lunes, 19 de febrero de 2007

Alexander


Por Lafayette, Enero 2004
Cuando estuve ante la posibilidad de ir a ver "Alexander" (Oliver Stone, 2004), iba preparada para ver algo parecido a “Gladiador” (Ridley Scott, 2000) o “Troya” (Wolfgang Petersen, 2004), dada la época en que se situaba la historia, aunque por supuesto sabía que los personajes eran "reales", no de ficción como los de “Gladiador” o sacados de los relatos griegos de Homero y, por lo demás, modificados como en el caso de “Troya”. De antemano sabía que era muy difícil adaptar las intensas batallas y extensas conquistas realizadas por Alejandro, pues su vida fue muy movida, por decirlo de alguna manera. Yo tenía ya cierto conocimiento de su vida, pero más que nada, de los detalles de su prematura muerte, y como futura "historiadora", quería ver que tenía que decir Hollywood al respecto. Y puedo decir que superó, con creces, a “Troya”, y también, aunque menos, a “Gladiador”, aunque esta última me sigue gustando mucho, sobre todo por su corrompido personaje del emperador Cómodo, tan magistralmente interpretado por Joaquin Phoenix.
“Alexander” me cautivó desde el principio. Su fotografía, la música de Vangelis y los personajes históricos, por un lado, y los “tipos” histórico-culturales, por el otro, están tan bien perfilados, que la historia resulta tangible y comprensible, hasta para el que no sabe nada de historia, creo yo por lo menos. Retratar esa altivez y constante discriminación de los Griegos y Macedonios hacia cualquier pueblo extranjero, por sólo ser distintos fue un punto clave. Por un lado, los pueblos que pertenecían a la estirpe cultural helénica se sentían en una posición superior por su cultura y el estado de dominio de las artes, la filosofía, la política y el deporte, y la organización social, que ellos consideraban avanzadísima. Es cierto que de sus aportes a la cultura los avances posteriores fueron posibles, muchos de ellos, no todos, pero no fueron tan excepcionales al punto de considerar toda cultura contemporánea a ellos como objetivamente inferior. Por lo menos, ahora no lo creemos. Las culturas orientales de la época, por ejemplo la Persa, la más cercana a los Griegos, poseía estructuras de pensamiento y política distintas a las griegas, pero en muchos sentidos los Persas eran admirables. Seguramente por la herencia de siglos y siglos que dejaron otros pueblos muy adelantados que vivieron en esas mismas regiones y los diversos contactos entre pueblos.
Alejandro el Grande fue, de todas maneras un visionario y un vanguardista para su época y, sobre todo, un soñador. No es de extrañarnos que se recalque tanto en la película su intento de emular a su héroe predilecto, Aquiles, pues informándome con posterioridad, supe que era un ferviente admirador de Homero y, por supuesto, del Héroe Aquiles, quien luchaba valientemente contra sus enemigos y arriesgó su vida en venganza por la muerte de su Pátroclo querido. Aquiles eligió una vida corta, pero llena de gloria, así Alejandro tal vez sabía de antemano que su vida sería corta si elegía la gloria atrevida sobre una austera tranquilidad en su trono de Macedonia. Su padre fue quien revitalizó la monarquía en una época donde los griegos habían evolucionado a tipos de gobiernos democráticos, por lo tanto, según su carácter, de seguro muy acorde al carácter de su madre, no podía ser menos, debía ser más.
En la película es imposible no enganchar con el Alejandro de Colin Farrell. Tal vez porque este actor logró capturar la esencia altiva, ambiciosa y segura pero a la vez amorosa y soñadora del rey, sin sobre-actuaciones y de un modo muy natural. Cuando llora, cuando lucha y cuando mira con ojos de amor a su querido Hefestión, es imposible pensar que él no está haciendo lo correcto. Alejandro buscó conquistar Persia, antes que los persas conquistaran Grecia y Macedonia, y si así lo lograba, podría unificar dos culturas muy distintas, la occidental con la oriental. Oriente para los Europeos de entonces era un sitio vedado y extraño, lleno de "bárbaros". Alejandro logró ver en estos extraños el futuro y al llegar al trono de Darío no aniquiló gratuitamente a nadie, sino que hizo un esfuerzo enorme por llevar a su gente a convivir y poblar Persia, y de algún modo fundir las dos culturas. Incluso se comenzó a vestir y adornar al modo Persa. Él no creía en la superioridad de los helenos, sino en la igualdad. Hasta se casó con dos persas, pese a la negativa de sus compañeros de guerra.
La película no muestra la magnitud de cosas que hizo Alejandro, pero resalta lo más importante, su espíritu. En ella, además, impresionan la nitidez y belleza de los lugares, la visión de Babilonia triunfante, con sus zigurats, palacios y edificios, la inmensidad del desierto que tiembla ante una inminente batalla, y las escenas de la última lucha, en los bosques de la India, con elefantes, escenas magníficas, con una perfección y hermosura que emocionan. Relatar y revivir un pasaje de la historia del ser humano es una misión asignada al cine, que hoy por hoy está cumpliendo de maravilla. Para una persona que ama el cine y que adora la historia, como yo, ver una película como “Alexander” llena de emoción. Además que retrata de una manera tan perfecta a los seres humanos detrás de los personajes históricos. Las debilidades de Filipo, la ambición y el odio de Olimpia y el sueño de Alejandro y su amor implacable por Hefestión. La relación que se entabla entre estos es tan profunda y sincera, que uno no puede pensar que no es correcta, además que el director se encarga de cuidar que esta relación no caiga en una caricaturización homosexual, sino que resalta la importancia del compañerismo y la lealtad ante todo.
Una de las partes que más me gustó, y que fue casi la única que se mostró sexo, aunque en muchas ocasiones se ve el espíritu abierto de la gente de la época en estos temas, fue la primera noche que Roxana y Alejandro están juntos luego de casados y ella se da cuenta de la relación de este con Hefestión y no lo acepta. Entonces él intenta tomarla por la fuerza y comienza a arrancarle la ropa y al mismo tiempo comienza a desnudarse en un forcejeo casi artístico, mientras ella se resiste, y cuando está a merced de él, ya desnuda, deja de resistirse, pero en el momento en que Alejandro piensa que la ha vencido, ella toma un cuchillo y lo amenaza con cortarle el cuello. Ahora es él quien está a merced, el rey amenazado de muerte por su simple esposa persa. Con ademanes muy astutos y sensuales, logra convencerla, y finalmente él logra lo que quiere. Luego hacen el amor, y es una escena muy bien lograda. Desde que la conoce se ve el deseo de él por ella, a pesar de su amor eterno por Hefestión.
Finalmente, siento que la historia de Alejandro Magno es apasionante y sobre todo ver el alcance de su lucha en tan sólo 13 años de reinado, desde los 20 años de edad; ahora, ver sus obras y humanidad retratadas en un filme, es simplemente increíble.

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