna viven su vida de pareja, sin mentiras, amándose uno al otro, pero pareciera que necesitan la infelicidad, la infidelidad, la tragedia para subsistir. Necesitan mentirse, engañarse, traicionarse uno al otro, a ellos mismos, para poder sentir que están tomando las riendas de su vida. Su vida sin mentiras dura un año.
Graham (James Spader) en Sex, Lies and Videotape

En Closer, no encontramos mentirosos y no mentirosos, todos funcionan al mismo nivel. Pero en Sex, Lies and Videotape, sí. Está Ann (Andie MacDowell), una joven esposa que cree firmemente amar a su marido y no piensa en otros hombres (o se convence que no lo hace, pues no lo verbaliza), porque no quiere ser como su hermana Cynthia (Laura San Giacomo) que no tiene problemas con tener relaciones esporádicas y expresar su deseo sexual libremente. Sin embargo, el marido de Ann, John (Peter Gallagher) es ya hace algún  tiempo amante de Cynthia. Este filme ocurre en unos pocos meses (a diferencia de Closer que sucede en el período de cuatro años y la historia nos muestra los momentos claves de encuentros y desencuentros, inicios y términos de las relaciones).
Graham vuelve a la ciudad de Baton Rouge (Luisiana), después de casi nueve años de vagabundear por el país en su automóvil. John lo acoge temporalmente por haber sido ellos amigos cercanos en la universidad. Pero después de tantos años, ambos se han convertido en extraños. Sin embargo, Graham de inmediato se siente curiosamente atraído por Ann, aunque nunca lo expresa físicamente ni lo verbaliza. Los personajes de Sex, Lies and Videotape funcionan escaladamente en términos de mentiras. Anne es la honesta, la mujer fiel. Pero en el fondo, no es realmente honesta. Se miente a sí misma. Graham, se ha propuesto no mentir, pero al mismo tiempo, no generar con nadie una relación íntima, de manera de no herir a esa otra persona ni a sí mismo. No quiere, tampoco mentir. Pero, igualmente, se miente a sí mismo. Ann y Graham se atraen y no lo quieren asumir en un principio. Cuando la verdad de la relación de infidelidad entre John y su cuñada Cynthia se descubre, los cuales son los evidentes mentirosos, Anne decide que no puede seguir engañándose a sí misma.
Aunque en muchos sentidos ambos filmes se puedan comparar, en los términos de voyerismo y mentira y la exploración de la sexualidad mediante esos dos tópicos, finalmente son dos películas divergentes en su sentido moral. Closer nos muestra un mundo en espiral, una rueda de la fortuna, donde si antes estabas arriba, luego estás abajo y luego arriba nuevamente. El deseo y la insatisfacción son estados permanentes, cíclicos. No hay destino final, sólo la muerte y mientras ella llega, debemos estar a merced de nuestros deseos incumplidos, de nuestra frustración constante. Es decir, en Closer, todo el sufrimiento se basa en el egoísmo. No hay solidaridad. El amor no es amor al otro, es simplemente amor a uno mismo. El amor, por ello, no es nunca real. Es una necesidad, es arrebatador, es un disparo que deja herido, pero no es solidario; es el egoísmo hecho deseo.
A diferencia de Sex, Lies and Videotape, donde vemos una evolución en los personajes, un principio y un fin. Ann y Graham, logran deshacerse de sus miedos, vencen la cárcel de sus autoimpuestas trabas para amar, para finalmente sentir placer sexual. Los que se sentían ganadores en un principio, pierden. No es una historia de malos y buenos, sólo una historia de mentirosos frente a no mentirosos. Los no mentirosos logran ser felices cuando no tan sólo no les mienten a otros, sino que tampoco se mienten a ellos mismos. La realización de un amor y un deseo sin trabas es posible, y el deseo es, así, saciado. Por lo tanto, el poder de la honestidad, de la sinceridad, es liberador.

Sex, Lies and Videotape (Steven Soderbergh, 1989)
Premios:
Oscar: Nominada a Mejor guión original
Festival de Cannes: Palma de Oro, Mejor actor (Spader)
Premio FIPRESCI
Festival de Sundance: Premio del Público
Círculo de Críticos de Nueva York: 2 Nominaciones
Premios César: Nominada a Mejor Película Extranjera
Asociación de Críticos de Chicago: Mejor actriz secundaria (Laura San Giacomo)
Sindicato de Productores (PGA): Nominada a Mejor película.

Closer (Mike Nichols, 2004)
Premios:
2 nominaciones al Oscar: Mejor actor de reparto, actriz de reparto (Portman)
Globos de Oro: Mejor actor de reparto, actriz de reparto, 5 nominaciones
BAFTA: Mejor actor sec. (Owen). Nom. actriz sec. (Portman) y guión adap.
National Board of Review: Mejor reparto, Círculo de críticos de Nueva York: Mejor actor de reparto (Clive Owen)
Toronto: Mejor actor de reparto, nominaciones Critics' Choice Awards: Actor sec., actriz sec. y reparto.



Por Lafayette


domingo, 4 de septiembre de 2016

EL MURO


04/09/2016 
Por Lafayette

El mundo está cambiando. ¿De verdad? Esas periodizaciones o nombres de coyunturas específicas que uno suele leer en los libros de historia, “Revolución Francesa”, “Abolición de la Esclavitud”, “Independencias Americanas”, “Primera Guerra Mundial”, “La Gran Depresión”, y tantas más, seguirán apareciendo en los futuros libros de historia e intentarán establecer una lógica en lo que hoy estamos experimentando como planeta Tierra. He estudiado varios años la historia de una pequeña parte del tiempo humano y del espacio humano. Es, ciertamente, imposible abarcarlo todo en una vida. Ni siquiera en muchas vidas. Es como querer conocer a todas las personas que viven en el mundo hoy, y a las que vivieron antes. Resucitar a los muertos, juntarlos con los vivos y reunirlos en un lugar para escucharlos hablar. Eso es imposible. La historia es eso, pero aún más, es un caos inmenso que es preciso organizar.
Cuando tenía casi siete años, en la televisión transmitían como en Alemania la gente destruía un muro de concreto y todos celebraban ese hecho. No comprendía muy bien lo que ello significaba, pero mi mamá me explicó lo de la Gran Guerra y la división de ese país. Yo tenía alguna noción de lo que significaba comunismo y también dictadura militar y otras cosas, crecí durante los últimos años de Pinochet, mi mamá era de izquierda, una de los miles que sufrieron con la caída de Allende, sepultando después de aquello, en parte, los sueños del “pueblo”. Entendía, más o menos, que una parte de ese país Alemania era comunista y otra, era como EUA, es decir, “moderno”. Lo comunista no era malo, era una utopía antigua, pero lo que se parecía a EUA, por lo menos lo que nosotros, chilenos, conocíamos de EUA, a través de sus películas y series, era siempre brillante, grande, entretenido y de piel blanca.
Para mí, en esos años, ver ese muro caer, muro que había sido construido cuando sólo había películas en blanco y negro, era algo de un pasado remoto. El mundo estaba ahora abierto a la libertad y ese muro, el pasado, ese muro, que había dejado atrás la era del “blanco y negro”, ya no existiría más. Yo crecía y el mundo era otro conmigo; Pinochet ya no gobernaba mi país, el comunismo era cosa del pasado, porque ya no se necesitaba, al final parecía que la solidaridad y la modernidad habían ganado. Recuerdo, poco tiempo después, bombardeos televisados. Guerra en Irak, yo no comprendía casi nada. Pero me era tan lejano todo eso, era casi, en mi mentalidad de niña, una película más de esas que veía en la tele o en el cine.
Había cierta sensación de estabilidad durante los ’90, yo lo creía así. Las cosas eran distintas. Yo lo veía a través de las imágenes. Las modas eran diferentes, la música, era mi tiempo, era mi momento de estar en colores, de aprehender lo que había a mi alrededor. El año 2001 ocurrió algo tremendamente impactante, dos aviones atravesando las torres gemelas en Nueva York, la ciudad ícono de la modernidad. Fue el signo de que los tiempos de “paz” o de una “paz” relativa estaban llegando a su fin (si revisamos ahora la historia de los años ’90 a nivel mundial, veremos que de paz hay bien poco). El orden mundial comenzaría a cambiar, algo profundo traería aquello, fuera lo que fuera. Y así ha sido, sin duda, así ha sido.
Hoy Donald Trump, candidato a la presidencia de EUA, habla enérgicamente de la construcción de un muro, al estilo del Muro de Berlín, en la frontera de México con EUA. Lo hace en los peores términos, avivando la xenofobia de los WASP contra todo lo que huela a habla hispana, particularmente mexicano (aunque yo creo que gran parte de ese grupo de seres cree que todo lo que hay al sur de EUA se llama México, con suerte conocen también Cuba). Su discurso es tan violento e irrespetuoso, se ha mofado de tal manera del gobierno de México, que sin duda ha faltado a todas las reglas de la diplomacia. Su discurso termina siendo un show. Sin embargo, alienta a muchos a pensar que sus razones son correctas, que sus motivaciones son justas, que hay que pensarlo dos veces, porque, si es cierto que la migración es el origen de todos los males, y que los mexicanos que llegan a EUA son todos violadores, criminales de todo tipo y narcotraficantes, entonces no queda otra solución que frenar la migración y qué freno más directo que un muro.
Estamos volviendo a la Segunda Gran Guerra. Estamos volviendo al siglo XV, a la construcción de la Muralla China. ¿Es que no hemos avanzado nada en todos estos años? ¿Dónde quedaron lo acuerdos de paz, la unión del mundo, la idea de que los más grandes ayudarían a los más pequeños? ¿Para qué sirve tanto premio Nobel de la Paz? ¿Para qué han servido los Derechos Humanos, sino para quebrantarlos sistemáticamente? ¿Para qué se secularizó el mundo occidental, se acabó con el imperialismo cristiano, si la intolerancia religiosa continúa? ¿En qué quedamos con que el racismo es negativo y destructivo, si seguimos apelando a él para justificar acciones de guerra y de violencia?
Tras escuchar a Trump y su famoso muro mexicano y ver en las noticias europeas lo que ocurre con la crisis de los refugiados que llegan de Siria y de países africanos que están en guerra, a las costas de Grecia o se internan por Turquía, cuya finalidad es llegar al centro de Europa lo que muy pocos consiguen (porque hay una serie de barreras que impiden el desplazamiento libre de la gente, muros que se están ampliando y reforzando día a día), comencé a buscar información al respecto. La “resurrección” de los muros, no es cosa nueva. De hecho, nunca murieron. La ansiada modernidad no terminó con la práctica más antigua del mundo de cercar el espacio propio frente a la amenaza. En esta era de la supuesta tolerancia, del respeto, de la comunidad de las naciones, no hemos avanzado más allá del feudalismo y el esclavismo en lo que respecta a prácticas de segregación étnica.
En abril del año 2015 podían contarse siete muros construidos después de la caída del Muro de Berlín que han sido llamados, con mucha razón, los “muros de la desigualdad”. Intentan impedir el paso de migrantes “ilegales” que van de países con menor esperanza de vida, tasa de alfabetización baja, entre otros índices, a países con mejores condiciones laborales y de vida. Es posible que a la fecha hayan más. Los límites que separan son España/Marruecos, Grecia/Turquía, Turquía/Bulgaria, India/Bangladesh, EUA/México, Sudáfrica/Botsuana y Mozambique; Botsuana/Zimbabue.
Quienes se arriesgan a llegar a los muros, corren peligro de ser deportados, en gran cantidad, y muchos terminan muertos. Los muros cuentan con diversos sistemas de protección, alambres de púas, algunos con cercos electrificados. Los guardias, en algunos casos, simplemente tiran a matar a quien se acerque. Como el caso de la barrera entre India y Bangladesh, llamado también “el muro de la muerte”, la cual es la quinta más larga del mundo y fue construida para terminar con el tráfico de drogas, bienes y el cruce ilegal de personas entre los dos países. Se extiende a lo largo de toda la frontera en común, esto hace que los bangladeshíes se sientan encerrados. Está custodiada por fuerzas armadas indias que se conocen por disparar antes de preguntar. Las estimaciones oficiales calculan que en la India hay dos millones de personas indocumentadas procedentes de Bangladesh. Sin embargo, el número que aparece publicado frecuentemente en los medios de comunicación de la India es el de veinte millones. El año 2011, uno de los incidentes más dramáticos sucedidos en la valla fue la muerte de una joven de quince años lo que forzó al ministro de interior de la India a anunciar que ya no se utilizarían armas letales ni se dispararía a civiles bajo ninguna circunstancia. No obstante, al día de hoy, los guardias fronterizos de Bangladesh informan de palizas mortales, lapidaciones, estrangulamientos e inyecciones letales.
La frontera entre EUA y México, es para los latinoamericanos una historia conocida. Más allá de Trump, sabemos los diversos momentos críticos por los que han pasado ambos países por esta compleja situación. Pero, como es común en las diversas políticas exteriores de EUA, donde guerra es negocio, en este caso la barrera fronteriza, que ya existe, es el negocio perfecto para la industria militar norteamericana. Este muro se extiende a lo largo de dos tercios de la frontera común. Halliburton controla un tramo de la frontera en Texas, General Atomics ha vendido “drones” y la empresa israelí Elbit, que desarrolla operaciones en el Muro de Cisjordania, está gestionando sistemas de vigilancia en Arizona. De 2007 a 2014, el gasto en seguridad fronteriza ha rondado los 100.000 millones de dólares y va en aumento. La ONG BorderAngels denuncia que ese muro ha causado 10.000 muertes desde 1994. La Patrulla Fronteriza habla de 5.570 muertes entre 1998 y 2012. Pese a que se ha dado por sentada su ampliación, su eficacia no es muy evidente: un informe de Migrant Policy Institute de 2009 estimaba que el 97% de los migrantes que trataban de llegar a EEUU desde la frontera mexicana lo conseguía. Otro dato: un informe de la Government Accountabilty Office señalaba que el Departamento de Seguridad Interna no había aún medido el impacto del muro en la seguridad fronteriza.

¿Qué significa el discurso de Trump? ¿Cómo podríamos interpretarlo, de cara a las evidencias? ¿Cuál es su verdadero objetivo al afirmar que el muro entre México y EUA se va a construir y que México lo va a pagar, aunque aún no lo saben? ¿Qué hay detrás de esa retórica autoritaria, que rememora la política de principios del siglo XX del “gran garrote”? ¿Qué efectos tiene todo ese discurso en la población norteamericana “nativa”, y en la población de extranjeros en EUA, los cuales son muchos, y muchos de ellos de origen hispanoamericano y mexicano, y no pocos con estudios universitarios y de postgrado? ¿Cómo es posible interpretar esta política de promesas de candidatura xenofóbicas en un mundo que está viviendo, como hace décadas no ocurría, una crisis de migración, que se refleja hoy en día con fuerza en Europa?
Durante 2016 se ha seguido ampliando las barreras en los países receptores de refugiados de guerra. Hungría en la frontera con Serbia y Austria con Eslovenia, entre otros. La detención de los refugiados en las zonas de llegada y el intento de éstos de sobrepasar las fronteras, está produciendo una grave crisis humanitaria. En teoría, la idea es dejarlos pasar, pero evaluándolos bajo ciertos criterios de inmigración muchas veces arbitrarios, y dadas las circunstancias, discriminatorios.
Según algunos, esta política de detención de los migrantes a través de barreras ha servido a los países de Europa central y del norte para evaluar cuál va a ser la política a seguir, es decir, los Balcanes han servido como “laboratorio de experimentación”, y de alguna manera el cierre de fronteras intenta detener la migración, en tanto se resuelve el problema con los que ya están en el continente.
Sin embargo, la gente continúa llegando por tierra y por mar, arriesgando su vida para encontrar un futuro en Europa. Pero es claro que las vallas y los muros no están funcionando. En los treinta países donde trabaja la organización humanitaria IRC (Comité Internacional de Rescate) y tomando en cuenta toda la experiencia con muros y cercas en dichos países, se ha demostrado que cuando más alto se construya un muro, más alto salta la gente y cuanto más profundas las vallas, más camino recorrerán quienes quieren atravesarlas.
Los únicos beneficiados con estos muros, además de las empresas de seguridad, han sido los traficantes de personas. Según el director del IRC una persona paga US$1.300 para poder cruzar los 6 km del mar Egeo, de Turquía a Grecia. Pagan US$650 para llevar a un bebé y se lo pagan a los traficantes. De este modo algunos están ganando mucho dinero, debido al fracaso para establecer rutas legales y organizadas para la gente que desea salir del Medio Oriente.
Lo que se necesitaría, sería una mejor coordinación internacional, no sólo de Europa sino mundial, para hacer frente a esta crisis. Dice el director del IRC que ningún país europeo, ni siquiera Alemania, puede asumir toda esta carga solo, por eso debe haber una reubicación coordinada de personas en toda Europa y es importante que el resto del mundo también pueda contribuir. Canadá aceptó 25.000 refugiados sirios y eso fue muy positivo. Pero Estados Unidos sólo ha aceptado a 10.000 y es necesario duplicar esa cifra. Según el IRC, los muros no funcionan.
Con estos datos y con este escenario mundial, el discurso de Trump es mucho más que un discurso contra la migración mexicana. Y es muy peligroso, no porque el muro se pueda construir, sino por lo que implica todo el aparato retórico que ha movilizado para convencer a su audiencia que él tiene el poder, que ellos, los WASP tienen el poder de hacer lo que les plazca en Latinoamérica, cuando quieran y como quieran.

Referencias: