sábado, 13 de febrero de 2016

Volver



La vida no tendría sentido sin el poder de la fantasía y la capacidad de generar realidades paralelas dentro de nuestra propia mente y espacio privado que es nuestro mundo silencioso. Cuando comencé a abandonar la niñez, ese vacío que dejó el juego infantil, comenzó a ser llenado por otros lugares de ensueño. Mi vida no tendría sentido en el hoy, sin aquellas vivencias experimentadas en universos no materiales que pertenecen, sin embargo, a mis recuerdos más vívidos. 


Han pasado muchos años de esos primeros encuentros intensos con el cine y la literatura, he recorrido muchos caminos, y me he caído fuerte sobre la más cotidiana realidad, que a veces logra atraparte rudamente, crudamente, y olvidas las bondades de la fantasía. 

Sin embargo, nunca olvidamos lo que fuimos, ni lo que hicimos en los momentos que estuvimos más llenos de vida. Nunca olvidamos qué significaba la plenitud y la felicidad, y la existencia nos trae de vuelta al lugar de nuestro destino. Nunca pensé que dicho espacio tan propio, tan personal, que viví de manera profunda en mi adolescencia, volvería justamente cuando me encuentro a miles de kilómetros del lugar que me vio nacer y que me sostuvo esos años de divagaciones literarias y cinematográficas. 

Este baño de realidad que duró unos 10 años sino más, parece poco a poco ir esfumándose. Se está nuevamente perfilando un sendero a seguir, y me tienta con sus luces y delicias. La literatura nuevamente me ha atrapado y en las historias contadas con letras o con imágenes he vuelto a sentirme segura y feliz. 

Es, acaso, condenable sentir así? Cuando se tiene más de treinta años, puedes darte el lujo de divagar nuevamente en las ficciones y evadirte desinhibidamente de la realidad? Es posible volver a vivir una nueva adolescencia después de haber caminado el sendero de la adultez?

Las personas buscamos añorantes momentos de felicidad. Estamos siempre en la búsqueda del hacer mejor para estar mejor. Y a veces, ese estado de plenitud y tranquilidad sólo se logra en el silencio de nuestros pensamientos, en la lectura de un buen libro, en la visión de una obra de arte. La contemplación de la belleza, o de la representación artística de la realidad, el vivir vidas de otros, que no existen materialmente (según dicen), la sensación que da oír, leer, ver, son a veces, en la tranquilidad de una habitación, los mejores medios de alcanzar la felicidad. 

Siempre se ha dicho que la felicidad no es permanente, que viene y se va. Que vivir en un estado de permanente gozo, nos haría olvidar finalmente que vivimos en él,  ya no tendría sentido. Es preciso el equilibrio sensorial y sentimental, de la multiplicidad de experiencias, para poder sentir la plenitud de la existencia. 

Ese equilibrio (o desequilibrio controlado) puede lograrse en una cotidianidad del hacer humano, mas, al ser complementaria esa cotidianidad con la posibilidad de imaginar y fantasear, las vivencias se enriquecen a un nivel infinito, y cada sentimiento y sensación, es multiplicable a niveles inimaginables. Si sólo dependiéramos de nuestra razón y acción cotidiana, la vida sería un erial desierto y sería preferible morir. 

Qué estimula mi deseo de avanzar? Pues la capacidad inmensa de fantasía que tengo en mí y la posibilidad infinita de expandir esa fantasía mediante el arte de las narrativas, en imágenes y letras. 
Volver sobre ese momento mágico en donde he descubierto el cine y la literatura, me hace recordar quien soy y que no quiero nunca más ser lo que la materialidad quiere que sea. 

M.N.A.M

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