La esclavitud en Chile no se puede describir como una empresa demasiado notable en términos de disputas sociales; así mismo, su abolición, pese a ser un acto apreciable y destacado dentro de los actos jurídicos y legales que se establecieron dentro de los movimientos de independencia, no conllevó a revueltas sociales o a desacatos de parte de una parte importante de la población. Los negros o mulatos esclavos que habitaban Chile para principios del siglo XIX, eran aproximadamente 4.000, una cifra no muy relevante, en relación a la mano de obra “libre”, compuesta también por gentes descendientes, en algunos, casos de antepasados africanos, mezclados con europeos y nativos, que contaban con varios miles más, unidos a la clase dominante de ascendencia generalmente española. Para 1810, Santiago tenía una población total de aproximadamente 40.000 habitantes, lo que demuestra que el total nacional de 4.000 esclavos no es necesariamente relevante en términos de implicancias sociales substanciales. Sin embargo, la esclavitud como institución o empresa, en el mundo no dejaba de ser menos, en especial en América y las recién independizadas naciones, o las en camino hacia ella, ya que alzarse a la vida republicana, teniendo dentro de sus leyes la permisión de subyugar a otro ser humano bajo el peso de la esclavitud, no era ciertamente bien mirado por los ilustrados de la época.Los movimientos abolicionistas se hicieron sentir dentro del mundo occidental[1], y repercutieron en las consecuentes leyes prohibiendo el tráfico, venta y tenencia de esclavos. Hubo países en donde gran parte de la producción dependía de la mano de obra esclava, como Brasil o Estados Unidos, siendo los negros y mulatos gran parte de la población. Eran utilizados en plantaciones extensas, además de ser algunos domésticos y urbanos. En Chile la mayoría de los esclavos que quedaban ya para el siglo XIX eran del servicio doméstico, y según se decía, en general eran bien tratados y habían sido tenidos por generaciones, cosa que hacía que la relación fuese en algunos casos cercana entre esclavos y amos.
Sin embargo, para los abolicionistas el hecho mismo de decirse esclavo, de aludir que un ser humano fuese de propiedad de otro, era el acto mismo de la vileza. La palabra como tal, palabra que evocaba pertenencia, posesión sobre una vida humana, era la que al hacerse material producía la reacción inmediata de rechazo, sin importar el hecho de que finalmente tal vez muchos de los esclavos existentes en Chile, se habían adaptado a su situación, y eran a la vez relativamente bien tratados.
Pese a no ser un hecho evidentemente relevante, las discusiones para formular una ley sobre la libertad de todos los chilenos tuvieron lugar entre el senado y el poder ejecutivo durante la lucha por la independencia, y así mismo, repercutieron de una u otra manera en la opinión pública, especialmente la opinión de la clase alta, ya que ellos fueron los principales afectados. Sobre lo que opinaban los mismos esclavos que iban a ser eventualmente libres, no nos han llegado muchos informes. Tampoco las ideas abolicionistas al parecer tuvieron mucha fuerza o permanencia dentro de la prensa, sin embargo hay quienes alzaron la voz en pos de las libertad y fueron escuchados.
[1] Inglaterra y Francia abolieron la esclavitud en sus respectivas metrópolis en 1780 y 1789. En 1792 la abolió Dinamarca en todos sus dominios. Chile lo hizo en 1811 con la libertad de vientre y 1823 con la abolición total, Perú en 1855, España y Cuba en 1880 y Brasil en 1888, por nombrar algunos casos.
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