jueves, 4 de agosto de 2011

En este preciso momento escucho las cacerolas

En este preciso momento escucho las cacerolas

Por Lafayette

4 de Agosto 2011


Son las 20:40 de la noche, y a las 21:00 se convocó a la ciudadanía para manifestarse nuevamente de manera pacífica. Desde cada hogar la gente manifiesta su descontento, tras la agitada jornada de represión policial. Somos muchos los que no podemos seguir esperando por justicia.

La educación es un derecho que los Estados deben garantizar, y así en nuestro país como con el agua, la tierra y los insumos básicos, hay gente inescrupulosa que lucra descaradamente hace 30 años con la educación en Chile.

Esto es algo que no puede seguir ocurriendo.

Los jóvenes se han tomado la palabra, como en muchas otras ocasiones antes en nuestra historia. Dos meses de paros, tomas, huelgas de hambre, cacerolazos, expresiones artísticas, movimientos culturales, foros, debates e iniciativas creativas, pacíficas, generosas, no pueden irse al olvido.

No olvidamos cuando bajo la dictadura cambiaron nuestra constitución, negándole a la ciudadanía derechos fundamentales, precarizando muchos aspectos de nuestra vida. Treinta años han pasado, y el avance del neoliberalismo ha arrasado con mucho de nuestro patrimonio tradicional, cultural, espiritual. Quisieron crear autómatas sin opinión, quisieron generar una perfecta mano de obra silenciosa que consumía y tragaba todo lo que el “mercado” vendiese. Quisieron ahogarnos con sus nuevas fichas de pulpería, y los créditos eternos. Amarrarnos a una vida de precario trabajo y esfuerzo permanente que no decantaba en un mejor estar, sino en una constante y terrible arremetida de poderosos, robándonos lo nuestro. Inició violentamente en 1973. Inició legalmente en 1980.

Treinta años ha pasado, y han logrado corromper gran parte de nuestro sentir. Hemos adoptado mucho de lo desechable de la cultura imperialista, y nos tratamos de parecer a lo que está más de moda, comprando y consumiendo todo a nuestro paso. Gran parte de nuestros niños y jóvenes de los 80 y 90 tragaron el cuento de la modernidad y del país en vías en desarrollo, y llenaron las arcas de esos inescrupulosos delincuentes que por sus vistosos apellidos y labia incandescente han estado y siguen estando en el poder.

No obstante, hemos despertado. Algunos aún están en el letargo de la aceptación del engaño. Algunos creen que alegar es perder el tiempo, es no respetar al otro. Que perder clases es una afrenta a la consecución normal de un año, pero no reparan en que hay miles de niños y jóvenes que durante 30 años han perdido los años en dudosas escuelas municipales y liceos técnicos, que han perdido muchos años y dinero en universidades que no les enseñan lo que esperan y que además los mantienen con una deuda enorme, aún terminando o no la carrera. Eso es perder el año.

Admiro la valentía de los estudiantes, que no se acobardan con nada. Violeta Parra lo decía, para la primera mitad del siglo XX. Ahora no es tan distinto. Los estudiantes, los jóvenes son los llamados a exigir cambios verdaderos. Los adultos están llamados a no olvidar. Ellos fueron jóvenes y buscaron oportunidades de un futuro mejor. Los adultos que vivieron el golpe militar y lo sufrieron, no pueden olvidar. Los adultos que vivieron la dictadura no pueden olvidar. Los adultos que se educaron con un sistema totalmente distinto, que pudieron acceder a la educación gratuita y de calidad, no pueden olvidar.

Los jóvenes de hoy no pierden el tiempo, están ganando experiencia. Los jóvenes que se deciden a decir y a hacer lo que sea en pos de una idea generosa para con sus pares, no son los que están equivocados. Los que se quedan y no opinan, si. Los que les da lo mismo todo. Si.

Cuanta generosidad hay en esos estudiantes que no temen atrasarse en sus ramos y cursos, por el anhelo legítimo y fidedigno de entregar al pueblo lo que es del pueblo, a la gente lo que es de la gente.

Los empresarios inescrupulosos que han lucrado con la educación pre-básica, básica, media y superior en Chile se les acabó el tiempo. Así como el presidente y los ministros decían al iniciar el mandato en 2010 que a los delincuentes se les había acabado el tiempo, y que se tomarían medidas efectivas para terminar con este flagelo, pues la ciudadanía se ha tomado la palabra y no quiere a  más ladrones ni estafadores vendiendo educación.

Las cacerolas no callan… los bocinazos de los automóviles pasando siguen la eterna canción del descontento. Me dan ganas de llorar. Mi madre me contó muchas veces de este tipo de protestas en dictadura. Me dan ganas de llorar. ¿Qué estamos viviendo? No se puede olvidar, es preciso recordar. La historia nos enseña que hay segundas y terceras oportunidades, y que siempre hay gente que tratará de quebrarle la mano al destino para bien o para mal. Hace 30 años unas almas oscuras acabaron con el patrimonio de Chile, tratando de asemejarnos a máquinas consumistas. Pero no somos tales máquinas. Somos personas. Tenemos inteligencia, creatividad y opinión. Quienes así lo pensaban hace 40 años y apoyaron las iniciativas de la izquierda, no pueden olvidar; la juventud que ya se fue no debe llevarse el espíritu de lucha de quien ha sido una persona de utopía.

Si pensar que nuevas oportunidades es ser soñador. Pues lo soy. Si pensar que la generosidad y el trabajo en comunidad es una utopía, pues soy una mujer utópica. Si pensar que las constituciones las hacen los hombres y las leyes y decretos también, y que con buena voluntad y mucha valentía se pueden cambiar es una ilusión, pues soy una ilusa. ¿Cuántos como yo? ¿100.000, 1.000.000, 10.000.000 de personas en nuestro país? Ojalá eso, y más.

Opinar, decir, entender, aprender, decidir, compartir, dar la mano de verdad, caminar junto al vecino y creer en la realidad de los cambios hechos en base al esfuerzo colectivo, el esfuerzo de los corazones unidos, pese al frío, pese al trabajo y al cansancio. Y no a los cambios venidos desde las cómodas oficinas de escritorios de $5.000.000 de pesos. Dos canciones me vienen a la mente: de Violeta, “que vivan los estudiantes” y de Silvio “Canción de los harapos”.

Y un deseo en el alma. Toda esta energía humana no puede desperdiciarse. Adelante hermanos, adelante compatriotas. No a callar, no a dar un paso a tras sino dos adelante! No a permitir que la avaricia de unos pocos nos arranque lo poco que tenemos muchos.

Son las 21:29 de la noche, y las cacerolas se escuchan más a lo lejos.

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