04/09/2016
Por Lafayette
El mundo está
cambiando. ¿De verdad? Esas periodizaciones o nombres de coyunturas específicas que uno
suele leer en los libros de historia, “Revolución Francesa”, “Abolición de la
Esclavitud”, “Independencias Americanas”, “Primera Guerra Mundial”, “La Gran
Depresión”, y tantas más, seguirán apareciendo en los futuros libros de
historia e intentarán establecer una lógica en lo que hoy estamos
experimentando como planeta Tierra. He estudiado varios años la historia de una
pequeña parte del tiempo humano y del espacio humano. Es, ciertamente,
imposible abarcarlo todo en una vida. Ni siquiera en muchas vidas. Es como
querer conocer a todas las personas que viven en el mundo hoy, y a las que
vivieron antes. Resucitar a los muertos, juntarlos con los vivos y reunirlos en
un lugar para escucharlos hablar. Eso es imposible. La historia es eso, pero
aún más, es un caos inmenso que es preciso organizar.
Cuando tenía casi siete
años, en la televisión transmitían como en Alemania la gente destruía un muro de
concreto y todos celebraban ese hecho. No comprendía muy bien lo que ello
significaba, pero mi mamá me explicó lo de la Gran Guerra y la división de ese
país. Yo tenía alguna noción de lo que significaba comunismo y también
dictadura militar y otras cosas, crecí durante los últimos años de Pinochet, mi
mamá era de izquierda, una de los miles que sufrieron con la caída de Allende, sepultando
después de aquello, en parte, los sueños del “pueblo”. Entendía, más o menos,
que una parte de ese país Alemania era comunista y otra, era como EUA, es
decir, “moderno”. Lo comunista no era malo, era una utopía antigua, pero lo que
se parecía a EUA, por lo menos lo que nosotros, chilenos, conocíamos de EUA, a
través de sus películas y series, era siempre brillante, grande, entretenido y
de piel blanca.
Para mí, en esos años,
ver ese muro caer, muro que había sido construido cuando sólo había películas
en blanco y negro, era algo de un pasado remoto. El mundo estaba ahora abierto
a la libertad y ese muro, el pasado, ese muro, que había dejado atrás la era
del “blanco y negro”, ya no existiría más. Yo crecía y el mundo era otro conmigo;
Pinochet ya no gobernaba mi país, el comunismo era cosa del pasado, porque ya
no se necesitaba, al final parecía que la solidaridad y la modernidad habían
ganado. Recuerdo, poco tiempo después, bombardeos televisados. Guerra en Irak,
yo no comprendía casi nada. Pero me era tan lejano todo eso, era casi, en mi
mentalidad de niña, una película más de esas que veía en la tele o en el cine.
Había cierta sensación
de estabilidad durante los ’90, yo lo creía así. Las cosas eran distintas. Yo lo
veía a través de las imágenes. Las modas eran diferentes, la música, era mi
tiempo, era mi momento de estar en colores, de aprehender lo que había a mi alrededor.
El año 2001 ocurrió algo tremendamente impactante, dos aviones atravesando las
torres gemelas en Nueva York, la ciudad ícono de la modernidad. Fue el signo de
que los tiempos de “paz” o de una “paz” relativa estaban llegando a su fin (si
revisamos ahora la historia de los años ’90 a nivel mundial, veremos que de paz
hay bien poco). El orden mundial comenzaría a cambiar, algo profundo traería
aquello, fuera lo que fuera. Y así ha sido, sin duda, así ha sido.
Hoy Donald Trump,
candidato a la presidencia de EUA, habla enérgicamente de la construcción de un
muro, al estilo del Muro de Berlín, en la frontera de México con EUA. Lo hace
en los peores términos, avivando la xenofobia de los WASP contra todo lo que
huela a habla hispana, particularmente mexicano (aunque yo creo que gran parte
de ese grupo de seres cree que todo lo que hay al sur de EUA se llama México,
con suerte conocen también Cuba). Su discurso es tan violento e irrespetuoso,
se ha mofado de tal manera del gobierno de México, que sin duda ha faltado a
todas las reglas de la diplomacia. Su discurso termina siendo un show. Sin embargo,
alienta a muchos a pensar que sus razones son correctas, que sus motivaciones
son justas, que hay que pensarlo dos veces, porque, si es cierto que la
migración es el origen de todos los males, y que los mexicanos que llegan a EUA
son todos violadores, criminales de todo tipo y narcotraficantes, entonces no
queda otra solución que frenar la migración y qué freno más directo que un
muro.
Estamos volviendo a la
Segunda Gran Guerra. Estamos volviendo al siglo XV, a la construcción de la
Muralla China. ¿Es que no hemos avanzado nada en todos estos años? ¿Dónde quedaron
lo acuerdos de paz, la unión del mundo, la idea de que los más grandes
ayudarían a los más pequeños? ¿Para qué sirve tanto premio Nobel de la Paz? ¿Para
qué han servido los Derechos Humanos, sino para quebrantarlos sistemáticamente?
¿Para qué se secularizó el mundo occidental, se acabó con el imperialismo cristiano,
si la intolerancia religiosa continúa? ¿En qué quedamos con que el racismo es
negativo y destructivo, si seguimos apelando a él para justificar acciones de
guerra y de violencia?
Tras escuchar a Trump y
su famoso muro mexicano y ver en las noticias europeas lo que ocurre con la
crisis de los refugiados que llegan de Siria y de países africanos que están en
guerra, a las costas de Grecia o se internan por Turquía, cuya finalidad es
llegar al centro de Europa lo que muy pocos consiguen (porque hay una serie de barreras
que impiden el desplazamiento libre de la gente, muros que se están ampliando y
reforzando día a día), comencé a buscar información al respecto. La “resurrección”
de los muros, no es cosa nueva. De hecho, nunca murieron. La ansiada modernidad
no terminó con la práctica más antigua del mundo de cercar el espacio propio
frente a la amenaza. En esta era de la supuesta tolerancia, del respeto, de la
comunidad de las naciones, no hemos avanzado más allá del feudalismo y el
esclavismo en lo que respecta a prácticas de segregación étnica.
En abril del año 2015
podían contarse siete muros construidos después de la caída del Muro de Berlín
que han sido llamados, con mucha razón, los “muros de la desigualdad”. Intentan
impedir el paso de migrantes “ilegales” que van de países con menor esperanza
de vida, tasa de alfabetización baja, entre otros índices, a países con mejores
condiciones laborales y de vida. Es posible que a la fecha hayan más. Los límites
que separan son España/Marruecos, Grecia/Turquía, Turquía/Bulgaria,
India/Bangladesh, EUA/México, Sudáfrica/Botsuana y Mozambique;
Botsuana/Zimbabue.
Quienes se arriesgan a
llegar a los muros, corren peligro de ser deportados, en gran cantidad, y
muchos terminan muertos. Los muros cuentan con diversos sistemas de protección,
alambres de púas, algunos con cercos electrificados. Los guardias, en algunos
casos, simplemente tiran a matar a quien se acerque. Como el caso de la barrera
entre India y Bangladesh, llamado también “el muro de la muerte”, la cual es la
quinta más larga del mundo y fue construida para terminar con el tráfico de drogas,
bienes y el cruce ilegal de personas entre los dos países. Se extiende a lo
largo de toda la frontera en común, esto hace que los bangladeshíes se sientan
encerrados. Está custodiada por fuerzas armadas indias que se conocen por
disparar antes de preguntar. Las estimaciones oficiales calculan que en la
India hay dos millones de personas indocumentadas procedentes de Bangladesh.
Sin embargo, el número que aparece publicado frecuentemente en los medios de
comunicación de la India es el de veinte millones. El año 2011, uno de los
incidentes más dramáticos sucedidos en la valla fue la muerte de una joven de
quince años lo que forzó al ministro de interior de la India a anunciar que ya
no se utilizarían armas letales ni se dispararía a civiles bajo ninguna
circunstancia. No obstante, al día de hoy, los guardias fronterizos de
Bangladesh informan de palizas mortales, lapidaciones, estrangulamientos e
inyecciones letales.
La frontera entre EUA y
México, es para los latinoamericanos una historia conocida. Más allá de Trump,
sabemos los diversos momentos críticos por los que han pasado ambos países por
esta compleja situación. Pero, como es común en las diversas políticas exteriores
de EUA, donde guerra es negocio, en este caso la barrera fronteriza, que ya
existe, es el negocio perfecto para la industria militar norteamericana. Este
muro se extiende a lo largo de dos tercios de la frontera común. Halliburton
controla un tramo de la frontera en Texas, General Atomics ha vendido “drones”
y la empresa israelí Elbit, que desarrolla operaciones en el Muro de
Cisjordania, está gestionando sistemas de vigilancia en Arizona. De 2007 a
2014, el gasto en seguridad fronteriza ha rondado los 100.000 millones de
dólares y va en aumento. La ONG BorderAngels denuncia que ese muro ha causado
10.000 muertes desde 1994. La Patrulla Fronteriza habla de 5.570 muertes entre
1998 y 2012. Pese a que se ha dado por sentada su ampliación, su eficacia no es
muy evidente: un informe de Migrant Policy Institute de 2009 estimaba que el
97% de los migrantes que trataban de llegar a EEUU desde la frontera mexicana
lo conseguía. Otro dato: un informe de la Government Accountabilty Office
señalaba que el Departamento de Seguridad Interna no había aún medido el
impacto del muro en la seguridad fronteriza.
¿Qué significa el discurso
de Trump? ¿Cómo podríamos interpretarlo, de cara a las evidencias? ¿Cuál es su
verdadero objetivo al afirmar que el muro entre México y EUA se va a construir
y que México lo va a pagar, aunque aún no lo saben? ¿Qué hay detrás de esa
retórica autoritaria, que rememora la política de principios del siglo XX del “gran
garrote”? ¿Qué efectos tiene todo ese discurso en la población norteamericana “nativa”,
y en la población de extranjeros en EUA, los cuales son muchos, y muchos de
ellos de origen hispanoamericano y mexicano, y no pocos con estudios
universitarios y de postgrado? ¿Cómo es posible interpretar esta política de
promesas de candidatura xenofóbicas en un mundo que está viviendo, como hace
décadas no ocurría, una crisis de migración, que se refleja hoy en día con
fuerza en Europa?
Durante 2016 se ha
seguido ampliando las barreras en los países receptores de refugiados de
guerra. Hungría en la frontera con Serbia y Austria con Eslovenia, entre otros.
La detención de los refugiados en las zonas de llegada y el intento de éstos de
sobrepasar las fronteras, está produciendo una grave crisis humanitaria. En
teoría, la idea es dejarlos pasar, pero evaluándolos bajo ciertos criterios de
inmigración muchas veces arbitrarios, y dadas las circunstancias,
discriminatorios.
Según algunos, esta política
de detención de los migrantes a través de barreras ha servido a los países de
Europa central y del norte para evaluar cuál va a ser la política a seguir, es
decir, los Balcanes han servido como “laboratorio de experimentación”, y de
alguna manera el cierre de fronteras intenta detener la migración, en tanto se
resuelve el problema con los que ya están en el continente.
Sin embargo, la gente
continúa llegando por tierra y por mar, arriesgando su vida para encontrar un
futuro en Europa. Pero es claro que las vallas y los muros no están funcionando.
En los treinta países donde trabaja la organización humanitaria IRC (Comité
Internacional de Rescate) y tomando en cuenta toda la experiencia con muros y
cercas en dichos países, se ha demostrado que cuando más alto se construya un
muro, más alto salta la gente y cuanto más profundas las vallas, más camino
recorrerán quienes quieren atravesarlas.
Los
únicos beneficiados con estos muros, además de las empresas de seguridad, han
sido los traficantes de personas. Según el director del IRC una persona paga
US$1.300 para poder cruzar los 6 km del mar Egeo, de Turquía a Grecia. Pagan
US$650 para llevar a un bebé y se lo pagan a los traficantes. De este modo
algunos están ganando mucho dinero, debido al fracaso para establecer rutas
legales y organizadas para la gente que desea salir del Medio Oriente.
Lo que se necesitaría,
sería una mejor coordinación internacional, no sólo de Europa sino mundial,
para hacer frente a esta crisis. Dice el director del IRC que ningún país
europeo, ni siquiera Alemania, puede asumir toda esta carga solo, por eso debe
haber una reubicación coordinada de personas en toda Europa y es importante que
el resto del mundo también pueda contribuir. Canadá aceptó 25.000 refugiados
sirios y eso fue muy positivo. Pero Estados Unidos sólo ha aceptado a 10.000 y
es necesario duplicar esa cifra. Según el IRC, los muros no funcionan.
Con estos datos y con
este escenario mundial, el discurso de Trump es mucho más que un discurso
contra la migración mexicana. Y es muy peligroso, no porque el muro se pueda
construir, sino por lo que implica todo el aparato retórico que ha movilizado
para convencer a su audiencia que él tiene el poder, que ellos, los WASP tienen
el poder de hacer lo que les plazca en Latinoamérica, cuando quieran y como
quieran.
Referencias:

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