jueves, 13 de octubre de 2011

La Doña. Decepción… la historia nos dará la razón o el dilema de la cultura televisiva

“Ninguno de nosotros cree que un desnudo es para ganar en el rating. Simplemente nos parece parte de una narración, de un erotismo que existía en una época donde las personas vivían pasiones bastante desatadas sin muchos códigos sociales que cumplir.” (Claudia Di Girolamo, La Segunda, 7 octubre 2011)

 

La Doña.
Decepción… la historia nos dará la razón o el dilema de la cultura televisiva
Por M.N.A.M., Licenciada en Historia Universidad de Chile
13 de Octubre de 2011



Millones de dólares en vestuarios y producción, un elenco de actores consagrados y nuevos rostros jóvenes, una historia ya conocida por muchos chilenos como parte de las leyendas nacionales. Sin embargo, una producción que, pese a algunas críticas positivas, a la sintonía y a las defensas de sus protagonistas, deja mucho que desear.

Catalina de los Ríos Lisperguer, La Quintrala, fue una mujer que pasó a la historia a través de la pluma del famoso historiador decimonónico Benjamín Vicuña Mackenna, tal vez por el impacto que habría causado por sus prácticas excesivamente violentas que escandalizaron a muchos santiaguinos del siglo XVII, y principalmente por ser ella una poderosa mujer de elite, que por cuya venas corría sangre alemana, india y española.

El argumento de la telenovela en sí es potente y atractivo: una mujer intensa e independiente en una época de fuerte control estatal, religioso y masculino, que se niega a ser controlada por los hombres, y que no teme en utilizar hechicería y violencia para lograr sus cometidos.

El poder que ostentaban por derecho los hombres blancos sobre las mujeres, es sin duda un tema esencial y que pone en tensión el actuar de esta mujer. Este poder, manifiesto en parte a través del control sexual sobre españolas, indias y negras, es innegable, como parte de las prácticas sociales conocidas, pero que no dejan de pertenecer al ámbito de la vida privada que, sin embargo, podía ventilarse en los estrados en caso de transgresiones como el adulterio, el amancebamiento y la sodomía (que quede claro que la homosexualidad como concepto, no era el utilizado en la época, como erróneamente se ha dicho en por lo menos uno de los capítulos).
Sin embargo, mucho hay de mito y mucho de verdad; y esa verdad también fue compartida por los contemporáneos de Catalina de los Ríos. Era una época violenta. Lo era. Los colonos españoles y europeos que se habían instalado en el territorio  pugnaban por ganar espacio en las tierras indígenas que estaban ocupando de manera a momentos violenta y a momentos transada.  La llamada guerra de Arauco era un peligro latente, y en cualquier instante se podían sufrir sublevaciones.
La Quintrala vivía en ese entorno agreste, parcialmente conocido, multicultural y en formación. Pero no era un entorno sin códigos sociales. Una sociedad no puede subsistir sin normas, sean estas de carácter legalista o bien de acuerdo común. La iglesia controlaba las vidas de todos, pero asimismo había espacios para las libertades soterradas, y las prácticas “poco católicas”, partiendo por la evidente legalidad del castigo corporal: el azote era la forma más fácil de hacer trabajar a un negro o a un indio porfiado, castigo que sin duda daba poder y muchas veces placer a sus ejecutores.
No obstante, teniendo un argumento tan potente, un entorno de época con tantas posibilidades, los guionistas y productores de esta nueva adaptación de la historia de la Quintrala no han hecho más que una versión de capítulos continuados y con ropajes antiguos de la ya conocida serie de Chilevisión “Infieles”.
Desnudos injustificados, escenas sexuales forzadas, irrelevantes, sobreactuadas. Una nula profundización de la psicología de los personajes, los cuales se delinean escasamente. Cada uno de los señores, españoles e indios parecen una caricatura de ellos mismos, mostrados a través de diálogos que carecen de contenido y redundan en el absurdo. Se suman las inexactitudes históricas, como por ejemplo el uso de conceptos nunca utilizados en la época, entre otras cosas.

Más allá de este mal tratamiento a la historia y del escaso, equívoco y torpe lineamiento de  los eventos y personajes, se agrega que el relato se conforma de una sucesión de hitos, y no de una narración coherente. ¿Que acaso no trabajaban, no comían, no se reían, no se divertían sin entrar constantemente en conflictos? Se desaprovecha enormemente el potencial de mostrar la vida en aquel entonces, favoreciendo la atracción de sintonía que supuestamente da el recurso excesivamente usado por Chilevisión del desnudo y el sexo.

Enumerar las falencias de la producción es poco provechoso y demasiado extenso. Sólo pretendo agregar algunos puntos. Es curioso que los indios sean tan poco “nativos” y tan mestizos; mala elección de actores. Y me parece aberrante que se los caricaturice de manera poco fiel a lo que la historia ha contado sobre ellos en ese entonces.
Como se ha dicho, la sociedad americana y chilena en particular en aquella época era tremendamente multicultural. Un importante número de los habitantes de Santiago era de negros y mulatos, y muchos de ellos eran libres y no esclavos. No hay ningún africano o afroamericano en el elenco.

Pareciera ser que el móvil principal de todos es retozar en el establo o en cualquier parte con alguien, como si las únicas motivaciones de la gente en el siglo XVII fueran sexuales. Por qué caer en ese facilismo, cuando podrían complejizarse mucho más las tensiones existentes en estas luchas constantes de poder. No se siente a través de los personajes lo que se supone se debería sentir, el espectador no es capaz de identificarse con nada. Ese es el gran problema de este tipo de producciones rimbombantes y sin sentido.
Finalmente, debo decir que estoy totalmente en desacuerdo con la señora di Girolamo. Lamentablemente ella y otros en el elenco  son buenos actores, que otrora, cuando el efecto sexo no era tan recurrente como forma de vender una historia, y las teleseries solían tener algo más de argumento y mejores guiones, fueron también protagonistas. Ahora están en esta decadente producción, que pudo haber instado a los televidentes a instruirse e interesarse un poco más en nuestra (maravillosa) historia, generando un relato más creíble y menos de telecomedia erótica.

Es lamentable que tanta sintonía se desperdicie en otra producción de esas que ya nos tiene cansados la televisión chilena, donde todo termina en una cama. Es triste ver que tanto trabajo en trajes y escenarios, se mal utilice para llenar de dinero nuevamente a algunos a cambio de productos mediocres, teniendo en nuestro país tantas mentes brillantes que por menos de la mitad del dinero podrían hacer obras de arte. Pero lamentablemente la televisión actual está lejos de llegar a ese nivel intelectual y espiritual, instando a los espectadores a que cada noche enciendan la TV a conformarse con “entretenerse” mirando estupideces.

jueves, 4 de agosto de 2011

En este preciso momento escucho las cacerolas

En este preciso momento escucho las cacerolas

Por Lafayette

4 de Agosto 2011


Son las 20:40 de la noche, y a las 21:00 se convocó a la ciudadanía para manifestarse nuevamente de manera pacífica. Desde cada hogar la gente manifiesta su descontento, tras la agitada jornada de represión policial. Somos muchos los que no podemos seguir esperando por justicia.

La educación es un derecho que los Estados deben garantizar, y así en nuestro país como con el agua, la tierra y los insumos básicos, hay gente inescrupulosa que lucra descaradamente hace 30 años con la educación en Chile.

Esto es algo que no puede seguir ocurriendo.

Los jóvenes se han tomado la palabra, como en muchas otras ocasiones antes en nuestra historia. Dos meses de paros, tomas, huelgas de hambre, cacerolazos, expresiones artísticas, movimientos culturales, foros, debates e iniciativas creativas, pacíficas, generosas, no pueden irse al olvido.

No olvidamos cuando bajo la dictadura cambiaron nuestra constitución, negándole a la ciudadanía derechos fundamentales, precarizando muchos aspectos de nuestra vida. Treinta años han pasado, y el avance del neoliberalismo ha arrasado con mucho de nuestro patrimonio tradicional, cultural, espiritual. Quisieron crear autómatas sin opinión, quisieron generar una perfecta mano de obra silenciosa que consumía y tragaba todo lo que el “mercado” vendiese. Quisieron ahogarnos con sus nuevas fichas de pulpería, y los créditos eternos. Amarrarnos a una vida de precario trabajo y esfuerzo permanente que no decantaba en un mejor estar, sino en una constante y terrible arremetida de poderosos, robándonos lo nuestro. Inició violentamente en 1973. Inició legalmente en 1980.

Treinta años ha pasado, y han logrado corromper gran parte de nuestro sentir. Hemos adoptado mucho de lo desechable de la cultura imperialista, y nos tratamos de parecer a lo que está más de moda, comprando y consumiendo todo a nuestro paso. Gran parte de nuestros niños y jóvenes de los 80 y 90 tragaron el cuento de la modernidad y del país en vías en desarrollo, y llenaron las arcas de esos inescrupulosos delincuentes que por sus vistosos apellidos y labia incandescente han estado y siguen estando en el poder.

No obstante, hemos despertado. Algunos aún están en el letargo de la aceptación del engaño. Algunos creen que alegar es perder el tiempo, es no respetar al otro. Que perder clases es una afrenta a la consecución normal de un año, pero no reparan en que hay miles de niños y jóvenes que durante 30 años han perdido los años en dudosas escuelas municipales y liceos técnicos, que han perdido muchos años y dinero en universidades que no les enseñan lo que esperan y que además los mantienen con una deuda enorme, aún terminando o no la carrera. Eso es perder el año.

Admiro la valentía de los estudiantes, que no se acobardan con nada. Violeta Parra lo decía, para la primera mitad del siglo XX. Ahora no es tan distinto. Los estudiantes, los jóvenes son los llamados a exigir cambios verdaderos. Los adultos están llamados a no olvidar. Ellos fueron jóvenes y buscaron oportunidades de un futuro mejor. Los adultos que vivieron el golpe militar y lo sufrieron, no pueden olvidar. Los adultos que vivieron la dictadura no pueden olvidar. Los adultos que se educaron con un sistema totalmente distinto, que pudieron acceder a la educación gratuita y de calidad, no pueden olvidar.

Los jóvenes de hoy no pierden el tiempo, están ganando experiencia. Los jóvenes que se deciden a decir y a hacer lo que sea en pos de una idea generosa para con sus pares, no son los que están equivocados. Los que se quedan y no opinan, si. Los que les da lo mismo todo. Si.

Cuanta generosidad hay en esos estudiantes que no temen atrasarse en sus ramos y cursos, por el anhelo legítimo y fidedigno de entregar al pueblo lo que es del pueblo, a la gente lo que es de la gente.

Los empresarios inescrupulosos que han lucrado con la educación pre-básica, básica, media y superior en Chile se les acabó el tiempo. Así como el presidente y los ministros decían al iniciar el mandato en 2010 que a los delincuentes se les había acabado el tiempo, y que se tomarían medidas efectivas para terminar con este flagelo, pues la ciudadanía se ha tomado la palabra y no quiere a  más ladrones ni estafadores vendiendo educación.

Las cacerolas no callan… los bocinazos de los automóviles pasando siguen la eterna canción del descontento. Me dan ganas de llorar. Mi madre me contó muchas veces de este tipo de protestas en dictadura. Me dan ganas de llorar. ¿Qué estamos viviendo? No se puede olvidar, es preciso recordar. La historia nos enseña que hay segundas y terceras oportunidades, y que siempre hay gente que tratará de quebrarle la mano al destino para bien o para mal. Hace 30 años unas almas oscuras acabaron con el patrimonio de Chile, tratando de asemejarnos a máquinas consumistas. Pero no somos tales máquinas. Somos personas. Tenemos inteligencia, creatividad y opinión. Quienes así lo pensaban hace 40 años y apoyaron las iniciativas de la izquierda, no pueden olvidar; la juventud que ya se fue no debe llevarse el espíritu de lucha de quien ha sido una persona de utopía.

Si pensar que nuevas oportunidades es ser soñador. Pues lo soy. Si pensar que la generosidad y el trabajo en comunidad es una utopía, pues soy una mujer utópica. Si pensar que las constituciones las hacen los hombres y las leyes y decretos también, y que con buena voluntad y mucha valentía se pueden cambiar es una ilusión, pues soy una ilusa. ¿Cuántos como yo? ¿100.000, 1.000.000, 10.000.000 de personas en nuestro país? Ojalá eso, y más.

Opinar, decir, entender, aprender, decidir, compartir, dar la mano de verdad, caminar junto al vecino y creer en la realidad de los cambios hechos en base al esfuerzo colectivo, el esfuerzo de los corazones unidos, pese al frío, pese al trabajo y al cansancio. Y no a los cambios venidos desde las cómodas oficinas de escritorios de $5.000.000 de pesos. Dos canciones me vienen a la mente: de Violeta, “que vivan los estudiantes” y de Silvio “Canción de los harapos”.

Y un deseo en el alma. Toda esta energía humana no puede desperdiciarse. Adelante hermanos, adelante compatriotas. No a callar, no a dar un paso a tras sino dos adelante! No a permitir que la avaricia de unos pocos nos arranque lo poco que tenemos muchos.

Son las 21:29 de la noche, y las cacerolas se escuchan más a lo lejos.

jueves, 30 de junio de 2011

Universidades suben 12%: Chile es el país de la OCDE donde las familias pagan más por estudiar

"En otros países latinoamericanos como Brasil, Argentina y Venezuela las públicas son gratuitas. Lo mismo sucede en ocho de los 31 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
En Alemania, en seis Estados no se paga, mientras que en los países nórdicos la educación superior no tiene costo para sus ciudadanos. Esto hace que un 69% de los jóvenes acceda a la universidad en Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia."


Universidades suben 12%:
Chile es el país de la OCDE donde las familias pagan más por estudiar

Publicado 5 de abril 2011 - Por Claudia Moreno


Fuente: B. Aguirre y M. J. Gutiérrez
El Mercurio

Del costo total de una carrera, una familia en nuestro país debe solventar en promedio el 79%; en Estados Unidos, en cambio, pagan el 34% del arancel total de los estudios. Diferencia se explica por los subsidios estatales.


“La universidad en Chile es muy cara, especialmente para familias que no tienen mucho dinero”, dice Robert Schuppenhauer, estudiante alemán de intercambio en Chile.
El valor promedio del arancel de 12 universidades en Chile, que están entre las más reconocidas se empina sobre los $3 millones al año y hay algunas que llegan casi a los $5 millones. (Ver infografía).
“En 2010 en promedio un estudiante de educación superior de primer año está pagando un 11,9% (real) más que lo que pagaba uno en 2005″, explica el jefe del departamento de Investigación e Información Pública del Consejo Nacional de Educación (CNED), Rodrigo Díaz.
Pero el problema no es sólo cuánto cuesta sino quién paga.
En Chile, el 79,2% del costo de las carreras universitarias es financiado por las familias, mientras que en EE.UU. es el 34% y en España el 17%.
“Aquí, para las familias de clase media, que pertenecen al tercer y cuarto quintil, que un hijo entre a la educación superior es más caro que el dividendo de un departamento”, sentencia Patricio Meller, economista de la U. de Chile y de Cieplan.
“Chile es el segundo país del mundo con mayor segregación educativa, después de Perú”, agrega Mario Waisbluth, coordinador de Educación 2020.

Comparación mundial
En Chile, estudiar en una universidad privada o en una del Consejo de Rectores -que cuentan con aporte estatal- vale prácticamente lo mismo, según el CNED.
Así, el arancel promedio de la Pontificia Universidad Católica es un poco más alto que el de la U. Finis Terrae y más barato que la Adolfo Ibáñez o la de los Andes. La U. de Chile, en tanto, cuesta casi lo mismo que la U. Andrés Bello.
“Al contrario de lo que ocurre en otras partes del mundo, las universidades estatales necesitan cobrar aranceles cercanos al costo real de las carreras impartidas, pues los recursos aportados por el Estado son reducidos comparativamente”, explica José Joaquín Brunner, director del Centro de Políticas Comparadas en Educación de la UDP.
En otros países latinoamericanos como Brasil, Argentina y Venezuela las públicas son gratuitas. Lo mismo sucede en ocho de los 31 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
En Alemania, en seis Estados no se paga, mientras que en los países nórdicos la educación superior no tiene costo para sus ciudadanos. Esto hace que un 69% de los jóvenes acceda a la universidad en Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia.
Sin embargo, la tendencia en Europa ha sido a subir la tasa de matrícula de las universidades.

Becas y ayudasAdemás de Chile hay otros países donde ir a la universidad tiene un costo millonario e incluso es más caro. Por ejemplo, estudiar en Estados Unidos puede valer más de $20 millones al año, en el caso de Columbia.
En este país, al igual que en Chile la ayuda estatal está centrada en becas y préstamos más que en subsidios a universidades. La diferencia está en que, del valor total de la carrera las familias estadounidenses pagan sólo un tercio porque el porcentaje restante corresponde a becas y ayudas públicas y privadas, mientras. En Chile, esa ayuda es menor.
“Conozco poca gente que tiene becas. La mayoría estudia con crédito”, cuenta Ignacio Casielles, alumno de Sociología de la PUC que el año pasado logró la Beca de Honor que cubrió la mitad de su arancel universitario. Él pagó al año $1.740.000 y el resto lo cubrió el beneficio.
“El subsidio a la demanda que el Estado realiza, se concentra mayoritariamente en los esquemas de crédito y una parte menor va destinada a becas”, aclara Brunner quien dice que hay más de 10 tipos diferentes de becas.
Alanna Murphy estudia en la U. George Washington (privada), donde la matrícula anual cuesta US$ 40.392 (unos $19,5 millones), sin embargo cuenta con tres becas que le financian el 91% de la carrera.
El aporte en becas no es exclusivo de EE.UU. En Francia y España, donde ya el precio de la universidad está subvencionado por lo que estudiar es barato, las familias también cuentan con ayudas y terminan pagando el 10% y 17% respectivamente.
“El costo de mi último curso era de $4,1 millones, pero $3,2 millones estaban subvencionados para todos los alumnos. Yo, por ser de familia numerosa y de bajos ingresos, tuve matrícula gratis y una beca por $1,3 millones para financiar el transporte, alojamiento y materiales”, cuenta Linus Marubens, de la U. Autónoma de Barcelona.
Chilenos demoran más en recuperar el dinero invertido en sus estudios que en otros países.
“Los precios de los aranceles que cobran las universidades acá, corregido por ingreso per cápita, está entre los más altos del mundo”, dice el economista, Patricio Meller.
Otro tema a considerar es el retorno que significa estudiar, y ahí importa el sueldo al recibirse. En su libro “Carreras universitarias” el economista señala que las carreras relacionadas con ingeniería, salud y negocios son de alta rentabilidad y las de ciencias sociales, arquitectura, agronomía y pedagogía son menos rentables. Y estudiar en una universidad de alta selectividad es más rentable que estudiar en otras menos exigentes.
Sin importar la carrera, en Chile los estudiantes demoran más en recuperar el dinero invertido en sus estudios que en otros países.
De acuerdo a los datos de Futuro Laboral, los profesionales egresados de las 14 carreras más demandadas, ganan a los dos años de egreso en promedio $850 mil al mes y en promedio invierten $3 millones al año para pagar sus estudios. Es decir, trabajando ganan al mes, menos de un tercio de lo que pagaron al año por estudiar.
En España, en cambio, un ingeniero recién recibido gana entre 1.000 y 1.500 euros al mes, lo que es similar a la porción del costo total de la carrera que debió financiar al año. En Francia, un estudiante de arquitectura en una escuela pública paga 600 euros al año y al egresar recibe el doble al mes. Mientras que en Alemania, Robert Schuppenhauer paga de su bolsillo 1.200 euros al año en ingeniería y espera ganar poco más de cuatro mil euros al mes luego de recibirse.

viernes, 29 de abril de 2011

Santiago de Chile, 1767

“Los esclavos que se rebelan frente a sus amos: el caso del asesinato del Maestre de Campo Alonso de Lecaros Ovalle en manos de su esclavo negro Antonio, Santiago de Chile 1767”

 
Por M.N.A.M

En la madrugada del 23 de septiembre de 1767 en Santiago de Chile, en la casa del anciano y renombrado miembro del Cabildo, el Maestre de Campo Alonso de Lecaros, ocurría un hecho dramático. Su esclavo favorito, Antonio, en un confuso incidente, le daría muerte. El caso causó estupor entre los vecinos de Santiago, y los peritajes iniciaron inmediatamente, condenando en pocos días al esclavo a la pena capital, y a los otros sirvientes a ejemplares castigos.

Un esclavo agrediendo a su amo en su propia casa, y en el lugar más íntimo y vulnerable, su cama. Una afrenta profunda al orden social, donde, pese a cualquier cosa, el amo es quien debe ser protegido de ofensas y agravios, y los esclavos mantenerse en su espacio de ocultamiento de la voz pública, por el acuerdo intrínseco y tradicional donde el amo presta resguardo, protección y comida a su esclavo o sirviente, y este le debe lealtad a toda prueba, siendo sumiso y silencioso.

La investigación realizada en el caso del negro Antonio deviene rápidamente en la confesión del reo. No obstante, entre que se abre la causa y se declara al culpable, el caso trascurre de manera escueta. Hay muchos intervalos que se han perdido en el tiempo y que nunca van a poder ser reconstruidos. Todo lo que los sirvientes se dijeron esa noche, cada una de las palabras y discusiones, lágrimas y nerviosismos que embargaron a los habitantes de “las casas” (como se dice en el documento) del señor Lecaros, no se dejan ver a través de los testimonios registrados por los escribanos. Hay tanto que no se dice, pero a pesar de lo faltante, se construye un relato de veracidad. Porque los letrados ven, oyen en la calle, la gente que dice, que mira, que susurra. Los peritos son a la vez del círculo de influencia del amo asesinado, uno de los abogados de la Real Audiencia es a la vez su propio hijo. El juicio fue rápido para el acusado que resultó confeso del homicidio, junto con los otros sirvientes de la casa a quienes se les consideró cómplices por omisión de información, lo que da cuenta de un sistema judicial que funcionaba efectivamente, o a lo menos rápidamente, cuando vemos que se está frente a un caso grave de ruptura de las jerarquías y el orden social normal.

Antonio era un esclavo comprado por su amo alrededor de la edad de 12 años. Había nacido en África, según los documentos era un “negro de Guinea”. Al momento del crimen, tenía 25 años de edad, y según la opinión de todos, era dado a excederse en la bebida. Su amo le consentía en esto, mientras no lo hiciese fuera de la casa. El amo tenía “pasión” por su esclavo, según las declaraciones, el cual dormía junto a su cama en su habitación, a “puertas cerradas”. En realidad, si se considera esto, el orden había sido destruido mucho antes del asesinato, cuando el negro era tenido por el querido de su amo, y hasta estaba autorizado para castigar a los nietos de Lecaros con un látigo, según se describe en el caso.

El negro Antonio era uno de los tres esclavos domésticos que tenía el viejo señor. Según parece, éste último vivía sólo con estos subordinados, sin ningún familiar. Un “español” pobre, esposo de una de sus esclavas (la mulata Tadea), era la única persona de la casa de una calidad (a lo menos en el papel) similar. Una negra, un negro, una mulata, un español pobre y el amo, quienes habitaban en “las casas” del maestre de campo.

El español pobre era un mercachifle, al parecer de géneros. Tenía sus clientes, e hizo algunos negocios con los Lecaros. Puede que haya sido un hombre que poseía movilidad en la ciudad, dado su oficio, y tenía contactos en el mundo de la élite.

La esclava mulata, esposa del mercachifle, no se describe detalladamente, pero en algún momento se hace una diferencia entre ella, y la negra Juana. Ya que se da a entender que entre la esclava Juana y Antonio pudo existir cierta complicidad “por ser los dos negros”. En este sentido, se puede ver como el ser “negro” podía generar cierta idea de una solidaridad o entendimiento entre personas similares. Algo en común se adjudicaba a la negritud que era, en este sentido, diferente de la piel más clara.

La esclava negra, la más vieja, se encargaba de la cocina, y era allí donde tenía sus encuentros con Antonio, para darle escarmientos por su forma de actuar y sus borracheras, y donde al parecer éste le confesaba su rabia contra el amo (y tal vez la conducta del amo hacia él). La mulata, aparentemente, no se entrometía en esos problemas. Tal vez porque era una esclava más nueva, más joven o con menos atribuciones. Con mayor “independencia”, quizás, por tener a un marido al que atender.

A pesar de los enérgicos argumentos del Defensor o Protector de Pobres o Menores (funcionario que defendía a los menores de edad y las personas de escasos recursos ante la justicia), sobre sus defendidos, las dos esclavas y el español pobre, para lograr salvarlos de las penas que los inculpaban junto con Antonio, como encubridores del crimen, la palabra de otro letrado cargaría la balanza fuertemente contra estos inculpados. Aquel otro letrado era el mismísimo hijo de Lecaros. Su influencia y tácticas de convencimiento no podían ser sopesadas con las del Protector.

Antonio, el esclavo que con alevosía y premeditación, según da a entender el caso, asesinó al amo en su propia cama, aquel amo que tanto le quería y consentía, pagó con un castigo ejemplar. No se sabe bien si finalmente se habrá realizado todo lo estipulado por el juez para la consecución de la pena. No obstante, si creemos lo que nos dice el juicio, Antonio tendría que haber recibido 200 azotes en la Plaza de Armas de la Ciudad, luego ser ahorcado hasta morir, y al atardecer, su cabeza y manos habrían sido cortadas y expuestas para escarmiento público. Sin embargo, siempre quedará la incógnita ¿qué fue exactamente lo que pasó aquella noche en la casa del Maestre de Campo y cuáles habrán sido las motivaciones del asesinato?

Bibliografía

“Criminal contra el negro Antonio por el homicidio que ejecutó en su amo que fue el Maestre de Campo Don Alonso de Lecaros. 1767-68”, en Arancibia F., Claudia, J. Tomás Cornejo C. y Carolina González U., Pena de Muerte en Chile Colonial, Ril Editores, Santiago, 2003, pp. 131-212. 

 Carolina González U., “Subordinaciones y resistencias de la servidumbre esclava: el caso del Negro Antonio (Santiago, 1767-68)”, Cuadernos de Historia, nº 25, Universidad de Chile, 2006, pp.119-143.

lunes, 28 de febrero de 2011

LA MUJER NEGRA: SU DISCURSO, AYER, HOY

LA MUJER NEGRA: SU DISCURSO, AYER, HOY

Fecha de publicación 25/02/2011

Intervención de la investigadora y escritora cubana Daisy Rubiera Castillo en el panel sobre el Año de los Afrodescendientes, celebrado el pasado viernes 18 de febrero en la Casa de las Américas...

Por: Daisy Rubiera Castillo

Cuando se está contento de su pasado, se habla de él;

cuando no se habla de él es porque su recuerdo pesa, avergüenza.

José Martí [1]
El discurso que caracteriza a las publicaciones femeninas que vieron la luz en la segunda mitad del siglo XIX en Cuba, se distinguió, por resaltar los valores familiares para la mujer y la poesía. Contrario a eso, el de las mujeres negras y mestizas fue utilizado como “martillo intelectual”[2] al decir de Nicolás Guillén, para defenderse ante las agresiones que como grupo social sufrían. Su mejor ejemplo es el de las redactoras de la revista Minerva.
Discursos que, independientemente de ser comedidos, serenos, razonados, fueron muy enérgicos para esclarecer asuntos, concretar ideas, fijar puntos de vistas y definir actitudes cada vez que salieron a la luz, como el siguiente.

La mujer negra, sañudamente tratada por sus viles explotadores viene hoy a ser el blanco más saliente a donde dirigen sus saetas envenenadas aquellos mismos que traficaron con su noble sangre en los luctuosos días de la esclavitud. Por eso […] nos preparamos a la defensa en el constante batallar porque estamos pasando; y tal haremos hasta que se nos considere tal y como somos […] nos invitan a luchar, pues luchemos.[3]
Clara visión en aquellos tiempos, para poner en la palestra pública con, un discurso diferente el reclamo de su espacio en la sociedad civil, para exigir una serie de demandas en defensa de sus más legítimos derechos, poniendo en ello todo el orgullo de su identidad racial en un afán de reivindicarla. Discurso que, a tono con las primeras ideas feminista que se estaban desarrollando en Cuba, ya diferenciaba los roles intergenéricos, como en el de América Font, en “Mis opiniones”, cuando planteó: “[…] la instrucción debe ser para la mujer lo que es la sabia (sic) para el árbol pues donde no hay instrucción no hay libertad”.[4]
África de Céspedes, Úrsula Coimbra, Ángela Storini, Cristina Ayala, América Font y muchas otras, fueron mujeres que quisieron abrir brechas y caminos, conquistar espacios.
Ya en la etapa republicana, a pesar de que los dirigentes del Partido Independiente de Color no propugnaron nuevos derechos para ellas, las mujeres de su mismo grupo social, en su defensa, elevaron sus voces.
Un ejemplo es el artículo “Habana” de Carmen Piedra publicado en 1910. De él un fragmento
[…] Vergüenza da el estado de retraimiento, en que está la mayor parte de la raza negra de esta localidad. Tal parece que los tienen metamorfoseados para que no comprendan la razón que tienen para formar solos un Partido y reclamar los derechos que por justicia nos corresponden.[5]
Nuevamente, el 24 de abril publicó “Horror a la mentira”, que, entre otras cosas, dice:
[…] El negro sabe llevar los dolores de la vida, armado con el amor que profesa a su raza y a su patria. ¡Y sabe también el solo temor que inspira el Partido Independiente en el no prestarse útil para las ambiciones y vanos placeres de los preocupados que no recompensan ni aprecian las grandes obras! [6]

En la década del 20 se celebraron el Primer y el Segundo Congreso Nacional Femenino; en la del 30, el Tercero. Al revisar las Memorias de los mismos no encontré escritos de las mujeres negras. En los dos primeros porque fueron excluidas; en el tercero, los datos encontrados solo reflejan una la alta participación de mujeres negras del sector obrero, sobre todo del tabacalero.
A finales de esa década, en el importante periódico Diario de la Marina, se inserta el Proyecto Cultural “Ideales de una Raza”, el cual se destacó por su amplio debate en lucha contra el racismo, la discriminación y los prejuicios. En esa lucha elevaron sus voces Consuelo Serra, Inocencia Silveira, Catalina Pozo Gato, Angelina Edreira, Calixta María Hernández, Teresa Ramos. También escribieron artículos sobre el feminismo.[7]
En la página dominical del 27 de enero de 1929, la doctora Consuelo Serra, entre otras cosas, planteaba:
Hay que difundir entre todos nuestros valores ya que afortunadamente no tenemos que crearlos pues que existieron siempre para justo orgullo nuestro, en la mente y en el corazón de nuestros mayores […] Dignidad con que sentimos el orgullo legítimo de ser cubanos y de ser negros, porque los negros cubanos hemos hecho muchas cosas buenas y dignas, en todas las fases de la vida cubana y esto no siempre mediocremente sino también de manera distinguida y saliente […] Nuestros mayores nos han legado estas virtudes, estos valores éticos; a nosotros nos toca recogerlos y colocarlos bien alto, donde todo el mundo los vea y sirvan de paz y unión entre todos los cubanos.[8]
En 10 de febrero, la doctora Inocencia Silveira publicó “Lo que somos”. De él un fragmento:
No somos racistas porque, consecuentes con nuestro deber, levantamos nuestras voces para expresar que son muchos los casos en que se posterga y combaten a determinada individualidad, solo y exclusivamente por razón del color más o menos oscuro de la piel.
No somos racistas porque expresemos nuestros sentimientos de una manera franca y decidida, ni porque proclamemos que esas postergaciones son improcedentes, injustas y en extremo perjudiciales en un país como el nuestro, dada su constitución étnica, política y social […] Sentimos, hablamos y procedemos como personas sensatas, nobles y amantes de la confraternidad: atributo que nadie puede discutirnos […] Tenemos el derecho a la igualdad y la solicitamos. No importa que la proclamamos en baja voz, o dando retumbantes gritos para que mejor se oiga […]. Conste, pues, que no somos racistas, y que sabemos que los que nos conocen también saben que no lo somos. Y a los que ignoran quienes somos podemos mostrarles nuestra historia y hacerles conocer nuestra conducta diaria.[9]
En respuesta a un artículo publicado sobre la mujer negra cubana, Catalina Pozo Gato escribió: “La negra cubana y cultura: Para el escritor Gerardo del Valle”. De él, un fragmento:
He leído con el interés particular de siempre, su último artículo[…]… esta preñado de verdades tristes y con él ha logrado usted su deseo de reflejar a una parte de la sociedad cubana los inhumanos resultados y la desalentadora consecuencia de sus prejuicios injustos. No debo yo subrayar el elogio sentimental que hace a las mujeres de mi raza; pero si puedo, con derecho a la vista, hacer algunas acotaciones a su admirable escrito en el que los entre líneas no escritos parecen sugerir estas marginales.
Ampliación cultural, es el resumen a que llega usted. Estamos de acuerdo, pero al indagar usted en el modus vivendi de la mujer negra, olvidó referirse (y una nota de redacción lo confirma) a los obstáculos, sistematizados y organizados con que tropieza la mujer negra culta, arrollada por la realidad al mismo nivel de miseria y derrota que la negra inculta.
Existe un porcentaje notorio de mujeres negras culturalmente preparadas y educadas para luchar por la vida en el mismo plano de dignidad y relativa facilidad que sus hermanas blancas preparadas. Ahí esta el número alto de las que surgen a la lucha desde las aulas universitarias […] e infinidad de centros educativos y culturales en los que se prepara y habilita la mujer blanca.
Sin embargo de esas dos mujeres igualmente capacitadas y preparadas, la negra difícilmente encuentra oportunidad de demostrar sus aptitudes y conocimientos y, menos, de vivir decorosamente; porque la realidad es que el prejuicio racial que va carcomiendo la nacionalidad cubana, anula sus esfuerzos, hace estéril sus gestiones y les amarga la vida. Entonces, la necesidad imperiosa de subsistir las va haciendo descender de su escala, para reducirlas a los más rudos y tristes trabajos ―si los encuentra― con tal escasez retribuidos que solo facilita la vida en esos potros de tortura moral que son los solares, donde como en los casos por usted apuntados, quedan expuesta, por lo menos ―y esto no es nada comparado con otras consecuencias― a enojosa confusión; porque son muchos los solares y buhardillas aterradoras en las que se ven forzadas a vivir, muriendo, numerosas mujeres negras graduadas universitarias, diplomadas en Colegios diversos, Academias, mecanógrafas, taquígrafas, profesoras de idioma, bordadoras, etc, infinidad de muchachas aptas para servicios decorosos en tiendas, talleres, oficinas.
Más adelante plantea:
[…] Ni en esas tiendas, ni en las oficinas particulares, cubanas o extranjeras brindan empleo a nuestras muchachas preparadas, dando un mentís burlón a aquellos ingenuos cubanos, que fueron nuestros antepasados, y creyeron en la equidad y la justicia cuando cuajaba en la realidad de hoy, el ideal revolucionario que predicó Martí y realizó Maceo.
Finaliza diciendo:
Lo urgente no es inflar estas miserias morales, sino requerir la voluntad de los buenos cubanos y la acción del Gobierno. Unos, haciendo labor de reparación (aludo a todas esas Organizaciones y a todos los escritores que tratan estos asuntos); y el otro, legislando de tal modo que todos sintamos cariño por esta tierra envilecida, sobre la que corrió la sangre de nuestros padres y abuelos.[10]
Hasta 1958, el discurso de las mujeres negras marcó el nivel alcanzado por su pensamiento. En la diversidad de los temas hay acumulada una interesante y valiosa información sobre los graves problemas que afectaban a la población negra en aquellos momentos. Discursos que, desde el punto de vista de la raza, la clase y el género, pudieron ser considerados “peligrosos”; por tanto debían pasar a la memoria, al olvido.
No fueron tomados en cuenta, con alguna salvedad, por quienes hicieron nuestros textos de historia y tampoco son del interés por quienes en los últimos años realizan estudios de género. Pero esos discursos resaltan la importancia de algunos de los momentos histórico-sociales de nuestra problemática racial y, por tanto, reflejan, no solo lo persistente en el siglo XX, sino también en lo que va del XXI.
Después del triunfo de la Revolución el discurso femenino negro se mantiene, desde otra perspectiva y con otro enfoque, determinado por las circunstancias histórico-sociales en que están inmersas sus representantes. Creadoras cubanas que, desde su percepción y especialidad, rompieron y rompen muchas identidades impuestas a las mujeres negras, desmontan estereotipos de sumisión y objetivación, denuncian nuevas situaciones creadas, visibilizan lo silenciado en el pasado.
Entre otras muchas: Sara Gómez, Belkis Ayón, Exilia Saldaña, Gloria Rolando, Teresa Cárdenas, Elvira Cervera, Georgina Herrera, Inés María Martiatu, Fátima Patterson, Nancy Morejón. Mujeres que nos dijeron y nos dicen en un reto de afirmación y de identificación “¡De donde venimos!, ¡A donde vamos!, ¡Aquí estamos!, ¡Somos!”

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Notas:
1. José Martí: Obras Completas. Editorial Ciencias Sociales. Tomo XIX. La Habana, 1975 p. 30.
2. Nicolás Guillén: ¿Periódicos negros de cubanos. Periódicos cubanos de negros? Diario de la Marina, agosto 4 de 1920.
3. María del Carmen Barcia: “Mujeres en torno a Minerva”, en revista La Rávida, no. 17. Huelva, España. 1998, p 10
4. Ob cit. p. 11.
5. Carmen Piedra: “Habana”, en Previsión, 7 de abril de 1910, p. 5
6. Carmen Piedra: “Horror a la mentira”, en Previsión, 24 debril de 1910, p 5
7. Angelina Edeira de Caballero: “Cooperación de las mujeres cubanas en nuestras luchas emancipadoras y manera de hacer más eficaz su participación en los momentos actuales”, en Diario de la Marina. La Habana, noviembre 11 y 25 de 1928. Consuelo Serra: “Intimidades para mis alumnas de la Escuela Normal de La Habana”, en Diario de la Marina. La Habana, junio 1ro de 1930. Calixta María Hernández: “Divagaciones sobre el sufragio femenino” y “Tópicos femeninos”, en Diario de la Marina. La Habana, junio 16 y 20 de 1929. Teresa Ramos: “Psicología femenina”, en Diario de la Marina. La Habana, 14 de diciembre de 1930.
8. Consuelo Serra: “Nuestros valores étnicos”, en Diario de la Marina, enero 27 de 1929: VI (3ra sección)

9. Inocencia Silveira: “Lo que somos”, en Diario de la Marina. La Habana, 10 de febrero de 1929: VI (3ra sección)
10. Catalina Pozo Gato: “La negra cubana y la cultura”, en Diario de la Marina, La Habana, 30 de noviembre de 1930: VI (3ra sección)


Tomado de Unión de Escritores y Artistas de Cuba
http://www.uneac.org.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=4726

sábado, 15 de enero de 2011

Grasas y siliconas

Por Lafayette
Marzo 2006


Suele suceder que al encender la TV, artefacto casi indispensable en todo hogar dentro de la cultura occidental globalizada, me bombardeen comerciales y programas que hacen referencia a dos ámbitos de la vida, aunque de maneras contradictorias.

Por un lado, las comidas rebosantes de colores, ricas en azúcar y grasas, que se promocionan con juegos y sorpresas agregadas, como estímulo adicional para los más chicos; y por otro, un ataque despiadado de figuras ideales, de cuerpos perfectos, y la idea de que la cirugía y la fórmula “llame ya, y bajará 10 kilos en dos días mientras ve televisión”, cambiará tu vida.

McDonald, Burger King, Pizza Hut, Kentucky Fried Chicken, y otros tantos locales de la ya famosa comida rápida (chatarra), entregan a la venta diariamente millones de porciones de “alimentos” que sólo producen daños a nuestro organismo, como celulitis, hipertensión, diabetes, cirrosis, colesterol alto, etc, y de partida, hacen engordar si uno los consume de manera regular (más de una vez por semana). Esos productos hacen de tu cuerpo un bote de basura, literalmente. Por otra parte, los mismos medios te dicen que hay un modo fácil (entre otros modos fáciles, como medicamentos o máquinas mágicas) para eliminar eso que tu fuerza de voluntad no pudo, y esculpir tu cuerpo como una “barbie”.

¿Acaso tener un cuerpo bien formado no es sinónimo de buena salud...? Pero entonces la salud debería venir primero. Pues, que tengas una talla más de sostén o que luzcas una cintura más pronunciada no cambiará tus costumbres alimenticias o mejorará tu cuerpo interiormente (ni tu cerebro).

Vivimos en un mundo que se vuelve cada vez más hacia la ficción frívola. Esa verdadera fe en lo fácil y rápido, como la solución a todos nuestros problemas nos está destruyendo poco a poco.

Corremos de un lado para otro para lograr hacer todo lo que debemos durante el día, y preferimos sentarnos frente a la TV y comer chatarra, que servirnos una taza de té y un sándwich de palta junto a nuestra familia. Nos esforzamos poco en la preparación de nuestras comidas, siendo que la alimentación es una de las cosas más importantes para cuidar nuestros cuerpos y mantener un vínculo social. El modo como se cocina, quien cocina y con qué ingredientes son factores esenciales para que el alimento nos siente bien y seamos sanos y felices. Preferimos comprarnos un completo en el casino o unas sopaipillas con mostaza en la esquina, que llevar el charquicán o la ensalada que nuestra mamá o nosotros mismos nos podríamos preparar antes de salir de casa hacia el trabajo o los estudios.

Vivimos en ciudades oscurecidas por el smog, intoxicando nuestros pulmones, mientras alimentamos nuestra sangre con tóxicas sustancias asesinas. Lo fácil y lo rápido suelen ser también lo rico y al alcance del bolsillo, pero no reparamos en nuestro real estado de salud, y en lo que física y psicológicamente la comida nos afecta en nuestro bienestar.

La magia de lo rápido nos muestra que junto a los obesos y enfermos del corazón, están las estrellas de la farándula, que por más que lucen perfectos, están igual de contaminados. Como una procesión de muñequitos descerebrados circulan por las pantallas simulando felicidad, estimulando a inocentes (estúpidos) jóvenes a creer en esa aparente perfección. Estos ven sus cuerpos decaer ante la corrupción diaria de la ciudad, mientras les muestran la posibilidad de alanzar el modelo esperado.

Y de eso se trata, existe una creciente y patética necesidad por parte de la juventud (y de la no tan juventud) de alcanzar el modelo esperado del mundo actual: lo rápido, lo fácil, lo desechable, lo individual, lo que más se asemeje a lo plástico y artificial.

Es lamentable ver como tantas personas, de una u otra manera, caen en el juego de este mercado implacable, y creen que comprado un par de siliconas está comprando su libertad y su aceptación social, y por otro lado consumen toda la mugre que nos entrega la modernidad (en todo sentido). Una autodestrucción que viene luego de un cúmulo de exigencias que apenas se pueden soportar: la perfección social, buscando la igualdad con los pares, aunque esto signifique atacar al cuerpo constantemente de un modo muy dañino (y no sólo comidas), sino que cosas como el alcohol en exceso, las drogas, el exceso de “pantallas enajenantes”, poco o mal sueño, el tabaco.

El mundo actual, en muchos sentidos, se está “materializando”, a pesar de su “digitalización”. Se vacía de sentido, se deja atrás la verdadera palabra o la interpretación inteligente por el mensaje directo, el ruido, la imagen, por el olor a plástico, a fritura y el sabor a Coca-cola. Satisfacer la necesidad de igualación pero a la vez individualización en la sociedad de los sentidos, es la premisa del mundo de hoy, y a través de esa búsqueda se logra lucrar. Nos crean cada vez más estúpidas necesidades que creemos reales, pero son terriblemente absurdas: celulares, gaseosas, pechos grandes, pelo lacio y tinturado, comida rápida, cero esfuerzo en todo y rapidez, microondas, horno eléctrico, lavavajillas, etc... todo para el mundo moderno. Hace 50 años (1956) nadie pensaba en esto como “necesidad”.

Estoy muy segura que el imperio que ha operado sobre estas necesidades muchas veces frívolas y sin sentido, está en los últimos estertores. No alcanzará a vivir 400 años. Bien sabemos que ni la tierra aguantará más nuestro peso, y sus mismos pobladores reclamarán justicia y sanidad.

En unos 30 o 40 años más veremos que estará aconteciendo, mas deseo que el mundo corrupto de obesos, anoréxicos, drogadictos y cancerosos, siliconas y liposucciones, cambie de una vez, y avance –de verdad- hacia una era más real, pura y humanitaria.







miércoles, 12 de enero de 2011

Don Carnaval y Doña Cuaresma

Por Laura

Hace poco tuve la oportunidad de armar un rompecabezas, una pintura de esas que están llenas de personitas y detalles raros, cada cual con su significado escondido. Investigando sobre la imagen, me encontré con que era un cuadro del flamenco Pieter Brueghel, hecha en 1559, y se titulaba Het Gevecht tussen Carnival en Vasten: El Combate entre Don Carnaval y Doña Cuaresma.

El título de la obra me abrió la puerta para entender algunas de las escenas que estaban dibujadas, especialmente la central, dos grupos de personas enfrentándose, como en una justa caricaturesca. A la izquierda, un gordinflón montado en un barril, parecía demostrar despilfarro y exceso. Enfrentada, a la derecha, una figura flaca y pálida, arrastrada por clérigos, indicaba abstinencia y sobriedad. Así ilustraba Pieter Brueghel la oposición entre el Carnaval, período festivo que va desde el 6 de enero hasta el Miércoles de Ceniza, y la Cuaresma, tiempo de reflexión y preparación espiritual previo a la Pascua cristiana.
Como contexto a la justa entre el Carnaval y la Cuaresma, el pintor situó una taberna a la izquierda y una iglesia a la derecha. Como puede verse a lo largo de la pintura, la escena está repleta de campesinos desempeñando diversas tareas. El alimento que acompaña a varios de los personajes nos ayuda a entender a cuál de los dos contrincantes pertenece cada uno. Durante la Cuaresma, las carnes rojas y los huevos no estaban permitidos.
Las mujeres que venden pescado en la calle responden así a la Cuaresma, mientras que, no lejos, otro extraño personaje se opone a ella cocinando unos deliciosos panqueques. A la derecha, saliendo de la iglesia, un grupo de personas se comporta correctamente y ayuda a los mendigos. A la izquierda, por el contrario, en la puerta de la taberna, la gente baila y toca instrumentos musicales, festejando el Carnaval.

Ahondando un poco más en la historiografía del tema, encontré que este “combate” era una escena recurrente en la literatura medieval y moderna. Antes de la pintura, existieron otras obras literarias donde aparecían personificados el Carnaval y la Cuaresma, batallando. El primer registro escrito figura en el Libro del Buen Amor , del Arcipreste de Hita Juan Ruiz. Don Carnaval es derrotado y encarcelado, pero el Domingo de Ramos, al comenzar la Semana Santa, logra escapar.
Durante los siguiente siglos de la Modernidad, el tema volvió a repetirse en romances de Juan del Encina, Miguel López de Hornubia, y otros escritores europeos. Una imagen muy clara que se desprende del Combate entre Don Carnaval y Doña Cuaresma es la oposición complementaria que usó Cervantes para ilustrar a Sancho Panza y a don Quijote, el Caballero de la Triste Figura.

Fuentes:
Martin, G., Bruegel, Bracken Books, Londres, 1984
Augustin Redondo. Otra manera de leer el “Quijote”: historia, tradiciones culturales y literatura. Madrid: Castalia, 1997.