sábado, 24 de septiembre de 2016

Sabina Spielrein y el psicoanálisis



Prendimi l’anima (The Soul Keeper) (Roberto Faenza, 2002)
A Dangerous Method (David Cronenberg, 2011)


La filmografía del director canadiense David Cronenberg suele ser siempre un lugar perfecto para explorar las zonas más recónditas del ser humano en la modernidad, en sus extraños y tortuosos caminos. El lado oscuro de la brillantez ordenada, limpia y civilizada del mundo occidental. Nada más sugerente que juntar a los pioneros de la psiquiatría moderna y del psicoanálisis en una historia basada en hechos reales.

Sabina Spielrein (1885-1942) de familia judía rusa, fue una de las primeras mujeres en ejercer la psiquiatría, contribuyendo con sus investigaciones en teorías que después serían parte de las propuestas freudianas. Llegó a Zúrich en 1904 para tratar su enfermedad mental, y se quedó en la ciudad una vez recuperada, para realizar sus estudios universitarios. Su mayor aporte teórico fue la elaboración del concepto de “pulsión destructiva y sádica” sobre el cual Freud desarrollará más tarde la “pulsión de muerte”. Sin embargo, Sabina no fue sólo una pionera en la investigación psiquiátrica, también ejerció su labor de médico tanto en Viena, Berlín y Ginebra, y luego, a su regreso a Rusia en 1923, se dedicó a la psiquiatría infantil. Su propuesta partía de la base que era esencial educar a los niños para que fueran libres desde pequeños.


A Dangerous Method cuenta la relación profesional e íntima entre Sabina Spielrein y dos de los psiquiatras más relevantes de inicios del siglo XX, Sigmund Freud y Carl Gustav Jung. El relato se sitúa entre el ingreso de Sabina en un sanatorio en Zúrich con diagnóstico de histeria, hasta que termina sus estudios de medicina y se casa con Pavel Naumovich Scheftel, también médico. El filme de Cronenberg del año 2011, sin embargo, no es el primero en el que podemos conocer la figura de esta excepcional mujer, la cual ha sido recién “descubierta” a fines del siglo XX. El año 2002, el director italiano Roberto Faenza dirigió Prendimi l’anima, filme que igualmente releva la figura de Sabina, particularmente su relación con Carl Gustav Jung y luego en su labor como psiquiatra infantil en Rusia.

El foco de ambos filmes es diferente. Si bien en los dos la figura de la psiquiatra, que pasa de ser paciente a ser médico, es el centro de la trama, en el primero su figura nos permite explorar los límites de una sexualidad reprimida, el sentimiento de culpa, el dolor y la búsqueda del amor. En el segundo, Sabina se nos presenta como una mujer sexualmente menos extrema u oscura, aunque igualmente fuerte y determinada, y podemos conocerla, también, en su faceta de madre y médico.

Increíblemente, ambos filmes se complementan pues expresan, de una manera intensa y a la vez delicada, formas diferentes de relatar la vida de una mujer compleja y brillante, que logró estar a la altura intelectual de dos referentes occidentales en un mundo dominado por hombres. En ambos nos cuentan la historia del machismo y del anitsemitismo, no como punto de referencia esencial, sí como plano de fondo donde ocurre la acción.

Las dos Sabinas, interpretadas por actrices británicas, Emilia Fox (en 2002) y Keira Knightley (en 2011) están a la altura de su personaje, siendo capaces de mostrarnos a una muchacha emocionalmente inestable hacia el inicio de la historia, que luego se trasforma en una aguda y, a la vez, sensible psiquiatra. Sigmund Freud es un personaje esencial catalizador de los vaivenes de las historia, en ambos casos, aunque mientras en el filme de Faenza se menciona, en el de Cronenberg interviene activamente junto a Jung, su joven discípulo. En ese sentido, el segundo filme además de trazar la ruta de Spielrein, nos traza el camino que siguieron Freud y Jung durante varios años hasta su separación.

Si bien las dos Sabinas están magistralmente interpretadas, ambas actrices imprimen su propia huella al momento de desarrollar su interpretación. En A Dangerous Method, además, la historia se centra de manera mucho más detallada en el tratamiento psicoanalítico dado por Jung a Spielrein durante el año que estuvo internada y en los pormenores de la relación amorosa que surge entre ellos; también se explora de manera más detallada el sentimiento de culpa y miedo que albergaba Jung al verse implicado por primera vez en una situación de infidelidad a su esposa. Ambos filmes nos dejan muy en claro que la relación entre el joven Carl Gustav Jung y su esposa era correcta, cordial, pero fría, mientras los placeres del sexo y del amor habrían sido experimentados sólo al convertirse en amante de Sabina.

Después de disfrutar de estos dos excelentes filmes, los cuales nos sumergen en la historia real de sus personajes y, a la vez, en los rincones más recónditos de las mentes de sus protagonistas, es posible quedar más iluminados sobre el significado de nuestra naturaleza humana y comprender que el dolor y el deseo pueden ser dos caras de la misma moneda.

Por Lafayette

Ver Prendimi l’anima (The Soul Keeper) (Roberto Faenza, 2002)


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