domingo, 3 de noviembre de 2019

El abismo que se abre ante el "para siempre"


“Rumor Has It…” (2005 – Dir. Rob Reiner –EEUU)
Jennifer Aniston (Sara)
Kevin Costner (Beau Burroughs)
Mark Ruffalo (Jeff)


“Newness” (2017 – Dir. Drake Doremus –EEUU)
Laia Costa (Gaby)
Nicholas Hoult (Martin)
Danny Huston (Larry)


Nuevamente, y por una de esas casualidades de la vida, vi dos películas en un breve tiempo que tienen mucho en común. Casualidades, porque no sabía nada de ellas antes de verlas, sólo que eran historias de amor, de parejas, y no eran precisamente comedias románticas, pero tampoco dramones de esos. Los filmes en cuestión son “Rumor has it…” (2005) y “Newness” (2017).
Ambas protagonistas, en cada filme, juegan un papel fundamental en estas historias, pues se nos presentan en un momento decisivo de sus vidas: el del viaje hacia sí mismas el cual les permitirá ser, finalmente, agentes de su propio destino romántico. Los puntos en común son varios y me detendré en ellos, más que en sus diferencias.
En ambos filmes tenemos una pareja joven o adulta joven, estable o que tiene planes de futuro. En la primera, tenemos a Sara (Jennifer Aniston) y a Jeff (Mark Ruffalo) y en la segunda a Gaby (Laia Costa) y Martin (Nicholas Hoult). Si bien el primer filme nos muestra una pareja, al parecer, consolidada, pues sabemos al iniciar que Jeff ya le ha propuesto matrimonio a Sara y ésta ha aceptado, en la segunda historia asistimos al inicio del romance entre Gaby y Martin, un contexto menos convencional y más relativo a los tiempos que corren, donde las citas por aplicaciones móviles están a la orden del día en la vida de ambos, y el aburrimiento de una pareja estable parece ser la razón de buscar otras opciones. Sin embargo las diferencias, en ambos casos la pareja se ha prometido el “juntos y felices para siempre”.
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Sara llega de Nueva York a Los Ángeles al matrimonio de su hermana, y se entera que su madre (ya fallecida) había tenido un romance breve antes de casarse con su padre, con el mismo joven que había seducido su propia abuela (aún viva) por esos mismos años (más de 30 años atrás). Sara cree que ese hombre podría ser su padre. Paralelo a esto, ella está pasando por un momento confuso, pues no cree que su madre se haya casado por amor, y siente que ella misma ha cometido un error en aceptar casarse con Jeff. Decide ir a buscar a su supuesto padre, que había sido amante de su abuela y de su madre, llamado Beau Burroughs (Kevin Costner) y que vive en San Francisco. Viaja sola, pues su prometido debe volver a Nueva York.
Encuentra a Beau, un hombre maduro, pero muy atractivo y con mucho dinero; conversan y se cuentan toda la verdad, y él le dice que es imposible que sea su padre, pues él es infértil desde los 11 años. En toda esta vorágine de verdades y romances diversos, Sara está confundida, y finalmente es seducida, o se deja seducir por Beau, lo que la encanta justo en esos momentos de duda. Su prometido lo descubre, y Beau le dice que se quede con él, porque ella le gusta; ello llevará a Sara hacia un descubrimiento de sí misma, a sincerarse con su padre y hermana, y comprender qué es lo que realmente desea.
Gaby y Martin se conocen en Los Ángeles por una aplicación de celular. Es, de hecho, la segunda cita de la noche de cada uno. Pero encajan rápidamente, y se suceden unos meses de romance intenso y apasionado, hasta que deciden vivir juntos. Hay, sin embargo, cosas que no se dicen, Martin tiene ciertos secretos familiares que no quiere contar a Sara, por lo dolorosos que fueron: la muerte de su hermana siendo adolescente y la separación con su exesposa, lo que sucedió tras el aborto espontáneo que ella tuvo.
Por su parte, a Gaby le afecta esa reticencia de contar su pasado por parte de su novio, y además extraña esa libertad y ansias de conquista que daba la soltería. Ambos, después de un tiempo, comienzan a vivir sus rutinas, hasta que sucede que una misma noche ambos se engañan mutuamente. Rompen, pero se rearticulan, prometiéndose que nunca se van a mentir, y Gaby propone que si el otro quiere coquetear o incluso tener sexo con otra persona, lo podrán hacer: una relación abierta; él acepta. Sin embargo, Martin nunca le cuenta a Gaby esa herida abierta que aun tiene con su exesposa . Eso hace, que, a pesar de todo, haya algo que los separa.
En ese trance, Gaby conoce a un hombre en una fiesta. Es un hombre mayor, empresario, cuya abogada es una amiga de la pareja. Este hombre, Larry (Danny Huston) es un atractivo hombre maduro, dos veces divorciado y con mucho dinero. Gaby comienza a ver a Larry, con el conocimiento de Martin. Parece todo aceptado y aceptable. Sin embargo, Gaby sabe que su novio algo le esconde, decide irse a casa de Larry después de una discusión, y éste le propone que se vayan juntos a Europa, donde lo han transferido por dos o tres años.
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En los dos filmes tenemos estas parejas estables y enamoradas. Las mujeres son las que no están seguras con lo que tienen. No están seguras de querer continuar con sus parejas, a quienes dicen amar y que son personas adecuadas para ellas, por sus edades y por la realidad social y laboral de ambos, y, además, porque las aman. En ambos filmes, estas mujeres son atraídas, y comienzan una relación no formal con hombres mucho mayores que ellas, que les ofrecen sexo, diversión, comodidades y estabilidad económica. La oferta es tentadora. Beau y Larry no tienen nada que perder, han pasado por todo en sus vidas. Sara y Gaby, se debaten entre la aventura y la estabilidad. La aventura parece, a ratos, la libertad. La estabilidad con sus parejas, parece, el aburrimiento y la atadura eterna a un solo hombre.
“Rumor has it…” y “Newness”, nos hablan de la infidelidad femenina y del perdón masculino, en un mundo hecho por las reglas de la monogamia, pero donde sabemos que es imposible sentir atracción y deseo sólo por un hombre (o una mujer), pero que, a fin de cuentas, el “felices para siempre” tiene que ver con una decisión tomada a conciencia y no con algo que simplemente “acontece” de pronto en la vida de alguien.
Ambos filmes, además, nos enfrentan con los conflictos que surgen del amor. Los conflictos que tienen que ver con el pasado, el presente y el futuro. Los conflictos que no acaban con el beso final de la pareja protagónica, sino que inician ahí, en el momento en que dos personas se dicen que se aman y deciden hacer una vida en común.
Como dice Sara, casi al final, cuando pide perdón por su infidelidad, y parece que Jeff no puede perdonarla “No es que yo no pueda vivir sin ti. Sí puedo. Es que no quiero”. No es que no podamos reemplazar una persona por otra. Eso se puede. Lo importante es la voluntad de querer iniciar una vida con alguien y saber que esa vida no es sólo placer y fiestas, sino que también se compone de momentos triviales, aburridos, normales: la vida, al final de cuentas.

Por Lafayette

lunes, 28 de octubre de 2019

Una hoja en blanco, y un país convulsionado (a los hijos del siglo XX)

Por M.N.A.M.


Hace algunos años, en aquel que falleció Pinochet (2006), o el gran año de los universitarios, hidroaysén y los cacerolazos, el 2011, escribí algunas palabras, conmocionada por lo que veía aparecer en las calles y lo que se veía venir a futuro. Nunca he sido de discursos (de oratoria), lo mío son las letras escritas. Me confundo a veces, olvido en ocasiones lo que tengo que hablar, o tartamudeo. Pese a que he ejercido la docencia (universitaria) en algunas ocasiones, y la seguiré ejerciendo, nunca me vi como una oradora. No soy dirigente de nada, nunca participé en agrupaciones de ningún tipo, partidos, sindicatos. Nada. Una más de los miles de "desorganizados" chilenos. Pero escribo sobre lo que sé, y sobre lo que veo y me parece relevante. Y, por ahí se ha dicho, que la "pluma es más fuerte que la espada"; pues vamos a ensayar cómo esta pluma, que tal vez muy poca gente llegue a leer, podría desafilar un poquito la espada de la ambición, y la violencia de la indiferencia.
Justo el 15 de octubre de 2019, yo volvía de Santiago a Temuco, de unas actividades que tuve que realizar en la capital. Me alertaron de las evasiones masivas del metro por el alza del pasaje que se estaban ya produciendo, cosa que no alcancé a ver, pese a que anduve, esos dos o tres días que estuve por allá, bastante en metro (y siempre pagué, obedientemente).
La explosión se dio el viernes y sábado, estaciones quemadas, estado de caos general, manifestaciones espontáneas del descontento. La crónica de los hechos son fácilmente rastreables en Internet. Miles de videos, testimonios, fotografías, circularon por las redes sociales, por Youtube, etc.
Estamos, en este momento, 28 de octubre, aún en el medio de torbellino. El gobierno llama a "volver a la normalidad", pero para la gran mayoría de los chilenos, ya no existe esa normalidad. Decenas perdieron a sus seres queridos por culpa de la represión militar y policial. Otros tantos fueron violenta e injustamente detenidos. Casos de abusos sexuales y de tortura comenzaron a circular ya el día lunes (hace una semana). Las cosas no fueron tan sencillas. Un halo de dictadura, un aire a los años '73-'89 estaba cargando el ambiente de fetidez.
Son los hijos e hijas del siglo XXI los que dieron la voz de alarma: ¡debemos cambiar el aire de este viciado ambiente! ¡Debemos abrir las ventanas del mañana! Los muchachos y muchachas de 15, 16, 17 años, nacidos en este nuevo milenio, que crecieron con celulares y youtubers, son los que se saltaron las "reglas", y dijeron, ya es mucho; esto, ya es mucho.
¿Cómo escribiremos esta historia? ¿Cómo explicaremos a nuestros nietos y bisnietos este momento crucial de Chile, en donde hemos visto que nos estamos transformando un poquito más en humanos?
Es justamente esta generación, que ha interactuado con las máquinas mucho más que ninguna otra anteriormente, la que nos ha demostrado que la unión hace la fuerza, que es la persona la que vale, y que la tecnología es un medio, un maravilloso medio, pero nunca un fín.
El tecnologisismo del siglo XXI, la era digital que parece comernos, dio más luces a nuestros hijos y hermanos menores de lo que nunca nos dio a nosotros, los hijos del siglo XX. A las generaciones que tienen más de 20 años, y, sobre todo, a las que ya contamos con más de 35, que vivimos la dictadura, o a lo menos los últimos estertores de esta, y que recordamos muy bien los 90 de la "transición" y que saludamos el siglo XXI con esperanza e ideas de futuro, a estas generaciones (y qué hablar de los que tienen entre 45 y 60 años que les tocó la peor parte de crecer y ser adolescentes y jóvenes en el '73), a estas generaciones, repito, ya "viejas" nos atormentó el miedo a perder lo que "ganamos" con la democracia, y nos entretuvo en demasía la tecnología, el cibermonday, el blackfriday, sturbucks, los viajes por booking y las compras por amazon.
Pero a los hijos del siglo XXI, esas cosas son tan normales, que no tienen ese "miedo" a perderlas, porque parecen ser parte esencial de la existencia, como los árboles o los pájaros. Y si las perdieran, qué ¿Acaso la gente antes no vivía igual y feliz sin todo aquello?
El punto es que no son las cosas ni los bienes que nos da este sistema neoliberal lo que ahora, después que los jóvenes nos abrieron los ojos, lo que se teme perder. Al diablo con todo ello! Es ese poquito de dignidad y libertad que estábamos hipotecando por tener todo eso otro.
Los hijos del siglo XX estuvimos prefiriendo tener un televisor con más pulgadas, que tener un acceso más equitativo a la salud. Preferimos cambiar cada 6 meses el celular, que poder tener un acceso universal a la educación de calidad. Optamos por aumentar nuestros cupos en tarjetas de crédito (para endeudarnos a mil años por cosas lindas y a la moda) que mejorar nuestros ahorros para nuestra vejez...
Y todo eso se nos dijo que era bueno. Y creímos. Creímos que la felicidad estaba en todo ello.
Y los jóvenes, como siempre, menos temerosos y menos contaminados, nos dijeron, "¿qué hacen hijos del siglo XX? Ahora  somos nosotros. Nosotros y nosotras, mujeres y hombres, nacidos en el nuevo siglo, los que tomaremos la batuta de futuro, y los haremos entrar en un tiempo en donde los anquilosados espíritus heridos del pasado, tendrán su recompensa y paz, y construiremos un mundo mejor."
No cerremos nuestros oídos, ni nuestros espíritus. No nos quedemos en el miedo (es difícil, yo misma temo, tengo miedo). No desistamos de hacer oír la verdad. Hay muchos hijos del siglo XX que están luchando por la misma causa. Y las generaciones unidas son más fuertes que un grupo de adinerados que viven encerrados en sus castillos de cristal desoyendo las verdades de la sociedad.
Es un todo diversos, una masa multicolor, llena de contradicciones y diferencias, la que marcha cada día. Pero hay un bien mayor, una idea en común que todos podemos comprender.

Todo esto, ha sido escrito, para presentar este video que me ha sacado lágrimas.
¿Un escenario posible de aquí a unos, no sé, 25 años? Ya lo veremos!


martes, 19 de febrero de 2019

Ni grandes pasiones, ni grandes destinos: el romance de la gente normal (después del despecho)


Voy a comentar, comparar y reflexionar acerca de dos películas que he escogido dentro del inmenso abanico de comedias románticas que se han filmado en la historia de la humanidad, especialmente en los últimos años. Hollywood es experto en ellas, las cocina como galletas, con recetas ya conocidas. Aun así, algunas siguen resultando buenas, otras regulares, otras muy malas, y alguna que otra por ahí, podría llegar a constituirse en una gran comedia romántica, de esas que surgen una vez cada cinco años o más.
Fuera de Hollywood, y aunque no lo creamos, también se hacen comedias románticas. Y el desafío es mayor: no parecer que copian el recetario hollywoodense. Pero, por alguna razón, pareciera que es preciso inspirarse en ellos, con ciertos elementos ya previstos que podrían llevar a un triunfo. Tan acostumbrados estamos al formato que nos gustan, necesitamos, los finales con beso y rosas, y cosas por el estilo. 
Las dos películas que comentaré han sido, casualmente, vistas por mí en un período de dos días seguidos. Y a pesar de sus diferencias, creo que coinciden en ciertos puntos. De antemano digo, que no son grandes películas. Podrían ser hasta casi olvidables. Especialmente una. La otra, según mi percepción, tiene ciertos elementos que la hacen superior, especialmente en lo que respecta a las actuaciones y a la química entre los personajes.

Una es “Two night stand” (EEUU, 2014) dirigida por Max Nichols y protagonizada por Miles Teller y Analeigh Tipton. La otra es “Nuestros Amantes” (España, 2016) dirigida por Miguel Ángel Lamata y protagonizada por Eduardo Noriega y Michelle Jenner.

En la primera el argumento es el siguiente. Megan, una joven recién graduada, desempleada y sufriendo aún por su ruptura amorosa, decide buscar una cita por internet, algo que la saque por una noche de su letargo. Encuentra a un joven, Alec, que aparentemente está tan solo como ella, y deciden reunirse en casa de él. A la mañana siguiente, al parecer el encuentro no ha sido tan exitoso, y cuando Megan intenta literalmente huir, no puede porque la tormenta de nieve más grande del último siglo ha cerrado las salidas del edificio y, además, ha paralizado la ciudad completa. Deben asumir que, pese a la incomodidad, deberán sobrevivir un fin de semana juntos. Por supuesto, de un rechazo inicial, por parte de ella especialmente, a partir de conversaciones más o menos profundas y ciertos eventos claramente de comedia, como que ella tapa el inodoro con una hoja de revista e inunda el baño (aunque este evento genera otro suceso que es esencial para el desenlace), se descubre que ambos están viviendo un proceso más o menos semejante: tienen que asumir rupturas amorosas ya consolidadas o por venir, y deben establecerse como adultos en un mundo que les exige “ser alguien”.

En la segunda, un hombre de unos 40 años ingresa una tarde a una cafetería-librería, con cara de despistado, y pide coñac. Bebe unos 'chupitos' y se sienta. Justo frente de él, una mujer de unos 30 años, sentada en un sillón leyendo, lo mira. En el acto, ella se pone de pie, y se sienta en la mesa junto a él. Ella lo saluda y lo invita a jugar, sin ninguna otra explicación que decir que tal como los niños del parque se acercan a otros sin conocerlos y simplemente juegan, ella quiere experimentar conocerlo simplemente por el placer de hacerlo. Las reglas, no decirse los nombres, no buscarse por internet, y quedar en verse otros días sin tener que usar el móvil. A partir de ese momento, comienza una amistad que va develando las personalidades de cada uno, y los conflictos amorosos de los cuales ambos no han acabado de salir. Lo que parecía coincidencia, resulta que no es tanto y, además, a ambos los han engañado sus respectivas parejas. Sin recurrir a escenas propiamente cómicas, excepto por el amigo del protagonista, sino simplemente con la mantención de un ambiente distendido que nunca llega al dramatismo, pero sí que contiene algunas escenas muy bien logradas de sus personajes, la película se mantiene, igual que la primera, en los diálogos constantes y a veces casi profundos o algo profundos de los protagonistas. Similar a la primera película, esta también nos muestra el proceso de asumir rupturas, tomar decisiones y, sobre todo, no pretender ser más de lo que se es, aunque en el camino, igualmente, es preciso aventurarse a experimentar lo que nunca se experimentó (sin exageraciones, por supuesto).
Ambas películas tratan sobre la segunda oportunidad, cuando ya crees que la vida está más o menos resuelta, o te habías acostumbrado a cierta dinámica, algo lo cambia todo. Pero no son los protagonistas de estas historias los que dan el puntapié inicial del cambio, sino sus exparejas, que antes que comience el relato, los han expulsado de sus vidas, total o parcialmente ya. Entonces, los protagonistas, se ven lanzados a ese cambio de lugar, a experimentar un acomodo de sus vidas, pues era algo que no veían venir.
Por otra parte, ambos filmes nos van dando poco a poco datos de sus protagonistas, a medida que ellos se conocen en diversos ámbitos, nosotros vamos armando los esquemas de sus rupturas. El tema laboral es más fuerte en “Two night stand” que en “Nuestros Amantes”, donde es poco relevante para la constitución de los personajes y su conflicto. El tema del romance y el sexo ocupa los otros momentos de los diálogos. En la primera tenemos algo más de diálogo sobre sexo, y de hecho, aparece más sexo en pantalla. Aunque ese es un elemento esencial en el proceso de conocimiento mutuo en ambas películas, sin duda.
Por último, gustos o reflexiones existenciales, no pueden faltar, y es la segunda película la que mayor énfasis pone en algunos pasajes, donde se citan autores conocidos y se alude al gusto de ambos por la lectura.
Sobre las actuaciones y la química de los personajes, la primera película simplemente destacable es la actuación de Miles Teller, aunque el rol no representaba mayores complicaciones. Sin embargo, como pareja, no siempre existe una química certera. Hay momentos que se dan perfecto, otros no tanto.
En la segunda, sin duda Jenner y Noriega se entienden muy bien en sus papeles. La química de ellos resalta bastante, y no deja de ser atractivo el papel secundario del amigo de Noriega, interpretado por Fele Martínez.
Qué queda después de ver estos filmes, podemos preguntarnos. Un simpático recuerdo de unas pocas horas pasadas agradablemente. Y también, nos permiten quedarnos con ciertos pensamientos que nos llevan a reflexionar sobre cuestiones como ¿Es necesario vivir constantemente apasionados por algo? ¿Hasta qué punto el ‘juntos para siempre’ se ha sobrevalorado? ¿Es bueno equivocarse y rectificar aunque parezca tarde? ¿Ser ‘mediocre’ o ‘del montón’ es negativo, en el fondo?

Por Lafayette


martes, 15 de enero de 2019

“El Monje” (“Le Moine”) de Dominik Moll, 2011


El conocido autor británico del género gótico-romántico, Matthew Gregory Lewis (1775-1818), en cuyo círculo se contaban nombres como sus amigos Lord Byron, John William Polidori, Mary Shelley y Percy Shelley, escribió “The Monk”, novela publicada en 1796. Se cuenta que tardó sólo diez semanas en escribirla, y en ella se ven representados todos los prejuicios anticatólicos circulantes en el imperio rival de España en ese entonces, como lo era Inglaterra. Se ha dicho que es una de las novelas góticas más escabrosas y transgresoras de su época, y también una de las primeras del género.

En esta adaptación de 2011, vemos los aspectos esenciales de la novela. Sin ser la primera adaptación, ya se había realizado una en 1972 y otra en 1990, congrega los elementos que relevan tanto en su estética gótica, sin caer en las exageraciones del género, como los elementos religiosos católicos los cuales critica la obra original, siendo muy bien representados.
Vincent Cassel interpreta a Ambrosio, el protagonista, monje de la orden capuchina situada en las afueras de Madrid a fines del siglo XVI. La película comienza cuando un recién nacido es llevado por un hombre en medio de la noche quien tiene la intención de lanzarlo al río. Arrepentido, decide dejarlo en la puerta del convento. El niño, Ambrosio, es adoptado por el prior, quien lo acoge como a un hijo, criándolo en la estricta piedad religiosa. Muchos otros vieron la presencia del niño como una señal demoníaca, a raíz de una oscura mancha de nacimiento en el hombro similar a una mano, sin embargo, fue bien tratado por ser el protegido del prior.
Ya a los dieciocho, Ambrosio deslumbraba con su santidad y celo religioso, y a los treinta era prior del convento. Famoso en la ciudad, congrega a cientos de personas que concurren para ver sus sermones.  En una ocasión, acude la joven Antonia (Joséphine Japy) con su tía. La muchacha queda prendada de la intensa santidad del abad, pero no tiene aún ocasión de conocerlo personalmente.
Ambrosio se vanagloria de su rectitud y fuerza para no dejarse vencer por las tentaciones del demonio. Sin embargo, algo lo atormenta. Ha tenido un sueño recurrente, que cuenta a su amigo y confesor, el antiguo prior que lo crió como hijo. En él se ve a sí mismo en el techo del convento, y mira hacia abajo, una mujer vestida con un manto rojo reza frente a la cruz solitaria que se encuentra en el frontis del convento. El no ve a la mujer, ella nunca voltea, pero desea alcanzarla y no puede.
En sus confesiones regulares, las monjas acuden en grupo dirigido por la madre superiora (Geraldine Chaplin) a confesarse con Ambrosio. Una de las novicias confiesa sus pecados, pero ellos son mínimos en contraposición con su nerviosismo, lo que despierta dudas en el confesor. Al terminar la confesión, accidentalmente deja caer un papel. Es una carta escrita por ella a su amante, para huir juntos. Ambrosio no cede a los ruegos de la muchacha, y la presenta a la madre superiora  para que se le dé el merecido castigo. La novicia es encerrada en una celda sin agua ni alimento, luego de comprobarse que está embarazada. A los pocos días, la muchacha muere. Nadie muestra piedad o arrepentimiento por esta terrible situación. Menos Ambrosio.
Es en este escenario de descarnado fanatismo religioso, llega al convento un misterioso joven enmascarado, que se supone es un huérfano que logró salvarse de un incendio que azotó su casa y mató a su familia. Por sus quemaduras, no puede sacarse la máscara. Siente una especial curiosidad por el prior, e intenta acercarse a él. Lo logra cuando en un ataque de jaqueca de éste, el muchacho toca la cabeza del prior, y lo sana. Comienza así una serie de encuentros con el misterioso novicio, que al poco tiempo develará su verdadera identidad a Ambrosio y lo llevará por los caminos del pecado.
La película logra un equilibrio entre los elementos sobrenaturales presentes con la realidad del relato histórico. El ambiente árido y opresor, que son representados con el extenso y seco paisaje de las afueras de Madrid a pleno sol donde destaca el convento en medio de la inmensidad, y los interiores oscuros del convento, contrasta con los bellos y luminosos jardines del convento y de la casa de Antonia, donde resaltan el clima templado y soleado de Castilla, con flores y vegetación placentera. Es también relevante la detención constante de las imágenes en las esculturas externas del convento que representan a personajes demoníacos o penitentes y que juegan un papel esencial para representar en nexo entre lo natural y lo sobrenatural, lo divino y lo demoníaco.
Entre los personajes tipo, el monje santo que deviene en villano en tanto su pretendida santidad esconde un fanatismo inhumano y la muchacha virgen y pura, Antonia, que se transforma en el objeto del deseo carnal, media un tercer personaje arquetípico, la mujer tentadora, reiteración de la Eva que seduce a Adán para caer en el pecado. Si bien los sueños premonitorios de Ambrosio instalaron en él la duda, es la llegada de esta mujer-demonio, quien le entrega el placer carnal nunca antes experimentado, la que desata la vorágine.
Entonces queda la duda, ¿es acaso que un simple sueño despertó el deseo a Ambrosio, y ese deseo “llamó” al demonio del pecado sexual? O bien ¿su pecado se estaba ya gestando antes del sueño y fue ese deseo desconocido lo que generó la seguidilla de eventos, desde el sueño en adelante? En última instancia, Ambrosio buscaba siempre destacar por su rectitud y santidad tal vez porque, en el fondo, luchaba constantemente porque no la poseía.
“Le Moine” es una película de excelente factura, utiliza perfectamente la esencia de la novela gótica, con sus premoniciones, sueños, fantasmas y hechicerías; representa personajes tipo, entre héroes y villanos, sin restarles realismo, humanidad y profundo sentimiento. El debate interior entre el deseo y la rectitud, la lucha por hacer lo que se debe y cree y la terrible decisión de dejarse llevar por los deseos, es representada a la perfección por su protagonista.

Especial mención hay que hacer a la escena de la procesión de la Virgen, con todo el aparataje Barroco: los penitentes cargando cruces o decenas de velas chorreantes sobre las cabezas, la imagen de Nuestra Señora engalanada, y la procesión terminando frente a las escaleras de la iglesia repletas de velas. Sin duda, este tipo de referencias despiertan una profunda satisfacción en los aficionados al estudio de la historia, ya que la recreación impacta en cuanto podemos, a través de ella, percibir el profundo sentimiento religioso de esas épocas, y la impresionante fuerza con que el discurso y al imaginería católica permeaba la sociedad en su conjunto.
Sin duda una película muy recomendable tanto para los amantes del género gótico, como para los amantes de las películas históricas.

Por Lafayette