lunes, 22 de enero de 2007

El navío negrero


(extracto)


'Stamos en pleno mar…

(...)

Era un sueño dantesco…el combés del bergantín,
Que de las linternas el púrpura del brillo
En sangre bañará.
Tintinean los hierros… estalla el látigo.
Legión de hombres negros como la noche,
En tétrico danzar...

Negras mujeres colgando de sus pechos
Niños enjutos, cuyas bocas prietas
Sustenta sangre materna,
Otras mozas, desnudas y asustadas,
En vértigo de espectros arrastradas,
Gimen lamentos vanos.

Ríe la orquesta irónica, estridente…
Girando fantástica la serpiente
En locas espirales…
Si el viejo jadea… si en el piso cae,
Se escuchan los gritos… el fuste estalla…
Y giran más y más...

(...)

En tanto el capitán la faena ordena
Y tras mirar al cielo desplegado
Tan puro sobre el mar
Entre densa niebla, dice enfadado:
"¡Vibrad con fuerza el fuste, marineros!
¡Hacedlos más bailar!…"

(...)

¡Señor Dios de los desdichados,
Dime tú, mi Señor Dios!
Si es mentira… si es verdad
Tanto horror ante los cielos!
¡Oh, mar por qué tú no lavas
Con la esponja de las olas
De tu manto esta deshonra!…
¡Astros! ¡Noches! ¡Tempestades!
¡Arrollad la inmensidad!
¡Dispersa mares, tifón!

¿Quiénes son los infelices
Que sólo encuentran en vos
El reír calmo de la turba
Que al verdugo furia excita?
Si las estrellas se ocultan,
Y si aprisa huye la ola
Como un cómplice fugaz
Frente a noche tan oscura…
Díselo tú, sobria Musa,
Musa libérrima, audaz!…

Son los hijos del desierto
Donde se unen tierra y luz,
Donde vive sin abrigo
La tribu de hombres desnudos…
Son los guerreros osados
Que con los tigres manchados
Combaten en soledad.
Ayer simples, fuertes, bravos…
Mas hoy míseros esclavos,
Sin aire, sin luz, sin razón…

(...)

Allá en la arena infinita,
En el país de palmeras
Nacieron -lindas criaturas,
Vivieron -mozas gentiles…
Pasa un día la caravana...
La virgen en la cabaña
Medita en la noche oscura…
...¡Adiós, oh choza del monte!
...¡Adiós, palmera en la fuente!…
…¡Adiós, amores… adiós!…

El navío negrero
(Tragedia en el mar)
Por A. Castro Alves (1847-1871), poeta romántico brasileño.

lunes, 15 de enero de 2007

La estética de la historia

Por Montserrat Arre Marfull

Cuando tenía alrededor de diez años, y se acercaba la época de Semana Santa, solían dar especiales en la programación de algunas radios, con cantos gregorianos, y en la televisión, jueves, viernes, sábado y domingo, no cesaban de dar películas relativas a la historia bíblica. En ese entonces, yo no me perdía casi nada. Mi madre grababa muchas veces los cantos, casettes que reproducía una y otra vez, y que, incluso yo, años después, escuchaba en mi habitación de adolescente. Las películas las conocía ya bastante bien, pues cada año se repetía más o menos el mismo repertorio. Sin lugar a dudas las imágenes y los sonidos dejaron una huella indeleble en mi imaginario.
En esos días de adolescencia, cuando retomaba los cantos gregorianos, en la penumbra de mi serenidad, oía las voces que se alzaban y entretejían en el tiempo, a mí parecer imitando a los coros celestiales, si ellos existieran, que no tienen tiempo ni espacio, sino que son materia en lo intemporal y lo inmaterial. Esos sonidos celebrados en honor a la divinidad tan prolijamente producidos por voces humanas, llevaban mi imaginación a un viaje en el tiempo, tal vez un tiempo más fantástico que real. Una y otra vez me remitían al monte Gólgota, las tres cruces, el cielo nublado, casi a punto de llover, los espectadores llorantes vestidos de negro, y el aire, acompañando el espectáculo cálido, con un viento ágil y húmedo, los truenos y relámpagos, la muerte de Jesús a las tres de la tarde. Las tres de la tarde. Él ha muerto, el cielo se oscurece, el sol se oculta, se rasga la cortina del templo, el suelo tiembla, el Hijo de Dios ha Muerto.
Escena constante recordada con angustia y emoción, como si la imagen fuese parte formativa de mí, como si con aquel sonido de cánticos volviera a rememorar un momento cúlmine de mi vida.
La imagen histórica-fabulosa de un pasado mitificado transmitido a mí a través de elementos mantenidos, quizás por qué fuerzas, en el tiempo.
Otro momento que viene vívido a mi memoria. Música céltica, Enya. Quince años yo tenía cuando sin dudar The Celts, Orinoco Flow, Shepherd Moon llenaban mi espacio de meditación, lectura o escritura. Enya con sus cantos sintetizados, utilizando sonidos que evocan bosques, ríos, hadas, como si las hadas sonaran, como si existieran. Ensoñando con su música de fondo difícil no es evocar lugares conocidos, como si la lejana Irlanda celta, lejana en el tiempo y en el espacio, fuera parte de mi propio pasado. Figurarme imbuida por el cielo azul del atardecer, parada sobre un roquerío, y a mis pies el mar azul profundo. El viento, una construcción de piedra a lo lejos, a hacia atrás un campo eterno pintado de verde, un verde húmedo, lleno de pasos invisibles, lleno de húmedos recuerdos. ¿Corazón Valiente?¿Rob Roy?¿Lancelot el primer caballero? El mundo celta, pasado remoto, extraño tal vez a mi existencia, se manifestaba verdadero y palpable, en mis ensoñaciones musicales.
Cantigas, trovadores, música antigua, Calenda Maia... ¿Contaba yo con doce, trece años cuando conocí aquel mundo musical por primera vez? Mi madre, nuevamente, introdujo sin querer, el gusto por la música medieval. De sus labios yo escuché por primera vez esos extraños nombres, y nunca más los olvidé. Como si el pasado fuese parte mía, evoqué bajo el influjo sonoro, las cortes medievales, los castillos de piedra, los reyes y reinas ricamente ataviados. Juglares y bailarines danzando al ritmo de la música, gente divirtiéndose. Imagen verdaderamente emotiva a mis ojos. Mi corazón se confundía y sentía un deseo inacabable de transportarme vívidamente a otro lugar. La trivialidad frívola de lo cotidiano, de lo moderno, de lo “juvenil”, me acosaba, y mi alma sólo quería vagar por parajes ya conocidos, por pasados propios pero imaginados, por un ayer no vivido, aunque plasmado vívidamente en mi alma.
¿Muchas películas de época?¿Demasiados libros de fantasía, de seres ultraterrenos, de hombres del pasado?
Tal vez ellos llegaron a mí porque yo los busqué primero, y mis evocaciones me dieron la certeza de mi real origen: si la reencarnación existiera, podría decir que estuve allí, podría decir que aquellos fueron mis lugares, mis pies, otros, pero míos, pisaron el Gólgota de Jesús, el acantilado de lo celtas, el suelo empedrado de Alfonso el Sabio. Yo estuve ahí, mi alma viajó por aquellos parajes, y hoy sueño con ellos, pues son realidad, son mi verdadero pasado.
Imágenes. Imágenes forman mi adoración por ese pasado. Sólo imágenes y evocaciones sentimentales surgen de esa penetración privada y oculta de mi alma. Imágenes bellas que producen placer, gozo de los sentidos, gratuitos, que sirven para crear una sensación estética, pero que, en última instancia sirve para retribuirse, recompensarse.
Mi imaginación del pasado que a través de mi tiempo presente me transportó hasta lo que soy ahora y por ende lo que hago hoy, instaló en mí escenas llenas de una conformación estética, artística, de goce, de lo que yo quería ver, de lo que yo quería ser.
Historia por estética. Gozar del proceso de descubrir y compenetrarse con un pasado remoto pero que se adopta como propio, como si el alma humana fuese una, constante, pero cambiante y multiplicable; intentando encontrar en lo arcaico, en lo que fue, la respuesta a lo que deseo, lo que soy y seré, lo que ésta gran alma común es. O simplemente, no explicar, sólo sentir. Percibir el universo inmensamente pequeño trozarse y hundirse en el pecho, haciéndolo sangrar de la emoción de la simple contemplación. ¿Para qué? Para sabernos vivos, constantes, eternos en nuestro pasado común.
Mi alma se constriñe, se retuerce de una emoción inexplicable cuando presencia escenas que intentan reedificar lo que fue, y lo que ya no será, aunque esas escenas se armen en mi mente. Y me asombro con emoción de saber que no estoy sola en el mundo, que el vacío de la tecnología que puedo a veces sentir, la misma tecnología con sus maravillosos avances, dice que me aproveche de ella. Gracias a eso, mi mente puede evocar con mayor claridad aquello que fue y que me produce un gozo cuando siento que he descubierto algo nuevo, semejante tal vez al gozo de un niño que descubre por primera un caracol en el jardín. El mundo nos sorprende, y no sólo el hoy del mundo, sino sobre todo el ayer.
¿Cómo pudimos ser lo que fuimos y llegar a ser lo que somos?
¿Cómo llegar a entender a aquellos que estuvieron allí?
Goce de los sentidos ante lo extraño. El alma comprende antes que la mente.

Noviembre 2005.

¿Cuál es la utilidad de estudiar Historia?

Por Montserrat Arre Marfull

A veces me pregunto cuantas son las cosas que tienen un real sentido, o más bien un sentido inmediato y tangible en este mundo, y me doy cuenta de que la utilidad de la mayoría de las cosas que emprende el ser humano es "inútil", pues no cumplen la función de "existencia para la sobrevivencia".

Conocer la naturaleza y cómo funciona es útil en la medida en que podemos sacar provecho para producir alimentos y construir nuestros hogares. Pero todo lo que se deriva de esta búsqueda de conocimiento lleva a descubrimientos e inventos del todo inútiles, pues prescindir de ellos, a fin de cuentas, no afectará nuestra sobrevivencia.
Así también, los productos humanos de la cultura son, en gran medida, inútiles, como, por ejemplo, el arte: la escritura poética, la pintura, la escultura, a danza, etc. Tal vez inicialmente cumplieron un rol social fundamental, pues eran las herramientas de comunicación para fines prácticos, como saber a la familia o clan al que cada uno pertenece, o comunicar donde había alimento, o quienes eran enemigos y quienes amigos, o incluso para adorar y llamar a los dioses o fuerzas de la naturaleza, pues sólo así ellos enviarían un tiempo propicio para la cosecha, la recolección o la caza.
Pero con el desarrollo de las arte, la tecnología y la cultura en general en manos de una población mundial creciente y diversa, ciertas cosas comenzaron a ser infalibles, pero para ojos de algunos, bastante innecesarias y hasta inútiles.
La historia se sitúa tal vez en uno de esos campos, como la filosofía y la literatura, que no generan una respuesta inmediata, pero sin lugar a dudas son necesarias a la hora de desarrollarnos como personas íntegras.
Actualmente, el conocimiento popular se limita, en muchos lugares, a un conocimiento vacío de conceptos, local, superficial y frívolo. La juventud actual favorece llenar su tiempo libre con contenidos sin sentido: la farándula, programas de tv que no entregan nada más que entretención burbujeante; ostentan mucho, pero resultan ser nada.
Es obvio que en otras épocas existió este tipo de entretención vacío, seguramente con otros parámetros y mucho menos extendidos. Pero la humanidad y las culturas han pasado por momentos de ardua "culturización" popular, y otros donde sólo unos pocos se han educado en materias como literatura, lingüística, matemáticas y otras cosas.
Y, a pesar de que aveces pienso que, en verdad, estudiar todas estas materias (filosofía, humanidades, arte) no conllevan a nada práctico, me doy cuenta de que el ser humano no es tan solo un sobreviviente: hay que profundizar el conocimiento de nosotros mismos y nuestro entorno, y tratar de comprender y comprendernos, y a la vez expresar nuestro ser interior; no somos animales que consumimos y producimos, los seres humanos no somos bienes desechables de consumo, tenemos la potencialidad de permanecer por nuestras obras, y gracias a ello maravillarnos de nosotros mismos y dejar una enseñanza o simplemente un vestigio para el futuro.
Enseñar cultura es esencial para desarrollar una sociedad sana que logra avanzar en conocimiento y que pueda dejar una huella grata y profunda para las generaciones que vienen. Así, la Historia cumple una función primordial. Conocer la historia de una civilización o de una simple tribu supone introducirse en un mundo nuevo; intentar entender los métodos y razones de sus actos nos entrega a un trabajo mental que nos sumerge en la mejor de las fantasías: sabemos que aquello "fue" real, pero ya no lo es, en tanto que no somos esas personas, pero al fin y al cabo no es puro invento: aquello existió y nosotros, por medio de nuestra mente y nuestra pluma y nuestra lengua lo recreamos para dar testimonio de que no somos únicos y que el presente es una pura ilusión y un resultado de miles de acciones pasadas; lo más tangible que tenemos es algo casi imaginario, nuestra historia que de vez en cuando nos hace cambiar nuestra perspectiva del futuro.
Llenar la mente de conocimiento y expresar lo que somos supone la utilidad más grande del ser humano. El dr. Leopoldo Sáez Godoy, director y editor de la revista Literatura y Lingüística de la Universidad Católica Blas Cañas, el año 1994, escribió: "En nuestra sociedad libremercadista y neoliberal, incluso en la educación superior, se ha ido imponiendo la estrecha concepción de que sólo es valioso aquello que produce ingresos económicos a corto plazo y contribuye al autofinanciamiento. De ser esto cierto habría que descuidar el estudio de nuestras tradiciones, la historia de nuestros pueblos primitivos, nuestra lengua y nuestra literatura, la investigación básica, el pensamiento filosófico, la reflexión sobre el universo y cerrar museos, coros, orquestas, academias de arte, bibliotecas."

Febrero 2004

La verdad es simple, el mundo es el complicado


Por Montserrat Nicole Arre Marfull, diciembre 2006


Pertenezco a la tradición Católica venida desde España a estas tierras americanas. A la rama romana del cristianismo, esa religión que surgió de un puñado de idealistas que siguieron a un hombre al que llamaban Jesús el Cristo, y que pocos siglos luego de su muerte (y resurrección) inundó los corazones y la mente de un imperio.
Vengo de la tradición del Domingo de Ramos, la Semana Santa, el Mes de María y tantas otras fechas. Vengo de esa tradición llena de santos, la misa, la Santa Comunión, los sacerdotes célibes, religiosas castas, seminarios, monasterios. Una larga historia sustenta mi creencia madre, y algo sé y siento cuando oigo decir Navidad.
Jesús es el símbolo y el personaje esencial en esta larga historia del cristianismo. Si los judíos tienen a su Abraham y a su Moisés, los musulmanes a Mahoma; nosotros tenemos a Cristo. Los cristianos alegan que Jesús es, ciertamente, más que los otros, pues no es un simple profeta, sino que es el mismo Dios encarnado.
Yo jamás he discutido ni dudado que Jesús existió, pues no tengo prueba que desmienta que alguna vez vivió un hombre de sus características. Es más, ni siquiera dudo que él pueda ser Dios. Pues a decir verdad, no he dejado de creer jamás en Dios, sea lo que sea. Tal vez he dejado de encontrarle sentido a mucho de lo que se dice o hace en nombre de Dios, en nombre de Jesús. Y siempre me pregunto ¿Cómo es que una humilde o normal familia de una ínfima región de Imperio Romano (aunque muy bulliciosa) llamada Israel, llegó a tener un hijo que causó tanto revuelo, del que muchos hablaron en su tiempo y del que tantos más posteriormente se tomaron la autoridad de en su nombre impartir la palabra verdadera?
Si existió un Jesucristo y si es quien hizo y dijo lo que se dice en las escrituras (por lo menos las pocas que llegaron a través del Nuevo Testamento), creo que su idea de verdad, de amor, de felicidad es tremendamente válida, tanto en sentido metafórico como real. Si Jesús dice que lo dejes todo y lo sigas, por ejemplo, no significa que tengas que despojarte de tu gente amada, y tu casa y hacerte eremita o predicador; sino más bien es, según cada caso, dejar lo que sobra y lanzarte al amor, es decir, dejar lo superfluo, dejar las mentiras, dejar el egoísmo, dejar la envidia, dejar la ambición, y ser sincero y simplemente dar a quien se tiene al lado lo que merece. Pienso, en este sentido, que seguirlo a él no implica un abandono del mundo físico, sino más bien profundizar en la existencia misma y en el real sentido de esta vida. No buscarla felicidad cuando sólo uno la tiene, sino buscarla en la sonrisa de tu hermano, de tu madre, de tu hijo.
Si Jesús nació un día, si fue tal como se cuenta en las historias o fue diferente; si su madre era virgen o no, si un ángel le habló o no, si existió la estrella o los reyes magos, parecen sólo elementos que más que nada embellecen el relato, que lo hacen más completo, convincente y bello, mas no es fundamental a lo que ese niño luego hecho hombre nos legó.
Su mensaje es tremendamente vanguardista, tanto que ni sus contemporáneos ni los papas medievales, ni los hombres de la Contrarreforma, ni muchos cristianos hoy, vieron y ven, hicieron y hacen lo que Jesús sencillamente nos dijo. Pocos son los que llegado el momento de recordar el natalicio de este bello niño, este príncipe divino, reflexionan sobre esa verdad. Abandonar lo superfluo y dejar que la esencia de la vida fluya.
¿Y cuál es la esencia de la vida?¿Qué es lo importante? Tan vanguardista es el mensaje de Cristo que ciertamente esta respuesta se inserta en el término de la relatividad y la interioridad. Es imposible responder a esta pregunta en términos generales, a pesar del sentido común, pues lo esencial para cada uno difiere. Sin embargo existen parámetros en donde los humanos nos movemos. Amor, caridad, entrega, abandono, pobreza, respeto... palabras que ahogan los discursos cristianos del mundo y la historia, sin embargo lo que siempre queda es la idea de pecado, castigo, juicio, fin de los tiempos... Desgraciadamente nos hemos acostumbrado a valorar la religión desde el punto de vista de la negación más que de la depuración. Yo creo que no es el negarse, sino el encontrarse, lo que es esencial para la felicidad. Sin embargo por desgracia vivimos en un mundo de enajenación, donde el valor esencial es tener, más que el conocer, es la cantidad, más que la calidad, es el ruido sobre el silencio, es la muchedumbre por sobre el conocido, es el exteriorizar por sobre el interiorizar.
Lamentablemente seguimos equivocados. Los cristianos, no todos mas sí muchos, siguen luchando por dogmas, estructuras, reglas, sin embargo lo real es que Jesús está en nosotros y lo encontramos cada vez que alcanzamos a tocar la verdadera alegría viendo felices a quienes amamos. La verdad es simple, el mundo es el complicado.
Tal vez no exista un desenlace a todo este error, y probablemente el error sea nuestro destino y nuestra esencia humana, pues en verdad ¿para qué vivir si lo supiéramos todo, si fuésemos perfectos, cual sería la razón de nacer y morir, y en el camino aprender? Sin embargo la belleza, el amor y la perfección existen en el mundo, por más que la raza humana luche incansablemente por destruir los bienes divinos de la naturaleza magnífica.
Si hay algo que me enseñó Jesús, es que no se halla nada más precioso en el mundo humano que al amar, y junto con él los beneficios y obligaciones que tenemos además por el hecho de existir: debemos ser responsables de quienes somos y de lo que nos rodea si en verdad amamos. Mas creo que no es necesario seguir la regla de una religión para encontrar lo esencial en el ser. Quizás para una considerable cantidad de personas la guía y la tranquilidad que les da el saberse pertenecientes a una comunidad religiosa es primordial, sin embargo a veces la forma engaña los sentidos, y una palabra sencilla puede decir más que una larga y compleja proclama.
Por todo lo que existe y por todo lo que lo podemos mejorar, por nuestras familias, por la verdadera armonía que da el amar, porque mañana seamos mejores y no demos crédito a “todo tiempo pasado fue mejor”, por saber que lo importante es el compartir más que el acaparar, por todo lo que anhelamos de corazón, les deseo una feliz y sentida Natividad de Jesús, y que el símbolo de este día refleje en sus almas el real sentido de sus vidas, por lo menos por lo que dura la Noche Buena.

martes, 9 de enero de 2007

¿Cómo nos juzgarán nuestros nietos y bisnietos?


Por Montserrat N. Arre Marfull, diciembre 2006
Ante los hechos acontecidos desde el domingo 10 de diciembre, específicamente la muerte del General en retiro y ex gobernante de facto de Chile desde 1973 a 1990, puede haber mucho que decir, ya que su persona simboliza y sintetiza una época histórica no lejana a la realidad del Chile de hoy.
Personalmente, para mí su deceso no es un hecho ni de felicidad ni de tristeza, aunque si tuviese que inclinarme por una u otra esfera de opinión, diría que la presencia de Augusto Pinochet. en la historia de Chile, y su accionar desde 1973 hasta hoy se vio teñido, y con toda razón, de una halo de oscuridad y traición. Y no lo digo sólo por razones personales, sino por la concreción de los hechos que desde 1998 desembocaron en demandas del más variado tipo, siendo las más célebremente tristes las que tenían relación con la brutal violación de los derechos humanos.
Mas no hay felicidad, ya que no hay logro de por medio. Ciertamente me parece más significativo el momento en que el NO se erige como victorioso en el plebiscito de 1989, o hubiese sido más satisfactorio si se le hubiese condenado a Pinochet en vida, por lo menos, por los más terribles de sus delitos. Sin embargo no ocurrió así. Yo creo que no había ya intenciones en sus detractores de que Pinochet muriese pronto, y más me parece que daba casi lo mismo su muerte siempre y cuando la justicia se hubiera hecho. Pero el expresar, por parte de muchos y tan rápida y espontáneamente, la felicidad simbólica que significa su deceso, fue un acto extremo de demostración del sufrimiento acaecido durante el gobierno militar. Y, a mi parecer, las demostraciones de sufrimiento y agresividad expresada por sus seguidores son, por una parte un testimonio de la verificación de que el país sigue dividido, en algunos sentidos drásticamente, y que aún existe mucha ignorancia respecto de la historia, unido esto a la mentalidad retrograda y estancada de algunos partidarios del ex General.
“Artífice del Chile de hoy”, “padre de la Patria”, “el salvador”, “el libertador”, son algunos de los apelativos con los que sus partidarios llamaban al tristemente célebre difunto. Padre de la patria, difícilmente, pues Chile estaba instituido y constituido como país ya hace unos 150 años, y su lucha no fue contra destructores de la patria, sino contra gente que también consideraba Chile como su patria, mas contaba con otros ideales políticos. Para que hubiese sido el salvador, como algunos dicen, tenemos que constatar de que existía "la perdición", y que la única salida era la que se utilizó. Sin embargo, pese a la crisis que se vivía en la época, tanto nacional como internacional, difícilmente creo que un golpe de estado como el acontecido y las matanzas que se sucedieron fueran la única solución, como así tampoco todas las medidas económicas y constitucionales tomadas, ya que finalmente desembocaron en que Chile no sólo se transformara, sino que distara potentemente de ser lo que era, por ejemplo, en los años ’60. Un sinnúmero de reformas sociales y económicas, si tal vez salvaron a algunos, sumieron en la pobreza y la falta de educación a muchos otros. 

Libertador, creo que aquí hemos equivocado un poco los valores y la semántica. Dudo mucho que un presidente electo por el pueblo, por muy "comunista" que haya sido, fuera un opresor. Tal vez su gestión no fue la mejor, aunque ciertamente la situación política mundial en este sentido contrariaba con creces las intenciones de Salvador Allende. Mas, los hecho concretos nos demuestran que el nivel de libertades sociales y culturales disminuyeron enormemente en la población chilena desde septiembre de 1973, aunque indudablemente las libertades económicas favorecieron a los pudientes. Y como artífice del Chile de hoy, creo que no es del todo errado, sin embargo, ¿quien dice que el Chile de hoy es mejor que el de 1960, ’70 o ’73? Que se tenga un sistema neoliberal no garantiza que seamos en verdad más libres. El Chile de hoy es el de la delincuencia, que tanto declaran los de derecha, el de las constantes protestas sin sentido, muchas veces, por parte de encapuchados, que aluden a hechos del gobierno militar para protestar, el de la centralización citadina, el de las casas mal hechas y minúsculas para la mayoría de los de clase media o baja, es el Chile de los privados y las tarjetas de crédito, que más que beneficiar, engañan, atrapan. No existe casi individuo mayor de edad en este país que no tenga una deuda con una casa comercial o banco, y lamentablemente una vez que un privado te agarra con sus intereses, seguros y comisiones no te suelta. Somos un Chile al que le llevó años reencontrarse con su genuino folclor, con el arte propio, con la música chilena, con la literatura. Somos un Chile dividido, que intenta caminar hacia el olvido sentimental para encontrarse con un recuerdo histórico a partir de las nuevas generaciones. No nos construyó el “artífice de Chile” los cimientos de la plenitud, aunque por designios divinos, nos logramos mantener vivos. Sin embargo era evidente de que algo tenía que pasar durante los 17 años de su mandato. Era obvio que las directrices de su accionar tendrían que estar marcadas con la oposición tajante a todo lo que sonara comunista, y además favorecer la idea del progreso como el resultado de la acción mental de unos pocos utilizando a todos los demás como obreros obedientes. Su mentalidad militar difícilmente pudo dar paso a algo que no fuera la imposición de la autoridad, que en alguna medida funcionó de manera favorable para el país.
Dicha autoridad, ciertamente, que inspiró tantas emociones divergentes, hace ya años que sucumbió en una especie de olvido por etapas. Pinochet hizo muchas cosas, de las cuales se pueden nombrar algunas muy buenas, sin embargo por más errores y aciertos que cometa una persona como gobernante, el mandar, permitir o el mirar para el lado en relación a las atrocidades contra gente de su patria, contra chilenos, es algo imperdonable y que ciertamente cubre toda buena voluntad que pudo en algún momento haber tenido. Y es una vergüenza que los partidarios sucumban ante ideas infundadas y fanáticas de una casi glorificación de su nombre, cuando por otras partes, e incluso a nivel mundial, se habla de él como el penúltimo dictador, como el dictador de derecha que violó los derechos humanos, y se lo persiguió durante los últimos años de su vida. Es un desconcierto la falta de objetividad y los argumentos erigidos por parte de sus admiradores.
Es una vergüenza también, que en vista de las manifestaciones luego de su muerte, donde ciertamente se produjeron incidentes de violencia por parte de manifestantes, la policía haya actuado con tanta energía contra los opositores de Pinochet y con tanta negligencia contra los partidarios, los cuales incluso atacaron verbalmente y con objetos arrojadizos a periodistas chilenos y extranjeros y no fueron reprendidos, ni los periodistas protegidos, mientras en las marchas hacia la estatua de Allende hubo una constante represión, con gases y lanza-aguas. Sin embargo esta contrariada actitud, creo que el accionar del gobierno era el esperado por todos los que en mayor o menor medida vemos a este personaje por lo que realmente fue, tanto en Chile como en el extranjero, dejando de lado los juicios favorables en demasía.
El señor Pinochet fue un militar toda su vida, y así actuó como mandatario de facto. Su colocación en el poder no fue aprobada por el pueblo, por más constitucional y legítima que haya sido su salida del poder, sin el uso de la fuerza. Sin embargo esto, lo acontecido durante su dictadura merma, como ya dije, los rasgos, en algunos sentidos, de buen estadista que pudo tener, y el acto legítimo de traspaso de mando. Lo merma enormemente, pues ciertamente no hay duda que seguir en le poder significaba para él mismo un riesgo, dada las circunstancias de desapruebo por parte de muchos, en el país y en el extranjero. Por lo tanto creo que la prudencia en este sentido viene del hecho de que no había necedad en su actuar y tal vez seguir en el poder por la fuerza significaría un acto de locura y autodestrucción. Por otra parte, por más que existieran comunistas aún en el mundo, la Guerra Fría era ya pasado, estaban llegando otros tiempos, la democracia se imponía.
Finalmente quiero agregar que simbólicamente y emotivamente la muerte del ex dictador es un hecho relevante, mas no creo que conlleve reacciones políticas de envergadura, sin embargo judicialmente deja cargos y juicios impunes, lo que para muchos resulta lamentable, pues es necesario pagar en vida lo que se hace en vida. Por otra parte, aunque muchos partidarios de su gobierno aún existan, y que tal vez sigan existiendo, su nombre tenderá a desaparecer como un elemento de discordia frenética, y se unirá a la lista de hombres famosos pero tristemente célebres, a la lista de gobernantes que hicieron de la masacre su estandarte de mando y su maniobra de lucha contra el enemigo, que en este caso, fue contra enemigos políticos que contaban con otra manera de ver las cosas, con un idealismo desconocido para el militar tradicional.
Como se ha dicho tanto, la historia lo juzgará, y se verá cada vez más claro como fueron las cosas. Sin embargo las cosas pasan, porque así es como tienen que pasar. La muerte, el odio, las injusticias, lamentablemente son cosas humanas, y la historia se repite una y otra vez, y el tiempo infaliblemente se torna en el mejor juez: paciencia y objetividad dan los años para una mejor elaboración de soluciones y desciframiento de verdades. Aunque en verdad es aquí y ahora como el ser humano realmente se hace responsable de sí, y a veces no es preciso dejar que el tiempo borre las heridas.
¿Cómo nos juzgarán nuestros nietos y bisnietos? ¿Qué dirán de estos días? ¿Acaso Pinochet y Allende tendrán para ellos la relevancia que para esta generación de heridos de guerra que está muriendo? ¿Acaso vale la pena abanderizarse por una causa perdida, por una idea obsoleta? ¿Es necesario descubrir la verdad, saber? La generación culpable y la generación dañada está en sus últimas décadas, y sólo quedamos sus descendientes. Creo que ya es suficiente con el espectáculo de estas últimas horas, y definitivamente hay que dejarse de fanatismos pretéritos y hacer surgir un futuro más digno y más realista. Mirar un poco al mundo y ver que no estamos solos en este planeta, y darnos cuenta que a veces las personas se equivocan colosalmente, y de la juventud depende abrir los ojos y rectificar. Buscar la justicia y la coherencia de las ideas, el respeto por la vida, y la tolerancia hacia el otro, pienso que son premisas esenciales para un buen vivir, en todo ámbito. No todas las personas somos iguales, sin embargo todas las personas somos seres humanos que merecemos un trato digno en tanto nos comportemos dignamente. La acción determina a los sujetos, y es imprescindible que nos exijamos a nosotros mismos y a nuestros gobernantes dignidad y respeto al actuar.

Estamos compuestos de energía y coincidencia


“...estamos compuestos de energía y coincidencia...” (The X Files)
“Aveces uno tiene que decir abiertamente lo que piensa para que no te confundan con algo que no corresponde.” (Essas Mulheres)
“No hubieras venido de no quererlo...” (The X Files)



Había llegado a un punto donde es preciso pensar; pienso mientras veo un nuevo reencuentro.
Compañeras del colegio; seis años sin ver a varias de ellas, a otras, sólo días. Mi mejor amiga egresando en el Teatro luego de cinco duros años de dolor, esfuerzo, penas y alegrías. Cinco años de un entrenamiento, no sólo profesional, sino para la vida.
Un reencuentro extraño, leve y relativamente breve, cercano, risueño, ruidoso, nocturno.
Ver esos ojos, esas risas y sonrisas, un poco distintas, mas un poco de lo mismo; las de siempre, las de antaño, no tan lejano.
Si me aislé de ellas, si tal vez me ensimismé en mi mundo y mi quehacer, fue sin notarlo casi.
Los años han pasado, y no en vano, y he aprendido mucho de la vida.
El humo, la música han dado paso al silencio de la noche, iluminada por la bombilla eléctrica y acariciada por el sonido televisivo.
Otra remembranza. The X Files en la TV, mi otrora adorados e imperdibles X Files. Los de mis tardes y noches de adolescencia, cuando los OVNIs ocupaban parte de mi tiempo y yo creía que quería creer que la verdad estaba afuera.
Pero, aunque aún creo que “afuera” subsisten miles y millones de misterios, creo también que dentro de nosotros mismos conviven elementos trascendentales de la “verdad”.
Mi vida recién comienza, a pesar de la infinidad de recuerdos olfativos, sonoros e icónicos que convergen una y otra vez indistintamente hacia y a través de mi mente.
Yo creo en los ciclos y que sin demasiado esfuerzo volvemos cada cierto tiempo a ser lo que fuimos; un poco.
Pero también creo en la desgracia y tal vez en el destino, cuyos trazos se van formando a partir de diversas pinceladas: tu pasado familiar, tus genes, el lugar donde naces, la familia y amigos que te tocan.
Mas no soy una desgraciada, sino alguien que el destino o “Dios” tal vez aprecian mucho, pues de tanto en tanto veo como soy afortunada y consigo momentos de felicidad.
Cuando pienso a veces que me he equivocado, me doy cuenta que soy humana, pero con tranquilidad y tolerancia intento, por lo menos intento, seguir.
Puedes llorar hasta reventar, eso suele suceder cada cierto tiempo, somos, soy de carne, hueso y agua, sin embargo hay que mirar al pasado para ver el futuro. Y el futuro es el segundo que sigue al momento en que escribo estas “palabras”, y no hay que detenerse a pensar tanto en lo que “haré”, sino más bien hacer lo correcto. ¿Cómo saber lo que es correcto? En verdad no hay consenso en ello pero lo único que sé es que lo correcto nunca daña a quien tú amas, ni a ti misma, si tú te amas.
Yo hoy aprendí que mi pasado me persigue de formas sorpresivas y sorprendentes, mas ese pasado es vivificante y me descubre a ratos quien fui, quien soy. Sólo al estar frente a esos estímulos descubro de nuevo con fuerza donde estuve y cuales fueron mis sueños de adolescente. Quimeras infantiles, de las cuales algunas convertiré en verdad.
Ya no tengo temor, sólo esperanzas; ya no quiero ser quien no soy. Sólo quiero seguir.
24, Noviembre 2006

No se puede decir siempre lo que se siente a cada minuto, pues puede que finalmente no se cumplan las promesas que hacemos ni seamos capaces de mantener un sentimiento.
Hay elementos de nuestra alma y nuestra mente que se esfuman con rapidez, y otros permanecen. Mas, hay que pensar con detención cada cierto tiempo acerca de lo que sentimos, pues no es fácil para otros asumir que hemos cambiado.
25, Noviembre 2006

Extractos de "San Bernardo y el arte cisterciense"


“Estamos aquí como guerreros bajo la tienda, tratando de conquistar el cielo por la violencia, pues la existencia del hombre sobre la tierra es idéntica a la del soldado. Mientras prosigamos este combate en nuestros cuerpos actuales, estaremos todavía lejos del Señor, es decir, lejos de la luz. Pues Dios es luz.”
San Bernardo, XXVI sermón sobre el Cantar de los Cantares en Georges Duby, San Bernardo y el arte cisterciense (El nacimiento del gótico), Taurus Ediciones, 1989, Madrid, p. 72.


“De este modo, en el transcurso mismo de las operaciones materiales que dieron origen al claro del bosque, se produjo una transformación que apelaba imperceptiblemente a la espiritualidad del retorno a la ‘vida apostólica’: insensiblemente el valor del trabajo ha cambiado. En principio, y en el espíritu de Bernardo de Claraval, era un valor puramente negativo: de renuncia, de represión de las pulsiones del cuerpo, de rechazo de la explotación del prójimo. Sin embargo, puesto que el trabajo manual no era solamente fuente de fatiga y producción de alimento, sino también construcción verdadera, puesto que culminaba por reestablecer el orden del mundo y puesto que nada separaba su esfera de la esfera de la oración, cesó, poco a poco, de parecer tan ‘indecente’ como decían los cluniacenses; adquirió un valor equiparable al de la oración; se consideró, igual que ésta, como ofrenda positiva, alabanza al Creador y cooperación en su obra.”
Georges Duby, Ibid., p.96.


“La ideología cisterciense, construida sobre la trama del desprecio del mundo, no quiere añadir nada. Suprime, desbroza, depura y es por esta razón profunda que el edificio del Cister no es otro que el de Cluny limpio de adherencias. El nuevo monasterio rechaza del monaquismo tradicional únicamente aquello que lo ha corrompido.”
Georges Duby, Ibid., p. 67.


“La moral de San Bernardo, enraizada en una meditación sobre la encarnación, inspira la concepción de la perfección cisterciense como fruto del trabajo sobre sí mismo llevado hasta lo hondo de la carne (...), que avanza de grado en grado. Igualmente, el edificio cisterciense comienza en la maraña inhóspita que rodea y protege al monasterio (...). emana de ella y no se podría disociar de ella. (...) La obra de arte que la predicación bernardina hizo nacer comienza por la travesía de un desierto, por una prueba. Esta prueba que, como en las narraciones del Grial, tiene lugar también en lo extraño, en lo inquietante de la landa y del monte, entre todos los encantos que ocultan, y que los monjes fundadores de cada nueva abadía sufrieron cuando llegaron...”
Georges Duby, Ibid., p. 93.