Voy a recordar, voy a proponer
Por Lafayette
30 de diciembre 2010
30 de diciembre 2010
Quedan pocas horas para despedir el 2010. Año muy particular, para el mundo y para Chile. Hemos vivido intensos acontecimientos que nos han marcado este período, y nos olvidamos de los anteriores como oscurecidos por el manto del olvido. Tal vez los sucesos acaecidos fueron y son tan mediáticamente potentes que es imposible pasarlos por alto.
Voy a recordar. Un ejercicio que de cuando en cuando, en especial en estas fechas, es positivo, de manera de evaluar y hacer memoria de los sentimientos y pensamientos que creímos dejados aparte, pero que aún permanecen. Este es un ejercicio tan personal como las opiniones, los gustos, y los odios, y como personales son, así mismo se manifiestan universales…. Hay muchos que pueden compartirlos conmigo.
El año se inició en una batalla campal mediática y política. Se esperaba con ansias la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Era la última carta que se jugaba la Concertación, alianza política que gobernó durante 20 años en Chile. Y perdió. La diferencia porcentual en relación a su contrincante, no fue tan amplia, sin embargo los votos dieron el triunfo a Sebastián Piñera, actual presidente de Chile, y que lo será por tres años más. Las opiniones vertidas al respecto, en ese momento, y durante todo el año, han sido uno de los puntos de discusión más recurrentes en las diversas conversaciones, tanto a nivel de los medios, como a nivel académico y coloquial. Personalmente la noticia, fatídica y desilusionante, me caló muy hondo. Fue, sin duda, el primer terremoto. Para quienes apoyaban y apoyan el gobierno actual, fue una efusión de satisfacción, alegría, tal vez hasta “esperanza”. Hace 20 años que los nombres que ahora circulan dentro del gobierno, habían sido, mucho de ellos, relegados fuera del ámbito del ejecutivo, o incluso de la política, lugar que habían ocupado por los 17 años anteriores, durante la dictadura de Pinochet. Otros, más jóvenes, se formaron a partir de los impulsos neoliberales de los ’80, y crecieron con el modelo que hoy por hoy están aplicando. Se vaticinaba un gran cambio. Junto a Piñera, llegarían a la luz pública personajes complejos, confusos, oscuros a veces y desconocidos, con discursos distintos, con otras ideas, situación que ha sido uno de los elementos de adaptación que Chile ha tenido que vivir. Junto con ello, hay cierto ambiente de radicalización: aparecen personajes con dichos dignos de un régimen dictatorial o fascista que desconcierta, y son sujetos que pertenecen al ámbito público. Y por otro lado, se anuncian reformas y leyes, que llevan a la encarnizada participación ciudadana, pues en muchos casos hemos visto vulnerados nuestros derechos y los principios de la igualdad. La “nueva forma de gobernar” se ha visto en sus ribetes más mediocres. Es seguro que hay avances, pero sin duda, muchos de ellos son una segura herencia del gobierno anterior, así como muchos desaciertos que evidentemente tienen su origen en los períodos concertacionistas; sólo es que lo malo se achaca a Bachelet u otro, y lo bueno se toma como iniciativa propia. La herencia es por ambas vertientes de las posibilidades, y es evidente, han pasado sólo 9 meses y poco más que Piñera está presidiendo el gobierno, las influencias de los 20 años anteriores, y yo diría de los 37 años anteriores, se sienten con mucha fuerza aún. Es el peso de la HISTORIA, que no debemos olvidar. Pues, para mí, este fue el primer terremoto. Cuando uno tiene conciencia de donde vive, y de que los cambios en la política, la macroeconomía y los sucesos mundiales son relevantes en la existencia cotidiana, esas cosas tienen un peso real y poderoso. Creo, en este sentido, en el compromiso de corazón, en estar conciente de lo que eres y de las condiciones que te sustentan.
El 27 de febrero, ya algo repuestos del terremoto electoral, vino el acontecimiento que todos ya conocen. Unos más, otros menos afectados. Unos sufriendo la pérdida total de sus vidas, sus casas y familiares arrastrados por las aguas, destrucción de sus tierras, maquinarias, implementos de trabajo, y un largo etcétera. Mi experiencia personal fue mínima en daño, y gracias a la vida, que no tuve pérdidas familiares ni materiales que lamentar. Todos sabemos que el efecto terremoto, las repercusiones inmediatas, la acción de los medios de comunicación, el cambio de mando que fue justo en el momento crítico, las culpas de unos y de otros, las peleas por quien hace o no la mediagua más mala, quien llegó con la ayuda primero, los saqueos del fin de semana que ocurrió la tragedia, y una larga lista que no se enumerará, pero que fue silenciándose poco a poco ya luego de uno o dos meses. Los afectados por el terremoto aún no pueden volver a sus departamentos en Santiago. Las empresas han respondido parcialmente o no han respondido en absoluto. Eso es un crimen, tan vergonzoso o más que los saqueos del 28 de febrero. Aún falta reponer cientos de viviendas, y hay zonas que están aún sin agua y sin condiciones dignas.
En otro ámbito, y más desconocido, menos mediático, pero atingente a mis preocupaciones personales, la educación, pues el gobierno está yendo por un camino en muchos sentidos equivocado. El problema en este, y en otros temas como el recién planteado de las sanitarias, el de privatizar o no privatizar, tiene un gran matiz ideológico, ciertamente. Pero también un matiz estratégico y económico a fin de cuentas. Lo de las sanitarias es lamentable, pues es irregular y vergonzoso que el agua no sea de todos (como la tierra, si debería ser un derecho por sólo nacer). No obstante, el asunto de la educación encierra un problema mayor, que se arrastra de las reformas que se hicieron en los ’80, y que se intentaron arreglar o mejorar en los 20 años de concertación. Personalmente creo y afirmo, que la educación es un problema de las aulas: de los profesores, de los programas, si, por supuesto. Pero sin duda es un problema de UN SISTEMA mucho más complejo. Por más que haya profesores medianamente o bien capacitados, los alumnos y las familias de éstos alumnos cumplen un rol fundamental en la educación. El problema se arrastra, pues los padres de los niños actuales se formaron en una educación decadente y en un momento de liberalización económica, lo que trajo, además de McDonnald’s, los computadores, Internet, MTV, drogas y Wallmart, por nombrar algunas cosas, una forma de vivir, pensar, sentir distinta: una manera hedonista de enfrentar la vida, individualista, del placer inmediato, de la búsqueda de la entretención sin medida, del valor económico, tecnológico y de la moda sobre todo lo demás. La educación se mejora desde varias trincheras, pero sin duda la disminución de horas de ciertas materias en pos de otras, formará un ejército de cerebros dominados, irreflexivos, autómatas y competitivos. La reforma debe apelar a concentrar la intervención de los PEDAGOGOS en los problemas reales de las diferentes escuelas y liceos, apelar a una formación integral, a guiar en la vida, no ha hacer solamente expertos en la PSU, porque al poco andar, a los 17 o 18 años, todos los jóvenes odiarán la PSU o bien la tomarán como un trámite más, sin la importancia que debería tener, que no es tanta tampoco como para morir, pero que si forma un precedente para quienes iniciarán el siguiente paso del recorrido, la educación superior y el mundo laboral. Creo, así como gran parte de la gente que sabe del tema, que la reforma educacional planteada debe tener varios cambios sustanciales. Y por otro lado, es nuestra sociedad la que debe tener esos cambios sustanciales, y mientras las cosas funcionen como funcionan, y los medios con sus idiotizantes propagandas y alucinantes programas y personajes, poco y nada permiten que se realice ese cambio. Por eso afirmo que el cambio es desde abajo, como se dice, desde cada uno de los seres que aún nos consideramos pensantes, que estimamos que no nos pueden robar lo que nos pertenece, nuestra inteligencia y nuestra alma.
Los otros acontecimientos, como los desaciertos del señor presidente, y de otros sujetos públicos que da vergüenza mencionar, el evento minero, trágico en verdad pero que se transformó en un chiste mediático, el incendio en la cárcel de San Miguel, que abre un debate ético y nos da cuenta de la sociedad en que estamos, que no es tan “adelantada” ni moderna como nos quieren hacer creer, el problema mapuche que no se inició con la terrible huelga de hambre y no ha terminado con ella, son los otros remezones que nos han hecho reflexionar a algunos sobre el país que ciertos personajes están haciendo y que otros pretenden hacer, reflexionar sobre el lugar de cada uno de nosotros en un pedacito de esta tierra, lo que afectamos al funcionamiento de la gran red y como esa gran red nos afecta.
El 2010 será inolvidable por el Bicentenario. Ese fue una conmemoración de América Latina. Nos creímos únicos, pero nuestros hermanos estaban en la misma. No se si en España lo habrán recordado como la fecha en que comenzaron a perder su imperio, me imagino que para ellos es mejor no recordar esos trágicos e inconvenientes acontecimientos. Pues bien, ¿qué significó el bicentenario? Pues, aparte de los historiadores o aficionados a la historia, estoy segura que para la gran mayoría de las personas fue una instancia para pasarlo bien, así como todos los años, pero con más pompa, con más efectos especiales, banderas gigantes, luces y chispas. Y bien por ellos, si eso fue lindo, y pasaron un buen rato. Pero es preciso recordar el origen, el inicio, pues, la HISTORIA, tras todo aquello. Sino, la fiesta no tiene sentido si no conocemos al festejado.
Pues, qué me queda de todo esto. 2010 de contrastes. Año de alzas y bajas. De encuestas que van y vienen. De un presidente ultrapresente, por los odios que mueve, por sus frases para el bronce. De un Chile conmocionado, de una América algo unida, algo separada, luchando siempre contra el coloso o haciendo acuerdos con él. Un 2010 de bonanza para nuestro país, pero de crisis mundial que no remonta en Europa. De terribles acontecimientos climáticos y tectónicos, que nos parece vaticinan un inminente fin o una renovación. El año del Mundial de fútbol, de chilito feliz, a pesar de quedar fuera después de algunos partidos; el año de Bielsa, maestro; es que se fue Bachelet y quedó él, para muchos de los nostálgicos.
Pues ya aprendimos mucho, conocemos un poco más el mundo, sabemos las cosas que pasan cuando se nos mueve el piso, cuando el mar se levanta; sabemos que los trabajadores mineros viven al filo de la muerte todo el tiempo, y que los presos están en condiciones inhumanas. Que las leyes laborales están en la mira, pero vaya uno a saber si en algo mejorarán. Que los funcionarios públicos aún luchan por no seguir siendo despedidos y por que se les de un sueldo más digno. Hay tanto por hacer aún. Hay tanto por lo cual luchar, alegar, criticar, pero también construir, renovar, aportar, mejorar.
Lo importante es seguir. No bajar la voz, no dejar de escuchar, aprender, y hablar. Pero también hacer. Caminar, dar la mano y reunir fuerzas junto a otros que deben seguir adelante en una sola mirada, en un solo horizonte.
Pues para mi 2011 es eso, año de definiciones, año de renovación, año de seguridad, de decir lo que pienso con más fuerza. Año de comprender más, y de proponer más. Año de ayudar, acompañar y mejorar!

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