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| Plaza y Torre del Reloj, Iquique, 1910 |
"Qué es para mí la búsqueda de lo chileno? Es la búsqueda de mí mismo. No una búsqueda demasiado intencionada, porque a base de conceptos acabaría hallando otra cosa. Es un encuentro que celebro a diario con mi lenguaje, con mi memoria o, para ser más exacto, con mi nostalgia –irrealidad-, ya que lo chileno para mí es objeto de nostalgia, con cierta poesía de Chile, cierto histrionismo de mis compatriotas, cierta música. Todo en el proceso de forjarse. En la búsqueda de algunas razones: ¿Por qué un país de tan bella naturaleza muere a diario en convulsiones?¿Por qué nos movemos con tanta decisión hacia una meta que no conocemos?(…)
Esta es, entonces, la respuesta más directa: busco lo chileno en lo
humano, no en lo circunstancial del paisaje. Busco un mundo de relaciones
humanas que, aun sin comprender, pueda hacer vivir en una obra la creación. (…)
¿Civilización y barbarie? ¿Viejo y nuevo mundo? No importan las denominaciones.
El chileno lleva una pugna de culturas que no logra aún armonizar. Es el caso de
todos los pueblos hispanoamericanos. En última instancia, creo que buscar la
‘chilenidad’ es buscar lo que une a los hombres de todas partes, no aquello que
los divide.” (Fernando Alegría, Literatura
Chilena del Siglo XX, Editorial ZigZag, Santiago, 1967, pp. 13-14)
“Leyendo las Memorias de un
Tolstoyano, de Fernando Santiván, he pensado cuán poco nos separa a
nosotros, los chilenos del átomo y del espacio, de esos otros chilenos que a
principios del siglo transcurrían por el mundo en coches de caballos alumbrados
por pálidas lámparas de gas. Ha cambiado el ritmo exterior de nuestra vida, se
ha transmutado nuestra conciencia del tiempo, ha disminuido un instante nuestra
perspectiva para extenderse luego hasta el infinito, pero, en el fondo,
seguimos angustiados por la misma falta de propósitos fundamentales, ofendidos
por la presencia de crueles desigualdades y prejuicios, desconcertados ante la
violencia, empequeñecidos por la ineficacia de nuestros esfuerzos de redención.
Se hablaba entonces de un progreso material ilimitado. Hoy, ante la realidad de
tal progreso, dejamos de considerarlo un atributo de grandeza para medirlo de
acuerdo con los nuevos vacíos que descubre, las nuevas interrogaciones que
plantea, los abismos con los que rodea nuestra relativa insignificancia.” (Fernando Alegría, Literatura Chilena del Siglo XX, Editorial ZigZag, Santiago, 1967,
pp. 171)

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