El conocido autor británico del género gótico-romántico,
Matthew Gregory Lewis (1775-1818), en cuyo círculo se contaban nombres como sus amigos Lord Byron, John William Polidori, Mary Shelley y Percy Shelley,
escribió “The Monk”, novela publicada en 1796. Se cuenta que tardó sólo diez
semanas en escribirla, y en ella se ven representados todos los prejuicios
anticatólicos circulantes en el imperio rival de España en ese entonces, como
lo era Inglaterra. Se ha dicho que es una de las novelas góticas más escabrosas
y transgresoras de su época, y también una de las primeras del género.
En esta adaptación de 2011, vemos los aspectos esenciales de
la novela. Sin ser la primera adaptación, ya se había realizado una en 1972 y
otra en 1990, congrega los elementos que relevan tanto en su estética gótica,
sin caer en las exageraciones del género, como los elementos religiosos
católicos los cuales critica la obra original, siendo muy bien representados.
Vincent Cassel interpreta a Ambrosio, el protagonista, monje
de la orden capuchina situada en las afueras de Madrid a fines del siglo XVI.
La película comienza cuando un recién nacido es llevado por un hombre en medio
de la noche quien tiene la intención de lanzarlo al río. Arrepentido, decide
dejarlo en la puerta del convento. El niño, Ambrosio, es adoptado por el prior,
quien lo acoge como a un hijo, criándolo en la estricta piedad religiosa. Muchos
otros vieron la presencia del niño como una señal demoníaca, a raíz de una
oscura mancha de nacimiento en el hombro similar a una mano, sin embargo, fue
bien tratado por ser el protegido del prior.
Ya a los dieciocho, Ambrosio deslumbraba con su santidad y
celo religioso, y a los treinta era prior del convento. Famoso en la ciudad,
congrega a cientos de personas que concurren para ver sus sermones. En una ocasión, acude la joven Antonia
(Joséphine Japy) con su tía. La muchacha queda prendada de la intensa santidad
del abad, pero no tiene aún ocasión de conocerlo personalmente.
Ambrosio se vanagloria de su rectitud y fuerza para no
dejarse vencer por las tentaciones del demonio. Sin embargo, algo lo atormenta.
Ha tenido un sueño recurrente, que cuenta a su amigo y confesor, el antiguo
prior que lo crió como hijo. En él se ve a sí mismo en el techo del convento, y
mira hacia abajo, una mujer vestida con un manto rojo reza frente a la cruz
solitaria que se encuentra en el frontis del convento. El no ve a la mujer,
ella nunca voltea, pero desea alcanzarla y no puede.
En sus confesiones regulares, las monjas acuden en grupo dirigido
por la madre superiora (Geraldine Chaplin) a confesarse con Ambrosio. Una de
las novicias confiesa sus pecados, pero ellos son mínimos en contraposición con
su nerviosismo, lo que despierta dudas en el confesor. Al terminar la
confesión, accidentalmente deja caer un papel. Es una carta escrita por ella a
su amante, para huir juntos. Ambrosio no cede a los ruegos de la muchacha, y la
presenta a la madre superiora para que
se le dé el merecido castigo. La novicia es encerrada en una celda sin agua ni
alimento, luego de comprobarse que está embarazada. A los pocos días, la
muchacha muere. Nadie muestra piedad o arrepentimiento por esta terrible
situación. Menos Ambrosio.
Es en este escenario de descarnado fanatismo religioso, llega
al convento un misterioso joven enmascarado, que se supone es un huérfano que
logró salvarse de un incendio que azotó su casa y mató a su familia. Por sus
quemaduras, no puede sacarse la máscara. Siente una especial curiosidad por el
prior, e intenta acercarse a él. Lo logra cuando en un ataque de jaqueca de
éste, el muchacho toca la cabeza del prior, y lo sana. Comienza así una serie
de encuentros con el misterioso novicio, que al poco tiempo develará su verdadera
identidad a Ambrosio y lo llevará por los caminos del pecado.
La película logra un equilibrio entre los elementos
sobrenaturales presentes con la realidad del relato histórico. El ambiente
árido y opresor, que son representados con el extenso y seco paisaje de las
afueras de Madrid a pleno sol donde destaca el convento en medio de la
inmensidad, y los interiores oscuros del convento, contrasta con los bellos y
luminosos jardines del convento y de la casa de Antonia, donde resaltan el
clima templado y soleado de Castilla, con flores y vegetación placentera. Es también
relevante la detención constante de las imágenes en las esculturas externas del
convento que representan a personajes demoníacos o penitentes y que juegan un
papel esencial para representar en nexo entre lo natural y lo sobrenatural, lo divino y lo demoníaco.
Entre los personajes tipo, el monje santo que deviene en
villano en tanto su pretendida santidad esconde un fanatismo inhumano y la muchacha
virgen y pura, Antonia, que se transforma en el objeto del deseo carnal, media
un tercer personaje arquetípico, la mujer tentadora, reiteración de la Eva que
seduce a Adán para caer en el pecado. Si bien los sueños premonitorios de
Ambrosio instalaron en él la duda, es la llegada de esta mujer-demonio, quien
le entrega el placer carnal nunca antes experimentado, la que desata la
vorágine.
Entonces queda la duda, ¿es acaso que un simple sueño
despertó el deseo a Ambrosio, y ese deseo “llamó” al demonio del pecado sexual?
O bien ¿su pecado se estaba ya gestando antes del sueño y fue ese deseo
desconocido lo que generó la seguidilla de eventos, desde el sueño en adelante?
En última instancia, Ambrosio buscaba siempre destacar por su rectitud y santidad
tal vez porque, en el fondo, luchaba constantemente porque no la poseía.
“Le Moine” es una película de excelente factura, utiliza
perfectamente la esencia de la novela gótica, con sus premoniciones, sueños,
fantasmas y hechicerías; representa personajes tipo, entre héroes y villanos, sin
restarles realismo, humanidad y profundo sentimiento. El debate interior entre
el deseo y la rectitud, la lucha por hacer lo que se debe y cree y la terrible
decisión de dejarse llevar por los deseos, es representada a la perfección por
su protagonista.
Especial mención hay que hacer a la escena de la procesión
de la Virgen, con todo el aparataje Barroco: los penitentes cargando cruces o
decenas de velas chorreantes sobre las cabezas, la imagen de Nuestra Señora
engalanada, y la procesión terminando frente a las escaleras de la iglesia
repletas de velas. Sin duda, este tipo de referencias despiertan una profunda
satisfacción en los aficionados al estudio de la historia, ya que la recreación
impacta en cuanto podemos, a través de ella, percibir el profundo sentimiento
religioso de esas épocas, y la impresionante fuerza con que el discurso y al
imaginería católica permeaba la sociedad en su conjunto.
Sin duda una película muy recomendable tanto para los
amantes del género gótico, como para los amantes de las películas históricas.
Por Lafayette
Por Lafayette


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